viernes, 18 de noviembre de 2011

No renuncio a ser ciudadano

Este domingo se celebran elecciones generales en España. Son las primeras en las que la opinión pública percibe una tendencia que comenzó hace décadas: los gobiernos democráticos nacionales están subordinados a políticas económicas supranacionales que les imponen directrices, decisiones que afectan a políticas de cohesión social, reformas constitucionales o, incluso, cambios de presidentes de gobierno para recurrir a lo que, en un eufemismo deplorable, se han denominado gobierno técnicos. No es algo nuevo, pero es la primera vez que los países europeos constatan que ellos también pueden sufrir unas imposiciones que antes parecían reservadas para otras zonas del planeta sobre las que ejercían cierta hegemonía: algo así como probar la medicina que se recetaba antes para otros. Ni siquiera se trata de aquel abortado proyecto que consistía en hacer de Europa una especie de confederación de estados que hubiera evitado muchos de los males de la actual crisis.

Ante esta sensación generalizada hay varias opciones: muchos votarán a quienes piensan que pueden sacarles de forma rápida del gravísimo problema económico a costa de lo que sea, aunque la ideología de quienes reciban estos votos no corresponda con la forma de pensar habitual del votante y de su condición social real; otros muchos han caído en un estado de desánimo o de indignación contra los partidos políticos -en especial contra los mayoritarios- que, dicho sea de paso, se han ganado a pulso esta deserción, y se abstendrán.

Mi opción es una tercera. Nunca he dejado de votar en unas elecciones, incluso aunque el programa o los candidatos del partido al que votara en cada ocasión no contaran con todo mi apoyo (en democracia es muy sano no actuar como un fanático o un hincha de un equipo de fútbol). Tampoco dejaré de votar en esta ocasión. Votaré por mí, pero también votaré por mi padre -que ya no puede hacerlo y no pudo durante gran parte de su vida- y por mi hija -que aun no puede hacerlo porque no tiene la edad requerida-. Votaré porque pienso que la democracia es parte de mi constitución como persona, aunque el sistema democrático actual pueda ser mejorable y los partidos políticos se hayan profesionalizado y burocratizado de una manera escandalosamente mediocre e interesada y sean responsables en gran medida de la falta de ética en el ejercicio de la política. Votaré porque siempre he votado pero hoy tengo esta otra razón, la que nace de la conciencia de que solo la sociedad puede hacer cambiar el sistema y la forma de actuar de la mayoría de los políticos españoles, tan criticable. Votaré porque tengo la conciencia de que abstenerse no contribuye, en nada, a la mejora de la democracia: a no ser que sucediera, como en la utopía de Saramago, que todos nos abstuviéramos y al día siguiente de las elecciones hubiera una sensación de que todo debería comenzar de nuevo, como si nos diéramos una oportunidad de construir desde abajo la democracia con la ingenuidad de quien piensa que en el fondo del ser humano está la bondad y la generosidad necesaria para no caer en los mismos errores.

En esta ocasión hay dos razones más para votar y para elegir el sentido del voto: como ciudadano no hay que dejarse dominar por el pánico o el desánimo que se ha instalado entre nosotros y que, en gran medida, ha sido fomentado por los medios de comunicación que buscan con ansiedad noticias alarmantes que vuelcan sin digerir en la opinión pública; en segundo lugar, no renunciar, como ciudadano, a participar en las decisiones que me afectarán en los próximos cuatro años. No renuncio a ser ciudadano, es decir, a tener derechos y deberes y ser corresponsable de la política que se hace en mi país. Si no me dejaran, solo cabría la opción de la revolución desde fuera del sistema, por supuesto, porque la revolución es la única salida cuando una parte sustancial de la sociedad se percibe fuera de cualquier sistema político (¿hemos llegado ya a ese momento?). La abstención no es revolucionaria ni le importa a aquellos que nos han decepcionado a no ser que sea como en la ficción de Saramago. Aun no ha llegado ese tiempo. Yo no voy a renunciar a ser ciudadano: lo contrario sería declararme súbdito de un nuevo monarca absoluto que decide por mí sin tenerme en cuenta. Eso sí, para ser ciudadano, hay que seguir ejerciendo como tal a diario tras depositar el voto en la urna el próximo domingo.

