miércoles, 9 de noviembre de 2011

una niña de nuef años a ojo se parava

El Cid pretende pasar su última noche en Burgos en una posada. No puede: el rey lo prohibe bajo severas amenazas a quien desobedezca sus órdenes (le arrebatará sus propiedades, le arrancará los ojos de la cara y, después, lo matará) y nadie se atreve a dar amparo a Rodrigo. En ese momento se produce una de las escenas más conocidas del Cantar. Pocas escenas como esta para explicar la técnica con la que está construido todo el texto: la ideología del poema puede ser aceptada por todos porque se comunica instrumentalizando magistralemente las emociones más básicas y universales. El autor consigue alcanzar el sentimiento del que escucha la narración, esa es su estrategia para que tomemos la dosis doctrinal que se halla por debajo. Frente a una tropa de recios soldados armados y a caballo, decididos a todo, solo una niña de nueve años. Sería fácil apartarla y entrar en la posada. El pasaje es extraordinariamente visual y está construido para que nos provoque emoción. El Cid, tras escuchar a la niña -que le invita a pasar a pesar de las consecuencias que tendrá para ella y su familia ese gesto a la vez que le hace ver que no gana nada con provocar su desgracia-, decide no traspasar la puerta para dormir bajo techo y sale de Burgos para acampar junto al Arlanzón.

Es un fragmento magnífico que seguro fue rentabilizado oportunamente por los juglares que lo cantaban por los pueblos castellanos. La niña tiene tan solo nueve años: no hay en ella asomo de sexualidad, por lo tanto, puede simbolizar sin matices peligrosos la fragilidad de la inocencia.

Pero demos un paso más allá para no quedarnos en el argumento: Rodrigo pertenece al estamento nobiliario aunque su sangre no proceda de las mejores familias. Debe, por lo tanto, procurar el bien del pueblo, cumplir con la función que le otorga su nacimiento. Al respetar a la niña y a sus padres -por generalización, a todos los temerosos burgaleses que no osan ayudarlo- cumple esta función y se demuestra como un buen señor. Es la primera decisión que toma y lo hace de la forma correcta para el ideario medieval. Por eso, la niña, es decir, el pueblo burgalés -por extensión, castellano- sabe que Rodrigo es su héroe y no el iracundo rey de León. Se inicia aquí la identificación del Cid con la idea de lo que debe ser un noble castellano (al menos, de lo que debería ser), una de las líneas de propaganda ideológica del texto.

21 comentarios:

Delgado dijo...

Interesante explicación, el problema es saber hasta qué punto en la Edad media había una conciencia real de pertenecer a un pueblo, castellano, aragonés u otro. Por aquél entonces se era más vasallo de un señor que "miembro" de una abstracción nacionalista.

El cantar sería interesante analizarlo en una historia de las mentalidades de la Edad media.

Un saludo profesor

Lola dijo...

Gracias por tu analisis, me pierdo en cuanto a las explicaciones de las circunstancias en otras épocas. Besos

Neogeminis dijo...

Muy clara la interpretación de la situación y de los personajes.
saludos.

Spaghetti dijo...

En el arte en general, a veces es mejor la crítica que la obra, otras van más lejos las interpretaciones que las pretensiones del autor (que de saberlas se reiría a carcajadas) Siempre es una osadía la crítica y una temeridad la interpretación. Recuerdo el cine forum del Alhondiga de los setenta, yo no tenía dinero para entrar al cine pero iba todos los jueves para recoger la ficha técnica, la sinopsis y la crítica de las películas porque quién lo escribía era un genio de inventiva literaria ... incluso seguí recogiendo los pasquines cuando me enteré que el crítico anónimo, ni siquiera veía las películas.

Merche Pallarés dijo...

Interesante lo que dices pero ¡vete tu a saber lo que quiso decir el escritor! Estoy más con la opinión de DELGADO. Besotes medievales, M.

pancho dijo...

Escribir del Mío Cid en época electoral también es una heroicidad. Sobre todo en ese sistema comprimido y críptico que tienes a tu derecha y que destaca por su escasez.

Hernando dijo...

Lo que no cabe duda es que el juglar sabe lo que tiene que decir y cómo decirlo para que el espectador el que le está escuchando ese texto le llegue al alma y se emocione, con la espontaneidad de ua niña,que se ofrece a dar posada al Cid. No tenemos que olvidar que primero fué oral y luego se fijó en el papel. He tenido la suerte de que en mi pueblo, hace ya muchos años, que pasaban estos juglares modernos sobretodo declamando textos de crímenes pasionales que se habían cometido, y sentía la expresión de la gente agrupada, como arrugaba el ceño cuando se hablaba del asesino y como el rostro se endulzaba cuando en esa rima sencilla tipo romance se hablaba de la hermosa y bella víctima. Ese día en el pueblo solo se hablaba de eso, y se puede pensar como se iba distorsionando, el texto oral del juglar moderno.

Abejita de la Vega dijo...

