sábado, 30 de noviembre de 2013

Palabras en la jubilación de Irene Vallejo, Catedrática de Literatura española de la Universidad de Valladolid.

Acabo de llegar de la comida que hemos celebrado en homenaje a Irene Vallejo, Catedrática de Literatura española en la Universidad de Valladolid, que se jubiló al final del curso pasado. Irene Vallejo me dirigió la Tesis Doctoral sobre la obra dramática de Francisco Martínez de la Rosa y con ella he firmado alguno de los trabajos académicos de los que me siento más orgulloso, es especialista en la literatura española de los siglos XVIII y XIX y sus estudios figuran entre los de consulta obligada en estas marerias. El encuentro no ha querido ser insititucional sino una muestra de cariño de un pequeño grupo de compañeros y antiguos alumnos.

Vivimos unos tiempos convulsos en la Universidad española. No solo por los cambios legislativos o por los recortes presupuestarios o por las modificaciones en las estructuras metodológicas y de la misma tipología de los estudios, que llevan desde hace unos años a la Universidad española a la deriva y a la incertidumbre por causas externas e internas. Los tiempos convulsos se deben, fundamentalmente a que en la Universidad española se ha perdido el ambiente académico. Salvo honrosas excepciones, en la Universidad española no se habla de cuestiones académicas, que quedan reservadas a la más estricta privacidad del profesor, como si tuviera que guardarlas en secreto y practicarlas solo después de cerrar la puerta del aula. En los pasillos en donde se encuentran los despachos de los profesores -hasta la antigua noción de Departamento se ha perdido físicamente para dar paso a espacios que se parecen más a hoteles de carretera, con todas las connotaciones de la acepción- se habla muy poco de materias académicas, hay escaso debate de ideas y la mayor parte del profesorado se limita a trabajar por objetivos para conseguir exclusivamente la promoción curricular personal y no para generar un estado científico y cultural permanente en la institución que se consolide más allá de individuos concretos y repercuta en la sociedad. Los pasillos de las Facultades españolas se han convertido, por lo general, en covachuelas de cotilleo, asiento de medradores sin escrúpulos, fanatismos normativistas que no fomentan de verdad la calidad de la enseñanza y de la investigación y cabildeos de grupos mediocres cuya actividad se basa, fundamentalmente, en destruir el prestigio de aquel a quien se envidia o que puede resultar una traba para el triunfo de la propia estirpe a la hora de ocupar todos los cargos disponibles. Conozco y he sufrido algunos casos de profesores brillantes que se apagan como cohetes de feria mientras se comportan como auténticos depredadores en su entorno, creando tan mal ambiente a su alrededor que dejan detrás de sí las peores consecuencias de un campo de batalla. También conozco depredadores que, además, son mediocres académicos. Y buenos profesores pusilánimes que han permitido que todo esto ocurriera delante de la puerta de su despacho sin hacer nada para evitarlo. El debate de altura universitario en España se reserva a muy pocos ámbitos: unos pocos grupos de investigación que merecen tal nombre -muy pocos- y unos cuantos simposios, seminarios y congresos -una mínima parte de los que se celebran anualmente.

Por suerte, frente a todo ello, profesionales de la talla de Irene Vallejo se han esforzado en cumplir siempre con su trabajo cada día, fueran cuales fuesen las circunstancias personales o profesionales: dar sus clases de la mejor manera posible, dedicarse a sus alumnos sin intentar comprar su adhesión con recursos de mala índole ni dogmatizarlos, investigar honestamente, crear un ambiente académico allá donde se hayan encontrado, respetar a todos y formar un grupo de discípulos a partir de la dirección de sus Tesis Doctorales. Todo ello sin participar en rivalidades ni en ataques al prestigio de otros colegas ni en fomentar el interés personal por encima del institucional. Esta profesora cuenta entre sus discípulos con algunos de los mejores especialistas en el campo de la literatura de los siglos XVIII y XIX, sobre todo en el teatro. 

Si una palabra define a Irene Vallejo es la constancia en su trabajo y entender este como una función al servicio de la institución y la sociedad. La Universidad española, que muchas veces más que madre es madrastra, ha dejado de agradecer de verdad a estos profesores todo su esfuerzo. Desde hace un par de décadas, se suceden las jubilaciones de magníficos profesionales sin un reconocimiento público. Esto se ha acelerado en los últimos cinco años. Dado que se ha decidido que no haya dinero para la cultura, ni siquiera lo hay para publicar homenajes que testimonien el agradecimiento. Mal va una institución que no se comporta como debe con aquellos que le han dedicado toda una vida de forma honrada. Peor va una sociedad que lo consiente.

En mi discurso de agradecimiento le dije a la profesora Irene Vallejo que aunque no siempre una buena siembra es garantía de una buena cosecha, el labrador debe tener tesón cada año para preparar el terreno, como pienso que ha hecho ella. En su caso, además, recoge el producto de su dedicación a lo largo de su vida: sus compañeros y sus alumnos lo apreciamos, su obra queda para la consulta de los especialistas y los que hemos convivido con ella en los buenos y en los malos momentos sabemos de su carácter. Sus amigos conocemos también el valor de su amistad y la firmeza de sus valores, más aún en estos tiempos en los que la más leve brisa hace mudar los hábitos de las personas.