42 comentarios:

Francisco O. Campillo dijo...

Yo también votaré. Lo haré por el futuro de la gente a la que quiero, y por el mío propio. Y "aluego", exigiré cada día que quien ejerza el poder... lo haga con responsabilidad.
No me queda otra opción en estos tiempos revueltos

Joselu dijo...

Pedro, está muy bien todo lo que dices, pero no pienso que ir a votar sea como se decía en el confesionario a las mujeres: que tenían que estar dispuestas para el débito conyugal aunque no les apeteciera. Era un sacrificio más que había puesto el señor. Esa es la misma sensación que tengo cuando te leo. Que eres ese sacerdote que me dice que tengo que votar aunque no lo desee, aunque ningún programa ni candidato logre encender mi ilusión, aunque sepa de antemano quienes van a ganar por mayoría absoluta, aunque los que he votado siempre ahora ya no me digan nada a pesar de la enorme simpatía que despierta en mí su candidato. He meditado mucho sobre mi no voto. Es la única de las actitudes que puedo tomar que no me lleve a sentir náuseas. Nunca he votado sintiéndolas. Siempre he votado con esperanza, con calor en el corazón… Ahora no puedo. Lo más honesto por mi parte es no votar, y en cuanto a participar en las decisiones que se tomarán en los próximos cuatro años, permita que me ría. Ja.

Y sí, es necesario leer El ensayo sobre la lucidez de Saramago.

Lola dijo...

Como ciudadanos tenemos la opción en votar o no votar................ de nuestra parte queda que el sistema nos tome en serio y no solo necesitarnos cada cuatro años. Besos

elisa...lichazul dijo...

Ya sabía que ibas a escribir sobre esto, te leí en el blog de juan Navarro en su entrada 20N.

y tal como allá te doy la razón absolutamente, ejerzamos y practiquemos la democracia, a parlamentar siempre, seremos voz y presencia con independencia y resolución concensuada para dirigir y contruír país

Besos Pedro
me encanta leerte decidido y arriesgado, salta del pixel tu espíritu hacia nosotros tus lectores

Isabel Huete dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Pedro. Sólo quería añadir que, respetando totalmente a quienes decidan abstenerse, tendrán que asumir su responsabilidad después y no esconder la cabeza debajo del ala ni quejarse de incumplimientos o políticas que no les satisfagan, vengan de quienes vengan. Sólo ejerciendo nuestra libertad como ciudadanos podremos luego exigir o quejarnos. Besis.

Anna Jorba Ricart dijo...

De acuerdo contigo, alli estaré en las urnas votando y ejerciendo el derecho, con desencanto en esta ocasión.
Un abrazo.

Asun dijo...

Yo tengo mis papeletas preparadas desde hace días, porque soy de la opinión de que si no voto luego tampoco debería tener derecho a exigir y a protestar si no estoy conforme con las medidas que se tomen en cualquier campo, pero sobre todo porque aunque sé que tal y como pintan las cosas el arroz está vendido, no quiero dejar de poner mi granito de arroz en el intento de que las tornas cambien.

Besos

Spaghetti dijo...

Se ha perdido la ilusión de la participación hace mucho tiempo, desde que nos dimos cuenta que votar no es participar en la democracia, sino apoyar a un gobierno o a una oposición que nos necesita para luego olvidarnos y por lo tanto no representa a quien los elige y a los que castiga indiscriminadamente con un reparto injusto de la riqueza que solo viene del trabajo.
No creo que la abstención llegue a los límites del "ensayo sobre la lucidez", pero si ésta es significativa, tendrán que tenerlo en cuenta a la hora de pensar para quienes gobiernan.

