miércoles, 4 de junio de 2014

La Universidad pública española a la deriva

Desde hace unos años, la Universidad española está pendiente de una reforma para adecuarla, dicen, a los nuevos tiempos. Para aquellos que tengan mala memoria, recordaré que la última reforma es de 2007 y venía a modificar la Ley de 2001. Recordaré también que a finales de la última legislatura del socialista Rodríguez Zapatero circuló un borrador de Ley que contenía muchos de los aspectos que están en las directrices sobre universidades manejados por el actual ministro del Partido Popular. Aquel borrador no salió adelante por falta de tiempo y por la derrota del PSOE en el año 2011 pero tenía tantos puntos en común con lo que se ha sabido de las ideas que maneja el Partido Popular que sorprende los duros ataques que le han dirigido los socialistas. Desde el inicio, el ministro Wert ha anunciado una reforma en profundidad de la Universidad española pero parece que no ha tenido tiempo o fuerzas para sacarla adelante. Dedicado a la reforma completa del sistema de educación no universitaria, muy contestada y nada consensuada, no ha podido, hasta ahora, afrontar la del universitario. Mientras tanto, se ha conformado con normativas que han estrangulado el crecimiento de las Universidades y paralizado sus reformas y con la asfixia económica que ha afectado tanto a la docencia y a la investigación como al alumnado, que ha visto incrementar notablemente el precio de la matrícula y reducir las ayudas y becas. La falta de debate crítico interno de las Universidades, la escasa implicación de la sociedad española con su sistema universitario, la carencia de una ley de mecenazgo que merezca tal nombre, la timorata actuación de los equipos rectorales y la escasa participación del profesorado en lo que vaya más allá de su propio currículum y comodidad en el puesto de trabajo hace el resto.

La historia reciente de la Universidad española no está, por lo tanto, carente de reformas legislativas: con las páginas impresas de las leyes aprobadas, normativas reguladoras, libros blancos, informes, memorias y borradores no nacidos se podría empapelar todo el edificio del Ministerio... varias veces. La Universidad, como todo el sistema de educación española ha sufrido de la tentación a la que no se resisten los mandatarios por la cual parece casi inevitable que cada Presidente del Gobierno impulse su propia ley aunque no reúna el consenso del partido mayoritario de la oposición. Esto ha provocado que las últimas reformas se hagan casi exigidas por condicionantes europeos y poco pensadas para el contexto español al que dan servicio.

En los últimos años hay un fenómeno añadido: el crecimiento del número de Universidades públicas, algunas de ellas exclusivamente dedicadas a la enseñanza virtual. Varias de ellas se han consolidado ya entre las mejores y más dinámicas del sistema universitario español debido, sobre todo, a sus campos de especialización -juegan con la ventaja de no tener que ser generalistas de inicio como las Universidades públicas-, pero otras tienen un extraño aroma de negocio vinculado a la necesidad de formación y titulación universitaria que sienten los españoles y los naturales de algunos países hispanoamericanos.

La Universidad pública española está a la deriva. Ahogada por la falta de recursos, paga ahora la falta de planificación de los años de crecimiento. Nadie se hará responsable, pero en las últimas décadas, el sistema universitario público español creció desordenadamente a golpe de poderes locales, del peso de escuelas académicas, de modas pasajeras. Se derrochó dinero en investigaciones innecesarias y sin controles de calidad y de rigurosa exigencia del gasto de dinero público. También se sumó a la fantasía urbanística en la que vivió España cuando basó su modelo de crecimiento en el ladrillo. Nadie pareció denunciarlo en aquellos tiempos, pero todo eso ahora pesa: plantillas desproporcionadas en las que unas áreas de conocimiento apenas tienen créditos docentes mientras otras están sobrecargadas, campus difíciles de mantener económicamente, falta de planificación interna, profesorado improvisado y contratado de urgencia para rellenar los huecos, etc. Desde hace años lo que ocurre en las Universidades públicas españolas es más un problema interno que externo. Hay regulaciones ministeriales dañinas pero también una alarmante falta de crítica interna y de toma de decisiones pensadas hasta el punto de que las voces críticas son mal vistas cuando la vida académica debería basarse siempre en el debate abierto. Además, si uno no hace el debate y las propuestas, está en manos del político de turno, que propondrá las suyas basadas en su ideología, en intereses partidistas o electorales. Basta pensar que la extravagante aplicación en España del Espacio Europeo de Educación Superior se debe sobre todo a decisiones tomadas dentro del seno de los Departamentos y Facultades universitarias, no en el Ministerio.

