domingo, 27 de febrero de 2011

La hoguera.


Estos días han sido refugio en el hogar. Conversación mientras se atiza el fuego para que todo sea cálido y cercano. Un remanso en el dolor, en el que las aguas se serenan hasta que llegue el momento de la desembocadura. El mar está cerca y bravo, pero nos hemos detenido en la orilla, rodeando la hoguera, celebrando que aun estamos todos juntos. Es una sensación primitiva: va con nosotros desde los primeros tiempos de nuestra especie. La espera, cuando se sabe que todo ya es inevitable. Cuántas conversaciones así, que reinventan el bálsamo que amortigua el sufrimiento y la incertidumbre.

Gracias a todos por vuestras palabras. La Acequia volverá a publicarse el jueves próximo, con la continuación de la lectura de la trilogía de Óscar Esquivias.

lunes, 21 de febrero de 2011

A los lectores de La Acequia



Queridos amigos:

El mundo sigue adelante: los políticos corruptos se resisten, con triquiñuelas demagógicas, a dejar los cargos para los que fueron elegidos y se postulan para continuar en ellos o para ocupar otros; continúan las revoluciones para conseguir libertad frente a los tiranos y algunos de estos mandan a las fuerzas armadas abrir fuego contra la población que deberían proteger; los poderes económicos siguen conspirando para controlarnos y convertirnos en consumidores, antes que ciudadanos y en el envejecido occidente dejamos hacer por el miedo a perder lo que tenemos; los medios de comunicación se han olvidado de Haití y de otros muchos lugares en los que se muere de hambre y enfermedad o se subsiste en condiciones que deberían avergonzarnos. La lucha del ciudadano debe continuar.

Todos los días amanece y oscurece cuando debe hacerlo. La gente sale al trabajo, cumple con sus quehaceres y vuelve a casa para cuidar de los suyos o descansar. En esta parte del mundo se atisba la primavera mientras en otra llega el otoño.

Cada uno va con sus alegrías y sus dolores a cuestas y los comparte con los amigos o se los guarda si no tiene a nadie o algo le impide abrirse a los otros.

Estos días, como algunos sabéis, llevo una cantidad de alegrías y otra de tristezas, pero ahora se agudizan estas. Nada que otros muchos no hayan pasado antes o les toque pasar en el futuro. No soy especial. Mi corazón, como el del poeta, anda triste y solo, pensativo y viejo, como corresponde a la situación por la que paso con la conciencia de que no soy diferente a los demás ni mi dolor es mayor que el del resto. Y el tiempo del que dispongo lo he entregado a quien ahora lo necesita. Por eso mismo no puedo visitaros, por eso mismo no sé qué ritmo de publicación podré llevar en este espacio los próximos días, aunque procuraré asomarme en él a diario.

Un fuerte abrazo.

domingo, 20 de febrero de 2011

Piedras y agua



Querido Manuel:

Tenía pendiente agradecer tu entrada del pasado 13. Ya sabes que mi vida me ha llevado por alegrías y tristezas estos días en los que todo se ha detenido y el fragor cotidiano me llega amortiguado.

Cuando lancé el Proyecto agua el pasado 1º de enero, lo hice como tantos otros de La Acequia: sin anclajes ni redes salvadoras. Sé que a traves del blog se han establecido unas corrientes de amistad y respeto entre todos los que nos visitamos desde hace años y que han compartido también los nuevos lectores que se han incorporado y que comparten los espacios que cada uno publicáis. Una de las cosas que más me costó fue dejar de contestar a todos y cada uno de los comentarios. Ya solo intervengo en el cauce de la conversación de vez en cuando, aunque permanezco atento a todo lo que se opina. Admiro cómo se ha mantenido el espíritu de diálogo.

Un blog puede ser muchas cosas. También un remite de abrazos. En tu entrada hablabas de piedras y aguas, elementos básicos. Su diálogo, su abrazo, ha hecho paisajes que hoy admiramos.

Cuando lancé el Proyecto agua fue porque salí, solo, voluntariamente solo, a pasear el 1º de enero por las proximidades de la ciudad y me llevé mis pensamientos conmigo. Al regreso, decidí compartirlos. En la vida hay unas cuantas veces en las que se impone la necesaria reflexión sobre lo que somos. Muchos no la harán: en el fondo, no saben quiénes son aunque parezcan muy seguros. Hay quien sepulta su pasado bajo toneladas de arena. Es un esfuerzo inútil: la menor grieta hará que todo se desmorone. No hay ninguna forma de equilibrio que no consista en conversar con nuestra historia para avanzar hacia el futuro. Eso es, exactamente, lo que es el presente, no la pretendida inconsistencia de la desmemoria ni la fragilidad de pasar por la vida como si esta no nos dejara huella. Quien no se conoce, no vive en el presente sino en lo atemporal del olvido y antes o después le llegarán las consecuencias.

Por eso, querido Manuel, me emociona saber que hay quienes compartís este proyecto como si fuera vuestro. Porque, en el fondo, no somos tan distintos ni tan ajenos.

