viernes, 23 de mayo de 2014

La crisis del modelo europeo y las elecciones de este próximo domingo


Europa se ha quedado sin proyecto. La última década -parte del final de la opulencia y lo que llevamos de crisis financiera porque esto no es consecuencia de la crisis sino al revés- ha supuesto el final de la hegemonía de las ideas europeas en el mundo. La trasformación última del liberalismo ha supuesto el salto de la última zanja. La intensificación del proceso de globalización por el lado financiero y de un perverso entendimiento de la productividad sin el necesario contrapeso de un concepto humanista del mercado ha desbordado algunos de los conceptos que Europa fabricó definitivamente para el mundo en la modernidad: los derechos del ciudadano, el pacto social, la democracia liberal, la búsqueda de un estado del bienestar generalizado basado en la educación y la sanidad universales, la cohesión social, etc. Evidentemente, nunca se llegó a la meta puesto que el camino era largo pero se habían obtenido ya unos significativos logros aunque con desigual reparto entre países. Pero la mera formulación de un proyecto plasmado en un cuerpo de leyes y pensamientos era una energía que impulsaba la historia europea.

No es solo Europa lo que está sin proyecto sino el modelo del mundo occidental nacido de ese concepto de modernidad. Es cierto que el modelo tuvo su lado perverso hasta la parte final del siglo XX: se basaba en el neocolonialismo y durante décadas dificultó intencionadamente el desarrollo del llamado Tercer Mundo, convirtiéndolo en un suministrador de mano de obra barata, abastecedor de materias primas y espacios de comercialización de los productos. Pero a partir de los años ochenta esto se había trasformado rápidamente. De hecho, gran parte de la tecnología, la ciencia y las ideas del mundo ya no son europeas. Tampoco la producción ni el control del mundo financiero.

En el momento de la crisis económica última, el mundo se encontraba en una situación interesante: había que decidir si las bondades del modelo europeo eran ampliables al resto de la humanidad con las necesarias adaptaciones locales o si este modelo era insostenible al globalizarse. Es decir, si todo el mundo podía tener un sistema político basado en la democracia, la cohesión social, la igualdad de derechos y la seguridad jurídica o esto era una quimera imposible de lograr.

Curiosamente, la crisis parece haber dado respuesta a esta cuestión: no solo parece que no es posible la ampliación del modelo a todos el mundo sino que en la misma Europa se ha producido un notable retroceso y cada vez es mayor la brecha social, la pérdida de derechos adquiridos y la aparición de grietas en el modelo común y nadie espera que esto se corrija sustancialmente en las próximas décadas.

Pero no deberíamos dejarnos engañar por las apariencias. En primer lugar, uno de los efectos inmediatos de toda crisis es el desánimo de la población y, como consecuencia, el fortalecimiento de estrategias defensivas -nacionalismos, discursos xenófobos, defensa de posiciones e intereses de grupos y sectores frente al bien común, etc.-, es decir, en los últimos años el desmoronamiento del modelo europeo se ha acelerado por el mismo efecto de su propia crisis, como cuando un edificio comienza a caer despacio tras ser dinamitado y acelera segundo a segundo su caída. Pero esto terminará frenándose. De hecho, alguna de las bases del modelo han permanecido a pesar de que ha sido duramente criticadas. Entre ellas, el euro. Sería curioso que, finalmente, el euro fuera el reducto desde el que volver a construir una identidad europea. Deberíamos pensarnos dos veces la crítica a la moneda única. Yo mismo he caído en la queja fácil en las barras de los bares sobre los efectos negativos del euro sin darme cuenta en los notables aspectos positivos. Entre ellos, que, en estos momentos, en nuestros bolsillos todos los europeos llevamos una demostración práctica de lo que nos une. Los efectos negativos del euro deben ser corregidos en otros niveles, no pidiendo su desaparición ni su conversión en una moneda bancaria y no efectiva.

En segundo lugar, la crisis del modelo europeo no es una consecuencia de la crisis económica, sino al contrario. Hay muchos estudiosos que encuentran la verdadera raíz de la crisis financiera en la toma de decisiones para acabar con el modelo europeo y su extensión a otras partes del mundo y en la desastrosa forma de gestionar la defensa de Europa por parte de sus políticos del momento, absolutamente mediocres y mediatizados por el mundo financiero y con escasa visión de estadistas hacia el futuro. A esto hay que sumar una población mayoritariamente anestesiada por los logros conseguidos y un desarrollo económico que creía imparable y que, por sí mismo y sin la toma de verdaderas decisiones personales y colectivas sería aplicable en Europa y fuera de ella.

