martes, 31 de agosto de 2010

De nuevo sobre periodismo e Internet


Este verano se ha reavivado el ya viejo debate sobre la posición del periodismo en la red.

Alguno de los grandes empresarios de la comunicación ha insistido en que el periodismo no es viable en Internet sin cobrar por acceder a los contenidos. Por una parte, planteando un serio conflicto con los buscadores y otras grandes plataformas para que no puedan redifundir lo publicado por sus medios de comunciación sin pagar por ello; por otra, reafirmándose en que los usuarios deben pagar por acceder a ellos tanto puntualmente como por medio de subscripciones. En contra de los datos, siguen pensando en que hay un suficiente sector de la población que prefiere pagar por recibir contenidos elaborados por esos medios de comunicación que se autodenominan de calidad.

Este segundo camino ya se intentó hace unos años, cuando casi todos los grandes medios de comunicación, recién llegados a Internet, cerraron sus contenidos al acceso gratuito y fracasaron: no sólo no rentabilizaron sus páginas sino que favorecieron las de los competidores que ofrecieron contenidos en abierto.

Este aspecto del problema es permanente: si no todos los medios de comunicación blindan los contenidos, siempre saldrá ganando aquel que ofrezca los suyos gratis. Incluso se crearán nuevos medios de comunicación electrónicos gratuitos que ocuparán los huecos dejados por los de pago. De hecho, los grandes empresarios del sector de la comunicación -especialmente los de ideología conservadora, pero también algunos progresistas- están detrás de las presiones que reciben los gobiernos para que promuevan leyes y normas que restrinjan la libertad en Internet.

En cuanto al primer aspecto, parece que sí se están logrando acuerdos con los grandes buscadores: ambas partes están interesadas y, a diferencia con lo que suecede con las pequeñas páginas con contenidos tomados de otras que surgen a cientos a diario en Internet, son fácilmente denunciables ante los tribunales.

Pero también, a raíz de la publicación de documentos sobre la guerra de Afganistán por Wikileaks se ha abierto un interesante debate sobre qué es o no periodismo, sobre el mismo concepto de periodista, y los límites éticos de la profesión.

El tema ha sido abordado desde diferentes ángulos, porque tiene en sí mismo una forma poliédrica. Pero lo que es innegable es que el acceso a las grandes fuentes de información y su divulgación ya no es un derecho corporativo de los medios de comunicación tradicionales -en papel, radio, televisión o Intenet-, si es que alguna vez lo fue tal y como lo manifiestan ahora los empresarios que suscitan un debate ético como si bajo las alfombras de cualquier empresario del sector no se encuentran tantos cadáveres profesionales asesinados en aras del interés empresarial o político -casi siempre es redundante lo emrpesarial y lo político- o como si los medios de comunicación no llevarán décadas jugando con el amarillismo, el sensacionalismo, la ruptura de todas las normas de la autorregulación o la defensa interesada de decisiones tomadas en los ámbitos del poder.

Por otra parte, lo que evidencia el debate es que una buena parte de ese periodismo tradicional ha dejado de hacer su trabajo y que, como ocurre con los huecos dejados en Internet por los medios que cierran el acceso gratuito a sus contenidos, la demanda de información que hay en la sociedad es alimentada por otros informadores sin que por ello se les pueda acusar de intrusismo ni de faltar a la ética de una profesión que hace mucho que la perdió, por mucho que algunos periodistas aun la mantengan y se enseñe en las Facultades de Ciencias de la Información. Los empresarios del sector deberían pensar que hoy hay mucha gente preparada para difundir información -algunos formados en las escuelas de periodismo pero otros fuera de ellas- y más gente todavía con ganas de ser informada de una forma inteligente y que no se conforma ni con el tipo ni con el modo de la información que se suministra a través de los canales tradicionales, cuya implicación en las guerras políticas locales o internacionales les está haciendo perder prestigio ante un sector de la opinión pública cada vez más amplio con la suficiente formación como para sacar sus propias conclusiones.

Un tema para seguir en sus múltiples facetas. Huid de las formulaciones fáciles para resolverlo.

lunes, 30 de agosto de 2010

En la playa de Barcelona cuando todo anuncia el final y noticias de nuestro Quijote.


