miércoles, 22 de octubre de 2014

Pinar



Todo pinar tiene algo extraño: entre paseo y desmemoria. Uno se adentra en ellos vestido de domingo como quien hace hambre para el aperitivo y termina con la extraña sensación de que se ha perdido algo de sí mismo pegado a la resina de los troncos. Se gira a buscarlo y está perdido. De allí solo le sacará vivo la brújula de la infancia, la madre llamando para acudir a comer a la frágil mesa desmontable, un refresco puesto a enfriar en el barreño metálico con una gran barra de hielo. Entre aquello y ahora, el extraño silencio almohadillado que recoge las pisadas en la arena del monte.

12 comentarios:

ana julia maleta marin dijo...

Hoy en día cuando paseo por el Pinar, siento miedo. El silencio provoca cierto temor, y deseo salir de este laberinto de troncos lo antes posible, me digo a mi misma: no volveré a visitar el Pinar!!!
Buenas noches Pedro.

DORCA´S LIBRARY dijo...

A mí me ocurre lo contrario. En mitad de un pinar es donde me encuentro conmigo misma. Precisamente ese silencio es lo que necesito para volver a lo que soy en realidad.
La urbe con sus ruidos, sus constantes imagenes a velocidades desorbitadas, sus monólogos entre personas sordas, eso sí que me da grima. Me hace sentir frío y soledad.
No hace mucho me decía una conocida, hablando de lo que nos distancia a veces la tecnología, que somos soledades puestas en orden.
Rodeada de árboles, me siento segura y más grande, como ellos.

María dijo...

¡Qué razón tienes, Pedro! a mí también me vienen esos recuerdos cuando veo un pinar, a la infancia, a comidas entre familia, a juegos, y a tantas cosas, es un adentrarse al ayer.

Un beso.

mojadopapel dijo...

No es desmemoria puesto que lo recuerdas...quizás, todavía sea emoción reanudada.

Abejita de la Vega dijo...

El silencio del pinar.

virgi dijo...

¡Qué capacidad tienes para llevarnos y traernos de los recuerdos al presente!
Besos

José Núñez de Cela dijo...

Prueba con migas de pan, pero mira que no se las coman tras de ti.

Hay espacios que se mantienen inalterados y al penetrar en ellos no hacemos sino penetrar en un tiempo inamovible que se recuerda a si mismo.

Saludos!

Pamisola dijo...

Bonita entrada. ¡Cuando el pinar era eso!, las sensaciones de la infancia.
Los pinares tupidos me recuerdan a un templo interminable, lleno de columnas-árboles, con los cuencos para recoger la resina cual hornacinas o altarcitos desbordados de generosas ofrendas. Pueden ser mágicos o directamente dar miedo.

Besos.

Omar enletrasarte dijo...

mis dos cuadras a la playa (uy digo cuadras y no entendéis ¿calles?) me hacen llegar a un corredor de pinos en una especie de vado entre dunas de la mejor arena del mundo
.
sé que se respira otro aire, que aunque vague por los mismos huecos de la nada con los de todos los días ¡son otros aires!
el abrazo de siempre

José Luis Ríos Gabás dijo...

Creo que lo que menos cambia, aunque pasen años, es la naturaleza, aunque ya no nos llamen a gritos para merendar.

Un abrazo

Ele Bergón dijo...

Este fin de semana pasado, visité un pinar para recoger piñas. Nunca lo había hecho hasta estos años de mi jubilación. Es una sensación muy agradable, llena de calma y paz.

Las setas no soy capaz de buscarlas. No las conozco lo suficiente, así que no cojo ni una.

Un beso

Luz

dafd dijo...

Un criterio, necesitamos un criterio. Porque me parece que estamos tan perdidos después de tratar de ahormarnos a tanto choriceo, pelotazo y demás.