miércoles, 2 de julio de 2014

Una Indian color gris junto a un Hudson en la Plaza de la Independencia de Madrid en la tarde del 8 de marzo de 1921


Eduardo Dato sabía que se la jugaba. Aquello, para él, era una guerra en la que el Estado debía usar todos los medios a su alcance. Le habían pedido mano dura y como Presidente del Consejo de ministros, mano dura daba. A su edad y con los años de dedicación a la política que tenía a su espalda no admitía según qué consejos. Por todos los lados aparecían grupos anarquistas que querían arrasarlo todo y no se podía consentir. Aquello era ya una guerra y como en una guerra debía actuarse. Hacía tiempo que no podía hablar con la mitad de sus amigos, que le afeaban su deriva. ¡Su deriva! Si él siempre había pensado así y las medidas que tomaba ahora solo eran fruto de la necesidad: dos más dos, como en las matemáticas. Como cuando forzó la neutralidad de España en la Gran Guerra y salió tan bien que el país creció económicamente como nunca o cuando tuvo que dar cierta autonomía a los catalanes para que el sentido común de la burguesía urbana de aquella región frenara los pájaros en la cabeza que tenían algunos románticos que querían una nación catalana libre inventándose la historia. A él le iban a dar lecciones de gobernar bajo la mesa. O ahora, con la ley de fugas. Aquel amigo suyo, catedrático y experto en Derecho procesal le había dicho que pasaría a la historia por minar el sistema liberal y dar alas a sus enemigos, que se verían más justificados que nunca. No pudo más que gritarle, qué le tenía que decir a él y más en la tertulia del café de los jueves, donde siempre hablaban de mujeres y de toros. Qué sabría él de los problemas que tiene un Presidente del Gobierno, de lo que tiene que despachar cada día, de la presión de los grupos de empresarios catalanes que veían cómo aquellos libertarios destruían sus bienes y atentaban casi todos los días contra ellos y le amenazaban con pedir más nación propia y sacar más hombres armados a la calle pagados por sus empresas si el Estado no podía frenarlos. No, no eran tiempos de hablar ni de templar gaitas. Mano dura, mano dura. Ya se cansarían cuando vieran que el Estado competía con ellos a su altura, que cualquiera de ellos podría morir sin juicio a manos de un honesto funcionario de los cuerpos de seguridad o una pareja de guardias civiles. ¿Que habría algún exceso? En las guerras siempre hay víctimas inocentes  y si caía algún robagallinas, como le criticaba aquel otro amigo suyo, el filósofo extravagante, qué se le iba a hacer. Gato negro, gato blanco, lo importante es que cace ratones. Aquel día, 8 de marzo de 1921, tenía ya suficientes preocupaciones en la cabeza. Ya le había dicho a Maura que quería verlo al día siguiente, que la cosa se estaba poniendo muy fea y que a ver si al mallorquín le quedaba algo de fuelle. Por hoy era bastante, ya había tenido que aguantar a aquel grupo de viejos senadores que parecían cloquear como gallinas y quería llegar lo antes posible a casa. No se preocupó porque su Hudson redujera la velocidad en la Plaza de la Independencia hasta casi frenar, su conductor sabía lo que hacía y el coche era de los mejores del parque de Automovilismo Rápido Militar. No se preocupó hasta que vio el extraño movimiento de los tres jóvenes que ocupaban la motocicleta con sidecar que se puso a su altura, una Indian de color gris, qué máquina más elegante.

12 comentarios:

elisa lichazul dijo...

triste episodio de la historia social y política de tu país Pedro
sin duda los movimientos políticos junto con las ideologías radicales y anarquistas siempre terminan por heredar mártires de causa

acá tampoco es la excepción
creo que en ningún país tampoco lo sea

bss

Abejita de la Vega dijo...

Después del de Dato, el siguiente magnicidio en España es...¿el de Carrero Blanco?

São dijo...

Texto muito bem escrito , que nos faz reflectir sobre a maneira de governar e as reacções, por vezes também não muito recomendáveis ,que provocam.

Estou a lembrar-me , porque referes a Catalunha, da Semana Sangrenta de Barcelona.

E também do voo por cima de um prédio de três andares do carro de Carrero Blanco.

Querido amigo mio, tudo de bom.

Joselu dijo...

Es de 1920 precisamente la primera versión de Luces de bohemia que tiene como trasfondo este periodo de lucha social sangrante. Y ahí Valle Inclán no tiene duda sobre cuáles son sus simpatías. Cuando escribe su esperpento todavía no han asesinado a Dato, pero en sus escenas añadidas en la versión de 1923 sí. Y allí aparece el obrero catalán al que le aplican la ley de fugas y Max Estrella pregunta por quién será la mano que pondrá la bomba que haga estallar el maldito terrón de España. Y ahí es Mateo, el preso, quien levanta la mano. Este fragmento de la obra de Valle me ha parecido de un extremismo politico increíble en un tiempo en que efectivamente los atentados contra los patronos eran casi diarios así como el asesinato del presidente del gobierno correspondiente (Canalejas, Dato...) Puedo entender por qué esta obra no se estrenó hasta muchas décadas después. Su perspectiva política y artística era demasiado audaz o algo más que audaz. En España había un telón de fondo de atentados, huelgas, inestabilidad política brutales. Y ello mezclado con la crisis en el Rif. El atentado contra Dato fue de una puerilidad que todavía sorprende, igual que el asesinato de Prim que hubiera podido ser el mejor valedor de una república fuerte. El pistolerismo fue una lacra que hizo mucho más mal que bien. El anarquismo es tan atractivo estéticamente como pueril y que me perdone esa burda película tan hermosa que es Tierra y Libertad.

Anabel Rodríguez dijo...

Me encanta, es que he leído un poco sobre la época y los primeros veinte años del siglo XX y me ha entusiasmado lo que ha escrito. Un beso fuerte

Myriam dijo...

¡Qué buena serie! Como que hay establecida una tradición, por lo que veo. Bueno, en Checoslovaquia los defenestraban, conté una vez en mi blog.

Ni Suecia se ha salvado, en este momento me viene a la mente el asesinato del Primer ministro Olof Palme el último día de febrero de 1986 y mi estupor -como el de todos los ciudadanos restantes no vinculados al crimen, obvio- al levantar el periódico Dagens Nyheter de debajo de la puerta a la mañana siguiente y leer el gran titular en negro que ocupaba todos la cabecera de la primera plana. Hace 28 años de este triste suceso y esta imagen quedó grabada en mi memoria, como si hubiera sido hoy.

Myriam dijo...

Besos

Ele Bergón dijo...

El pueblo va aguantando hasta que llega un momento que explota y se desborda.

Un buen texto y muy actual a pesar de los años pasados.


Abrazos

Luz

Paco Cuesta dijo...

Ministro de Gracia y justicia.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Me ha gustado leerlo. ¡Hay tantas cosas que uno no sabe!

Un abrazo

impersonem dijo...

Una página de la historia contada de una forma que me ha gustado mucho...

Abrazo.

dafd dijo...

Adictivo; imposible levantar la vista del texto.
No parece sino que la Guerra Civil se estaba activando desde muchos años antes de que empezara la contienda.
Una Indian, aquí mensajera de muerte. 46 años después otra Indian inyectó vitalidad a un viejo, Burt Munro, para batir el récord de velocidad.