jueves, 13 de noviembre de 2014

Modernidad de Nada, de Carmen Laforet y noticias de nuestras lecturas.


Releer Nada, de Carmen Laforet, nos enfrenta con la certeza de su modernidad. La novela con la que una joven mujer se presentaba en el mundo literario obteniendo el primer premio Nadal nos agarra desde su inicio como si no hubiera pasado el tiempo por ella. Y no solo por su condición de clásico de la literatura española, puesto ganado por mérito propio sino porque el lector reconoce sentimientos, vivencias y manera de expresión como algo actual. Esto realza el valor de esta narración.

El primer premio Eugenio Nadal, de la editorial Destino, convocado en 1944, se falló en la noche del 6 de enero de 1945 inaugurando una de las tradiciones literarias más antiguas de España. Se convertiría pronto en el premio de referencia en la novela española por el acierto a la hora de elegir a los premiados y por su capacidad para descubrir nuevos valores (Laforet, Gironella, Delibes, Arbó, Romero, Sánchez Ferlosio, etc.). Esto se ha reducido notablemente desde la adquisición de Destino por la editorial Planeta, aunque aún guarda parte de su prestigio antiguo. El premio lo constituyó la revista Destino como homenaje a Eugenio Nadal, jovencísimo redactor jefe de la misma fallecido ese año. Sin duda, el proyecto era arriesgado pero demostró ser una apuesta inteligente porque venía a llenar un hueco en el panorama español: apostar por jóvenes narradores en un momento como aquel, en el que España se encontraba en los momentos de mayor dureza tras la guerra civil y la presión que ejercía sobre la cultura del momento el régimen dictatorial del general Franco. Algo de esto debía estar en la mente del jurado a la hora de apostar por Nada. La obra retrata esa España angustiosa y lo hace desde la perspectiva de una joven estudiante universitaria en Barcelona. Aquella calle Aribau en la que vive Andrea tiene una fuerte carga simbólica que ejemplifica la vida que le espera a cualquier joven del momento y, en especial, si es mujer.

La personalidad de Carmen Laforet y su biografía es suficientemente conocida, como sus dramas y miedos más íntimos personales. Sobre todo a partir de la publicación por su hija, en 2003, de Puedo contar contigo, una recopilación de cartas que nos ayuda a comprender mejor su personalidad y su tendencia a aislarse del ruido social y las luchas de los grupos literarios. Leer este puñado de cartas nos ayuda a entender mejor Nada pero no debemos confundir esta con una mera autobiografía. Andrea no es Laforet sino su mirada sobre una sociedad gris que no ofrece aliciente alguno a una joven con inquietud.

Uno de los atractivos de Nada es que nos ayuda a comprender mejor aquella sociedad del primer franquismo pero esto no haría a la obra actual. Lo que la hace actual es su capacidad para adentrarse en las relaciones entre el individuo y una sociedad mediocre que no está a su altura. Sin olvidarnos, en ningún momento, del añadido valor del punto de vista femenino desde el primer momento, en el que vemos a la protagonista sola ya por primera vez en su vida.

Esta es la perspectiva con la que abordo mi relectura de Nada en este mes que tenemos por delante.


Noticias de nuestras lecturas

Gelu inicia su lectura de Nada seleccionando los fragmentos más relevantes. Ya he dicho alguna vez que con sus entradas todos tenemos un esquema y un repertorio de frases que nos ayudan a retener en la memoria las obras. Y a explicarlas.

Paco Cuesta está dispuesto a leer Nada aunque le suenen todas las alarmas. Su entrada es una forma ingeniosa de enfrentarnos con el contexto en el que se escribió la novela.

Mª Ángeles Merino dialoga con Andrea, la protagonista de la novela. de su diálogo e ilustraciones arranca una lectura apasionante, sin duda.

Luz del Olmo recrea de forma muy sugerente un posible regreso de Andrea a la calle Aribau en la actualidad. Todo ha cambiado. O no.



Paco Cuesta analiza, con todo el acierto, la locura de doble personalidad de don Quijote y su linealidad en Avellaneda. Un gran acierto en pocas líneas.

Pancho continúa con su excelente comentario de las narraciones intercaladas, construidas, como muy bien dice él, con la idea de que no se ultraja a Dios en vano...

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

10 comentarios:

Estrella dijo...

Mañana empiezo con la lectura. Me va a encantar releerlo con unos guías tan ilustrativos como vosotros.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Creo que la leímos en Bachillerato, pero también leímos "La busca" y el pasado año fue muy diferente. Comienzo a leerlo ya.

Un abrazo

Gelu dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:

Barcelona llevaba años de ventaja en cuanto a ideas aperturistas. En esos años, la opresión, en las ciudades en las que estaba instalado el poder religioso sumado al de los vencedores, y su hipócrita censura, tenía que ser agobiante.

Un abrazo

Myriam dijo...

Con gusto seguiré tus generosas y estupendas clases y las contribuciones de los compañeros, pero lamentablemente este año no puedo comprometerme a presentar trabajos sobre las lecturas como en todos los años anteriores que lo he venido haciendo con tanto cariño y dedicación. Proyectos personales me lo impiden, por eso dejo mi propio blog también en suspenso, como bien sabes.

Mucho éxito en ambos formatos, el presencial y el virtual. Un gran abrazo a ti y saludos a todos los compañeros de lectura y que sigan disfrutando y aprendiendo tanto como lo he venido haciendo yo.

Abejita de la Vega dijo...

Andrea es toda fuerza e ilusión cuando baja del tren; pero se descorre el cerrojo del piso de la calle Aribau y todo se vuelve pesadilla.

Una familia tan terrible como terrible era la España de los años cuarenta, la del franquismo más cruel.

¡Qué hermosa es la página y media de Andrea feliz, la del comienzo del libro! ¡Qué infierno lo que viene después!

Una novela moderna, nos dices, con una protagonista femenina tan moderna que busca: “la vida en su plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor”. Casi nada.

Una novela de contornos indefinidos, impresionista y que deja espacios sin llenar. A llenarlos se ha dicho.

¡Cómo pesaba la maleta de Andrea!

Un abrazo.

Abejita de la Vega dijo...

Corrijo. Son dos páginas y media de Andrea feliz.

Besos

pancho dijo...

Carmen Laforet nace en 1921, por lo tanto pasa una adolescencia y primera juventud en una guerra declarada por otros, pero sufridora de sus consecuencias, la miseria que trae consigo el aplastamiento del contrario, aunque pertenezcas al bando vencedor de la calamidad. Al enemigo ni agua. Por eso la obra está tan impregnada de ese pesimismo que se adensa hasta dejarte sin respiración.
Lo realmente gozoso es que escribiera este clásico de la Literatura con apenas veinte años.
Se multiplican las actividades por hacer, imposible dedicarle tiempo que merece esta gran novela.
No tengo nada contra dios, ni casi contra nadie. Es Avellaneda quien dice las cosas que dice...

LA ZARZAMORA dijo...

Os seguiré de cerca...
Animo a todos!

Bss.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Me está impresionando lo bien que escribía, y su precisión para encontrar las palabras justas.

Un abrazo

Paco Cuesta dijo...

El marchamo de autobiografismo en "Nada" hace que a veces se pierdan otros valores.