Spaghetti dijo...

Abstenerse no es renunciar a ser ciudadano.

Spaghetti dijo...

Además, el manido cuento de que "si no votas no te quejes después" -que no deja de ser una estupidez, porque el que no vota se ve afectado por las mismas injusticias que los que votaron a los que las cometen y siempre podremos protestar por ello antes y después de las elecciones sin dejar de ser ciudadanos y contribuyentes (en lo económico) por ello.
No votar es la forma de rechazo activo y responsable a los que nos exprimen para engordar otros intereses que nada tienen que ver con el pueblo.

Montserrat Sala dijo...

Hola Profesor: después de leer tu magnífica entrada, lo tengo mas claro, si es que no lo tenia ya antes.
Siempre he votado, y en esta ocasión, creo que es más necesario que nunca, para poder expresar repulsa, o para apoyar a los que pienso que puedan gestionar mejor nuestro futuro.
Y nuestras economías, pero de ninguna manera: abstenerse

Un abrazo.

Myriam dijo...

Estoy de muy acuerdo contigo. Votar, siempre. Pero de forma inteligente para que el voto de uno valga y no vaya a donde uno no quiere.

¿Quién se escabulle de esa responsabilidad, tiene después derecho al pataleo?

Quién adopta una actitud derrotista a priori, dando todo por perdido, no está contribuyendo él o ella a esa perdición?

Cualquier cambio que uno desee /en cualquier orden- empieza por uno mismo. Las sociedades se forman por la suma de los individuos y eso es 1+1+1...

Un abrazo y mucho ánimo.

Juan Navarro dijo...

Tres observaciones. Una. El problema no es que se nos impongan políticas desde fuera, con independencia del signo que tengan. Si hubieramos constuido Europa, las decisiones estarían al margen de las naciones. Es decir, no conviene caer en un falso nacionalismo, tan nefasto. El problema es que se nos imponen intereses al margen de los ciudadanos, el problema es que se secuestra la democracia. Dos. Votar es un ejercicio de responsabilidad y un ejercicio de ciudadano. Quien vota restituye en sí la dignidad del ciudadano, aunque otros conviertan el voto en un paño para quitar el polvo. Tres. No tengo la condición del pesimista. Sin embargo, sí creo que hemos llegado al fin de un ciclo. El sistema está agotado. Esos son los signos, en mi opinión, y estas elecciones exacerban esos signos: todos (y quiero decir todos, desde la ultraderecha a la izquierda más radical) queriendo presentarse como los adalides que nos curarán esta enfermedad, sin entender que la enfermedad es terminal. Es decir, soy de los que creen que ha llegado el momento de la revolución, es decir, de la construcción de otro sistema que sustituya a éste. No sé cuándo se producirá, la semana que viene, el año que viene o la próxima década, pero estoy persuadido de que se producirá. Los 5 millones de parados no son una avería, sino que cumplen la misma función que los hambrientos de Somalia. El palacio de Versalles está a punto de ser asaltado.

Cosmo dijo...

Hace meses que pienso en este dilema,sueño que las encuestas han perdido también la credibilidad y le dejan a Rajoy la cara desencajada mientras ve que pierde.
Estoy de acuerdo con Spaghetti,la abstención es tan legítima como valiosa (menuda cara se les quedaría si van solo cuatro gatos,con perdón)y,al fin y al cabo,alguién ganará y el derecho al pataleo,el ser humano no lo perderá bajo cualquier situación,es supervivencia.Los últimos 10 años ha sido ya insoportables a nivel nacional e internacional,están matando la ilusiòn y la inocencia ante lo que es capaz de hacer el ser humano.Saludos

JESUS y ENCARNA dijo...

