martes, 13 de noviembre de 2012

¿Nos importa quién mató a Liberty Valance?


Hoy, en clase, he hablado de El hombre que mató a Liberty Valance, la película de John Ford, al explicar el Cantar de Mio Cid. Es curiosa la forma en la que uno enlaza sus argumentos: quise construir la imagen del héroe castellano como la del hombre hecho a sí mismo y de Castilla como territorio de frontera. Mis alumnos eran norteamericanos: nadie mejor para comprenderme que ellos. Eso me llevó al western como género cinematográfico. Luego quise hablar de la leyenda y la historia y de cómo muchos pueblos se niegan a conocer la historia y prefieren las leyendas y de cómo a otros ni siquiera se les da la opción porque se les hurta la verdad para construirles unos referentes culturales que sirvan de modelo de comportamiento obligatorio. O te aproximas a ese modelo o tienes que irte del pueblo porque te harán la vida imposible, sobre todo porque pocos pueden cargar con el peso de una leyenda cuando conocen la verdad histórica. Entre otras cosas porque toda leyenda es una mentira sencilla que habla a las emociones y la verdad histórica suele ser enrevesada y se dirige al intelecto. Hay que hacer un mayor esfuerzo para comprender una verdad que una mentira. Por eso mismo, todas las naciones se construyen sobre mentiras, que suelen ser fabricadas por aquellos que detentan el poder. En la Edad Media las difundían a través de la literatura o el púlpito o los grabados en piedra. Hoy, a través de los medios de comunicación. Y puestos a seguir el curso de mi argumentación para averiguar hasta dónde me llevaba me preguntaba a cuántos de nosotros nos importa saber quién mató a Liberty Valance y por qué lo hizo. Y si al resto les importa que a nosotros nos interese saber la respuesta.

22 comentarios:

Anónimo dijo...

Saber la verdad siempre importa, sea sobre la historia de nuestros pueblos, sobre la historia de nuestras familias o sobre nosotros mismos. Las mentiras, no es que sean mas fáciles de digerir, es solamente que son mas cómodas para nosotros ya que suelen contarnos lo que queremos oír.

El Gaucho Santillán dijo...

Debo concluir entonces, Sr Escudero, leyendo el blog de su digna direción, que usted pretende llamarnos la atención sobre una espantosa realidad:

Desde hace miles de años, la iglesia, la política, el empresariazgo, las monarquías, los "arbitros de la moda", los criticos de arte, los vendedores de autos usados, los corredores de bolsa, la banca internacional, y el periodismo "independiente".....LE OCULTAN LA VERDAD A LA GENTE!!!!!

Bueno, ahora me voy a la piecita del fondo y me frustro.

Saludos

Lichazul dijo...

la verdad se va haciendo relativa como la mentira a estas alturas del partido en la historia

siempre los vencedores escribirán a su idea los hechos que con el paso de los años, siglos y milenios pocos recuerdan bien y las interpretaciones son de los más variopinta

somos solo interpretes de una realidad minúscula que podemos manejar, el resto, es todo un incierto y concierto de acuerdos y contratos varios a conveniencia

besos y buen martes 13 y mejor aun miércoles 14, que esa huelga de frutos para el cambio hacia mejor para ustedes

Myriam dijo...

Por eso es tan necesario poder interrogarse sobre la realidad imperante y las mentiras impuestas y tener un pensamiento crítico.

Recuerdo una triste anécdota: cuando la Guerra de GB/ ARG en las Falklands Islands, yo vivía en Estocolmo y al leer la noticia no entendí mucho de que guerra se trataba ni donde quedaban esas islas, es que yo había aprendido en el colegio que "Las Malvinas son Argentinas" algo que se recitaba como un cántico diario...


Myriam dijo...

Tienes mucha razón cuando señalas que las mentiras apuntan a las emopciones y el intelecto es racional y puede ser crítico si se usa adecuadamente.