Un ejemplo: todos deberíamos recordar cómo se frenó la posibilidad de establecer una verdadera Constitución que aplicara los fundamentos del modelo europeo y que fortaleciera sus valores más positivos en un mundo que tiende cada vez más a la globalización invasiva. No sabemos cómo hubiera navegado la crisis Europa con una Constitución fuerte, pero sí está demostrado cómo la está navegando sin ella.

Este escrito no es un canto ingenuo y buenista del modelo europeo. Soy consciente de sus lados perversos y los he criticado. Pero en esta época que nos toca vivir solo veo salidas hacia un futuro mejor en la profundización de las ideas que vertebraron el mejor pensamiento occidental: democracia, igualdad de derechos, seguridad jurídica, cohesión social y el establecimiento de un modelo de servicios universales. Nunca se llegó a alcanzar plenamente, pero la mera existencia de ese modelo era un impulso, un objetivo por el que luchar a diario incluso con procesos revolucionarios como los de los siglos XVIII y XIX. Curiosamente, el mayor ataque a ese modelo no ha venido de aquel bloque comunista que tanto atemorizaba a las democracias occidentales a mediados del siglo XX, ni siquiera de China -que ha logrado una singular síntesis entre comunismo y capitalismo- sino del otro lado del espectro ideológico. Quizá quienes están más interesados en la desaparición del modelo europeo de mundo son los grandes intereses financieros que agrupamos en ese fantasma que recorre el mundo bajo la denominación de neoliberalismo y que parecen ser los únicos que han ganado con la crisis del modelo.

Gran parte de esto es lo que tenemos que votar este domingo los europeos. Iré a votar, como siempre, pero con el gran dolor de comprobar que de Europa, en realidad, se ha hablado muy poco durante la campaña electoral. Pero en mi voto estará toda la herencia de las luchas por establecer en Europa y en el mundo la democracia, la igualdad y la cohesión social.

13 comentarios:

DORCA´S LIBRARY dijo...

Ayer estuve leyendo un artículo sobre Dinamarca, el país al que en dicho artículo se denominaba el más feliz de Europa. La clave de esa felicidad de sus habitantes está en dos vertientes: No son competitivos y confían en los demás. Creen que el ser humano es bueno por naturaleza.
Económicamente hablando, es un país en el que los ciudadanos pagan bastantes impuestos (en esto podemos decir que aquí estamos a la par), la diferencia es que el dinero que se recauda allí , se utiliza realmente para lo que debe ser, es decir para el bienestar de los ciudadanos. Sus Servicios Sociales no tienen nada que ver con la miseria que tenemos aquí. Si un ciudadano se queda sin trabajo, no le agobia el hecho de que se le acabe la prestación del paro, porque sabe que va a tener unos Servicios Sociales que le puedan cubrir hasta que encuentre un trabajo.
Cuando acabé de leer el artículo me pregunté por qué aquí no puede suceder lo mismo. La respuesta en parte me la ha dado un reportaje que, por casualidad, he encontrado en la televisión esta noche haciendo zaping. En dicho reportaje hablaban varios jueces, se quejaban del inmenso retroceso que en materia de justicia se ha dado en España. Nuestro país es donde más indultos se han concedido a los políticos corruptos. Según comentaba uno de esos jueces, cuando se concede un indulto, se debe dar una razón de peso. Aquí no se ha hecho eso. Se han concedido dando como única explicación: por cuestión de justicia.
No importa lo mucho que el Estado recaude, si por un lado hay políticos que se quedan con lo que no es suyo y por otro, no se les castiga no sólo con la cárcel, sino obligándoles a devolver hasta el último céntimo, no se va a avanzar nada.
Parte del cansancio del ciudadano de a pie viene de ahí, de la sensación de soledad que tiene porque encima de que le han robado, no se ve amparado por ninguna ley.
En cuanto a la no competitividad de los daneses, aquí sucede todo lo contrario. Primero nos dijeron que había que ser el mejor en todo aspirando a llegar a lo más alto, sin escatimar medios, esfuerzos y sacrificios personales y ajenos. Ahora la competitividad es a la baja. Se trata de ver quién es capaz de trabajar por menos.
Sencillamente es de locos.
Nos tienen girando y girando para que no nos paremos a pensar, y sobre todo, para que no nos fijemos en lo que hacen ellos, los de arriba.
Es hora de plantarse y decirles que este modelo no nos gusta. Y exigirles en la misma medida que ellos nos han estado sangrando a nosotros hasta ahora.

María del Carmen Ugarte García dijo...

