martes, 16 de septiembre de 2014

El crédito, de Jordi Galcerán


No tengo nada contra el teatro popular. No tengo nada contra el teatro comercial que llena las salas. No tengo nada contra los dramaturgos que escriben teatro popular, ni contra los actores que las representan. Todo lo contrario y en especial cuando todos los profesionales que participan en este teatro tienen la calidad de esta ocasión. El teatro es también un negocio. Pero sí tengo algo contra los que me venden gato por liebre y quieren estirar las pretensiones más allá de lo que da de sí el espectáculo que ofrecen.

Jordi Galcerán se ha convertido en un autor de éxito desde la agradable sorpresa de El método Grönholm (2003) y sus obras han recibido la bendición de crítica y público en sus versiones en catalán y en español. A mí me gustó mucho aquella obra en la que se ponía de relieve algunas de las cosas que están sucediendo en la sociedad actual. El método Grönholm tuvo un gran recorrido en la cartelera española y en el extranjero y fue adaptada al cine. El buen éxito fue, sin duda, merecido aunque el tiempo ha restado importancia a la obra.

El crédito se estrenó, en su versión catalana, el 13 de septiembre del 2013 en el teatro La Villarroel de Barcelona en una interesante puesta en escena circular, con Jordi Boixaderas y Jordi Bosch en los papeles protagonistas. El montaje fue dirigido por Sergi Belbel y, según las reseñas, agudizaba los aspectos cómicos del texto. El escenario circular, sus dimensiones, y la proximidad del público marcaban mucho el tipo del espectáculo. No he visto este montaje, así que mis impresiones hacen referencia a la versión en castellano. Y lo lamento porque intuyo que la obra es más apropiada para lo propuesto por Sergi Belbel.

En su versión española, El crédito se estrenó en el Teatro Arriaga de Bilbao unos días después, el 19 de septiembre de 2013, con Carlos Hipólito y Luis Merlo como actores en un montaje dirigido por Gerardo Vera con un escenario tradicional a la italiana. Pasó a la cartelera del Teatro Maravillas de Madrid, en donde se ha representado con éxito. En la actualidad, gira por otras localidades. Yo la he visto recientemente en el Teatro Zorrilla de Valladolid.

Un director de sucursal de un banco niega un crédito a un cliente por falta de avales. La respuesta del cliente no puede ser más insólita: si no le otorga el crédito, seducirá a su mujer y la apartará de él hasta que el director ceda. Este es el punto de partida de El crédito. Tanto las reseñas de prensa como las declaraciones del dramaturgo y de los protagonistas inciden en presentarnos la obra como una dura pero divertida crítica a la situación a la que nos ha conducido la crisis económica actual y la actuación del mundo financiero y político. Pero yo no he visto esto más que como anécdota de partida que ocupa unos pocos minutos del comienzo de la obra, mientras que lo que debería ser anécdota se convierte en el verdadero conflicto.

Un tiempo antes, Galcerán presentó una versión previa, de unos 40 minutos de duración, a un Torneo de Dramaturgos organizado en el Festival Temporada Alta de Gerona. Por votación popular su texto resultó ganador. Para su estreno comercial, el dramaturgo decidió estirar el texto en vez de dejarlo como lo había concebido. 

En su montaje en español la obra se resiente de graves defectos. El más grave para mí es que no ofrece lo que la publicidad, el dramaturgo y los actores dicen. No hay crítica social. No pasa de ser una comedia de situación con mejores o peores golpes de chistes y diálogos. Bien interpretada por Hipólito y Merlo a la altura de sus papeles, es decir, subrayando con cierta evidencia lo que ya es demasiado evidente en el texto. Sentí lástima por estos dos actores puesto que esta propuesta la podría haber llevado a cabo cualquier otro profesional con menos currículum y más necesitado de trabajo o más especializado en teatro popular. Incluso hubiera conseguido más risas del público puesto que parece que eso era lo que se buscaba finalmente. No creo que a Hipólito le afecte esto en absoluto en su brillante carrera, pero Merlo ha venido a caer en el tópico del actor televisivo de series populares cuando se pasa al teatro. No sé si es lo que busca para la continuidad de su vida profesional.

El texto se acaba a los quince minutos y la obra dura hora y media. A partir de ahí no hace más que dar traspiés en busca de la situación fácil, el recurso evidente, de alargar innecesariamente el argumento. Cada situación es más previsible que la anterior. Las escenas de llamadas telefónicas -alabadas por algunos críticos- son espantosamente fáciles y no aportan nada puesto que vuelven a explicarse minutos después. Hay alusiones -como la de los cuernos o la del piano- que se explican tanto en el texto y en la actuación que el dramaturgo, el director y los actores parecen tratar al espectador de tonto.

A esta obra le sobran varias cosas. En primer lugar, las pretenciosas declaraciones del dramaturgo, actores y notas de prensa repetidas sin más por los periodistas acomodados. En segundo lugar, muchos minutos, hasta ajustarla a lo que debería ser, una comedia de entretenimiento popular breve interpretada por actores que sepan subrayar lo evidente para conseguir la risa del espectador. A mí no me gustó, pero consigue que la mayoría de los espectadores salgan divertidos pero habiéndose olvidado de todo cuestionamiento social puesto que la obra se convierte en un enredo de cuernos, en un mero enredo de cuernos que ni siquiera sorprende por su ingenio. Todo lo que se dice puede encontrarse en cualquier serie española cómica de televisión.

La escenografía, la música y la iluminación es funcional, sin más. Los efectos de vídeo no aportan nada.

La obra ha merecido varios premios (Premio Ceres al mejor autor teatral, Premio Valle-Inclán a Carlos Hipólito) y cosechará más. Yo salí de la sala cuando aún duraban los aplausos. Una buena parte del público se había levantado para aplaudir y Carlos Hipólito y Luis Merlo se abrazaban sonrientes en el escenario (no dudo que se hayan divertido mucho con este montaje tan poco exigente y tan fácil tanto para ellos como para Gerardo Vera). Me temo que este no es el teatro que hará mejorar la escena española pero dará buenas recaudaciones. Eso sí, pido coherencia y honestidad y que no me vuelvan a engañar con la publicidad ni con las declaraciones. Si quiero ver teatro de entretenimiento popular, voy a verlo directamente.


3 comentarios:

José Núñez de Cela dijo...

He estado a punto de reservar para verla y al final no lo he hecho. Tus comentarios me han reafirmado en la decisión.

Saludos!

Luis Antonio dijo...

El crèdit estará representándose en el Teatre Villarroel de Barcelona hasta el 26 de octubre, pero tu comentario me ha desanimado...

Hoy voy al Teatre Goya a ver IAIA de Roger Peña. Es la última obra que representará la actriz Montserrat Carulla, muy estimada en Cataluña...

Saludos

José Luis Ríos Gabás dijo...

Estuve hace un par de semanas en el teatro, pero esta vez no engañaba, y se deducía del cartel y de los actores que sería muy popular, como así fue.
Enfada que te engañen.

Un abrazo