jueves, 27 de septiembre de 2012

La voz narradora



Uno de los aciertos de El lector de Julio Verne es la voz narradora. La construcción del narrador nace de un cruce entre los recuerdos y el momento recordado. Inicialmente, Nino narra lo que vivió a los nueve años, pero tamiza esos recuerdos con su presente: no es un niño, sino un adulto que recuerda y para hacerlo se pone a la altura de los ojos de un niño pero con la selección de detalles de un adulto. Es una difícil opción narradora que está en los genes de la novela a partir de El Lazarillo de Tormes y que debe jugar con la inteligencia del lector sin violentar la mirada infantil. Elige para ello el momento en el que todo cambió en su vida, en el que, de pronto, comenzó a tomar conciencia de muchas cosas que recordará más tarde. Entre ellas, su propia decisión de no ser guardia civil como su padre o la experiencia de conocer a una persona que trasformará su vida, Pepe el portugués.

El inicio de la narración es, gracias a esa opción de voz narradora, pura sensación y, con todo el acierto, produce una corriente de afinidad con los lectores de cierta edad, una empatía que atrapa la atención. Todos los que tenemos unos años recordamos esa sensación del frío, cuando las casas y la vida no estaban tan acondicionadas para combatirlo como ahora. Las frases que dedica Almudena Grandes al momento de despertar en la cama y percibir que ha llegado el frío, que la nariz y los brazos lo sienten, para refugiarse después en el confortable calor debajo de las mantas, consiguen, por su sencillez y por su universalidad, ser tan reconocibles que el lector alcanza a estar en esa misma cama. Una extraordinaria estrategia narrativa para que el libro nos atrape desde su inicio.


Noticias de nuestra lectura

Mª Ángeles Merino comenta e ilustra la forma en la que el protagonista avanza hacia el momento de tomar conciencia de las cosas que ocurrirán y darán sentido al resto de su vida.

Si queréis saber qué tiene que ver Hevia con el inicio de El lector de Julio Verne, no dejéis de leer esta entrada de Paco Cuesta.

Myriam dedica una acertada entrada a los sentimientos amorosos de Nino, siempre marcados por la experiencia infantil y, finalmente, llega a la conclusión de su excelente serie de entradas sobre esta novela, en la que radica la forma en la que los seres humanos nos adaptamos a las más brutales, incluso. Imprescindible.

Merche Pallarés se detiene con acierto en un momento imprescindible para comprender a Nino: la educación entre mujeres.


9 comentarios:

Lichazul dijo...

interesante punto de inflexión das con el Lazarillo de Tormes, puesto que es una referencia útil para tener en cuenta , cuando uno como lector enfrente novelas con este tipo de narrador

besos

Abejita de la Vega dijo...

Nino me trae ecos del Lazarillo y de Daniel el Mochuelo, el de "El camino" de Delibes.

Efectivamente. Dentro de esa cama nos sentimos los lectores que conocimos heladas en casas sin calefacción. Ese frío me atrapó, "extraordinaria estrategia", como dices.

Besos, Pedro.

Merche Pallarés dijo...

Recuerdo vagamente esa sensación de frío porque pronto nos fuimos a Canadá y ese frío pasó a la historia. Aunque la palabra "Canadá" ya les de escalofríos a mucha gente, las casas eran muy calientes, fuera hacía frío, pero no en las casas. Al volver a Europa es cuando volví a sentir ese frío helador por la manía de no tener calefacción en las casas. Besotes calentitos, M.

mj dijo...

Existen algunos años de diferencia entre el personaje de Nino y yo, pero no hay mucha entre las situaciones que vivió él y las que se vivian en mi niñez. El frío al despertar en la cama no me es ajeno, ni la botella de agua caliente, entre otras cosas. Da la sensación de que antes, en aquellos años, el tiempo caminaba despacio, mucho más que ahora.
Y sí, el libro me atrapó desde el primer momento.

Un saludo Pedro

Asun dijo...

Ahora entiendo por qué me atrapó desde el primer instante, desde el primer párrafo.

Yo también soy de las que viví esas situaciones de frío. Todavía recuerdo aquellas botellas de plástico de colores de lejía que al rellenarlas con agua bien caliente eran recicladas en improvisados calentadores para las camas. Es lo que me recordó la escena en la que Nino relata la emoción que sintió cuando su madre le dio aquella botella de gaseosa metida en una funda para ir a la escuela.

Besos

Cuspedepita dijo...

Nací (y vivo) en una zona de montaña donde nieva a menudo en invierno y cuando era pequeña (unos años después que Nino ) en casa sólo hacía calor en la cocina, que era el lugar donde se "hacía la vida". Por la noche me metía en cama entre aquellas sábanas de hilo heladas y las mantas de trapos y me dolía la espalda de tanto tiritar.

pancho dijo...

No tengo tantas cosas que hacer como Nino: "bañarme en el río, ir a pescar, jugar al fútbol con mis amigos por las tardes y sentarme en el patio con Paquito, después de cenar, para disfrutar del tonto pero extraordinario placer de estar fuera de casa por la noche" pero me pasa como a él, avanzo poco en la lectura.

Después está esta profunda y estupenda serie tan seria sobre el eterno concepto de España que parece zambullirnos en la angustia de los pensadores y escritores de hace cien años. Avanzamos para atrás y nos tiene pendientes.

La llegada de la calefacción a las casas de los pueblos ha sido reciente, pero esta crisis y el alto coste de ponerla en marcha van a hacer volver los cortacinos a los montes y los carros llenos de sacos de cisco para vender por las casas, como de antes. Así de helador es el horizonte sombrío de los inviernos venideros.

LA ZARZAMORA dijo...

Permíteme que disienta en esta comparación que nos haces respecto a la del narrador Lázaro de Tormes que nos dejas.

No creo que Nino se permita hacer un recorrido bajo una exclusiva perspectiva que se remita a la sátira social. ya bien sea desde la ascendencia, o la influencia recibidas.
Aquel medrar de antaño, nada tiene que ver con este existencialismo o nihilismos ya latentes.

Asicomo tampoco me parece que saque ningún tipo de "moral" de cada experiencia vivida tras cada personaje (en el caso de Nino) /o amo(como sí se manifiesta en el caso de Lázaro).

Este narrador omnisciente que es Nino, navega por monólogos interiores que ya son otros, y ha rebasado aquella perspectiva puramente social.

Voy acercándome a las lecturas ya propuestas.

Un beso, Pedro.




Pedro Ojeda Escudero dijo...

ZARZAMORA: no he debido explicarme bien. En mi entrada, al comparar esta voz narradora con la de El Lazarillo, no me refería tanto al recorrido biográfico-argumental de Lázaro o Nino, sino a la técnica de mirar la realidad del momento a través de los ojos del niño que el protagonista fue conociendo la evolución futura de los acontecimientos pero sin violentar la mirada infantil para que no resulte inverosímil.
Gracias por tu aportación.