jueves, 18 de septiembre de 2014

Reconstruir al lector de Avellaneda que aún no conoce a Cervantes o a don Miguel comiéndose las uñas y noticias de nuestras lecturas.


Según algunos investigadores, Cervantes no leyó la segunda parte del Quijote de Avellaneda hasta los últimos días de julio de 1614. Esto viene a contradecir una teoría según la cual el apócrifo circuló de forma manuscrita al menos desde 1610 y Cervantes pudo leerlo de esa manera mucho antes de la impresión. Desentrañarlo tiene más interés del que parece puesto que este asunto es clave para conocer cómo se planteaba su propia continuación Cervantes y las razones de algunos cambios con respecto a la primera. Si conocía la obra de Avellaneda, suena muy extraño que Cervantes no dijera nada al respecto en la Dedicatoria al Conde de Lemos de las Novelas ejemplares, fechada el 14 de julio de 1613. También resulta extraño que no la mencionara en la Adjunta al Parnaso, redactada el 22 de julio de 1614. Vista la reacción de Cervantes en su segunda parte del Quijote, no parece ser de los que callaran para esperar la ocasión oportuna. Esto también sirve, al contrario, para poner nueva fecha de redacción al Quijote de Avellaneda. Ya no hablaríamos de una continuación tan cercana a la primera parte, sino de una redacción a partir de 1613, cuando Cervantes insiste públicamente en querer proseguir su obra.

Con esta horquilla temporal, Avellaneda comenzó a redactar en algún momento en 1613 y Cervantes no pudo conocer su texto hasta finales de julio de 1614. La primera fecha es interesante puesto que convertiría a Avellaneda no solo en alguien que continúa una novela porque la admira sino un intencionado e interesado continuador que conoce los planes de Cervantes de redactar y dar a la imprenta la segunda parte. Sin duda, quiso adelantarse a él, robarle parte de la gloria y causarle un cierto daño, de ahí las acusaciones que le lanza Cervantes: siente que no es solo admiración o ganas de insultarle en el prólogo por venganza sino intento de robarle el producto de su ingenio. También pudiera ser que estas intenciones, si admitimos la teoría de que uno fue quien redactó la obra de Avellaneda y otro quien la terminó, prologó y mandó imprimir, fueran de este segundo, que se encontrara con el material de su venganza ya escrito. Pero sigue resultando raro que no tengamos datos ciertos de esa circulación manuscrita y que Cervantes no dijera nada sobre ella pudiéndolo haber dicho en 1613 y 1614.

La segunda fecha -finales de julio de 1614- también nos importa. Según una hipótesis muy aceptada, Cervantes redactaba su continuación del Quijote de un tirón y solo cuando tuvo noticias de la de Avellaneda reaccionó en la famosa escena de la posada en la que su personaje tiene noticia de un rival falso. Según esta antigua teoría, Cervantes,  sin modificar nada de lo anterior, cambió su plan en ese momento haciendo que su personaje se dirigiera a Barcelona y no a Zaragoza y tras redactar la novela incluyó la conocida referencia en el Prólogo. Sin embargo, también esto resulta raro puesto que la segunda parte cervantina manifiesta un cuidado estructural y una conciencia de novelista mucho mayores que las puestas en la primera. Resulta extraño que pudiendo conocer la obra desde finales de julio de 1614 y trabajando la suya hasta octubre de 1615 no se planteara más que un giro argumental en un momento dado y en los ataques a partir del episodio de la venta en la que don Quijote sabe que tiene un doble falso.

Como no contamos con más datos ciertos que los citados, cabría aventurar la hipótesis de un Cervantes que, sea cual sea el momento en el que lee el texto de Avellaneda a partir de finales de 1614, contando con la base de lo que llevara redactado desde 1613, volviera sobre sus pasos para dejarnos los suficientes detalles propios de su inteligencia y de la fina venganza que perpetra contra quien apunta como autor del Quijote apócrifo. Ya Martín de Riquer se puso en la mente de Cervantes: para este no cabría otro continuador que Jerónimo de Pasamonte, su Ginés de Pasamonte, el galeote de la primera parte. De ahí que, en vez de hacerlo desaparecer como a todos los otros personajes de la primera parte lo recupere para agraviarlo aún más. Si cruzamos este dato con lo afirmado en el Prólogo de Avellaneda, todo cuadra: "si bien en los medios diferenciamos, pues él tomó por tales el ofender a mí [es decir, Pasamonte, puesto como galeote], y particularmente a quien tan justamente celebran las naciones más extranjeras [Lope de Vega]". Basta con ver cómo aparece Pasamonte en la segunda parte cervantina para comprender la sutil venganza literaria y personal de Cervantes. Sin citarlo directamente apunta al objetivo para darle una ración mayor de la misma medicina de la primera parte.