Buenos dias Pedro, la verdad es que personalmente casi todo lo que pasa en este mundo lo filtro a traves de mi mundo, que no es otro que el del Arte, estoy de acuerdo con tu respetable reflexion, con permiso añado...:
Votar en Blaco sirve al sistema, votar a cualquier partido tambien, abstenerse tambien sirve al sistema y el unico voto que no sirve es el Nulo que da un caracter de castigo a los partidos sobre todo a los mayoritarios.
Por lo tanto recomiendo a aquellas personas que decidan abstenerse que estaran haciendo el juego al sistema que quizas ellos mismos no esten de acuerdo con las diorectrices impuestas.
Hay que votar...Mas radical que yo no creo que haya nadie, pero se que la Revolucion tiene dos caminos el sentido COMUN o la GUERRA. Elijan Uds.
Agradezco tu visita y tu coimentario.
Fuerte Abrazo.
Jesus

amelche dijo...

Yo tampoco renuncio a ser ciudadana. Vamos a votar mañana.

pancho dijo...

Tus razones a favor de la democracia son poderosas y perfectamente argumentadas. Abrumadoras. Desde los años de adolescente no había sentido un sentimiento de culpa tan fuerte. Uno corría al confesionario más próximo con el miedo en el cuerpo, no fuera a ser que en el camino pecaras y te vieras envuelto en el fuego eterno, con el mismo olor a azufre y a carne quemada de Cipriano Salcedo, después de ver aquellas filminas de voz grave y profunda que nos ponían en el colegio. No voy a participar de la fiesta de la democracia pero el domingo por la noche me arrepiento por si las moscas. No voy, entre otras razones, por motivos egoístas, convencido ya de que no hemos sabido aprovechar los años de la abundancia. Ahora toca hacer nuevos agujeros al cinturón por el lado que se estrecha. Hemos dilapidado la fortuna que tendríamos que haber gestionado para hacer una sociedad más justa. Fracasamos y nadie parece haberse enterado y sigue el derroche de aviones y aeropuertos privados. Increíble, con lo barato que es exponer tus razones en un blog o resumirlas en un tuiter. Otra de gambas y muera el dinero.

Guardo la entrada para usarla. Sigo diciendo que es un lujo y un desvarío prescindir de tus reflexiones.

José Antonio del Pozo dijo...

Te dejo mi humilde opinión, por si acaso, puede en algo servirte: me parece entenderte que pides la participación, es decir, que no defiendes la propuesta básica de los Indignados -el que no, que no nos representan- ni la abstención, salvo que fuera como Saramago en una novela dixit. Pero te interrogas también sobre la necesidad de la revolución. Yo creo también que hay que votar. Si ahora gana la Derecha, pronto volverá al poder la socialdemocracia (el Estado participa un 40% del PNB de todos los paises desarrollados), pues la tecnología política en que se basan las sociedades democráticas garantiza su hegemonía for ever and ever, salvo muy breves lapsos. Pienso que en realidad las revoluciones envuelven un haz mítico de bellísimas ensoñaciones que disfrazan la realidad de la injusticia y la miseria y la disctadura que en realidad ocultan. Creo también que las sociedades abiertas, las basadas en la libre iniciativa, son las que mayor prosperidad y libertades públicas históricamente han conseguido, y que el Socialismo, bajo su hermoso nombre, se ha demostrado con creces perito en corrupción, clientelismo, paro, prohibiciones, ruina, como el basurero de la Historia del Muro de Berlín quizás atestigua.
saludos

enletrasarte(Omar) dijo...

perdóname una crítica, una omisión que colijo de tu comentario:
si bien comparto tu involucramiento y así debe ser,
deberíamos abogar porque las elecciones sean tal, es decir, que no coloquemos largas sábanas de titulares y suplentes, de los cuales conocemos solo los 4 o 5 primeros, porque debajo de la piedra un cangrejo hermano.
espero lo tomes como un aporte, no como una disidencia contigo
abrazo solidario, como siempre

Antònia Pons Valldosera dijo...