Y así hemos llegado al presente. La Universidad pública se encuentra amenazada por una reforma que amaga pero no llega y cuyas directrices se basan en un espíritu neoliberal, dilatándose la parálisis en un tiempo en el que ganan terreno los centros de educación superior privados, con objetivos más claros y menos compromisos con su entorno, improvisando soluciones que se pagarán en el futuro a corto plazo por lo poco pensadas, incapaz de estructurar (salvo excepciones) verdaderos y efectivos pactos en red entre los campus de diferentes universidades para planificar mejor la investigación, la docencia y optimizar el uso de las plantillas docentes y los recursos ya existentes, dejando que se escapen al extranjero investigadores de alta cualificación formados por el sistema público español. Es decir, ya no sirve lo que hay -que se encuentra en fase de demolición- ni se define lo que habrá. Entre dos aguas no se vive ni se proyecta, solo se sobrevive.

La Universidad pública se encuentra en una parálisis en la que los equipos rectorales no saben bien a qué atenerse ante un futuro poco esperanzador y tampoco impulsan proyectos que generen más esperanza que la búsqueda de una financiación que traiga parches para tapar las vías de agua y pagar las nóminas, la luz y el agua corriente. La Universidad pública se encuentra con un profesorado formado pero sin ilusión puesto que ve continuamente las desigualdades que genera la aplicación de unas normativas que nacieron para ser provisionales y se han convertido en definitivas. El ambiente interno de las Universidades se ha enrarecido, falta aire nuevo, no hay formación de futuros docentes, no hay proyectos de largo plazo, no hay posibilidad de construir esperanza. El día a día lo absorbe todo de tal manera que sería conveniente pararse a reflexionar durante un tiempo.

Sin un verdadero proyecto de Universidad pública española que se genere sobre todo desde dentro y se imponga en la próxima reforma, el sistema está condenado a degradarse y a dejar cada vez más espacio a la Universidad privada. A muchos no les importará, supongo, pero solo el sistema público puede dar salida a las necesidades generales al considerar la educación universitaria como inversión y no como negocio.

12 comentarios:

elisa lichazul dijo...

Entre dos aguas no se vive ni se proyecta, solo se sobrevive.

totalmente de acuerdo Pedro
besos

Abejita de la Vega dijo...

La deriva afecta a todo lo público. Te hablo de lo mío, no sé qué tipo de escuela pública están preparando pero la que intuyo no me gusta nada.La Universidad...intuyo algo parecido. Elitismo, privatización, precaridad del profesorado y, eso sí, bilingüismo de chichinabo. ¿Me equivoco?

mojadopapel dijo...

Pedro...gota a gota se forma el mar,tu exposición clara y crítica,es una muy buena contribución al cambio y tu compromiso dentro de la Universidad, todo un reto.Ánimo.

Ele Bergón dijo...

Tengo una amiga en la UNED y cada vez me habla peor de cómo está la Universidad en la que estudié.

¿Algún día podremos arreglar todo este desaguisado que se está formando por primar la economía sobre la política?

Un abrazo

Luz

Emilio Manuel dijo...

Con la Universidad no se puede hacer café para todos como se hizo en su día, desde ese momento, más momentos anteriores,la caída ha sido en picado.

Saludos

Luis Antonio dijo...

En el barco sin rumbo en el que navega la Universidad también se hallan la Educación, la Sanidad, el mundo laboral, las ilusiones vanas...No me sorprendería que dicho bajel zozobre y se vaya al fondo del mar. Ojalá me equivoque y se pueda enderazar el rumbo...