Te envío un fuerte abrazo.

sábado, 19 de febrero de 2011

Proyecto agua: Jardines




Pulsa para ver y escuchar el video y la narración.

es una videoinvestigación sobre la relación del agua
con los espacios autobiográficos
y sirve de presentación del Canal de YouTube de La Acequia,
  en el que puedes ver los videos con mejor calidad

viernes, 18 de febrero de 2011

Proyecto agua: El murmullo


Cuando el hilo que nos mantiene en la vida es el murmullo del agua, recordamos. Aquel primer hijo que se nos murió, los que vinieron después, la lucha por sacar adelante la familia, los días de trabajo, los nietos, la jubilación, la ternura redescubierta: mejor aun, la que nos permite el afecto que cuando éramos jóvenes estaba mal visto. Justo entonces descubres que tu triunfo es esa sucesión de pequeños combates superados y las caricias que recibes. Qué ganas, entonces, de hacernos eco del murmullo lento y constante del agua, con la plenitud de una vida que se fue hilando de años y días.
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jueves, 17 de febrero de 2011

Hoy no se publica La Acequia

Un conjunto de situaciones personales y profesionales impide que esta noche se publique La Acequia. Como habréis percibido, no he podido cumplir visita a los blogs amigos de estos días y no he podido preparar la entrada correspondiente a la lectura de la trilogía de Esquivias que debería publicarse hoy. Espero poder publicarla mañana y confío en que sabréis disculpar mi ausencia en vuestras entradas y mi silencio de hoy. Un abrazo.

miércoles, 16 de febrero de 2011

El miedo y la esperanza


Curiosamente, el cambio de época por el que se superaba la postmodernidad vino por el miedo: todos vimos caer las Torres Gemelas y los trenes de Atocha reventados por el terrorismo internacional y el mundo se sumergió en una espiral de violencia que se esgrimió como justificante para la intervención militar en países indicados como el Eje del mal cuyos verdaderos fines, si no estaban suficientemente claros desde el inicio, han sido demostrados en los años siguientes.

Mientras tanto, la economía mundial vivía una desenfrenada especulación que parecía enriquecernos a todos pero que desencadenó la crisis actual. Las sociedades desarrolladas quedaron paralizadas por el temor: desde hace meses, los gobernantes, los economistas que no supieron ver la crisis y las instituciones que fallaron en su control esgrimen el arma del miedo (el riesgo a perderlo todo si no se cede algo) para convencer de la necesidad de reformas que recortan muchos de los logros sociales obtenidos en el siglo XX.

Por una lógica sociológica no escrita pero que se cumple significativamente siempre, los países ricos han desarrollado en los últimos años un miedo al otro instalado en la misma médula. Sucede siempre, en los momentos históricos más inestables siempre se busca un enemigo exterior. Este temor ha calado profundamente porque, como consecuencia del desarrollo económico de las últimas décadas y las consecuencias del final del neocolonialismo -no tan lejano como nos parece-, el otro estaba en casa: en nuestras mismas ciudades.

La pobreza del debate reciente sobre la construcción de una nueva sociedad plural que no debería basarse en el lugar de nacimiento o una supuesta visión ortodoxa de la nacionalidad -una nueva limpieza de sangre mutatis mutandis por la que se distinguía entre los que podíamos considerar de los nuestros y los que no aunque vivieran en nuestro barrio, fueran a nuestros colegios, trabajaran contribuyendo a nuestra riqueza y contribuyeran a nuestra sociedad del binestar, excluyendo de esta clasificación simplista a los otros con un suficiente nivel adquisitivo-, la falta de aportaciones de altura desde el lado progresista, la cerrazón desde los núcleos más conservadores despertando los instintos más primitivos de cualquier colectivo -la defensa del territorio-, han provocado que se busquen soluciones en los mismos hábitos que originaron la crisis y que se envuelva todo con un discurso del miedo: no hace falta más que leer determinados periódicos y ver algunos canales de televisión. Ya no se trata de crispación política sino de odio: una guerra dialéctica sin freno.

Curiosamente, en sociedades menos desarrolladas económicamente, de las que no esperábamos ninguna construcción positiva hacia el futuro porque teníamos una imagen estereotipada de ellas que las mostraban como atrasadas culturalmente y sin madurez suficiente para alcanzar niveles de libertad que solo deseábamos para nosotros, los occidentales, se ha rechazado el miedo y se han echado en manos de la esperanza.

Quede claro que en la historia, a pesar de todas las idas y venidas, la épocas más provechosas para la humanidad han sido las basadas en la esperanza, nunca en el miedo. Si los ciudadanos occidentales siguen instalados en el temor que les paralilza hasta el punto de consentir que les gobiernen aquellos que han sido el origen de los males y de la misma manera, los corruptos y los que actuaron sin más valor que las cifras de su cuenta bancaria y su lugar en el estamento social, la época que se inaugura será de las sociedades y de las culturas que sepan generar esperanzas.

martes, 15 de febrero de 2011

La lengua no nos pertenece


El excepcional discurso La lengua de Castilla y la formación del español, leído el pasado domingo 13 de febrero en su recepción pública por Inés Fernández Ordóñez, la primera filóloga que ingresa en la Real Academia de la Lengua Española, es una de las mejores contribuciones a la divulgación de una verdad científica a la que se le aplica, además, el sentido común y una mirada honesta a la historia de la lengua española, su presente y su futuro. Y un regalo que se hace desde el mundo académico para contribuir al diálogo sensato.

En España se ha polemizado mucho sobre las lenguas habladas en el país: más que vehículos de comunicación parecen armas arrojadizas. Por una espiral causada por la sordera intelectual latente en la construcción de todos los nacionalismos -es parte de su genética-, a las mentiras esgrimidas por nacionalistas vascos, gallegos y catalanes, principalmente (también hay focos leonesistas, asturianos y valencianos que juegan con esto), en materia lingüística, se enfrentaban otras mentiras de los españolistas. De mentira en mentira, se procedía a escribir la simplificación más mentirosa aun en los libros de texto escolares correspondientes. Así, en esta materia como en otras muchas, hay falsedades arraigadas en las mentes de los españoles que son imposibles de desarraigar con razones puesto que hacen frontera con lo irracional, las creencias y las ideologías más fervorosas y extremas. Últimamente, por ejemplo, es de notar cómo en algunos medios de comunicación y en voceros que no saben de filología pero sí de despertar los más feos instintos territoriales a partir de victimismos se han torcido las conclusiones de un buen estudio sobre los cartularios de Valpuesta y el origen del español para enarbolar una absurda bandera sobre la castellanidad del castellano, como si un idioma entendiera de mapas políticos elaborados a posteriori. Lo gracioso es que la gente opina a partir de titulares de prensa y sin leer el cuerpo de la noticia ni mucho menos los trabajos de referencia.