Yo también voy a votar por mis padres y por mis hijas aunque ellas, a diferencia de la tuya, son adultas.
Comparto contigo la idea de que la participación en la vida ciudadana no se limita a depositar una papeleta en una urna.
Un abrazo.

Gelu dijo...

Buenos días, profesor Ojeda:

He perdido la ilusión en los políticos, tanto de izquierdas como de derechas.

Sólo hay que tener un poco de memoria, y analizar sus promesas y compararlas con sus hechos posteriores.

No hay que empecinarse en continuar creyendo que tras el nombre de un partido están las ideas de identificación pueblo o capital. Todo es uno, y más de lo mismo. Los únicos que salen realmente beneficiados siempre, con seguridad, tras los resultados, son los que resultan elegidos para representarnos, pues se les soluciona la economía de forma vitalicia. Cuando los dineros que reciban por su dedicación sean los que en igualdad de circunstancias, a cambio de su trabajo, recibiría cualquier ciudadano, me volverá la confianza.
Mientras tanto, pienso que tras cada parafernalia electoral, hay un gasto desmesurado que no cambia nada.
Quisiera las cuentas claras y transparentes en todas sus gestiones, y en su enriquecimiento personal.

Se necesita un cambio global, y llevarlo a cabo en paz, con cultura y con honradez general.

Aún estoy pensando y sopesando lo que haré mañana.

Saludos.

Txema dijo...

Querido profesor, votaré, aunque sé perfectamente que va a servir de muy poco.

Y, aunque yo también creo firmemente en el concepto de ciudadanía, sé que está aplastado, porque otros han decidido que así sea.

saludos

Abejita de la Vega dijo...

Votaré, el mapa de mi país azuleará un poquito, poquito, poquito...menos. Son tantos los poquitos que no caben aquí...

Besos, ánimo amigos.

La Zarzamora dijo...

Nunca hay que dejar de ejercer ese derecho.
Besos, Pedro.

elena clásica dijo...

No, creo que aún no ha llegado ese tiempo, el de la utopía de Saramago. Ni tampoco el de Macondo, donde todo empieza, todo es nuevo, como barrido el tiempo anterior por un viento mágico, ni siquiera los objetos ni los conceptos tienen nombre.
Aún no ha llegado ese tiempo. Así que todavía recordamos el significado de la papeleta y de la urna. Yo también iré a votar.
Un abrazo, querido Pedro.

Isabel dijo...

Yo también iré, pero pasaré del PSOE y del PP. Hay muchos más partidos. Esto no acaba aquí. Besos Isabel.

Merche Pallarés dijo...

Sigo creyendo que necesitamos "líderes" no "carismáticos" ni "simpáticos" sino inteligentes y capaces, que hayan probado su valía y eficacia como en el caso de Rubalcaba que bajo su mandato como Ministro de Interior ha logrado acabar con ETA. El único. Lacra que veniamos arrastrando desde hace más de cuarenta años. En la historia, a veces, solo se ha necesitado a UN HOMBRE que cambie el rumbo de la misma, no importa el partido. Importa la persona. Besotes rubalcabianos, M.

Camino a Gaia dijo...

El mundo cambiará con o sin nosotros, con nuestro voto o sin él, con nuestra lucha o sin nuestra lucha, pero no sin nuestra responsabilidad, en cada uno de nuestros actos, en cada una de nuestras omisiones.
Podemos seguir paralizados con las esperanza de que no vengan a por nosotros, mientras vemos como arrastran y saquean a otros pueblos, a otros ciudadanos, a otros campesinos, con la nocturnidad y alevosía de los medios de comunicación.
No se quien ganará estas elecciones pero de algo estoy seguro, todos las perderemos. Hemos descubierto que este es un juego con las cartas marcadas. No temo a las penurias económicas, pero se que no podré vivir sin dignidad.

Natàlia Tàrraco dijo...

