jueves, 28 de junio de 2012

El mapa del nuevo mundo


EL MAPA DEL NUEVO MUNDO
  
Pedro Ojeda Escudero

DISCURSO PRONUNCIADO EN LA CEREMONIA DE GRADUACIÓN DE LA PROMOCIÓN DE LA LICENCIATURA EN HUMANIDADES DE LA UNIVERSIDAD DE BURGOS EL 28 DE JUNIO DE 2012.
 
Sr. Vicerrector, Sra. Vicedecana, compañeros, alumnos, amigos:


Visto desde España, el mundo parece haber perdido la pausa para la reflexión oportuna y modificar, a tanta velocidad, aquello que había regido sus principios y normas desde hace unas décadas, que somos incapaces no solo de comprender lo que está ocurriendo sino también de reaccionar adecuadamente. Damos la impresión de estar desbordados por los acontecimientos.  Todo nos parece improvisado, inexplicable. Quizá porque en Europa hemos vivido en una isla de bienestar y libertad que no se correspondía con lo que sucedía en el resto del mundo y la demostrada fragilidad del sistema financiero que la sostenía y la incapacidad de nuestros gobernantes para preveer sus consecuencias nos han traído hasta aquí: perdemos terreno en lo que se había conseguido y nos abocamos hacia situaciones que creíamos superadas en el pasado. Hemos sido tan cicateros a la hora de exportar nuestro modelo y permitir que otros países se incorporaran a él decididamente, que ahora nos atemoriza el mero pensamiento de que seamos más parecidos a ellos que a nosotros. Ni siquiera guardamos la esperanza de que todo el sacrificio sirva para hallarnos en un futuro mejor a corto plazo. Y si a una sociedad le quitan la esperanza se convierte en una sociedad triste y desorientada hasta que consigue encontrar un motor ideológico que la renueve, un proyecto hacia el que ir aunque sea –siempre lo es- por confrontación con otros modelos.

Ante esta situación, la mayor parte de la gente reacciona como si se hubieran extraviado todas las cartas de navegar y los mapas dibujados por la paciencia de los antiguos cartógrafos. Quizá alguien tenga el mapa secreto y haya decidido ya los pasos que debemos dar trazándonos previamente los caminos que quiere que sigamos. Pero nosotros no lo conocemos y ni siquiera podemos confiar ya en aquellos que nos dicen cuál debe ser nuestro siguiente paso.

Óscar Esquivias, antiguo alumno de esta casa, en La Ciudad del Gran Rey, la segunda parte de su excelente trilogía sobre Burgos, cuenta que los viajeros a lo que parece el Purgatorio y, con toda seguridad, no es más que la vivencia delirante de la guerra civil y una metáfora sobre la historia cuando se introduce en ella la crueldad y la sinrazón, imagina una ciudad en la que el mapa urbano cambia de trazado de forma inexplicable. Los expedicionarios se desorientan con facilidad: reconocen Burgos, que aparentemente abandonaron al final de Inquietud en el Paraíso, pero son incapaces de ir de un lugar a otro puesto que el mapa de la ciudad se modifica completamente a sus espaldas. Hasta que conozcan el secreto por el que conseguirán orientarse, actuarán con temor y reaccionarán de forma hostil ante un mundo que no comprenden, que es y no es el suyo, encastillándose en un piso alto del pasaje de La Flora con el miedo de los que se piensan en territorio enemigo.

Algo de eso ocurre hoy. Vivimos la última fase de un choque cultural amplificado por los efectos de la crisis económica que arrastramos desde hace unos años y parece no solucionarse a pesar de todas las medidas que se toman. No nos engañemos, es un fin de ciclo. El mundo cambia y el tipo de sociedad que habíamos construido en los últimos decenios en Europa, singularmente en España, como culminación de un sistema nacido en el siglo XV, se viene abajo. Como en todos los cambios históricos, la mayoría de la gente se halla desorientada y reacciona a la defensiva. Se encastilla en los restos de lo que había regido su vida hasta ese momento, moviéndose con hostilidad contra todos aquellos que parecen amenazarlo y pretendiendo que todo siga con una apariencia de normalidad aunque para ello tengamos que romper las bazas de solidaridad y sacrificar a los que están a nuestro alrededor en aras de un supuesto bien común que exige esos sacrificios de los más débiles. Qué importa lo que les ocurra a los demás si yo puedo mantener mi forma de vida o, al menos, que no se vea muy deteriorada, se suele pensar. Buscamos, dentro de nuestras características como individuo, aquellas que nos hagan pertenecer al grupo menos afectado por las medidas que se toman: no somos griegos, no somos pensionistas, no somos funcionarios, no somos desempleados, no somos desalojados de nuestras casas por el impago de la hipoteca, no somos autónomos que tengan que cerrar su pequeño comercio, no somos mineros, no somos jóvenes sin trabajo ni sueldo digno, no somos de los que tienen que emigrar obligatoriamente fuera de España para resolver su vida.