Besos

Gelu dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:

Película estupenda, y bien escogida para su clase.
LA VERDAD, a veces duele, pero qué triste no indagar por conocerla, cuando algo nos interesa.
Sobre los que la ocultan y falsean, -cuando la conocen- para su propio beneficio o lograr poder, sin importar a quien perjudican, pues ellos mismos si consiguen no despreciarse.
¡Qué papel John Wayne!

Saludos.

Spaghetti dijo...

Las leyendas son didácticas y sirven para ensalzar unos valores que a veces las verdades arrinconan.
Pero debemos saber que son leyendas.

Merche Pallarés dijo...

Has hecho un buen paralelismo para que tus estudiantes norteamericanos lo entiendan. Las leyendas son la salsa de la historia y son necesarias para, entre el follaje de las metáforas, atisbar la posible verdad. Besotes históricos, M.

Abejita de la Vega dijo...

Pero a nadie importa quién mató a la señora Liberty, a no ser que se apellidara de Mercado.
Las leyendas nos enseñan mucho de nuestra cultura, no les dirías a los americanos lo hartitos que estamos aquí de las leyendas que tratan de pioneros, carretas y avnce hacia el oeste, tampoco tienen culpa los angelitos.

Besos

Francisco O. Campillo dijo...

"Por eso mismo, todas las naciones se construyen sobre mentiras, que suelen ser fabricadas por aquellos que detentan el poder."
Como seguidor fiel de LA ACEQUIA, sé que aquí las palabras no se eligen al azar, así que comprendo -y comparto- el uso del verbo detentar.
En relación al Cid, quien detentó el poder en España entre el 39 y el 75 del siglo pasado, nos dibujó un héroe que no fue. Lo mismo hizo con otros personajes de nuestra Historia, generando un rechazo hacia ellos.
Pero si somos capaces de desbrozar la maleza del mito construido para favorecer unos intereses ilegítimos, podremos llegar a cercanos a unos personajes y a unos hechos que nos ayudarán a acercarnos a nuestra propia esencia.
Porque esa Historia no nos ayudará a saber que decisiones tendremos que tomar en el futuro, pero nos servirá a conocer cómo somos y porque estamos como estamos.
Un abrazo desde la frontera ;-)

Francisco O. Campillo dijo...

Por cierto, donde dije:

"..podremos llegar a cercanos a unos personajes y a unos hechos que nos ayudarán a acercarnos a nuestra propia esencia."

Tendría que haber dicho:

... podremos llegar a acercarnos a unos personajes y a unos hechos que nos ayudarán a descubrir nuestra propia esencia.

Siento el error.

virgi dijo...

Lo dices tan bien, Pedro, que me hipnotiza la historia más que saber los motivos.
Maravillosa película.
Besos

Anónimo dijo...

Prefiero siempre saber la verdad, por muy dolorosa que sea, la mentira al final siempre es más dañina.
Muy buena película.

Rita.

São dijo...

Importa(-me), sim, saber quem matou Liberty Valence. Porque saber a verdade é dar-nos chão seguro para construir as nossas certezas e as nossas vidas.

Se , para certas pessoas, a fantasia é preferível à realidade é porque não têm coragem para enfrentar a vida tal como é.

besos, amigo mio

Raúl Urbina dijo...

La historia es imprescindible para conocer la verdad; la leyenda y la ficción son imprescindibles para conocer nuestros anhelos.

Pamisola dijo...

Ya que se dedica tanto tiempo y esfuerzos, a darla a conocer (la historia) pues que sea la verdad.
Y si la verdad depende de quien lo cuente, pues casi que me quedo con las leyendas, que pueden ser inventos basados en "detallitos" de lo que en realidad ocurrió, pero es lo que se recuerda mejor.
Y en cuanto a Liberty... me da igual.

Saludos

Luis Antonio dijo...

Me preocupa más saber quiénes son los culpables de los muertos por culpa dev los desahucios...