En la playa de Barcelona terminan varias cosas. Lo más evidente es que la playa marca el final del viaje de don Quijote y Sancho: su historia no puede ir más allá porque sólo puede entenderse en los caminos polvorientos del verano peninsular. El itinerario que les lleva desde su lugar natal hasta las playas de Barcelona es un camino real (lo que ya en sí supone una parodia del espacio mítico de la literatura caballeresca y una apuesta por el realismo costumbrista) pero también simbólico (de una manera múltiple: el destino trágico del héroe, el contenido socio-político de la España del momento, etc.).

Por un lado marca el final del trayecto del héroe, quien ya no puede fingirse más en unas hazañas más soñadas que reales. La derrota es bien cierta y el compromiso adquirido le impide seguir jugando a ser caballero sin traicionar todo aquello en lo que ha creído desde la primera salida: como lo sabe, don Quijote pide la muerte al Caballero de la Blanca Luna. Por otro, marca también la derrota de un tipo de literatura, aquella que parodiaba el Quijote. Más que la popularidad de la novela, lo que termina con el gusto de la narrativa de corte idealista es esta derrota en las playas de Barcelona: la literatura ya no puede ser la misma que antes de Cervantes. No vence la intención, sino la excelencia del producto salido de manos cervantinas.

Por otra parte, hay que contar con otro elemento: el lector queda perplejo. Aunque todavía a la historia le queda recorrido, hay dos elementos que le anuncian el final. Uno, físico: quedan pocas páginas que leer y todos, como lectores, hemos sentido esa mezcla entre curiosidad y angustia ante las pocas páginas que nos quedan de un libro que nos ha apasionado. Otro, argumental: el héroe ha sido derrotado en toda regla de una manera muy superior a la que le hace volver a su casa al final de la primera parte. Esta derrota es total y el abatimiento de don Quijote es también el del lector. Abatimiento que nos acompañará en todo el viaje de vuelta a casa. Este giro argumental, que convierte a don Quijote en un héroe derrotado es fundamental para comprender el éxito permanente del personaje en la memoria de los lectores desde el siglo XVII.

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote


Es tanta la fuerza quijotesca, que atrapa incluso a quien confiesa no haber podido con la novela antes de ahora y elige pasajes de la novela hasta para anunciar que se va de vacaciones, como hace Mimosa, quien me parece que ya ha quedado atrapada.

Merche Pallarés, en su comentario del capítulo, señala, con acierto cómo una situación de tanto interés para la obra se cuenta en un capítulo tan corto, lo que le da más intensidad.

Manuel Tuccitano realiza las preguntas adecuadas para comprender el capítulo y su significado en el final de la historia. No puede ni dejar oculto el nombre de rival. No os perdáis las ilustraciones.

Pancho también remarca la importancia del capítulo a pesar de su brevedad y lo comenta con inspiración unamuniana e ilustraciones recomendables.

Jan Puerta se detiene en la gran diferencia que entraña esta derrota de don Quijote con respecto a las anteriores. Lo ilustra con una fotografía-pregunta cuyo enigma debéis resolver antes del lunes próximo y dos grabados con intención diferente.

Paco Cuesta comenta todos los aspectos esenciales del capítulo y resalta el significado de la derrota, con un doble juego en la palabra "dislocado".

Abejita de la Vega da paso a la voz de Ana Félix, que prologa la visita a la playa de don Quijote, para luego comentar los pormenores de la llegada del Caballero de la Blanca Luna y el reto que termina con la derrota de don Quijote. Lo ilustra todo de forma muy didáctica. Después, al grito de ¡Viva San Juan Degollado!, une nuestra lectura con el pueblo natal de Luz del Olmo (nuestra voz de Sanchico): no os podéis perder las fotografías. Se ve que al Sanchico el tema le va, porque corrige a degollao y nos cuenta que el verano tiene muchas tentaciones. Quizá le venga bien que su padre vuelva lo antes posible.

Cornelivs, que ha vuelto de sus merecidas vacaciones, propone una excelente forma de interpretar el distanciamiento emocional de Cervantes a la hora de redactar el capítulo de la derrota de don Quijote.

Antonio Aguilera comenta el capítulo desde la pesadumbre que se refleja ya en su título y jugando con el contraste entre su brevedad y la intensidad y significado que tiene para la novela.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
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Vale.
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domingo, 29 de agosto de 2010

Campo de girasoles con palomares (Nostalgia de paisaje castellano.)