Ensayo sobre la ceguera, clarividente Saramago, nunca pasota, siempre atento opinando hasta el último aliento.
Que cada cual se decida sobre poner o no la papeleta en la ranurita.
No abundaré en comentarios sobre el asunto político ni el asunto votar o pasar. Sin embargo, a pesar del agotamiento absoluto, votaré, mejor dicho, ya vote, jejeje, en Andorra Embajada, ayer, cosas de ser emigrante.

Pedro, no escribo opinión, debate, ensayo...en mi blog, no sabría, escribo ficción por gusto y afición,lo cual también es opinar, siempre se escribe sobre política y el que se titule apolítico/a, está haciendo política.
Besitos.

Neogeminis dijo...

Quizás sea este el momento histórico donde con más descaro e hipocresía, los intereses de los grandes grupos financieros supranacionales han logrado llegar al poder sin necesidad de recurrir a tradicionales golpes de estado para lograr manipular a su favor un traspaso sideral de bienes y dinero.
sería bueno que la gente abriera los ojos y actuara en consecuencia, pero, lamentablemente, creo que el miedo que le inyectaron es mucho más fuerte que la solidez de los argumentos de quienes dan el alerta.
Ojalá me equivoque.
Un abrazo

J. G. dijo...

lo comparto en su totalidad, emocionante en algunos aspectos lo que cuentas.

Luis Antonio dijo...

También mi conciencia me pide votar y pienso complacerla aunque sea a...regañadientes.

Pero también comprendo que otros puedan pensar distinto. Así es la democracia.

Saludos

Delgado dijo...

(en democracia es muy sano no actuar como un fanático o un hincha de un equipo de fútbol)

Suscribo estas palabras. Los partidos políticos no son equipos de fútlbol.

Euphorbia dijo...

Yo llego tarde a leerte y ya he votado esta mañana. El colegio electoral estaba muy lleno, quizá casualidad, quizá no, ya veremos.
Espero que el azul, que para otras cosas me gusta tanto como color, no nos invada tanto como pronostican las aciagas estadísticas.
Por si acaso pongo una vela a Santa Rita, que si mi memoria sobre la iconografía cristiana no me engaña, es la patrona de los imposibles.
Un beso

Alimontero dijo...

Querido Pedro, no me sorprendes, te he presentido siempre así, firme, claro, decidido y un gran poder que radica en tí, y que trasciende la figura...
Me alegro por tu padre Pedro y por tu hija...ambos, uno recibiendo la fuerza que viene de su origen: tu padre, y otra "traspasando" lo tomado por el hijo a su hija!
Bendiciones!!
buen 20N y un mejor 21N

Si, estuve donde Juan Navarro ;-)

Gracias Pedro por tu entrada tan entera...

Ali

virgi dijo...

Ya fuí, pero con pocas esperanzas.
Besitos
(por cierto, el "fuí" ya no lleva diéresis?...nunca me aclaro, Profe)

Alimontero dijo...

Sigo contigo....siempre!!

me haces tan bien!! ;-)

Ali

Paco Cuesta dijo...

Ejercer hoy, y seguir ejerciendo cada día. He ahí la cuestión.

Antonio Aguilera dijo...

Se han cumplido los peores viticinios.
Creo que es aplicable el dicho de "a mucha hambre no hay pan duro",o, el machista "hay que bailar aunque sea con la más fea".
Ahor bailaremos con el PP una temporada porque muchos irreflexivos lo quisieron así. La desesperación no cas bien con la razón, más bien casa con el egoismo, y por ello han votado alPP, y no a la solidaridad.

Antonio Aguilera dijo...

errata: "la desesperación no casa bien con la razón"

impersonem dijo...

Coincido con tigo en todo lo que dices en esta entrada...

Abrazos

Aldabra dijo...

Pienso como tú, Pedro, también he votado ayer, como siempre, siguiendo mi ideología y mis creencias, sin dejarme arrastrar por ideas que ni me van ni me convienen.

Y respetando la democracia, aunque no me guste el color que ha ganado.

biquiños,