jueves, 13 de marzo de 2014

De la alteración por la desaparición del Cuerpo Santo en La saga/fuga de J.B. de Gonzalo Torrente Ballester y noticias de nuestras lecturas


Las fases iniciales de La saga/fuga de J.B. contienen todas las claves técnicas del resto de la novela y haría bien el lector en estar atento para saber dónde se mete. En primer lugar, todo cuestiona el propio género, la novela, ampliándolo: es una narración que comienza en un Incipit con un tono peculiar, que sigue con una balada -que también se cuestiona a sí misma al ser calificada desde su título como "incompleta y probablemente apócrifa"- y continúa con un capítulo primero que se presenta como "manuscrito o quizás monólogo de J(osé) B(astida)"-. Las tres fases iniciales, por lo tanto, se problematizan desde su mismo título. Ni el Incipit lo parece, ni la balada es fiable y el capítulo primero ni siquiera sabemos si es narración o monólogo, memoria o monólogo. Gran parte de la complejidad de lectura se debe a este juego establecido por Torrente Ballester, un juego que fuerza los márgenes genéricos con mucho humor y socarronería.

La novela de Torrente Ballester se llama saga/fuga y parodia las antiguas narraciones épicas de sagas fundacionales de una nación -recordemos el ámbito galaico de esta novela y del mismo Torrente-, de ahí que se remonte a tantas generaciones. Por eso el Incipit comienza con la noticia del robo del Corpo Santo. Ante esa noticia lanzada al amanecer, a gritos, toda la gente se arremolina. Y esos todos son la gente del común, el sacristán, el sacerdote, el comisario de policía, el juez, etc. Todos ellos ocupan la Colegiata, la Alameda, el misterioso río Mendo. Nos lleva Torrente al extremo valleinclanesco en los comportamientos, en las voces, en las actitudes y nos mezcla realidad y fantasía, concreción costumbrista -en vestidos, gestos y palabras- y el mundo mítico en el que las lampreas que impedían la natación en el río han desaparecido siguiendo el cuerpo desaparecido. Hay una divertida algarabía y una extraña mezcla de modalidades por la cual parece que estamos ante una escena costumbrista de una zarzuela regional con mucho humor y un esperpento galaico. El Incipit nos pone, de golpe en un mundo que es real y no lo es, en el que encontramos a las fuerzas vivas de cualquier pueblo español de los años cincuenta y las referencias míticas a un cuerpo santo y un río en el que nadie se ha bañado en cientos de años.

Para profundizar en el juego, la autocuestionada balada nos lleva, entre ironía y tono épico, al descubrimiento del Santo Cuerpo Iluminado que, en la Galicia y la España franquista es mucho llevarnos. Y sigue con la problematización no solo del género en el que J.B. nos cuenta su historia -manuscrito o monólogo- sino a la de su misma condición de narrador.

Un maravilloso alarde técnico de Gonzalo Torrrente Ballester puesto al servicio, por una parte, de la profundización en el género novela en un momento en el que se experimenta profundamente en sus límites y, por otra, al servicio de un enfoque del tema que lo requiere. En efecto, Torrente no hace un ejercicio de estilo sino que pone todo ese juego literario al servicio de una divertida y crítica parodia del mundo de creencias históricas, sociales y espirituales de la España de su momento. Todo ello, además, sin que la censura pueda encontrar algo donde poner su lapicero.

Noticias de nuestras lecturas

Luz del Olmo se fija y recrea, a la manera de Torrente Ballester, el comienzo de la novela, poniendo en primer plano a la tía Benita.

Paco Cuesta escribe una extraordinaria e indispensable entrada para comprender el arranque de la novela. entre lo real y lo fantástico, la ironía del autor nos lleva al núcleo de la temática de una narración de tantos J.B.

También es muy recomendable la aportación de Mª Ángeles Merino, que pone orden en donde parece no haberlo: el cuestionamiento del narrador.

Excelente es también la entrada de Pancho, cuyas ilustraciones y aclaraciones servirán para no perderse, así como las claves en la construcción del narrador y los personajes.



Myriam comienza su aportación con el análisis de los personajes de Laura Castañón, la forma en la que al autora los construye y les dota de vida. Una buena introducción para su prometida entrada de las relaciones entre Aida y Bruno.


Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en su blog hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

9 comentarios:

María del Carmen Ugarte dijo...

Lamentablemente estoy yendo más despacio de lo que quisiera en la lectura y no sé si voy a poder hacer algún comentario más enjundioso, pero no quiero dejar pasar la ocasión de hacer algún apunte.

La relectura me está llevando a una gran metáfora de la vida política actual, como si Torrente Ballester hubiera tenido una gran premonición de adónde nos iba a conducir esta democracia: quitamos o ponemos la estatua de alguien que no se sabe muy bien quién fue.

En el terreno más personal esa genial disyuntiva de saber si el prohombre en cuestión fue un inglés que luchó contra Napoléon, o todo lo contrario, un irlandés que ganó alguna que otra batalla en favor Bonaparte, me ha recordado una anécdota entre dos amigos investigadores de la que estoy siendo testigo. A veces todo reside en descubrir un nuevo documento y en publicarlo antes que nadie.

...continuará

Myriam dijo...

¡¡El Incipit ese es fantástico!! La balada también me gustó. Como te dije, sé que voy a disfrutar esta lectura...

(Estoy trabajando en lo prometido de la anterior)

Besos

pancho dijo...