Las ciudades no tienen horizonte desde dentro.
A veces son un laberinto que nos impide encontrarlo también fuera de ellas.

sábado, 28 de agosto de 2010

La Leica de Agustí Centelles

La exposición que ha mostrado en la vallisoletana sala de San Benito la Colección particular de Agustí Centelles es de una extraordinaria importancia. Centelles fue el creador, en España, de una forma de mirar radicalmente moderna a través del objetivo de una cámara fotográfica. Fue uno de los creadores del llamado fotoperiodismo y, como periodista de guerra, su trabajo no sólo es comparable al de Robert Capa sino incluso superior. De no haber mediado un estado dictatorial como el franquista, hubiera sido en vida una indiscutible referencia internacional en la fotografía.

Su trabajo, especialmente el que realizó desde 1934 hasta el final de la guerra civil -desde el triunfo del Frente Popular, las tensiones políticas que siguieron, el desarrollo de la guerra y los campos de refugiados republicanos en territorio francés- es un imprescindible testimonio de aquellos tiempos en Barcelona y en el frente de Aragón.

Muchas de sus fotografías fueron portadas en periódicos nacionales (especialmente en La Vanguardia) e internacionales y algunas de ellas se han convertido en referencias icónicas del conflicto -especialmente la de los guardias de asalto parapetados tras una improvisada barricada con cadáveres de caballos y que puede servir ella sola como una lección del punto de vista, la mater dolorosa que recoge la crueldad de un bombardeo indiscrimado sobre la población civil, el beso de un combatiente que fue la imagen precursora de tantas que han venido después, la familia republicana, etc.- sin las cuales nuestra memoria estaría coja, anclada sólo en los libros de historia.

Centelles comprendió pronto la importancia del trabajo del fotoperiodista. Entendió las virtudes de disponer de una cámara manejable pero de gran calidad, una Leica, frente a los armatostes de otros compañeros de profesión. A partir de ese momento, ya no fue tan importante la preparación minuciosa de la imagen: un reportero gráfico no tiene tiempo para esperar la luz o el ángulo adecuado. Es el instinto, el ejércicio diario, la rapidez en la decisión sobre si lo que se tiene delante merece disparar la cámara o saber buscar en décimas de segundo el enfoque adecuado.

A Centelles también le preguntaron sobre lo que sentía al tomar las imágenes de la tragedia y, como muchos reporteros actuales pero mucho antes que ellos, comentó que en esos momentos no se piensa. Es después, el proceso de revelado, cuando hay que tomar decisiones y por eso él no llegó a sacar copias de muchas fotografías que tomó en su día.

Gracias a su trabajo y a la decisión de salvarlo a tiempo, justo antes de la derrota de las tropas republicanas, y esconderlo durante los años que duró la dictadura, tenemos un testimonio gráfico de primera calidad de aquellos tiempos pero también un modelo perfecto de cómo debe comportarse un fotoperiodista en un conflicto bélico.

Por suerte, hoy su fondo es propiedad de todos los españoles al ser adquirido por el Ministerio de Cultura tras ser encontrado por sus hijos en una caja de galletas. Otra cosa es la incomprensible, estéril y penosa polémica desatada sobre su ubicación, una más que retrata la realidad de nuestro país.

jueves, 26 de agosto de 2010

El final de la aventura (Cap. 2.64)


Antes de ser derrotado, don Quijote se propone para rescatar a don Gregorio de su cautiverio en Argel, pero nadie lo toma en serio. Ni siquiera Sancho, que prefiere como más seguro ponerlo todo en manos de quien se titula con el poco recomendable calificativo de renegado: del dicho al hecho hay gran trecho, y yo me atengo al renegado, que me parece muy hombre de bien y de muy buenas entrañas.

No es sólo miedo de Sancho ni su habitual prudencia: él es muy consciente de lo que pasa porque es el personaje que más ha evolucionado en la historia hasta este momento. Desde que comenzó la segunda parte, la mayor parte de los que se encuentran con don Quijote y Sancho saben que su locura, por muy atractiva en los fines e ingeniosa en los medios que se muestre, es un juego de procedencia literaria o, al menos, extravagante: una ficción sobre una ficción. Además, varios han leído el libro en el que se cuenta. Por eso se empeñan en burlarse de ellos proponiéndoles situaciones sacadas de la imaginería caballeresca.