Pero vengamos a vosotros.

Hace unos años decidisteis matricularos en una carrera que ostenta el nombre de Licenciatura en Humanidades. En vuestra promoción ya conocíais las amenazas que la rodeaban: una carrera a extinguir y desprestigiada en la sociedad actual, que parece engrandecer solo la tecnología y tan poco las creaciones del espíritu del ser humano. A estas amenazas se le han sumado las que la crisis económica ha puesto encima de la mesa.

Sin embargo, os matriculasteis y habéis perseverado: aquí estáis hoy, celebrando la graduación, el final con buen éxito de vuestros esfuerzos académicos. Os conozco desde el primer curso, he tenido la suerte, el honor, de ser vuestro profesor en varias asignaturas de mi especialidad, la literatura española. Y hoy os agradezco con todo mi cariño el que me hayáis elegido como padrino de vuestra promoción. No solo con cariño: para mí es una gran responsabilidad despediros de las aulas universitarias.

Os conozco y sé que, en contra de los expedicionarios de la novela de Esquivias no os habéis refugiado con temor en ningún lugar inaccesible para los demás, ni habéis actuado de forma poco solidaria, ni habéis dicho que vosotros no sois los otros. Aun os recuerdo en las movilizaciones contra la penúltima reforma universitaria: llenasteis la Facultad de vuestra presencia activa. También os recuerdo defendiendo la causa de las Humanidades: no solo como una profesión sino como debe ser, una forma de entender el mundo. Lo habéis hecho de una manera en la que, como vuestro padrino, puedo decir que habéis sido más constantes y habéis estado más acertados que la misma institución que os ha acogido. Hoy, que os graduáis, puedo reconoceros que yo he aprendido mucho de vosotros y que me he sentido apoyado en los malos momentos que todos pasamos. Gracias. Os podemos haber enseñado historia, arte, lengua, literatura, pero vosotros nos habéis enseñado a mirar el mundo con los ojos limpios y el corazón generoso. Sin gente como vosotros no tendría sentido la Universidad.

No sé si sois conscientes, estoy seguro de que sí lo sois, de que en vuestro currículum lleváis la semilla de aquello que debe mejorar el mundo. Hoy, que tanto se habla de macroeconomía, recortes presupuestarios, contención del déficit público, reducción del estado de bienestar y otras cuestiones que parecen muy alejadas de aquello que habéis estudiado en la Licenciatura de Humanidades, debéis tener la convicción de que sin un verdadero peso de lo humanístico el mundo no podrá avanzar. En contra de lo que os dirán muchos, debéis estar orgullosos de haber elegido esta licenciatura porque la historia nos ha enseñado que los grandes cambios que se han producido siempre se han diseñado por y para el ser humano y que este diseño ha venido siempre producido por las ideas, por el saber y las necesidades que habéis estudiado en esta carrera.

Precisamente, gran parte de la desorientación que sufrimos en el mundo actual viene dada por olvidarnos de que las humanidades son algo más que ese ocio de parque temático al que han querido reducirlas en los últimos años. Quizá esa reducción de la importancia de lo humanístico esconda la raíz del problema, la causa verdadera de esta crisis: hay quien quiere rebajarnos a meros números en la producción de bienes de consumo y echar abajo todos los valores humanos que no acompañen el resultado económico. Así entienden muchos, en exclusiva, la productividad, ignorando que la verdadera productividad no se halla en un libro de cuentas.