Las lenguas no nos pertenecen: no son nuestras ni de los otros, no levantan barreras ni someten o liberan a la población. Y la elaboración de mentiras sobre su origen e historia tiene siempre peligrosos fines patrioteros y políticos que hay que descartar. Quien hace gala de estos emblemas muestra sobre todo su poca capacidad para el debate científico y para la convivencia, además de una escasa altura moral.

Tiene razón la nueva académica en el planteamiento y desarrollo de su discurso -producto de su larga labor investigadora y escrito de una forma accesible para el gran público-. Una lengua se nutre de todos sus hablantes y nadie tiene el sello de propiedad sobre ella. Menos aun para usarla como arma arrojadiza.

lunes, 14 de febrero de 2011

A muchos les sobra la vida


Voy de mis preocupaciones a mis clases, con ellas puestas hasta la puerta del aula, puesto que al traspasarla las dejo en el umbral. Pero hay un párrafo del autor que toca hoy -Baltasar Gracián, prolífico y variado escritor barroco, popular en su día por tratados de comportamiento cortesano y hoy solo  mencionado como referente de la teoría barroca del arte- que me llega dentro, tan abrumado como ando estos días con mis cosas:

No vivir apriesa. El saber repartir las cosas es saberlas gozar; a muchos les sobra la vida y se les acaba la felicidad; malogran los contentos, que no los gozan, y querrían después volver atrás cuando se hallan tan adelante; postillones del vivir que, a más del común correr del tiempo, añaden ellos su atropellamiento genial. Querrían devorar en un día lo que apenas podrán digerir en toda la vida; viven adelantados en las felicidades, cómense los años por venir y como van con tanta priesa, acaban presto con todo: aun en el querer saber, ha de haber modo para no saber las cosas mal sabidas; son más los días que las dichas; en el gozar a espacio, en el obrar aprisa; las hazañas bien están hechas, los contentos mal acabados. (Oráculo manual y arte de prudencia.)

Me pregunto cuánto hace que me sobra la vida.

Hoy Gracián sería un prestigioso escritor de libros de autoayuda. Es curiosa y significativa la evolución del género: primero fueron los espejos de príncipes, destinados a la educación del gobernante y la nobleza, luego los manuales de cortesanos, guías de comportamiento de la nobleza y las clases medias enriquecidas. Con la ilustración se popularizaron los tratados de urbanidad, de los que se separaban por igual los libros de etiquetas para las altas clases sociales y los de moral para niños en edad escolar. Ahora, que en teoría somos todos iguales, necesitamos los libros de autoayuda para sobrevivir en el mundo. Parece que andamos siempre cojos y necesitados de consejo para marear el día.

Pero vuelvo a Gracián y, al salir de clase, camino más despacio y me detengo unos minutos en la manifestación en papel contra la violencia que desde hace unos días crece en un espacio de mi Facultad. No hay nada menos apresurado que la papiroflexia. Quien hace pajaritas o grullas o caracoles ha decidido que no le sobra la vida. Al menos, durante unos minutos al día.

domingo, 13 de febrero de 2011

Críticos y cine español

En España es frecuente criticar el cine propio tomándolo casi a título de inventario y sin matices. En el fondo, estos críticos quisieran ser norteamericanos. Quizá lo sean ya. Eso sí, en versión doblada.

sábado, 12 de febrero de 2011

Proyecto agua: Deshielo.


A veces nuestros cadáveres han quedado ocultos bajo el hielo. Vamos al trabajo, tomamos café con los compañeros, comemos, recogemos a los niños a la salida del colegio, les ayudamos a hacer las tareas y les preparamos un bocadillo de pan con chocolate, hacemos la cena, recogemos. Vamos al cuarto de los niños a narrarles una historia que les ayude a dormir, les damos un beso de buenas noches, acudimos a nuestro dormitorio tras lavarnos los dientes, apagamos la luz, nos abrazamos a nuestra pareja. Pero no logramos conciliar el sueño: el deshielo, gota a gota, deja al aire nuestro secreto.
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viernes, 11 de febrero de 2011

Proyecto agua: Aguas ocultas.


De todas las aguas de una vida, las más peligrosas son las ocultas. Deberíamos tantear el suelo en cada paso, porque es tan frágil que una pisada imprudente puede hacernos caer en ellas. Caer tan adentro que pareceríamos olvidarnos de nosotros mismos, de nuestra casa y del camino que cada día nos lleva hacia el amor, la palabra cariñosa y el abrazo que necesitamos junto al trozo de pan que nos alimenta. Seguiríamos nuestro camino, pero dejaríamos los brazos vacíos, con un hueco tan grande que tardaríamos una vida entera en oír el eco de nuestra propia respiración, si para entonces aun supiéramos, al menos, nuestro nombre.

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jueves, 10 de febrero de 2011

Parodia y sátira en La ciudad del Gran Rey y noticias de nuestras lecturas



La ciudad del Gran Rey -más aun que Inquietud en el Paraíso- se decanta por la parodia y la sátira como estructuras que sirven, por una parte, para acentuar la desorientación de los expedicionarios procedentes de una España fanatizada (y con ellos, inicialmente, la de los lectores que esperan una continuidad de argumento y estilo) y, por otra, para mostrar la realidad de referencia a través de su envés. En este contexto, el humor tiene un valor en sí mismo pero también otro a la hora de mostrar las debilidades de una sociedad que acaba en tragedia tanto en el primer volumen (se desencadena la guerra civil y la represión posterior) como en el segundo (la ciudad será arrasada). Hay un motivo que indica la suma de todos estos recursos y que explica buena parte de la función de los relatos intercalados, de los que hablaremos en otro momento: mientras que los expedicionarios buscan al general Sanjurjo en el Purgatorio, los chinos a los que se hace referencia en varios momentos, abren el restaurante El Gran Salculco en reconocimiento de su diosecillo benefactor. Inversión paródica, satírica, humor con matices ingenuos, que nos lleva de una forma insospechada hasta el núcleo mismo del conflicto.