Pero las burlas indican otra cosa, no sólo el afán de divertirse o la crueldad: se rebaja a la víctima a la condición de bufón o pelele. Y ya no cabe el respeto ni la duda, como mucho una consideración afectuosa. Si en la primera parte de la novela podíamos encontrar quien pudiera tomarlos en serio o, al menos, quien dudara, quienes aparecen en la segunda y han leído la primera o sean informados por ellos, no.

Por eso nadie toma en cuenta la oferta de don Quijote: ante la aventura real no cabe el juego de un viejo extravagante. Este hecho no hace más que incidir en lo que hemos visto desde que Sansón Carrasco entra en la historia con la noticia de que se han publicado las cosas de su convecino.

Es en ese momento cuando Cervantes lleva a don Quijote a un espacio simbólico: la playa de Barcelona. Delante de él sólo hay mar: se ha terminado el camino. Allí el hidalgo aun puede soñarse caballero, aunque por poco tiempo.

Inmediatamente, aparece frente a él el Caballero de la Blanca Luna, que prolonga la ficción caballeresca con un reto que pierde don Quijote de forma humillante. Su rival no tiene intención de herirlo y provoca su caída sin acometerlo con la lanza, haciéndole prometer, una vez derrotado, que regreserá a su lugar natal durante un año, abandonando su vida como caballero andante. Retira la otra condición -abjurar de Dulcinea- ante el último rasgo de firmeza del vencido, lo único que le permite aun agarrarse a la ficción que le ha mantenido con vida desde que salió la primera vez de su pueblo:

-Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo, y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta, caballero, la lanza, y quítame la vida, pues me has quitado la honra.

Es curioso en esto la intervención del virrey, que deja hacer pensando que todo aquello no es más que una burla -recordemos que los duelos están prohibidos- y quiere saber en qué para.

Veremos qué sucede con el Caballero de la Blanca Luna cuando comentemos, el próximo jueves, el capítulo LXV.
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lunes, 23 de agosto de 2010

Formas de aludir a la realidad más conflictiva y noticias de nuestro Quijote


Ya hemos aludido a que una de las modificaciones que introduce Cervantes con respecto a la primera parte se debe, sobre todo, a la forma de enfocar el realismo.

Entiéndase bien: el Quijote es un libro realista desde el prólogo de la primera parte hasta la última palabra del final de la segunda. En ambas partes el estilo es realista porque, entre otras cosas, la novela se construye como una parodia y contestación a la literatura idealista y fantástica. En la primera, como en la segunda, hay un retrato de la realidad española del momento: las gentes, los caminos, las costumbres, la ideas, las ventas. En la primera, como en la segunda, hay una denuncia de los aspectos que menos le gustaban a Cervantes de la España del momento. Es decir, desde el principio hay realismo como técnica literaria y realismo como mirada a la realidad contemporánea. Entonces, ¿qué es lo que cambia?

En la primera parte, las alusiones críticas a la realidad eran más amables y más generales aunque no estuvieran exentas de profundidad y certeza. Por una parte, estaban teñidas de costumbrismo; por otra, aludían a cuestiones generales como podría hacer cualquier moralista del momento, hasta el más ortodoxo. Además, en la manera de mirar los asuntos más polémicos siempre vencía el disfraz literario, puesto que Cervantes los aborda a partir de las convenciones de un determinado género literario -el caballeresco, el picaresco, el pastoril, el morisco, etc.- Incluso la defensa de la posición independiente de la mujer -los casos de Marcela o de Dorotea- se travestían de literatura, lo que, aunque no aminoraba su intención, sí atenuaban la presentación, como cuando se traga una medicina con azúcar.

Sin embargo, en la segunda parte percibimos que la presentación de los aspectos más críticos de la sociedad española del momento son diferentes. Por una parte, se abordan sin tapujos -así, por ejemplo, la ociosidad y maneras de la aristocracia, como en casa de los Duques- y sin ocultar la intención bajo una convención genérica, aunque ésta pueda seguir presente; por otra, se introducen hechos que ya no son genéricos o lejanos o simple materia de un moralista y que se extraen de circunstancias conflictivas del momento y claves para comprender algunos aspectos de la España del momento. De este cariz son, por ejemplo, grandes problemas políticos como la introducción de la problemática de los moriscos o la presencia del bandolerismo catalán. La presentación de estos asuntos, aun teñida y mucho de literatura, miran de frente graves asuntos de la España del momento.