Quizá sea este volver sobre sus pasos lo que hizo que don Miguel, comiéndose las uñas de rabia pero con serena inteligencia y con pleno dominio ya de la técnica narrativa moderna, duplicara sus esfuerzos para que don Quijote y Sancho evolucionaran como personajes desde el primer capítulo de su continuación y su novela fuera aún mucho más revolucionaria que en la primera parte. Nunca sabremos hasta qué punto Avellaneda consiguió estimular el ingenio de Cervantes para hacerlo crecer como novelista pero yo soy de los que piensan que a quien se escondiera bajo ese pseudónimo le debemos mucho como espoleta que exprimió toda la capacidad cervantina.

Lo que me gustaría es un imposible, jugar a la historia ficción y ponerme en la piel del lector de novelas de la época que lee en 1614 el Quijote de Avellaneda antes de la continuación cervantina y que luego va corriendo a su librero para adquirir, a finales de 1615, la que Cervantes imprime. Un lector que con toda seguridad oye los rumores -o quizá certezas- que correrían de boca en boca sobre la identidad de Avellaneda. Y que disfruta también -por qué no- con que Avellaneda le llame viejo y tonto a Cervantes y este disfrute negándole su verdadero nombre al del seudónimo pero convirtiéndolo en ladrón de burros y titiritero y engañador con mono. Una doble ración de placer de la lectura en la que el mejor avisado asiste, en primera fila y sin que nadie deba explicárselo, al espectáculo de un grande superándose a sí mismo para abrir caminos no conocidos antes.

Hay suficientes ediciones en el mercado, muchas fiables: Cátedra y Poliedro, por ejemplo. Se puede tener una buena copia digital gratuita en este enlace


El Quijote de Avellaneda nos acompañará en el Club de lectura de La Acequia durante los meses de septiembre y octubre.

Esta lectura es un complemento de la que dio origen a este Club de lectura, la primera experiencia de lectura colectiva completa de la novela de Cervantes en la que se usaban todas las herramientas de la web 2.0. que ha quedado como la única guía de lectura de este tipo de esta obra. Recomiendo consultarla en este enlace, en especial lo que se dijo de los últimos capítulos del Quijote cervantino.

Leer a Avellaneda nos servirá para preparar las actividades que haremos el próximo curso, con motivo del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote de Cervantes.


Noticias de nuestras lecturas

Pancho camina para mostrarnos la velocidad de los acontecimientos del delirante Quijote y el interesado Sancho en su viaje a Zaragoza...

María del Carmen Ugarte dedica su oportuna galbana del lunes a comentar el inicio del Quijote apócrifo y plantear algunas cosas de interés: el recurso a la traducción, la admiración-continuación de Cervantes por Avellaneda y la cuestión morisca.

El ordenador de Mª Ángeles Merino vuelve a dejarse poseer por los secundarios, que tan oportunamente le han llenado páginas de nuestras lecturas, y aquí nos aparece nada menos que el sabio Alisolán para desentrañar lo que pasa al inicio de la novela, pero el muy ladino no suelta prenda de la identidad de su creador... Eso sí, no deja de protestar el bueno de Cide Hamete.

Gelu se lanza con bríos a por la novela de Avellaneda, con su ya conocida y útil manera de seleccionar frases y enlaces para enriquecerla.



Gelu continúa con su lectura y antología de textos, enlaces e imágenes correspondientes a El río que nos lleva. Aquí, con la despedida de un amor imposible.

Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en sus blogs hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

Si quieres saber cómo sumarte al Club de lectura, en este enlace tienes las instrucciones.

6 comentarios:

Señor De la Vega dijo...

