viernes, 17 de enero de 2014

El día en el que me quitaron la vida



El día en el que me quitaron la vida no sentí nada. Fue hace años. Vinieron por la noche los mercaderes. Hicieron almoneda con mis cosas y hallaron la caja fuerte en la que estaba encerrada. Aprendí que las cosas importantes son siempre las que uno puede llevar consigo en un caso de alarma.

19 comentarios:

São dijo...

Gostei do texto, mas acho-o inquietante.

Bons sonhos, querido amigo mio

Neogéminis dijo...

qué buena definición para lo que es realmente esencial!

Manolo dijo...

Ligero de equipaje. Como los peregrinos y los hijos de la mar.
Un abrazo, Pedro. Esperaba dártelo en persona. Ya llegará.

Abejita de la Vega dijo...

Sobrevivimos a varias muertes en nuestra vida. Yo ya tuve dos.

Besos

Edurne dijo...

Qué acertado lo que has dicho!
Y nos quitan la vida por ilusos, por creernos precavidos, cuando es todo lo contrario- Efectivamente, lo esencial lo llevamos siempre encima, tanto tramos, tanta materia superflua...

Tengo que hacer limpieza en mi "casa", en la de dentro y en la de fuera, pero parece que el momento no me encuentra, aunque yo no pueda ponerme a buscarlo ahora, él tampoco viene a mí...


Un beso de auténtica almoneda!
;)

carmensabes dijo...

Excelente reflexión llena de verdad, ojalá pudiéramos hacer ese ejercicio y salir airosos. En caso contrario, habrá que cambiar algo esencial, nuestro yo interior.

Besos.

virgi dijo...

Pero sólo somos conscientes de eso cuando nos ocurre.
Besos

pancho dijo...

Lo raro, raro es vivir. Más que esta entrada tan tenebrosa e incandescente como un amanecer en llamas.

María dijo...

Una buena lección nos transmites, Pedro.

Un beso.

Tomás Martinez Fernandez dijo...

Cuando tengo miedo de que yo pueda cesar de ser

Cuando tengo miedo de que yo pueda cesar de ser
Antes de que mi pluma haya espigado mi atestado cerebro,
Antes de que altas pilas de libros, en caracteres,
Guarden como ricos graneros el grano totalmente maduro;
Cuando contemplo, sobre el rostro estrellado de la noche,
Símbolos inmensamente confusos de un gran romance,
Y pienso que puede que no viva para trazar
Sus sombras, con la mano mágica del azar;
Y cuando siento, ¡encantadora criatura de una hora!
Que nunca más podré pensarte
Nunca gustar del poder idílico
Del amor irreflexivo; así, en la orilla
Del ancho mundo quedo solo y pienso,
Hasta que amor y gloria en la nada se hunden.
(John Keats)

elisa lichazul dijo...

entonces no te quitaron la vida PEDRO, solo tomaron cosas y ya se sabe las cosas cosas van y vienen

uno es apenas un respiro en el paso de los días
una gavilla entre todo el fardo

besos y bien fin de semana

Joselu dijo...

De esto saben mucho los inmigrantes que han de abandonar su vida y todos los recuerdos y llevarse en una pequeña maleta su mundo.

mojadopapel dijo...

Tienes razón Pedro no se puede guardar la vida en una caja fuerte hay que llevarla encima.

romi dijo...

Muy buena reflexión, gracias por compartirla

cariños

LA ZARZAMORA dijo...

Sólo lo justo...
Eso es.
Besos, Pedro.

impersonem dijo...

La vida y sus lecciones y nuestras elecciones...

Ele Bergón dijo...

La mayoría de las veces nos perdemos dándole valor a lo que no tiene y olvidamos lo esencial.

Buena reflexión y la foto me encanta.

Un abrazo

Luz

José Luis Ríos Gabás dijo...

Ya lo sabes de sobra, pero el punto de vista de esta entrada es el mismo que el del protagonista de "La lluvia amarilla", si no recuerdo mal, alguien que ya está muerto. Siempre me ha parecido original, en fin.

Un abrazo

Paco Cuesta dijo...

Cierto, pero son tantas las importantes y tan escas nuestra capacidad que lo mejor es disfrutar de ellas mientras sea posible.
Un abrazo