Ya vimos cómo uno de los juegos intertextuales del texto partía de las novelas de Julio Verne, en las que alguien propone en un mundo burgués cargado de sensatez y buen sentido una expedición a todas luces imposible pero que finalmente se lleva a cabo de tal manera que parece verosímil por muchos elementos fantásticos que contenga: los personajes pasan de un mundo gobernado por las convenciones más ortodoxas a otro en el que ya no rigen pero en el que pueden comportarse como si aun rigieran. De hecho, en Verne suele haber guiños irónicos con el esfuerzo de los expedicionarios por comportarse de la forma más civilizada posible en situaciones extremas. Así, la trilogía dantesca se decanta, en una primera instancia por ser parodia de Dante y de Verne. Ya veremos más tarde cómo añade interesantes gotas cervantinas.

Todo lo que se encuentran en la ciudad del Gran Rey tiene reglas y normas: tantas como las que el Mundo que abandonaron al traspasar la Escalera Dorada. Estas reglas son inversiones paródicas de las que existían en el Burgos real (el aprecio por el dinero aquí es acopio de piezas dentales; las sociedades filantrópicas se dedican a dar sopa a las estatuas; los sacerdotes católicos son perseguidos y sufren amputaciones por oficiar los sacramentos; el juego del ajedrez se juega sobre el mismo tablero pero con normas diferentes; una extraña orden religiosa de monjes voladores se saluda con pellizcos en el pene, etc.). Por eso, en el blocao los militares intentan conservar una disciplina reconocible, que les haga pensar que aun viven dentro de su concepto de civilización.

Por eso mismo, el humor del primer volumen profundiza aquí hacia el absurdo y el sinsentido y las ténicas para su construcción se toman de la greguería, de la literatura de humor absurdo y del esperpento. Pero Esquivias consigue partir de estos modelos para respetar la sensación de realismo, un extraño realismo insertado en un mundo tan inverosímil que llega a tocar en su extremo la materia reconocible del nuestro.

La parodia que lo engloba todo es una visión satírica de la ciudad bíblica del Gran Rey, su dueño y destructor al mismo tiempo. El apocalipsis que se anuncia al final del volumen es un acto de justicia divina que recuerda al Dios brutal del Antiguo Testamento.

No es de extrañar que solo sobreviva un pequeño puñado de los expedicionarios, porque todo les resulta reconocible y, a la vez, extraño. Su capacidad de generar acciones civilizadas que conserve la unidad del grupo es también muy escasa porque, como dijimos, hasta ese lugar han llevado sus purgatorios particulares.


Consulta aquí las recomendaciones para incorporarte al proyecto y aquí un índice de las entradas correspondientes.

Hace tiempo creé en Facebook un grupo de lectores de Óscar Esquivias (no confundir con su perfil pesonal) que se convierte también en una herramienta para seguir esta lectura. Aquellos que tengáis perfil en Facebook, podéis solicitar uniros.

Noticias de la lectura de la trilogía dantesca


Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, comenta la periperica inicial en el Purgatorio de don Agustín Garrús y de Julián Bayona, dos personas que aparentemente no tienen nada en común pero sufren igual paseo por este mundo. No os perdáis las ilustraciones que sitúan el argumento en su espacio.

Merche Pallarés comienza su utilísimo diccionario de personajes de La ciudad del Gran Rey, que tan surrealista le ha parecido desde el inicio, como lo hizo con el primer volumen.

Aldabra continúa la publicación de su excelente diccionario de palabras y conceptos de Inquietud en el Paraíso. Un trabajo de lectura recomendable, desde luego.

Pancho analiza la complejidad narrativa del inicio de La ciudad del Gran Rey y el contraste entre el Purgatorio que se encuentran los personajes con el que les habían contado.


J. G. analiza el Burgos que se encuentran los expedicionarios de La ciudad del Gran Rey y lo compara con su propia expedición personal a Cástulo.

Firvulag está bien atento a la actualidad para incorporarla a nuestra lectura y reflexiona certero sobre la nueva concepción del Purgatorio según el Vaticano.


Os invito a participar en esta lectura colectiva y virtual de la trilogía dantesca de Óscar Esquivias, continuando la variedad de estilos, propósitos y miradas que nos han enriquecido la lectura del texto cervantino en los dos últimos años.

Si me olvido de alguien, hacédmelo saber para corregir la omisión

Noticias de la lectura del Quijote


Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, comenta el capítulo cuarto de la primera parte, en esta tarea de recuperación de los capítulos que no pudo comentar en la lectura general de la obra y a la que tantas cosas aporta con su estilo inconfundible. En este caso, da voz al mozo Andrés, no os lo perdáis.

Ele Bergón informa sobre la exposición sobre la vida y obra de un autor tan cervantino como Gonzalo de Torrente Ballester, cuyo libro sobre el Quijote como juego es de lectura obligada.


La lectura del Quijote se convierte en proyecto permanente de La Acequia (en este enlace) al que se puede incorporar todo aquel que lo desee y, por lo tanto, seguiré  publicando, periódicamente, las noticias correspondientes.