Pero también hay pequeños apuntes que nos presentan una intención muy diferente en el retrato realista de la España del momento. Por ejemplo, cuando don Quijote libera a los galeotes en la primera parte, nuestros protagonistas se esconden en la sierra de la justicia representada por los cuadrilleros de la Santa Hermandad, con los que se darán de bruces en la venta. Recordemos que todo se soluciona en un ambiente propio de entremés y que la locura de don Quiojte le salva de ser encausado, además de la oportuna intervención protectora de don Fernando. Sin embargo, tras la burla de la cabeza encantada, percibimos otra cosa: don Antonio tiene miedo de la intervención de la Inquisición y se apresura a dar cuenta de la broma a la autoridad para evitarse mayores problemas. También hay temor -resuelto con coraje y amistad- cuando Sancho no denuncia a Ricote. Y la entrada en Barcelona se da entre racimos de bandoleros colgados de los árboles.

Todo ello se debe a una evolución interna de la propia novela, pero también a los diez años que trascurren entre la primera y la segunda parte, en los que tanto la literatura como la sociedad española han cambiado. Y Cervantes, magistralmente, deja huella de todo ello en el Quijote.

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.


Noticias de nuestro Quijote

Firvulag nos descubre un programa de Radio 5 que no os podéis perder de ninguna manera.

Nuestro querido Sr. de la Vega, al que tanto se echa de menos últimamente en las entradas del Quijote, ha dejado unos versos como ofrenda en casa de Bipolar, bien relacionados con nuestra locura y que no os podéis perder de ninguna manera. Lo triste de la mencionada entrada es que Bipolar se despide, espero que sólo por un tiempo, de su blog.

No falta Kety a su comentario semanal en verso del capítulo: nos os perdáis sus octosílabos sobre lo sucedido en las galeras.

Jan Puerta llama la atención sobre el hecho de que el viaje es algo nuevo para Sancho: iniciático y movido, por supuesto. Acompaña su entrada con una divertida fotografía quijotesca y dos excelentes grabados.

A Merche Pallarés se le ha hecho un poco largo el capítulo, pero no ha dejado de disfrutar con cada uno de los temas presentes... y lo ilustra con un buen galeote.

Antonio Aguilera no deja de dar con el turco en su comentario del capítulo semanal y eso que se le ha estropeado Internet, según nos cuenta.

Pancho comenta con gran acierto el capítulo. Me gusta especialmente su idea de cómo Cervantes narra la variedad de los que surcaban el Mediterráneo. No os perdáis las magníficas ilustraciones que elige.

Paco Cuesta, en su comentario del capítulo, nos aporta una idea excelente: el equilibrio que supone la burla que en éste se le gasta a Sancho con respecto a lo que había ocurrido antes con don Quijote. No os lo perdáis.

La entrada de Manuel Tuccitano nos sugiere pensar en cómo Cervantes vuelca en la novela sus experiencias biográficas y su pensamiento, tanto en lo que hace a la batalla en el mar como en la historia de la marinería. No os perdáis las ilustraciones de su entrada.

Abejita de la Vega cede su voz, en esta ocasión, a un secundario que tiene poca pero, a la luz de esta entrada, es un hombre de cultura y entendimiento fino. Y que ilustra con mucha precisión y acierto documental su comentario. En su siguiente entrada nos regala la voz de otro secundario: Ana Félix, una de las mejores recreaciones de Abejita, sin duda alguna.