Esta novela exige del lector atención completa, no se puede uno enfrentar a ella a estilo compadre, a no ser que no te importe darte con un muro. Cuanto más releas, más vas comprendiendo que seguramente será poco en muchos tramos de ella.
También creo que estamos ante una gran novela que cuestiona lo establecido para ampliarlo desde dentro, como el Quijote.Pocos como Torrente Ballester, con un saber enciclopédico, tan adecuados para intentarlo.
Un abrazo.

Abejita de la Vega dijo...

Así es Pancho. Hay que arar, y desbrozar, antes de meter el arado en esta tierra. Me cuesta creer que alguien quede maravillado desde el primer momento de la lectura. Reconozco que yo, además de leer varias veces el incipit, la balada y parte del primer capítulo, he echado mano de la labor de otros, léase introducción crítica y comentarios en Internet.

Ahora ya hago unas risas paseando y leyendo esa sesión espiritista en que se convoca a Goebbels y Bastida le pone voz de arzobispo hablando en el latín de Cicerón...por poner un ejemplo.

Cuesta poner orden a todo lo que te va inundando según lees la saga fuga.

Ya dije que confiaba en Santa Lilaila. Gracias, Corpo Santo, sabía que lo harías.

Besos, Pedro.

Omar enletrasarte dijo...

como bien sabes, la distancia, la distancia...
eso y que por seguir el programa cultural "la maquina de pensar" estoy leyendo a Emily Dickinson
y como ves, ¡¡no puedo estar en todos lados!!!
.
esa es la razón por la que no voy a tu ritmo
un abrazo (el de siempre)

Paco Cuesta dijo...

Auténtico ejercicio de lectura. "Saltarse" por ejemplo la balada y entrar en materia, es una tentación. Salvada esta, el esfuerzo queda recompensado.
Un abrazo

José Luis Ríos Gabás dijo...

Estoy echando mano mucho más que las veces anteriores de los comentarios de los demás, que me ayudan a leer mejor, esa es la verdad. No puedo hacer un comentario con enjundia, hay que leer despacio, concentrado, y releer también, pero me gusta, es muy entretenido y el autor sabe contar.

Un abrazo

Esther dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Esther dijo...

Por fin, después de prestarme el libro de la biblioteca por una hora y sacarle doscientas fotocopias, puedo leerlo tranquilamente en casa. Lo tengo encargado pero me tarda semanas en llegar, el de Laura Castellón me llegó siglos después ayer.
Pero bueno, sí, La saga/fuga de J.B., la musicalidad del “Incipit” y la “Balada” ya me dejaron encantada, ahora el “Manuscrito” me tiene completamente intrigada, ya no por lo que pasa en este “Castroforte” fantástico sino por lo que le pasa por la cabeza al narrador de este “Capítulo I”, “Joseíño” Bastida, como lo llama cariñosamente Julia, la hija del Espiritista, con sus “cuatro interlocutores” o sus desdoblamientos J. B. Y por supuesto, si he entendido bien, los J. B. históricos y no históricos. Me ha llamado especial atención la sesión espiritista en la que el narrador nos cuenta que hace de “médium” y simula entrar en trance y tomar contacto con un antiguo clérigo de la ciudad, con esta anécdota José Bastida (o Torrente Ballester) me ha metido en su bolsillo como lectora haciéndome recordar al Ulysses de J. Joyce y un término que aparece en esta novela, “metempsicósis”, doctrina griega de la transmigración de almas, bueno ésta aplicada al narrador que se transmigra o “consustancializa”  en sus personajes, “caracteres sostenidos” o hipóstasis, así los llama a sus interlocutores Bastida, bueno quizás sean estas observaciones tonterías mías, o dicho positivamente, mi diversión particular. En cualquier caso esta asociación me ha hecho recordar también que la Balada me hizo pensar, entre otras cosas surrealistas, en de la Odisea. Lo que tengo claro es que después de esta simulación al narrador, Torrente Ballester en este caso, no le creo ya ni media, no vaya a ser que haga con nosotros, los lectores, exactamente lo que José Bastida hace con los participantes de esa sesión espiritista.
Otro pasaje que me ha resultado harto interesante es cuando, a razón también este trance fingido, Bastida cuenta que intentando “inventar un mensaje” “se le abrió de pronto el fondo de la conciencia, o , mejor se le perforó” entrando “por los mil agujeros mil luces de otro mundo” al que se asomó con terror y entusiasmo”, relata también que al contárselo a sus “interlocutores” se quedaron resentidos porque pensaron que iba a prescindir de ellos, pero, y aquí se siente una, la lectora, también referida como interlocutora, Bastida los tranquiliza diciéndoles: “si llegara a familiarizarme con los mil agujeros y con lo que pasaba detrás de ellos, en aquel país iluminado cuyas luces percibía, se lo relataría ce por be y juntos intentaríamos comprenderlo”. No está aquí Torrente Ballester haciéndonos partícipes en su proceso de creación, “de ce por be”, no es esto un guiño al lector?
Muy divertida toda esta aventura, saga y fuga de J. B y caigo en la cuenta que el narrador del “Incipit”, ya el título lo indica, desde luego no es el mismo que el de este “Manuscrito”, me imagino que hay que seguir leyendo para descubrirlo. Por cierto, Bastida compara a sus interlocutores con instrumentos musicales, diferentes voces y si le hago caso al la segunda parte del título, “fuga de JB”, pues no tengo más remedio que pensar en “la fuga” de J. Bach, qué casualidad, lo tendré en cuenta en la estructura, diferentes voces, variaciones de un mismo tema ....seguiré leyendo.
Disculpen la extensión del comentario y saludos a todos.