jueves, 18 de abril de 2013

La investigación policial en La marca del meridiano y noticias de nuestras lecturas


Una de las características de la serie policíaca de Silva, que se incrementa con el tiempo hasta llegar a la fase evidente en La marca del meridiano es la forma en la que el brigada Bevilacqua procede a la investigación de los casos.

Como es evidente, toda trama de novela policíaca consiste, inicialmente, en un proceso de investigación sobre un crimen que se ha producido y de cuya resolución se encarga el protagonista. La forma de proceder traza la diferencia entre unos y otros investigadores y marca profundamente la estructura de las novelas. Después de más de un siglo de novelas policíacas, estas diferencias son importantes. En su inicio, las novelas policíacas consistían fundamentalmente en la demostración de la prodigiosa habilidad deductiva del detective a partir de las pruebas y en la conexión mental de los datos, como si fuera una partida de ajedrez. Casi siempre todo era producto de la habilidad mental del investigador y de su inteligencia por encima de la media. Frente él, el resto de los personajes -especialmente los miembros de la policía regular- aparecían como meros aficionados que no llegaban a comprender sus capacidades deductivas y se asombraban de la prodigiosa exposición final en la que todo quedaba demostrado. Se sorprendían al mismo tiempo que el lector del ingenio del autor para hilvanar todo. Casi siempre esta sorpresa partía de un truco: o bien se habían escondido pruebas a los ojos del lector o bien se las había hecho pasar por poco revelantes y no contaban en su primera exposición más que como meros datos descriptivos generales. De vez en cuando, solo el villano estaba a la altura del detective.

A mediados del siglo pasado, la novela negra creó otro tipo de detective, menos intuitivo y más problemático. Su mundo rozaba y convivía con el de la delincuencia porque procedía de las mismas calles y situaciones en las que investigaba. Importa menos su sagacidad deductiva que la capacidad de superviviencia en el otro lado de la línea de lo correcto. De ahí que casi siempre sufriera golpes e incurriera en comportamientos poco éticos para resolver los casos. Si los resolvía era para afirmarse en la poca dignididad que aún le mantenía en pie o en la pequeña esperanza de hacer mejorar un mundo que no tenía mejora posible.

De la mezcla de ambos tipos surgió, en la postmodernidad, un tipo de investigador que ha llegado hasta nuestros días. Por mucho que algunas sagas nórdicas hagan pensar que viene del frío, este investigador dio el mejor ejemplo en la Barcelona mediterránea: Pepe Carvalho, de Vázquez Montalbán. Un hombre que había sido muchas cosas y que contemplaba el mundo con esa fatiga del que sabía que pocas cosas podían cambiarlo pero que merecía la pena haber decidido estar en una posición concreta ante lo que ocurría en él. En Vázquez Montalbán es más importante esto y la visión del mundo que tiene Carvalho que la propia investigación del crimen.

La habilidad de Silva es conseguir dotar a su brigada de un aspecto nuevo. Las características psicológicas de Bevilacqua reúnen mucho de los detectives anteriores, como la gran capacidad deductiva. Tampoco es excesivamente nuevo su cultura, la sensibilidad con los débiles o las dificultades para tener una vida personal. Lo más característico de Bevilacqua en su trabajo, agudizado en La marca del meridiano, es que la rutina de la investigación es muy profesional y se teje sobre todo a partir de la aplicación de métodos policíacos comunes en la policía de un país democrático. Sus deducciones son una mezcla entre su capacidad de análisis, la experiencia como investigador y las averiguaciones a partir de la aplicación de esos métodos profesionales. En La marca del meridiano es notable la aplicación de procedimientos policiales basados en el pinchazo de teléfonos o el estudio de las cuentas de redes sociales de Internet, que se combinan con el conocimiento de las formas habituales de la delincuencia. Tanto Bevilacqua como el equipo que dirige se ajustan a los cánones de policía democrática que respeta los derechos de los investigados, por muy claro que tengan que son criminales. Tras la confesión final de Bevilacqua a Chamarro sabremos la razón: hubo un momento en el que estuvo en el otro lado de la línea y desde entonces se prometió ser absolutamente escrupuloso con las leyes en su investigación sobre todo por el miedo a que el animal que lleva dentro se desate. De ahí su disciplina de trabajo, de la que su cuerpo, dada la edad, comienza a resentirse. Pero dormir poco y recurrir al café para estar activo le compensa.

Sin embargo, se permite un momento en el que no es tan escrupuloso, con lo que el autor humaniza al personaje y lo aproxima -con cierta ternura- a esos detectives de las novelas negras que se redimen por una buena acción. Me refiero a que deje libre a la joven prostituta y le aconseje volver a su casa.

Pero los criminales también juegan sus bazas. El final de La marca del meridiano contiene una brutal acción que soluciona el caso definitivamente dentro de las normas más clásicas que nos dicen que los delincuentes tienen su propio código ético. Es un juego inteligente de Silva: respeta a Bevilacqua y da un tono negro a una novela policíaca quizá demasiado positiva y amable en el tratamiento del personaje del protagonista.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino, con esos giros tan inteligentes que suele dar a nuestras lecturas, cuenta la historia de la marca del meridiano desde uno de los secundarios menos secundarios, la sargento Viginia Chamarro. Toda una iluminación del texto desde otro ángulo.

Myriam analiza una de las claves que nos ayudan a comprender mejor esta novela: la forma en la que el autor gradúa el secreto y su confesión que está detrás del personaje protagonista y del mismo caso. No os perdáis esta entrada.

Gelu inicia sus aportaciones a la lectura de La marca del meridiano recordándonos El alquimista impaciente y su adaptación cinematográfica.