El "enemigo" estaba dentro también de cada uno de nosotros, en ese individualismo que nos ha invadido en las últimas décadas frente al luchar codo con codo con el compañero para conseguir algo en común y para todos. Fue el momento en el que valoramos que era mejor para nosotros conseguir dos lentejas individualmente que una cada uno en conjunto.

pancho dijo...

Hay que ir a votar, precisamente ahora que no es popular ni guay hacerlo. Esas previsiones de abstención del 70% que se leen por ahí no pueden traer nada bueno, es un fracaso de la democracia que no nos podemos permitir.
Seguramente estaba entre esa mayoría que se iba a quedar en casa, pero lo que hay fuera es mucho peor. De dos males, siempre el menor.

Emilio Manuel dijo...

Votaré a favor de una Europa más humanitaria y menos financiera.

Saludos

Spaghetti dijo...

Si Europa ha dejado de ser un modelo, hay otros. China, Islandia, Dinamarca o incluso los Estados Unidos. Pero no quiere decir que debamos seguir otros patrones sino que debiéramos escoger lo que de bueno tienen para crear un nuevo modelo basado en el eclecticismo.
Estoy de acuerdo que una Constitución europea nueva "fortalecería sus valores más positivos" y debiéramos luchar por establecerla utilizando el arma que nos queda, el voto.
Porque la indiferencia será cómplice de lo que nos suceda.

impersonem dijo...

Europa es un totum revolutum de nacionalismos que juegan a un juego difícil de tragar ya. "Europa se ha quedado sin proyecto" dices, entiendo que te refieres a que "los derechos de los ciudadanos" se han devaluado hasta el bono basura, a que "el pacto social" es inexistente, a que "la democracia liberal" tampoco existe pues los derechos constitucionales son ilusorios y la pluridad se ha convertido en monoteísmo económico, y a que el estado de bienestar que debería cimentarse en la educación y la sanidad universal ha saltado por los aires. Europa no se ha quedado sin proyecto, Europa está bajo la dictadura de un proyecto perverso y milimétricamente trazado para que pasen las cosas que están pasando en beneficio de quienes están sacando rédito de ello o lo van a sacar en el futuro. Hay varios proyectos para Europa, y los unos difieren de los otros, algunos sustancialmente, y eso es lo que nos jugamos el domingo en las votaciones, el que haya un modelo plutocrático (cleptocracias, oligocracias, oclocracias, etc) o por el contrario haya una democracia social y real.

No soy europeísta, debo decirlo, no me gusta el modelo de europeísmo que hay, si fuera otro el modelo pues tal vez lo sería. Europa, ahora, no es más que un órgano (conjunto de estados) que organiza células (estados miembros) al servicio del gran poder que está por encima de todo y de todos. Cuando los estados se unan para compensar (equilibrar recursos y producción) y no para competir por egemonías sectoriales que les son propias o apetecibles, entonces seré Europeísta o mundialista.

Tal y como se montó el asunto del Euro y tal y como está organizada Europa, yo soy contrario al Euro, pero en el tiempo que lleva de recorrido ya nos ha agarrado por donde más duele con la deuda contraída en dicha moneda, lo que asegura la sumisión y servidumbre a su causa que no es otra que la de los poderes financieros. Cuando se implantó como moneda en España, no sé si en el resto de países también, se produjo una inflación encubierta del 66% (lo que valía 100 pesetas pasó a valer un euro, y lo que se compraba con el antiguo billete de 5000 ahora costaba 50 euros), pero los salarios siguieron igual. No sé, sería conveniente estudiar la posibilidad de una salida programada y muy ponderada del Euro, porque estar dentro de él tiene a nuestra nación atada de pies y manos a la hora de decidir sobre la economía y sobre las cuestiones fiscales.

Cuando en 1992 se firmó el tratado de Maastricht se hizo con el apoyo de todos los grupos políticos de la cámara excepto IU, ya que Julio Anguita decía que ibamos a pasar de la Europa de los pueblos a la Europa de los mercaderes, y los "listos" se reían de él... pero el tiempo pone a cada uno en su sitio y el que tenga ojos vea si es que quiere mirar de dónde vienen sus problemas.

En resumen, el domingo nos jugamos mucho, muchísimo... y tal vez el proyecto para Europa y para los pueblos debe tener mucha ideología y mucha menos tecnocracia (la tecnocracia pervierte de continuo el voto ideológico).

Bueno que cada cual haga lo que le salga de... el alma.

Abrazo.

Señor De la Vega dijo...

Mi querido Señor Ojeda,
El otro día cayó en mis manos un móvil, marca ZTE, una compañía china que nació siendo de semiconductores en la ciudad de Shenzhen, provincia de Guangdong.