Mi Señor Ojeda, empezaré por el final de la segunda parte del Quijote de Cervantes, y para ello recupero parte de un comentario que hice comentando el mismo:
"Algo sorprendente a mi entender es la obsesión final sobre Avellaneda, al que dedican su últimas palabras, tanto Quijano como Cide Hamete como Cervantes.
Mi única interpretación, a menos que Cervantes se hubiese ido de la olla, es un expreso agredecimiento y reconocimiento en coautoría, para esta tercera parte al autor tordesillesco de la segunda. Sí, reconozco que es rebuscado, pero Cervantes en sus últimas líneas, me parece que estaba en pleno diálogo encriptado con Avellaneda y sus lectores más sesudos de la época, entre los que no me encuentro..." http://bit.ly/1r6Hrr8

Sobre el prólogo de ambas segundas partes, en comparativa, también me pronuncié en su día, y entonces ya opiné que ganó Avellaneda por goleada. http://bit.ly/1qQX6gt
Así comento y matizo,
[...Porque lo importante, no era un duelo con el mismo fin (parodiar a los libros de caballerías) sino el enfrentamiento de dos estilos de escritura y del poso que resulta después de lo narrado, uno ágil de palabra, divertido, fantasioso, pícaro atrevido, al gusto de su época y el utilizado en el Quijote cervantino, sarcástico, irónico pero profundo, reflexivo, crítico, realista, biográfico, onírico, interactivo, constructivo, brillante en sus lenguajes, innovador y arriesgado, al gusto de su autor y con el tiempo al gusto de la literatura.

En fin, en el calentamiento, arrasó Avellaneda y Cervantes tan solo se puso el ungüento del 'feo-blas' para unirse el brazo y recobrar talentos, dejándole el soneto a un joven con 'talante'...]
Suyo, Z+

Abejita de la Vega dijo...

Me llevó tiempo pero disfruté mucho enfrentando a Alisolán y a Cide Hamete; aunque no conseguí que el moro de chapa soltara prenda acerca del misterio Avellaneda.
Me parece más creíble la versión de un Cervantes que, en muy poco tiempo, tras tener noticias de la versión avellanada, rehace su obra para que sea incompatible con la de Avellaneda, superándose a si mismo. Y tuvo que matar a don Quijote, no le quedó más remedio. Vete a saber los apócrifos que hubieran brotado como hongos en las imprentas de la época.
Recrear a un lector que lee el de Avellaneda, le gusta y va después a su librero a comprar la segunda parte del Quijote...lo veo diciendo a todo el mundo que el de Avellaneda le había gustado pero que el de Cervantes era muchísimo mejor, con unos personajes más de verdad, más humanos, con más alma. Diría que supera, incluso, a la primera parte cervantina.
¿Cómo juzgaría yo esta obra si no conociera la de Cervantes? Me resulta imposible saberlo, demasiadas horas pasadaa con el Quijote Quijote.
Un enorme placer leer tu entrada y los enlaces que nos aportas.
Un abrazo, Pedro.

Omar enletrasarte dijo...

veo que estamos volviendo a levantar la roca, mi querido Profe en "sísifico" esfuerzo
¡adelante!
¡por cultura y más cultura!
un abrazo

Gelu dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:

Cervantes, al crear sus personajes y contar sus aventuras, consiguió que surgieran lectores enamorados de su obra en todos los tiempos y lugares.
Han sido muchas personas que han aportado sus conocimientos, y horas de estudio, para poder disfrutar esta obra, y al mismo tiempo reconocer el ingenio y agradecer el trabajo de su autor.
Cervantes sabía que tras el hurto se escondía alguien más poderoso. Sus armas eran las de su talento, y dejar constancia en sus escritos.
Pero no siempre puede decirse, aunque se sepa, si no hay un padrino, prologuista importante, aunque sea mero figurón y haya que decirse CRIADO.
¿con “segundas” ?
Como vemos, hasta la tipografía de las imprentas cantan la verdad.

Abrazos.

P.D.: ¡Han pasado cinco años, en un soplo!

José Luis Ríos Gabás dijo...

He comenzado, hace unos días, con esta lectura. Intentaría ilustrarla con algunas fotos, pero no sé si sabré. En cualquier caso leo los comentarios y los blogs de mis compañeros de lectura, tan amenos normalmente, y pienso en Tánger, aunque no creo que podamos ir.

Un abrazo

Paco Cuesta dijo...

La lectura de "El apócrifo" aporta momentos interesantes a través de la comparación. La frase: pues él tomó por tales el ofender a MÍ algunos autores la enmiendan achacado a error del cajista por:pues él tomó por tales el ofender a MIL en alusión a muchos, multitud.
Va a resultar tremendamente interesante la experiencia.
Un abrazo