Si me olvido de alguien, hacédmelo saber para corregir la omisión.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Cuentos e historia de la literatura


Una de las primeras cosas que les digo a todos mis alumnos es que es tarea del universitario cuestionarlo todo, incluso lo que yo digo en mis clases. Cuestionar no significa despreciar ni arrasar lo heredado para no dejar ni los cimientos ni rechazar sin argumentos basándonos en creencias o consignas, sino la única forma de que la ciencia avance: contrastar y aplicar nuevos conocimientos y metodologías. Sin la duda y el razonamiento que nos suscita no somos buenos universitarios: quizá sí unos técnicos aceptables, pero nada más allá. Incluso un técnico debe preguntarse si el procedimiento que usa es el más apto, aunque lo marque el libro de instrucciones o la razón de su trabajo y sus implicaciones éticas. Un sistema universitario que no trasmite esta inquietud y la convierte en metodología no fabrica más que autómatas que reproducen movimientos. Es más importante comprender esto que aprenderse de memoria un libro de texto.

A muchos les sonará lo dicho en el párrafo anterior a verdad de Perogrullo: puede serlo, pero puedo asegurar que el hecho de que lo sea no garantiza su cumplimiento. En especial, en las llamadas ciencias humanas. Continuamente me sorprendo constatando que se enseña literatura (o historia o arte) afirmando cosas como si nada hubiera cambiado en los últimos cincuenta años, de la misma manera en la que fueron canonizadas por la dictadura franquista o la inercia del postfranquismo: en este país esta herencia parece no poder arrancarse de tan arraigada que se encuentra, sobre todo por la pereza intelectual. Y así, argumentamos sobre la historia de la literatura a partir de construcciones teóricas elaboradas en los planes de estudio de la dictadura o de simplificaciones tan perversas que parecen ciertas de puro fáciles de explicar (la dualidad conceptismo/culteranismo, la imaginaria generación del 98 y su pretendida oposición al modernismo, la explicación ortodoxa y estrecha del pasado medieval y el conflicto religioso en España y su plasmación en los textos, la mirada nacionalista sobre lo que es o no es propio de España o moda extranjera, etc.).

A estas cosas se han venido a sumar la mirada empobrecedora de los que han elaborado la argumentación docente de las comunidades autonómicas y los sectarismos académicos de algunas figuras de renombre que han conseguido trasladar la idea de su visión sobre un tema concreto es la oficial y alguna circunstancia más,  casi todas de condición miserable para un científico o pensador honesto. Con lo que la explicación de la literatura española (la que causa efecto, es decir, la que termina calando hasta el primer nivel de la enseñanza) se ha convertido en gran medida, por mucho que parezca increible, en una suma de cuentos al estilo de las lecturas infantiles con las que se amenizaban los antiguos libros de texto y que eran, sutilmente, una forma de catequesis ideológica. De hecho, vuelvo a oír como verdad histórica cosas que proceden de estas leyendas que figuraban en las enciclopedias de los años cincuenta del pasado siglo.  Lo gracioso es que la perspectiva ni siquiera es la de nuestra época y, en muchas ocasiones, es totalmente contraria a la ideología de quien la trasmite inadvertidamente: como si se hubiera desemantizado y ya no contuviera una perversa semilla ideológica a fuerza de tanto repetirla. En realidad, esta aparente desemantización hace más peligrosa la idea trasmitida. No me extraña que los alumnos terminen sin comprender por qué tienen que leer unos textos a los que su profesor llama clásicos y que se les ofrece de una forma tan alejada que no les dicen nada (por lo tanto, dejan de ser clásicos). Como si un cirujano nos operara hoy con el equipamiento y los conocimientos de hace medio siglo teniendo a su disposición un quirófano de última generación.

- Pero con la historia de la literatura no se muere nadie.

-Bueno, quizá poco a poco agonice un país entero durante unas décadas. Nada drástico, por supuesto. Ya nos lo explicarán desde fuera con sus propias perspectivas si no somos capaces de generar universitarios que duden. Ya ha sucedido en el pasado, como cuando los hispanistas franceses o italianos tuvieron que explicarnos nuestra literatura y nuestra historia como un hecho subordinado a sus países. Pero, en efecto, de esto no se muere nadie.

martes, 8 de febrero de 2011

Paredes con rostro


El paisaje urbano sería más acogedor si todas las paredes tuvieran rostro. Quizá los tengan, pero los ocultan porque las avergonzamos.

domingo, 6 de febrero de 2011

Murciélagos, jubilación y literatura utópica.


Posiblemente, el acuerdo sobre las pensiones alcanzado en España hace unos días es el mejor de los posibles en un contexto en el que ningún país se gobierna a sí mismo en lo económico. Cabe pensar qué pactos se hubieran alcanzado con otros en el gobierno nacional.

Pero eso no quiere decir que la población no se sienta traicionada y con una gran carga de frustración, sobre todo porque desde hace ya muchos meses ve peligrar gran parte de los logros del llamado estado de bienestar alcanzado en los países desarrollados, como ha visto esfumarse la ilusión de riqueza y seguridad conseguidas a partir de un progreso basado en la pura especulación insostenible y no en los valores personales y en la productividad real. Muchos se emborracharon de alegría cuando les hicieron creer que eran ricos y disfrutaron de una vida que parecía un parque temático de vacaciones sin demasiado esfuerzo laboral o, al menos, no tanto como en países similares: parecíamos progresar hacia la riqueza sin fin  en el llamado milagro español que convirtió a España en una de las primeras economías del mundo y, aunque todos oíamos las voces que alertaban de los riesgos (tanto económicos como medioambientales o éticos),  nadie hizo caso, lo que hace a cada uno corresponsable de la crisis actual en el nivel correspondiente. La información y el sentido común parecieron no importar.