He analizado el aparato, activado el GPS que incorpora, entre otros sensores: de luz, proximidad, acelerómetro... y sacando la mano fuera de mi cueva con el terminal en ella, he conectado con 8 de 9 satélites con una precisión de 3,5m (la longitud y latitud me la reservo)

Luego, a salud de los chinos he recitado en español un poema directamente al traductor automático de google, del poema del clásico autor Du Fu, que decía:

"Llega el otoño, nos miramos uno a otro,
somos aún vilanos de cardo flotando al viento.
No hemos logrado el secreto del cinabrio.
¡Si nos viera Ge Hong, qué vergüenza!
Bebiendo a mares y cantando como locos
pasamos los días vacíos.
Orgulloso y dominante,
¿de qué te sirve ser héroe?
"

La traducción al chino tradicional desde el español dictado ha sido una mala broma... ¿de qué te sirve ser poeta con un ZTE en la mano?

En el 735 fue nombrado Du Fu, "Chanzhung" (custodio de armas), antes de asumir el trabajo, regresó a su casa y encontró que su hijo menor había muerto de hambre. Escribió estos versos:

"Dentro de las puertas rojas (eran las casas de los ricos),
se malogran exquisitos manjares sobrantes,
mientras en el camino yacen huesos
de los muertos de frío y hambre.
"

¿De qué sirve ser poeta, si tus hijos se mueren?

Supongo que Du Fu, no halló la respuesta y siguió componiendo versos inútiles pero inmortales a diferencia de la tecnología ZTE.

La puesta de sol
"El sol poniente cuelga de los ganchos de mi cortina,
y el crepúsculo envuelve el arroyo de primavera.
Las flores perfumadas cubren los jardines de la orilla.
Humos de fogones se elevan sobre las lentas barcas.
Gorriones parleros se disputan las ramas,
y en todo el patio, errantes, los insectos vuelan.
Oh, vino turbio, ¿quién te ha inventado?
Una sola copa bastará para disipar miles de tristezas.
"

¡Ah sí!... Europa, elecciones, gorriones, insectos que vuelan... ¿de qué sirve ser héroe?

Suyo, Z+-----

Gelu dijo...

Buenas tardes, profesor Ojeda:

Se puede vivir sin políticos, sin financieros, sin gurús, pero, ¿qué seríamos sin poetas?
¿Por qué los políticos, los financieros, los gurús, no son poetas?
La poesía nos convertiría a todos en héroes.
¿Votar? ¿A quién mejoramos?
Seguimos anestesiados.
Y la poesía, grave.
Como nosotros.

Saludos.

elisa lichazul dijo...

me encantó el comentario de JESUS
da en el clavo , esto de los europeos ya está out
todos somos más de lo mismo, y al final del día , el hombre sigue explotando al hombre no importa en donde ni en qué
de qué sirve ser poeta
de qué sirve hacerse el héroe
si el mundo humano acusa los vicios sin mejoría alguna

bss

Pedro Ojeda Escudero dijo...

A mí me gusta seguir en la lucha por las raíces positivas del modelo europeo, que existen y han contribuido a mejorar el mundo. Luchemos también por ir eliminando las negativas. Sin el modelo europeo ni siquiera podríamos aspirar a la igualdad, a los derechos civiles, a la sociedad cohesionada y justa. No hay ningún otro modelo histórico que haya propugnado estas cosas. No pienso que sea bueno renunciar a él. Por lo menos sin lucha. Las elecciones de mañana son parte de ella. Votar hoy en conciencia es un acto revolucionario. Hay más y estoy en ellos, pero no hay que olvidar este.
Si, como dice Elisa, aceptáramos que el modelo europeo que propugno esta "out" sería demasiado triste para la historia de la humanidad: aceptar que somos esclavos, que siempre lo seremos y que ninguna de nuestras acciones merece la pena. Yo no pienso cargar con esa renuncia ni con la resignación.

María dijo...

Tú lo has dicho, Pedro, la población está desanimada, estamos desmoronados, para ellos solo somos números, datos, no personas.

A pesar de mi desánimo, cumpliré mañana con mi deber: iré a votar, porque nuestra voz está en nuestros votos.

Un beso.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Ya he votado. Un abrazo.

dafd dijo...

Muy interesante. Poco debate en la campaña y más eslóganes que otra cosa.
La globalización ha propiciado el final de ese concepto social europeo. La globalización exige prescindir de cualquier gasto que enturbie la competencia. Y cualquier cobertura social cuesta dinero a todo el país, lo echa para atrás en el "ranking". La clasificación cuantitativa está asegurada gracias a la prima de riesgo.