El Sanchico -vía Ele Bergón-, sale en defensa de su padre sobre los azotes y no comprende por qué tanto jaleo a causa de una mujer vestida de hombre... Cómo se nota que el buen muchacho es de otros tiempos.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
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Vale.

domingo, 22 de agosto de 2010

La marca


El óxido es implacable: siempre deja al descubierto la marca de serie que todos llevamos.

sábado, 21 de agosto de 2010

L´Hourloupe de Jean Dubuffet



Hay dos cosas que inicialmente llaman la atención en la biografía de Jean Dubuffet: en primer lugar, que, en un momento determinado de su vida, dejara todo para entregarse decididamente a la obra artística; en segundo lugar que, a pesar de su edad y formación (ahora que lo pienso, quizá precisamente por eso), en aquel momento supusiera una conexión entre las últimas formas de la vanguardia y el arte de la postmodernidad. Por edad, le habría correspondido un lugar en la historia del arte de la segunda vanguardia, la misma a la que perteneció, por ejemplo, Dalí; por su obra, se convirtió en uno de los impulsores de las líneas artísticas que darían lugar a la potmodernidad.

Todo ello se ve con especial acierto en el ciclo de L'hourloupe, una forma de hacer cuadros en tres dimensiones: sacar la pintura del soporte tradicional para llevarla hacia la arquitectura y el teatro.

Una parte puede apreciarse en esta oportuna exposición que nos presenta la obra de un autor imprescindible para comprender el arte de mediados del siglo pasado, en la que sólo hay que lamentar que no se haya podido instalar en un único espacio, el de la excelente sala de Las Francesas, una antigua capilla de un convento y colegio de monjas cuya restauración para este fin fue todo un acierto en su día.

El espectador se enfrenta con algo que todavía hoy contiene aspectos de interés y novedad: el tridimensionalismo de la pintura, la construcción de la escena a partir de una pequeña célula que va ocupando todo el espacio a su alrededor, el trazo ingenuo a partir de unos aparentes garabatos y líneas que cualquiera puede dibujar de forma insconsciente con un bolígrafo de tinta roja o azul mientras habla por teléfono -así se le ocurrió al autor este concepto-, etc.

Esta forma de dibujar-pintar-esculpir (en la que se utilizan materiales antes no entendidos como nobles para el arte, como el poliestireno) fue una gran aportación del autor que tanto han seguido los artistas plásticos hasta hoy.

Una exposición que hay que ver.

viernes, 20 de agosto de 2010

Puerta y llave fósil


A veces tardamos tanto en regresar que la llave del hogar que dejamos bajo el felpudo ha devenido en nuestro fósil.

jueves, 19 de agosto de 2010

Batalla marina y regreso de Ricote (Cap. 2.63)


Puede parecer que este capítulo sólo nos trae lo que dice el argumento: la anunciada visita a las galeras de nuestros protagonistas, tras unas iniciales bromas que continúan las muchas que otros antes les gastan para reírse a su costa -la ficción por la que se le hace creer a don Quijote que es persona de importancia, el desplazamiento de Sancho de mano en mano de los remeros- y una nueva alusión a la forma de desencantar a Dulcinea que nos devuelve al hilo conductor de casi toda la segunda parte, termina con la persecución y apresamiento de un bajel cuyo arráez termina siendo la hija del morisco Ricote. Una buena parte del capítulo consiste en el relato de la historia de Ana Félix y la puesta al día de lo que nos faltaba por conocer de la de Ricote. Padre e hija se reencuentran y se ponen bajo la protección del virrey de Cataluña, no sin disponer que se intente liberar a Gaspar Gregorio, el joven que, por amor a Ana Félix, había quedado cautivo en Argel.

Puede parecerlo, pero aunque el argumento es por sí ameno, diverso, novelesco y atractivo y a muchos lectores les causará placer por sí solo, hay mucho más.

En primer lugar, en él están presentes muchas de las cosas que hemos visto a lo largo de la segunda parte: don Quijote y Sancho famosos como personajes literarios son tratados como tales en la realidad, víctimas de bromas que los rebajaban a meros bufones o peleles y que advierten de que ya Cervantes era consciente -quizá por los comentarios que sobre sus obras le habían llegado, quizá por la continuación de Avellaneda- de que una parte de la recepción de su obra, posiblemente la que más garantizaba su popularidad, la simplificaba; la historia del encantamiento de Dulcinea y la forma en la que debía desencantarse, que añade matices muy significativos entre don Quijote y Sancho; la recuperación de la historia del morisco expulsado, con todo su significado en la España del momento; el predominio de la aventura real sobre la fingida -de hecho, aquí volvemos a tener muertos y estamos a punto de asistir a la ejecución de los culpables.