No hay nada más que ver cómo hoy nadie se siente culpable y abominamos de los bancos que nos daban hipotecas sin que tuviéramos nóminas equivalentes al préstamo o de los políticos a los que votábamos alegremente a pesar de conocer que la corrupción que se extendió en España atenazaba el sistema. No nos importaba que se diera por sentado el tanto por ciento que se llevaba por cada obra el partido de turno o el concejal de nuestra ciudad si, a cambio, el engranaje de fabricación de riqueza estaba bien engrasado y nos repartía nuestra parte de los beneficios directamente en forma de puesto de trabajo, ingresos para nuestro comercio, adoquinado nuevo para nuestras calles o festivales culturales que servían para una superficial diversión. Incluso reclamamos mano de obra barata para que los inmigrantes realizaran los trabajos más penosos o cuidaran a nuestros familiares pagándoles sueldos muy inferiores a los nuestros y aceptando que muchos de ellos no tuvieran los papeles en regla conviritiéndolos en invisibles. Mirábamos el tamaño del pastel y había para todos, como si el reparto cuando se redujera el tamaño fuera a obedecer a los mismos porcentajes o el trozo que nos correspondiera fuera a ser siempre suficiente.

Es lo que tienen las borracheras, que hasta que uno no despierta al día siguiente con una fuerte resaca no es consciente de que la alegría era falsa y tiene el hígado tocado. El riesgo es el mismo del alcohol: optar por emborracharse de nuevo a la primera oportunidad para volver a sentir esa misma emoción por mucho que racionalmente sepamos que solo se alcanza con la anestesia de la inteligencia y una futura cirrosis. Es lo que tiene la abundancia de dinero: que nadie pregunta de dónde viene y, cuando falta, nunca reconoceremos que participamos en el festín sino que o bien demandaremos que el festín siga o bien culparemos siempre a otros porque, a fin de cuentas, nosotros solo somos ciudadanos individuales que cerramos los ojos y nos tapamos los oídos para no saber nada porque qué podemos hacer para cambiar las cosas.

Lo peor de la corrupción es cuando se instala en la moral de un país: en España, los políticos acusados de corrupción -incluso condenados- obtienen más votos en las siguientes elecciones si el ciudadano detecta que con ellos las cosas funcionarán. Pero las cosas nunca funcionan mucho tiempo así: una sociedad sin valores terminará derrumbándose. Siempre habrá alguien que sepa sacar beneficio de ello o alguien que decida que ya no merecemos la pena porque nuestra economía está sobrevalorada al basarse en burbujas de aire.

Por ahora, se acabó la fiesta. Tanto es así, que peligraba el sistema público de pensiones del Estado español tal y como estaba planteado (cosa que, por otra parte, ya se sabía desde hacía más de una década). No el presente, sino el futuro, al que llegarán los nacidos en los años sesenta y setenta del pasado siglo, varias generaciones de españoles que han sido corresponsables de lo acontecido y que pensaron que ya eran ricos porque cualquier banco les daba préstamos para vivir por encima de sus posibilidades reales y abandonaron comportamientos ciudadanos muy necesarios en un país como este cuya modernización y democratización mental aun no es completa, que prefirieron la acumulación de riqueza material antes que reclamar una mejor educación o sanidad o cultura, que se comportaron de forma muy egoista con el medio ambiente y que han sostenido un sistema político en el que los dos grandes partidos optaron por la urbanización del país entero como forma de progreso económico con la colaboración de pequeños partidos conservadores embarcados en un vértigo nacionalista que terminaba derivando el discurso estatal hacia focos que se han demostrado estériles cuando han llegado las vacas flacas.

Tan ocupados estaban los ciudadanos españoles en lo suyo que el resultado es un país con la tasa de natalidad más baja de los países desarrollados, con una pirámide de la población que no podrá sostener las jubilaciones dentro de unas décadas, con una economía poco competitiva para el tipo de vida que se quiere llevar y, sobre todo, muy frágil.

Tan ocupados estaban en lo suyo que no han visto que si querían vivir como las clases medias de los países más neoliberales (eso sí, con la peculiaridad de que somos españoles y no vamos a trabajar tanto como los alemanes cuyo nivel de vida envidiamos teniendo sol y bares donde alternar con los amigos a cualquier hora del día o de la noche), deberían producir como estas clases medias y deberían corresponsabilizarse como ellas de sus planes de pensiones. Es curioso que en España queramos vivir en el siglo XXI con un tipo de estado de bienestar pensado en la dictadura de Franco: una contradicción bien profunda. En el fondo, la mayor parte de la población quiere ser neoliberal solo para lo bueno pero añora el calor paternal de la dictadura para los malos tiempos. O, sin llegar a tanto, muchos quieren vivir como lo hacen los jubilados del norte de Europa que vienen a la costa española a pasar sus últimos años de vida, pero sin haber trabajado con el mismo nivel de eficacia y productividad que ellos en su vida laboral. Y el sistema neoliberal en el que se ha instalado España es implacable y no admite estas cosas.

La literatura utópica da respuestas para las grandes cuestiones del presente antes que fijar proyecciones para el futuro. Muchas de las utopías artísticas son inversión paródica del sistema político del momento o de las costumbres sociales, para conseguir corregir los malas o, al menos, ponerlas en evidencia. Todos los textos apocalípticos del mundo claman por soluciones a problemas que parecen irresolubles por medios razonables; así como los textos que proyectan un futuro esperanzador en el que nadie tenga que trabajar porque las máquinas lo harán todo y el ser humano se dedicará en exclusiva al ocio parecen hechos para situaciones como las que hemos vivido desde los años sesenta, de borrachera intelectual, un estado en el que no atendemos las señales de alerta y nuestra guardia está tan baja que terminamos cediendo la elección de nuestro mismo sueño a las empresas de publicidad.