Aldabra dijo...

debería importarnos, sí, averiguar el por qué de las cosas y no quedarnos con el hecho final (la muerte), y punto... pero andamos tan apurados de aquí para allá que nos quedamos muchas veces en la superficie de las cosas.

interesante comparación.

biquiños,.

Anónimo dijo...

En esta película, la confabulación de alterar la historia y de preferir la leyenda a los hechos escuetos y desnudos se da acaso al final, cuando los periodistas y los que recogen la historia -ahora verdadera- dicen preferir la leyenda; no es tanto una extorsión del poder (hay que ver lo que les gusta a tantos ver "contubernios") como una arraigada inclinación al mito (que radica en lo humano que contenemos; basta el ejemplo de una situación parecida al inicio de "La marcha Radetzky", de Joseph Roth, bellísima novela). Casi cualquier hecho dramático tiende a hacerse literatura, narración. Pero no había una voluntad de que la historia se contara así; sólo el silencio -hasta ese momento- de un hombre que sabía lo ocurrido, y que callaba, al que el hecho le avergonzaba íntimamente, porque no había sido capaz de eliminar a Valance por sí mismo: ese Valance asesino, torturador, esa lacra infame. Creo que más bien es una historia magistralmente narrada sobre el incómodo asunto de "quién hace el trabajo sucio en las democracias". El cándido juez, bienintencionado, legal, pacífico, no sabe acabar con el criminal, al que tiene que dar fin el hombre curtido, noble, fuerte; el que no se va a dejar matar como un cordero, como un infeliz. Ambos son necesarios, parece decir la historia, para que la comunidad sobreviva; de hecho el juez recibe el aplauso y el hombre leal e íntegro, al que han desposeído, queda en la sombra. Su tumba es un clamoroso silencio.
Esa es mi lectura, al menos.
Un saludo
Manuel

Pedro Ojeda Escudero dijo...

MANUEL: Es oportuna tu lectura de esta magnífica película excepto en una cosa: es precisamente ese final del que hablas el que da pie a comprender la trasmisión de la historia, con lo que deberías plantearte alguna de las conclusiones que propones puesto que la película trata precisamente de eso, de cómo se nos cuentan las historias, no de las historias mismas. Si estoy de acuerdo contigo en lo del trabajo sucio en las democracias. Como has visto, no he dicho que en la película sea "el poder" quien fabrique esa leyenda, aunque hay matices. Es sutil la forma de plantearlo en el guion porque ¿no es la prensa una forma de poder?

Anónimo dijo...

Hola, Pedro.
Dos líneas y no te entretengo más. Sí, claro que es una forma de poder, pero no El PODER, digámoslo así. Mi intención era insistir en que no es una lectura TAN política o sólo política (que es interesante). Esos redactores concluyen que así queda más bonito, más digerible, y se ponen a escribir, a hacer casi literatura. Son tan humanos como los ensalzadores del personaje de Roth. El caso es que el tipo duro, al que no le tiembla el pulso para matar, llegado el caso, es el que abona la paz social desde su tumba, porque al juez -no más noble, no equivocado en el fondo, con su excelsa y necesaria ley siempre por delante- se le hubiera comido Valance sin clemencia. Y eso hubiera sido el fracaso de la joven comunidad que intenta desarrollarse y madurar. Y esa gente necesita creer que es el juez pacífico y honesto (lo es) el que les va alejando de la barbarie, y no la fuerza o el acierto de un pistolero.
Es díficil crear dos personajes más emocionantes; John Ford siempre me conmueve de una manera que deja casi aturdido.
Un saludo.
Manuel

dafd dijo...

Muy buenas preguntas. No, probablemente haya muchos a los que les importe poco que sepamos la verdad. Incluso que les importe que la sepamos, porque no querrán que se conozca.
Claro que habrá también un colectivo a los que ni les entre frío ni calor por el tema, que no se den cuenta del valor de la verdad. Ambos, los indiferentes y los que tapan la verdad podrían convertirse, aunque eventualmente lo ignoren, en aliados.