8 comentarios:

Myriam dijo...

Emocionan las palabras que le dedicas a la Prof, Irene Vallejo, pero como duele e indigna que la Educación Universitaria vaya por tan mal camino y que ni siquiera se valore a quienes tan bien la han servido.

Besos

PD- Para mi fue un verdadero placer leer tu tesis y aprender tanto sobre Martínez de la Rosa, partidario del Justo medio, político y escritor, exiliado, encarcelado, pero por sobretodo, un hombre honrado, integro: "Su vida está llena de anécdotas en las que el valor humano se encuentra por encima del partidismo"

Paco Cuesta dijo...

Conozco a un profesor que garantiza a sus alumnos vinculación académica con ellos de por vida. Tu también le conoces, "haberles hailes" pero son muy pocos. Mi saludo y agradecimiento a la profesora Irene Vallejo, labradora de buenas cosechas.
Un abrazo para Ella, otro para ti de por vida.

elisa lichazul dijo...

qué peculiaridad es esta profesión, en cada etapa hay quien recuerda con especial acento a uno o a varios personajes que marcaron su vida o sus decisiones , un profesor , un guía siempre dispuesto a compartir sus conocimientos

buen homenaje le haces Pedro a tu profesora de tesis y colega

ten un excelente domingo
besos

Abejita de la Vega dijo...

No la conozco pero estoy segura. Estás hablando de una gran profesora, me basta con conocer al discípulo y leer su entrada. Que tenga una larga y feliz jubilación.

Me da pena leer lo que cuentas del ambiente universitario, me suena, todo me suena y nunca estuve allí.

Besos, Pedro.

Raúl Urbina dijo...

Irene Vallejo forma parte de lo mejor que tiene la Universidad española. No la tuve como profesora "reglada" pero, al llegar a Valladolid, entraba siempre que podía a sus clases (y a las de otros buenos profesores). En lugar de rellenar mis huecos en el horario en otros lugares, intentaba seguir aprendiendo con los que saben.

En efecto, uno de los grandes defectos que tienen los departamentos es, precisamente, haber roto con su estructura física: antes el departamento era, en sí mismo, una red de conocimientos donde los profesores estaban siempre allí para preguntarles y para intercambiar opiniones. Así ha sido en los lugares que frecuenté como estudiante. Ahora son puertas cerradas: valga como realidad o como metáfora. Desgraciadamente, yo no he podido vivir esa gran época como profesor.

No estoy tan de acuerdo, sin embargo, con esa visión apocalíptica. Creo que, en etapas anteriores, también ha habido mediocridad, rencillas personales o luchas y enemistades en busca del prestigio o de una plaza. En lo que conozco, desde una óptica más limitada por llevar muchos menos años que tú en la docencia universitaria, algunos departamentos languidecen también por tener un reducido número de estudiantes en torno a los que crear conocimientos. Pero, por lo que conozco de algunas universidades grandes, como la Autónoma, en la que me doctoré, hay grandes investigadores, mayores y jóvenes, llenos de sabiduría y de generosidad.

Por otro lado, a veces es difícil mantener las ilusiones cuando hay tantas espadas de Damocles amenazando nuestras cabezas. Al llegar a la Universidad, yo también he encontrado compañerismo, altruismo y desinterés por parte de unos cuantos compañeros. Siempre habéis intentado ayudar sin pedir nada a cambio.

Creo que la falta de debate académico se debe también a factores como la dispersión: no es tanto que no interese ese debate, sino que no estamos mucho tiempo juntos ni con fuerzas suficientes para que ese debate de mantenga.

En cualquier caso, tenemos que luchar con todas nuestras fuerzas para que, desde la Universidad,cesé genere conocimiento. Aunque la realidad no sea la más favorable, creo que todavía estamos a tiempo, pese a nuestros errores individuales y colectivos. Tomemos como ejemplo a los grandes. Como Irene.

José Luis Ríos Gabás dijo...

No me atrevería a nombrarte un libro si no fuera porque nos conocemos, al menos virtualmente, desde hace algún tiempo, y que puede venir al caso. Se trata de "Stoner", de John Willians. Quizás ya lo conoces.

Un abrazo

mojadopapel dijo...

Qué orgullo debe suponer para Irene Vallejo recibir un homenaje tan bello de un alumno aventajado como tú.

Ele Bergón dijo...

Tengo una amiga que estudió conmigo la carrera en la UNED y ella se quedó allí de profesora, a veces me entra algo de pelusa de no haber alcanzado yo ese puesto, pero cuando me cuenta todo lo que ocurre allí, me alegro de no haberme metido en esos lares. Es un mundo muy especial y poco apto para personas sensibles.

Me alegro que te queden buenas profesoras como la que aquí nos muestras

Un abrazo

Luz