Para evitarlo, esta carrera, con la revisión de los fenómenos culturales de nuestro pasado y presente, os ha preparado para una tarea imprescindible: pensar el mundo y actuar sobre sus circunstancias con criterio. Esa es vuestra misión a partir de ahora, sea cual sea vuestro desempeño profesional. No dejéis de pensar, no dejéis de actuar con el espíritu crítico con el que os he visto llenar este edificio y que es lo más universitario que habéis podido aprender en estos años. Y para ello, como sabéis, debéis pensar de forma individual y colectiva, de manera constante y venciendo todas las incertidumbres y desánimos fomentados por los acontecimientos que nos rodean. No es tarea fácil. 

Vamos terminando.

Elena, Silvia, Mercedes, Jimena, Eduardo, María, Adriana, Alazne, Rubén, Jorge, Roberto, Mónica, Víctor, os conozco bien a cada uno de vosotros: sé que sois solidarios, que no vais a dejar que el mundo sea inhóspito y que alguien nos trace un secreto mapa de nuestros caminos, imponiéndonos el sendero. Sé que os reconocéis en los otros.

Desde hace mucho tiempo no había la sensación que ahora tenemos: el mapa del mundo está por trazar. Vosotros conocéis los mapas anteriores gracias a vuestros estudios. Conocéis bien los pasos que hemos dado desde aquellos primeros habitantes de la sierra de Atapuerca hasta que pisamos la Luna o derribamos un muro que parecía sólido. Sabéis las causas, las manifestaciones artísticas y las grandes creaciones literarias que explican la forma en la que se han trazado esos mapas.

Y ahora estáis en una nueva frontera, similar a muchas de las que ha pasado la humanidad. Alguien podrá levantar los puentes que os ayuden a cruzarla, pero la idea de hacerlo, de decidir el lugar del puente y dar ese primer paso y descubrir los nuevos trazados y explicarlos solo puede deberse a aquellos que comprendan al ser humano desde lo más profundo, como vosotros, después de haber estudiado las claves que lo han traído hasta aquí.

Una vez allí, en el nuevo territorio, no actuéis con temor, no os refugiéis en lo que ha constituido una estructura histórica que ahora se desmorona. Vuestra tarea es otra y más alta: combatir a aquellos que quieran aprovecharse de las convulsiones de todo cambio histórico, denunciar con criterio y conocimiento los fraudes que nos querrán vender como verdad –como la única verdad posible-, corregir los errores que nos han traído hasta aquí y salvar lo que deba ser salvado del pasado, demostrar que la historia de la humanidad no puede seguir adelante sin los conocimientos humanísticos, poner de relevancia que estos no son solo productos para el ocio o las teorías de despacho, sino que actúan sobre el mundo para hacerlo mejor, más solidario, más abierto, menos agresivo.

Porque todos somos griegos. Porque todos somos mineros.

Confío en vosotros. Sois lo mejor que tenemos.

34 comentarios:

LA ZARZAMORA dijo...

Un discurso esperanzador y que rezuma futuro.

Por suerte, siempre creí, pese a todo, que plantamos algunas semillas, y que germinarán en un nuevo mundo.
Estoy convencida de la suerte que tuvieron esos jóvenes teniéndote como padrino el día de su graduación.

Te aplaudo.

Besos, Pedro.

Myriam dijo...

Emocionante discurso. ¡Felicidades a toda la promoción!

"sin un verdadero peso de lo humanístico el mundo no podría avanzar", intuyo que esta promoción formará parte activa en el nuevo trazado del mundo, uno más solidario y más abierto.

Abrazos

Lichazul dijo...

13 graduados ...cuantos quedaron por el camino?
es destino en ellos el cambio entonces
bien por el discurso y la lección que dejas Pedro
hoy donde la jauría deja de ser manada contenedora, es más piraña que otra cosa, seguir creyendo en el humanismo nos deja esperanzas vivas

besitos y mil felicidades


pd...mi hijo igual sigue una carrera humanista aunque acá premian y prestigian a como sea las carreras científicas y tecnológicas

PiliMªPILAR dijo...

El discurso invita a la esperanza. Y engrandece el espíritu creativo humanista.
Ahora bien, cuántos Humanistas superaron la prueba del fuego...eterno?
Pienso sin remedio en un Miguel Servet. No tanto en un Calvino.

Un abrazo, Pedro

São dijo...

Amigo mio, concordo contigo: o futuro está nas mãos desses e dessas jovens que ajudaste a formar e que receberam o teu precioso exemplo como ser humano e como docente.