Si las utopías apocalípticas consiguen alarmarnos tanto que terminamos buscando soluciones a no ser que las despreciemos por exageradas o inverosímiles (de ahí la importancia de que estén bien escritas), lo malo de las utopías felices es que nos anestesian hasta que no nos damos cuenta de que estamos dejando que alguien nos chupe más sangre de la que figuraba en el contrato inicial que tan alegremente firmamos sin mirar la letra pequeña. Por ejemplo, que gran parte de la feliz jubilación que nos prometían y nosotros decidimos creernos ya la hemos malgastado. De nosotros dependerá si queremos vivir de nuevo en un estado de inconsciencia feliz o en el de la realidad. Porque los parásitos suelen inocular un anéstesico tan fuerte que solo cuando nos han dejado de chupar la sangre percibimos que lo han hecho.


sábado, 5 de febrero de 2011

Proyecto agua: Los ahogados



A los ahogados se les enredan los ojos de los puentes cuando pasan, lentos, por la ciudad de la que marcharon. En la seda húmeda que cubre sus rostros quedan tatuadas sus facciones y los caminantes se alejan del petril para no verlas. Pero todos saben que el cauce de los ríos es una vena de vidas que se fueron y que nos esperan con la paciencia que solo da el murmullo del agua.

es una videoinvestigación sobre la relación del agua
con los espacios autobiográficos
y sirve de presentación del Canal de YouTube de La Acequia

viernes, 4 de febrero de 2011

Proyecto agua: Nocturno



En la noche, el agua es aun más profunda. Se camina con miedo cuando la luz se nos ha ido en un lugar encharcado: no es solo el temor a mojarnos, sino algo más profundo, que nace del intenso abismo que se lleva dentro. Como si el próximo paso pudiera hacernos perder pie y ya nada sirviera al náufrago para regresar a tierra firme.

es una videoinvestigación sobre la relación del agua
con los espacios autobiográficos
y sirve de presentación del Canal de YouTube de La Acequia

jueves, 3 de febrero de 2011

El Purgatorio está en el interior de cada uno y noticias de nuestras lecturas.


Los expedicionarios que han logrado sobrevivir al paso por la Escalera Dorada, tardan en descubrir que el Purgatorio corresponde con exactitud a las propias debilidades de sus almas. Por eso, cada uno vive en la ciudad del Gran Rey su propia historia, aunque se agrupen. Por esto, también, cada uno tendrá su propio final. Incluso cuando conozcan la reglas para sobrevivir en ese mundo extraño tampoco reaccionarán igual: por decirlo de una manera clásica, cada uno lleva su destino escrito en su carácter. Y es este carácter, que se ha exagerado en sus manifestaciones tras el paso, el que decidirá la evolución en la novela.

A lo largo del relato, además, comprenderemos que no todos han llegado a ese otro mundo en el mismo momento: hay otros intrusos como ellos. Incluso hay quienes fingen serlo. De la misma manera, entre los habitantes del mundo fantástico al que llegan los hay muy diversos: algunos se apidan de ellos y los ayudan, otros no; algunos recuerdan su paso por la vida terrenal, otros no. Eso sí: en aquel mundo también hay leyes y dinero y todo resulta tan descorazonador como en la España en guerra que abandonaron, aunque no para todos, puesto que hay quien no quiere volver al Burgos de partida.

Podemos leer la novela como una continuación fantástica de la expedición, y esa ciudad que es tan igual y tan diferente a Burgos será un lugar extraño al que se ha llegado, como en las novelas de Julio Verne, a partir de la realidad. Podemos leerla también como una clave moral, simbólica, del mundo que han dejado -o quizá no lo hayan hecho y sólo vivan una alucinación colectiva o quizá sí y estén muertos todos-. Pero podemos leerla también como ambas cosas, que esa gracia tiene la literatura.


Consulta aquí las recomendaciones para incorporarte al proyecto y aquí un índice de las entradas correspondientes.

Hace tiempo creé en Facebook un grupo de lectores de Óscar Esquivias (no confundir con su perfil pesonal) que se convierte también en una herramienta para seguir esta lectura. Aquellos que tengáis perfil en Facebook, podéis solicitar uniros.

Noticias de la lectura de la trilogía dantesca


Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, tras dar la voz a Román y seguirle en su caminar por una ciudad en tensión béclica, hace un recorrido ilustrado por los lugares citados en el inicio de La ciudad del Gran Rey, de gran utilidad para los que no los conozcan.


Paco Cuesta escribe, a la manera en la que viene comentando la trilogía, una prodigiosa entrada en la que hace ficción sobre la ficción mientras la analiza y nos muestra en sus propios personajes lo que sucede en la novela. Después, de la misma manera, medita y recrea la ciudad real y la ficticia y sobre los relatos breves incorporados.

Merche Pallarés nos deja una nueva entrega de su diccionario de personajes antes de irse a Ibiza. Conociéndola, en la maleta irán los ejemplares de la trilogía.

Manuel de la Rosa, Tuccitano, analiza el salto entre el primer volumen y el segundo y cómo en éste se desarrolla la tragedia de cada personaje y su simbolización individual y colectiva.

Aldabra continúa su útil diccionario para comprender Inquietud en el Paraíso: en esta entrada hay muchos himnos, lo que explica la guerra.

Pancho analiza el último capítulo de Inquietud en el Paraíso, primero tras el camino tragicómico de Rodrigo, luego de la mano de Julián, uno de los personajes mejor caracterizados por Esquivias. Una inteligente mirada hacia la narración. No os perdáis las ilutraciones.

Myriam, continúa su acertado análisis de la juedeofobia y la cita de los macabeos. Para ello, plantea primero un agudo comentario sobre el carácter del arzobispo que tanto gusta de citar a los macabeos y los de los perplejos generales que no saben por qué lo hace. Finalmente, explica con exactitud tanto lo que son los macabeos como su uso en la novela. Imprescindible.

Firvulag  documenta y analiza la presencia de las lágrimas de San Lorenzo en la noche última de Inquietud en el Paraíso.