São dijo...

Realmente as águas têm que ser separadas e as ideias clarificadas, mas a Ibéria parece estar condenada à pura sobrevivência em todos os campos ...e a Educação ( deixa-me usar o termo em sentido alargado) não resiste a tantas Reformas e estrangulamentos e caprichos!

Querido amigo mio, te vou enviar e-mail.

Besos, Pedro.

DORCA´S LIBRARY dijo...

Por un lado está el poder intentando poner cada vez más difícil a la gente el acceso a la educación. El conocimiento hace libres a los individuos y eso no les interesa. Quieren personas sumisas.
Por otro lado están las ambiciones personales que, supongo, existirán dentro de la Universidad igual que existen en otros ambientes profesionales. La combinación de estos dos ingredientes es letal para cualquier sociedad porque el daño que se hace perdura durante varias generaciones. Y lo saben.
Los únicos que pueden evitar esta catátrofe son las personas comprometidas como tú, Pedro.
Mucha fuerza. Un abrazo.

Paco Cuesta dijo...

Siempre me pregunto si no tendremos todos un poco de culpa.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Voy muy retrasado con los comentarios en tu blog, pero los finales de curso son, desde hace años y tú lo sabes bien, estresantes, algo fuera de escala. Casi añoro los tiempos en los que lo único fuera de lo normal era una salida o excursión a un parque. En fin.
De un profesor universitario espero, como suele ocurrir contigo, una opinión más formada que la mía, que en tu caso se cumple, así que gracias por darla, sinceramente. Conozco la universidad actual solo a través de mis hijos, uno en ciencias y, ya, en investigación, y otra en letras.
Mienten nuestros políticos cuando hablan de educación: no les interesa, cuando muchos opinamos que la mayor parte de los problemas de nuestro país se arreglarían, o al menos, se atenuarían mucho, con un buen sistema educativo, desde primaria hasta universidad. Debería ser un asunto de estado sobre el que no hubiera que volver cada cuatro años. Hablo de educación, no de formación. En buena medida la Universidad, ahora, es una formación profesional de más calidad. No hace falta que diga mucho más, ya sabemos a lo que nos referimos. Nos queda, a los de La acequia, el consuelo de la literatura. A los de La acequia y a los demás, claro.

Un abrazo

José Luis Ríos Gabás dijo...

Voy muy retrasado con los comentarios en tu blog, pero los finales de curso son, desde hace años y tú lo sabes bien, estresantes, algo fuera de escala. Casi añoro los tiempos en los que lo único fuera de lo normal era una salida o excursión a un parque. En fin.
De un profesor universitario espero, como suele ocurrir contigo, una opinión más formada que la mía, que en tu caso se cumple, así que gracias por darla, sinceramente. Conozco la universidad actual solo a través de mis hijos, uno en ciencias y, ya, en investigación, y otra en letras.
Mienten nuestros políticos cuando hablan de educación: no les interesa, cuando muchos opinamos que la mayor parte de los problemas de nuestro país se arreglarían, o al menos, se atenuarían mucho, con un buen sistema educativo, desde primaria hasta universidad. Debería ser un asunto de estado sobre el que no hubiera que volver cada cuatro años. Hablo de educación, no de formación. En buena medida la Universidad, ahora, es una formación profesional de más calidad. No hace falta que diga mucho más, ya sabemos a lo que nos referimos. Nos queda, a los de La acequia, el consuelo de la literatura. A los de La acequia y a los demás, claro.

Un abrazo

dafd dijo...

Los dos partidos con posibilidades de gobernar no se ponen de acuerdo nunca. Es un mal que llevamos arrastrando. A lo mejor el problema que subyace bajo todos es ese. La marea va y viene y no logramos un punto de acuerdo. Pero entonces para qué sirve la política, los políticos. Qué metas se marcan ellos (y, a la fuerza, todos nosotros) para llegar a ella.