Paco Cuesta muestra gala de ingenio desde la foto hasta la condición final de su entrada sobre La marca del meridiano y nuestra lectura. Un prodigioso texto que os invito a disfrutar. Después, publica una entrada en la que analiza magníficamente las características esenciales del grupo investigador y sus relaciones. Imprescindible.

En su segunda entrada sobre la novela de Silva, Pancho hace evidentes algunas de las características que mejor contribuyen a comprender el personaje del brigada protagonista.
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Pancho publica su cuarta entrega sobre Aurora roja: caminos que llevan a la situación candente que forma el núcleo del debate libertario que da título a la novela. Bien visto.

Gelu nos ayuda a ampliar nuestra comprensión de Baroja y Antonio Machado con un comentario de un libro de Bartrés que continúa también en esta entrada con aportes bibliografícos.

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Kety Morales nos hace entrar, de la mano de don Quijote y Sancho, por El Toboso. Buenos y oportunos versos para ese proyecto suyo de comentar el Quijote en verso que tan bien conocemos en el Club de lectura.

Algunos asuntillos personales me han tenido apartado de este espacio y de los vuestros, espero que sepáis disculparme.

7 comentarios:

Gelu dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:
Gracias por todo

Un detalle sorprendente, que usted apuntó como “divertido” en su entrada del 4 de abril. ¿Cómo con esos nombres –inolvidables - una novela va con seudónimo a optar por un Premio? ¿El jurado pensó que el autor iba por “despistar”?
He estado recopilando libros de Lorenzo Silva, de la serie Bevilacqua-Chamorro
Ya tengo 4 “prestados” más el que en principio tenía en propiedad.
Quiero conocer un poco a los investigadores protagonistas de la serie.
En ‘La reina sin espejo’, pág.198...Chamorro es del año 1974 y Bevilacqua de 1963...En ‘La marca del meridiano’ llevan 15 años trabajando juntos.
Dejo La gazza ladra-La urraca ladrona
música que sonaba en el móvil de Bevilacqua –pág. 264 ‘La reina sin espejo’.

Saludos.

Paco Cuesta dijo...

Resulta magnífico descubrir las mil ramificaciones de una novela y como puede ser comentada de mil maneras,parece que ya no queda nada por añadir pero si nos adentramos en la lectura siempre sale algo más. Hoy, a mi, no se me ocurre nada. Esperemos

Myriam dijo...

¡Qué interesante este desarrollo histórico del género y como lo utiliza Silva!

Aún no he leído todos los aportes de los compañeros, peor los que he leído hasta ahora están geniales. Como dice Paco, esta multiplicidad en las lecturas nos enriquece mucho. Luego También les pasaré a comentar, ahora debo ocuparme de otras cosas más banales que requieren, muy a mi pesar, de mi atención inmediata.

Besos y gracias a ti, Pedro, y a todos los compañeros de lectura.

pancho dijo...

Muy interesante lo que apuntas sobre la evolución del género de la novela policiaca ligado a la forma de investigar. Nueva clase magistral para guardar y que se agradece en su justa medida. La serie de siete entregas de la pareja Chamorro y Bevilacqua es un perfecto campo de estudio, sobre todo por la perspectiva que dan los años. Hace quince no había ni móviles…
En vista de la influencia que tienen las NNTT en la resolución de casos, si yo fuera el encargado de elegir investigadores, la primera premisa sería que fueran expertos en informática y redes sociales, además de dominar varios idiomas. Más o menos, lo mismo que para cualquier tarea que no sea cavar el huerto o poner ladrillos en una obra. No hay manera de prescindir de esa prolongación de la mano, y el que no lo quiera entender, bien se puede ir a la montaña a vivir como un eremita.
Bevilacqua se hace querer. Cómo no querer a una persona tan culta que lo mismo suelta sentencias de Séneca que pone música de Queen en el móvil. Además tiene ese atractivo canalla de haber vivido en el lado oculto de la ley, respeta las canas y promociona a los jóvenes. El tipo es perfecto. No falta tampoco el atractivo de los silencios sobre todo en su relación con Chamorro, para mí lo mejor tratado de la novela. Hay que tener muchas tablas, haber escrito muchas horas para que lo más importante de una narración sea el misterio que guardan esos silencios, (como los de la Maestranza) lo que no se dice en el relato.
También me llamó la atención lo que dice Gelu sobre el anonimato del escritor en su presentación al premio Planeta cuando lleva seis novelas con los mismos personajes.
Un abrazo.

elisa lichazul dijo...

excelente post PEDRO
completo

feliz fin de semana
besitos

Merche Pallarés dijo...

Estos días que he estado en Irún, fui a una librería con intención de comprar este libro de Lorenzo (¿?) Silva pero, no sé porque, tengo manía a los premios Planeta y no lo hice. Salí de la tienda con "La gran Marivián" de Fernando Aramburu y "El azar de la mujer rubia" de Manuel Vicent que ya estoy acabando. Genial. Desgraciadamente la de Fernando Aramburu no me está enganchando y eso que sus "Años lentos" me encantó. Bueno, me estoy yendo por los cerros de Úbeda. Perdón. Seguiré vuestros comentarios. Besotes literarios, M.

Abejita de la Vega dijo...

Bevilacqua nunca diría eso de elemental, mi querida Chamorro, elemental. Aquellos detectives y policias tenían la exclusiva de usar adecuadamente las células grises. Les rodeaban una legión de tontos, con la boca abierta. Vila no es así y me gusta.

Me resultaba más fácil dirigirme a Virginia que a Rubén, aunque haya tenido que dar la vuelta al capítulo. Será porque es mujer y marcela...

Al final, termino haciendo hablar a los personajes, fuera del texto. Es ya una costumbre. Aquellos secundarios del Quijote forjaron un habito.

Besos, Pedro.