Ese pasaje de la niña me trae recuerdos escolares, lo leíamos en mi castellano colegio.

La voz de la inocencia frente al aguerrido guerrero. No sé si los que escuchaban al juglar tenían conciencia de su castellanidad, pero el rey de León con su Fuero Juzgo no les atraía nada. La figura del Cid reforzaba esa idea. Y qué malos son los de Carrión...

Besos, feliz camino.

Juan Navarro dijo...

Es lógico en época de vasallos. La niña le dice: te serviríamos como buenos siervos, pero hay un señor con más poder que tú que me impide ese servicio, salvo tributo de nuestras vidas. En el fondo, describe una prelación en el vasallaje: primero dios y, luego, los señores en el orden establecido por dios. El individuo no es nada; lo que es lo es en la medida en que está unido a un señor. Vive porque un señor le otorga la vida y vive de una manera porque otro señor le dice cómo vivirla. La revolución burguesa, que anunció el renacimiento al poner al individuo al nivel de dios, es justamente lo que hace: entregar al individuo el protagonismo de su vida.

Humberto Dib dijo...

Una entrada muy clara y didáctica, si señor...
Abrazos.
HD

Alma Mateos Taborda dijo...

Muy interesante entrada. Me ha gustado mucho. Un abrazo.

São dijo...

Tenho , sempre tive, enorme interesse pela Idade Média.

Não sei a razão da fúria do rei contra Rodrigo.

Um resto de bom dia, querido Pedro.

Natàlia Tàrraco dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Euphorbia dijo...

Muy interesantes estas entradas. El Cid era un caballeroso caballero, jeje.
Un beso

Natàlia Tàrraco dijo...

!Qué bella la leyenda, todas! Todo pueblo las tiene, las necesita.
¿Cómo serían de verdad Rodrigo Díaz o Gifré el Pilós? Poco importa si nos atenemos a la ingenua leyenda, otra cosa sería de verdad la Edad media.
Ramón Berenguer III casó con Blanca, hija del Cid, y es que aquellos tiempos de guerreros de alquiler, los bandos y las banderas, estaban muy confusas.

Disculpas Pedro por mis ausencias que no lo son del todo, imposible.
Besos.

José Antonio del Pozo dijo...

Es un pasaje soberbio, además de por lo que tan bien explicas, también, creo, -aparte que los versos son delicia- por los valores de todo tipo que subyacen al cuadro; es difícl imaginar ahora un Mío Cid y una niña tan inocente, tan alejados de la "seducción del Mal" y los amarillistas reallitys del hoy que perfuman las creaciones actuales. Y los romances eran pero que muy populares.
saludos blogueros

Francisco O. Campillo dijo...

Dos cosas:

Es común hablar del grado de nobleza del Cid indicando que no pertenecía a la de más solera, "Rodrigo pertenece al estamento nobiliario aunque su sangre no proceda de las mejores familias". Permíteme ponerlo en duda, puesto que su padre, Diego Laínez, fue el alférez del rey, que en aquellos tiempos era una de las más altas distinciones. Entre sus antepasados figuran Laín Calvo (uno de los jueces de Castilla) y Diego Porcelos (fundador de Burgos). Aunque estos últimos datos sean de dudosa veracidad, el primero tiene muchas posibilidades de ser cierto.

Y la segunda: los chicos de mi generación -intuyo que las chicas menos- estudiábamos en Literatura un poema épico de Manuel Machado basado en este pasaje:

El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas (...)

Seguiría, pero no es plan ;-)

Un abrazo.

virgi dijo...

Me ha cautivado ya desde el título y tu explicación, apasionada pero sin carga, no sé... logré imaginar a ese héroe de mi infancia de una forma nueva.
Besos, Pedro.

elena clásica dijo...

Sin duda el autor sabía muy bien lo que se hacía, porque el guerrero protagonista, al que se ha desposeído injustamente de su honra, no duda en ganarla en una serie de actos elevados en los que se aunan perfectamente los ideales del héroe clásico: virtus, pietas y fides.
El mejor luchador en batalla, el esposo perfecto y magnífico padre, el buen amigo, el vasallo ideal.
Va ganando su honra desde la humildad que muestra ante una niña.

Parece que lo han hecho pequeño ante un golpe injusto y a partir de ahí se va creciendo y creciendo a ojos de los espectadores de aquella época, que acongojados y emocionados debían asistir a los recitales de los juglares.
¡Qué no daríamos por asistir a la recreación de algunos versos!

Maravilloso pasaje.
Besazos.

Natàlia Tàrraco dijo...

Perdón donde dije Blanca, quise decir María.

Myriam dijo...

Se me pasó, por lo visto, comentar aqui:

Me gusta muchísimo como señalas la estrategia que el autor utilizó para que tomemos "la dosis doctrinal que texto tiene por debajo".

Porque todo texto, como toda obra artística (cuadro, película, etc) tiene su ideología.

Y de eso, además de apreciar la obra por su estética, por su cercanía emocional, etc, es importante que lo tengamos en cuenta.

Un beso