J.G. busca la extrapolación en la realidad de los personajes de La ciudad del Gran Rey en un texto construido a partir de la clave que cambia del primer al segundo volumen de la trilogía.


Os invito a participar en esta lectura colectiva y virtual de la trilogía dantesca de Óscar Esquivias, continuando la variedad de estilos, propósitos y miradas que nos han enriquecido la lectura del texto cervantino en los dos últimos años.

Si me olvido de alguien, hacédmelo saber para corregir la omisión

miércoles, 2 de febrero de 2011

El Proyecto agua en las aulas



Hace unos días, Mercedes Ruiz, profesora del Instituto español de Londres, se puso en contacto conmigo para informarme de que habían recogido mi Proyecto agua en el blog También la lluvia, un excepcional espacio virtual en el que, a partir de la película española del mismo título (que, en breve, comentaré aquí), se proponía una intervención didáctica en las aulas que os invito a ver. Que yo sepa, es la primera vez en la que en la campaña promocional de una película se enlaza una iniciativa didáctica como esta. Y lo merece, porque es un ejemplo de cómo trabajar en las aulas con materiales de diferentes procedencias pero siempre de interés académico y próximos a la perspectiva de los alumnos actuales, con un uso modélico de las herramientas tecnológicas.

Poco después, Julita Fernández, una entusiasta profesora de de Primaria del colegio burgalés Padre Manjón me remitió lo que habían elaborado sus alumnos a partir de mis entradas y que habían publicado en su recomendable blog . No conozco a esta profesora ni a sus alumnos, pero iré a visitarlos en breve para felicitarlos por el resultado y decirles que ha sido todo un honor servir de inspiración para un trabajo en el que se mezclan la creatividad, la expresión de las emociones y la teconología, que destila cariño, sinceridad, emoción y calidad. Y para que sepan que todo lo que uno hace cuando estudia servirá para su futuro, aunque a veces no comprenda bien la razón de tanto esfuerzo.

En la vida laboral de un profesor se pasa por muy diferentes estados de ánimo. Pero mientras uno tenga vocación y ánimo y ganas de hacer cosas, los alumnos responden aunque no sea de una forma ortodoxa según los programas oficiales. Qué mal pagado está el trabajo del docente en España. Y, a pesar de ello, cuánta satisfacción cuando un antiguo alumno se para a hablar con su maestro en la calle y lo mira con respeto, por muchos años que hayan pasado.

Gracias a todos los que han prestado atención a mi Proyecto agua desde estas iniciativas didácticas. Lo que para mí era una investigación artística a partir de lo autobiográfico se ha convertido, además, en un lazo de emociones que comparto ya no solo con los comentaristas y visitantes habituales de La Acequia, sino también con un grupo de alumnos de primaria a los que deseo toda la felicidad y buen éxito en su vida.

(Julita Fernández presentó su participación en el proyecto en su intervención en una jornadas universitarias. Podéis ver aquí el enlace.)

(Os aconsejo que pinchéis sobre el icono de Ver en pantalla completa)

martes, 1 de febrero de 2011

Egipto y el miedo de los apocalípticos.


Los acontecimientos del Norte de África de las últimas semanas y, especialmente, la situación de Egipto, ha desatado el miedo de los apocalípticos: aquellos que prefieren el mantenimiento del statu quo como si este no se hubiera visto ya desbordado por la realidad.

Durante décadas, Occidente -y antes también el bloque comunista hasta la caída del Muro de Berlín- pensaba que los habitantes de la región eran menores de edad y no podían controlar sus propios destinos: es decir, no se les consideraba sujetos de la historia.

Desde Oriente Próximo hasta Marruecos se impusieron regímenes autoritarios o con una apariencia democrática, amparados por las grandes potencias y habitualmente regidos por una clase política cuya acción era esencialmente corrupta. O se permitía que amplias zonas vivieran en una Edad Media permanente. Estados Unidos y sus aliados y la Unión Soviética y los suyos jugaban partidas de geoestrategia con pequeñas guerras locales para fomentar y, a la vez, liberar la tensión mundial. La caída de la Unión Soviética abrió un nuevo horizonte pero dejó sin contrapeso la presencia norteamericana, que se rigió desde entonces con un afán neocolonial y exclusivamente económico, aunque se cubriera todo con una demagogia que quedó al descubierto plenamente en la última guerra del Golfo. El hueco lo ocupó el integrismo islámico violento, que declaró la Yihad, pronto seguida por organizaciones terroristas que internacionalizaron el conflicto. Se generó así un círculo vicioso por el cual lo que unos hacían justificaba a los otros y viceversa.

Curiosamente, el círculo lo han roto los habitantes a los que considerábamos menores de edad, que han decidido vivir su propia revolución, que tiene muchas semejanzas a algunas que se vivieron por toda Europa en el siglo XIX o, más recientemente, a las que provocaron la caída de los regímenes comunistas de Europa del Este.

En esta coyuntura, que parece no haber sido prevista por ningún analista político, los apocalípticos claman por las consecuencias y temen que estos países sean territorio de fácil conquista para el integrismo islámico de carácter violento. Por ahora, lo que se ve es una marea humana que pide democracia. Tienen derecho a no ser tutelados por Occidente, tienen derecho a su propia revolución, tienen derecho incluso a equivocarse. Si no respetamos ese derecho, jamás se solucionarán los focos de conflicto permanentes. Quizá sea lo que quieren los apocalípticos: vivir controlando las pequeñas guerras, con la condición de que estas se desarrollen lejos de su propia casa.

Nadie sabe cuál será el futuro de las zonas revolucionarias, ni si se extenderán -hay una pendiente, la revolución ciudadana en China, que no tardará en llegar-, pero lo que es cierto es que estos países buscan su propio lugar en la historia cuando parecía que nadie contaba con ellos más que como foco de terrorismo o como extensión del paraíso vacacional mediterráneo.