Tenhamos esperança que saibam (re)construir um mundo melhor sobre as ruínas deste modelo exaurido!

Os meus desejos de sucesso pessoal e profissional para ti, Pedro, e para eles e elas.

Neogéminis dijo...

¡Qué buen discurso de cierre!
Esta frase, tan dura como cierta:
"Y si a una sociedad le quitan la esperanza se convierte en una sociedad triste y desorientada hasta que consigue encontrar un motor ideológico que la renueve"

Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

Hemos perdido el mapa y esto, que creíamos Europa, es la caótica "Ciudad del Gran Rey". No pódías haber buscado mejor cita.

A pesar de todo, qué suerte tienen esos recién graduados. Y no lo digo por su edad...

Discurso bordado, felicidades.

Besos y un abrazo para esos nuevos humanistas.

Juan Luis Garcia dijo...

Un discurso tan útil y actual como la más avanzada tecnología.

Felicidades a los licenciados... y suerte. Les necesitamos.

Merche Pallarés dijo...

Chapeau!!! Querido profe. Bellísimo discurso y espero que tus apadrinados sepan sacar buen provecho de todo lo que les dices. Se necesitan, hoy más que nunca, nuevas luces en el horizonte. Besotes esperanzadores, M.

pancho dijo...

Estos recién graduados tienen un gran mérito porque hicieron oídos sordos a los consejos de que las humanidades son unos estudios sin salida. En ellos no anida el miedo al fracaso, ni se dejan embaucar por los falsos cantos de sirena de los que caminan con la brújula estropeada, porque comprendieron a tiempo que ese miedo es la mejor forma de vivir sometidos y de perder la libertad.

Excelentes consejos para ellos, ahora que han crecido y se enfrentan a los veranos sin deberes. Con la esperanza de que pasen muchas generaciones antes del sálvese quien pueda, que llegará porque siempre le llega a todas las civilizaciones que en el mundo han sido.

Isabel dijo...

Muy apropiado y cercano. Besos Isabel.

El Gaucho Santillán dijo...

Enhorabuena por las graduaciones.


El discurso es emotivo, pero discrepo en algo.


En vez de ser "griego", o "minero"..........me dejarìan ser "Bill Gates"?

Digo, si no molesta.


Un abrazo.

Omar de enletrasarte y masletrasarte dijo...

Me enorgullece seguiros, compartir, apreciarte desde tan lejos,
eres un buen amigo
un abrazo desde Uruguay

Jan Puerta dijo...

Menuda responsabilidad...
Pero alguien tiene que empezar a poner los puntos sobre las ies de la lógica y del futuro inmediato.
Un abrazo

MariluzGH dijo...

Yo también confío en ellos, Maese Pedro;no solo son el futuro, sino nuestra esperanza.

Magnífico cierre.

Abrazos; feliz finde

Montserrat Sala dijo...

Menudo discurso, profesor. Apropiado, elocuente y muy cercano. No le falta ni le sobra nada. ¿Tu crees que a su edad y en las actuales circunstancias comprenden todo lo que intentas transmitirles? Esto seria lo deseable, pero yo recuerdo, que a su edad, pensaba en otras cosas mas intrascendentes, todo menos la llamada a la responsabilidad.
Tus palabras son bellas, y tienen un mensaje que deberia de llegarles hondo, muy dentro. Estoy
segura que serán muy pocos, a los que llegue el mensaje Quizas, haya alguno que moverá sus pasos en la dirección indicada.
Perdona por mostrarme tan descreida, pero ya he visto muchos calendarios.....sabes?
Tu has hecho lo correcto y lo has hecho de manera magistral. Y esto es lo que cuenta. Todo lo demás, son tonterias.
Recibe toda mi admiración y cariño.

Pamisola dijo...

Enhorabuena por el magnífico discurso, Y doblemente a los jóvenes que lo recibieron como salvoconducto para enfrentarse a este mundo que tenemos. Aunque lo hagas a menudo, debe de ser duro soltar a los polluelos.

Abrazos.

Historia Natural dijo...

Expongo la Ciencia tal como la entiendo; en el terreno ideal, ni vivo de prestado ni soy capaz de hipócritas habilidades para adaptarme el medio. Jamás impuse
mi criterio á nadie; celoso de la libertad propia, nunca he pretendido menoscabar la libertad ajena. Enemigo del magíster dixit, intento llegar a la conciencia de mis alumnos por la exposición fiel, nunca desfigurada, de los hechos demostrados. No cohibo materialmente á nadie, valiéndome de la autoridad oficial y de la amenaza de los exámenes, ni le engaño, falsificando los hechos, para ocultarles la verdad

Asun dijo...

Precioso discurso y muy alentador para los recién graduados ser depsoitarios de la confianza de quien ha sido parte de su formación.
Ojalá sean capaces de sacar provecho de esas enseñanzas y sepan aplicar todos los consejos que les das para trazar el mapa del nuevo mundo.

Un beso

Óscar E. dijo...

Mil gracias, Pedro. Me ha emocionado mucho la mención a la novela, en tal circunstancia y en tal lugar (y con el sentido que lo has hecho). Comparto tu visión de las cosas y te mando un fuerte abrazo.

parce dijo...

Eres grande Pedro

virgi dijo...

Muy emocionante, Pedro.
Realista pero con esperanza.
Seguro para ese grupo ha sido fabuloso tenerte de padrino.
Mi aplauso ferviente

Natàlia Tàrraco dijo...

Hemos perdido todos los mapas, pero es un gusto ver que todavía los y las hay que creen en Las Humanidades.
Felicitaciones y al profe.

Paco Cuesta dijo...

Con tu permiso me lo guardo

Aldabra dijo...

yo también creo en que hay que hacer semillero, para que luego esas plantas futuras estén preparadas para vencer los temporales; que los habrá.

si tú dices que esos alumnos llevan la semilla de la solidaridad todavía tenemos esperanza.

me gusta el hincapié en valorar lo social, lo emocional ante lo tecnológico porque si bien la tecnoclogía es importate, sin emociones sanas no somos nadie.

precioso discurso; si te hubiese escuchado en directo hubiera llorado porque va muy directo al corazón.

biquiños,

Eduard Punset dijo...

Retos de la universidad

elena clásica dijo...

Incomensurable tu talento y generosidad, reunidos en palabras vehementes y emocionadas que les dedicas a los maravillosos alumnos que nos presentas. Me quedo con tres ideas del discurso:

El respeto a las personas que han querido formarse en la Universidad, la sabiduría de querer aprender de ellos: aparece como metáfora de la injusticia histórica tanto como de la actualidad "La ciudad del Gran Rey" de Óscar Esquivias. La humildad, verdadera maestra "he aprendido mucho de vosotros".

El estudio de la historia para no repetir sus errores, para mejorar como seres humanos.

La empatía con los que desheredados por las castas políticas, por los poderes económicos. ¿Quién dijo que nadie era más que nadie?

Enhorabuena por tus palabras, enhorabuena a tus alumnos que han disfrutado de un profesor íntegro, que derrocha pasión por la materia que imparte.

Discursos como este son lo que necesitamos.

Un abrazo, querido Pedro.

Isabel Barceló Chico dijo...

Precioso, pedro. Y con una enorme carga de razón y de sentir humano. Tus alumnos deben estar muy orgullosos de tí, como yo de contar con tu amistad. Un abrazo muy fuerte.

Teruelandia dijo...

Hay que amar las humanidades para valorar tu discurso como se merece. Y se merece el mejor de los elogios, Pedro.

Enhorabuena

Bertha dijo...

Bonito discursoPedro: me estoy poniendo al día con los blogs porque llevo unos cuantos desconectada ya que estuve fuera.

Espero que todo haya sido como lo esperabas.

Un abrazo.

dafd dijo...

Los mejores deseos para la nueva promoción graduada.

Edu dijo...

Un año después de esto... te puedo asegurar Pedro que continuo labrando mi vida... que algunas veces me confundiré y otras acertaré pero sigo enfrentándome al mundo con "los ojos limpios y el corazón generoso".

Muchas gracias por todo de nuevo.

Elena dijo...

Acabo de volver a leer el discurso que hiciste para nuestra graduación. Necesitaba recordar tus palabras.
No nos olvidamos de ti.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

EDU, ELENA: Gracias. No sabéis lo importante que es para mí vuestro recuerdo. Fuiste una promoción muy especial.