Pero hay algo más en este capítulo y que consiste en toda una lección literaria. La historia de Ana Félix tiene la estructura de una novela bizantina. Su argumento nos devuelve por un momento a la historia del cautivo de la Primera parte, pero de otra manera que la hace más compleja. Ambas cosas son de interés para comprender lo que Cervantes quería hacer con el Quijote y quizá también cierta evolución del pensamiento cervantino en los diez años que trascurren entre la redacción de ambas partes. Comencemos por la segunda.

A diferencia de la historia del cautivo, con la que coincide en el ámbito mediterráneo y en muchos de los motivos (las circunstancias del cautiverio, las alusiones a la homosexualidad, la presencia de renegados, etc.), aquí la protagonista es una mujer a la que se dota de la misma valentía y decisión -y también capacidad para el travestismo, para disfrute de los lectores barrocos, uno de cuyos sueños eróticos, por lo que aparece continuamente en la literatura de la época, es la mujer disfrazada de hombre; pero también para ensoñación de la mujer de aquel tiempo, que tanto debió soñar con la libertad que pudo vivir en los textos literarios ya que en la realidad no le era posible- que a Dorotea o a Claudia Jerónima.

Pero su engarce con la historia del morisco Ricote agranda y hace complejo lo que en el cautivo era sólo un motivo secundario encaminado a despertar la emoción del lector: el cristianismo oculto de la joven que acompaña al cautivo, aquí es declarado y público. La morisca Ana Félix es cristiana. Hay otra alusión en sus palabras de gran interés: Ricote no se había declarado como cristiano en su primera aparición sino más bien como un hombre confuso que sabía que ya no era musulmán pero todavía no se atrevía a definirse como cristiano. Ana Félix, sin embargo, afirma que su padre es cristiano, como ella y su madre:

fui yo por dos tíos míos llevada a Berbería, sin que me aprovechase decir que era cristiana, como, en efecto, lo soy, y no de las fingidas ni aparentes, sino de las verdaderas y católicas. No me valió, con los que tenían a cargo nuestro miserable destierro, decir esta verdad, ni mis tíos quisieron creerla; antes la tuvieron por mentira y por invención para quedarme en la tierra donde había nacido, y así, por fuerza más que por grado, me trujeron consigo. Tuve una madre cristiana y un padre discreto y cristiano, ni más ni menos; mamé la fe católica en la leche; criéme con buenas costumbres; ni en la lengua ni en ellas jamás, a mi parecer, di señales de ser morisca.

La historia de Ana Félix, como ya habíamos visto en el relato primero de Ricote, viste con efectos novelescos -la belleza, discreción y astucia de la joven, la marcha al exilio arrastrada por sus tíos, el amor de Gaspar Gregorio -citado en la novela con diversos nombres por descuido de Cervantes-, el motivo del tesoro enterrado, la trama para escapar de Argel, etc.- la posición de Cervantes ante el decreto de expulsión de los moriscos, que debió ser la de algunos de los españoles de su tiempo: la aceptación por interés, convicción o sumisión de la necesidad de una expulsión para evitar conflictos y rebeliones de una población que, por su número y lugares de asentamiento, era difícil de asimilar en el concepto de uniformidad que se imponía en aquel tiempo y que debía causar rechazo en una España cada vez más igual en la apariencia externa; pero el cuestionamiento de que la medida tuviera un carácter tan indiferenciado y no mirara casos particulares que podrían entrar en la construcción de la nueva realidad española. Habría que recordar, además, que de ser cierto, como es casi seguro, que Cervantes pertenecía a una familia de cristianos nuevos, la sensibilidad de Cervantes ante el problema era muy elevada.

Por lo tanto, un intenso tratamiento literario de una decisión política que aun se discutía. Pero hay más.

Es muy interesante la propuesta teórico-litearia de este capítulo. Recordemos que estamos en una parodia de la literatura caballeresca desde parámetros realistas. En este capítulo, además, se añade una parodia de la novela bizantina, uno de los esquemas más importantes de la narrativa en tiempos de Cervantes y a la que éste consagra, significativamente -y en cierta contradicción con la propuesta del Quijote- su última novela, Los trabajos de Persiles y Sigismunda.

En efecto, es tan exagerada la forma del reencuentro entre Ana Félix y Ricote que el mismo Cervantes tuvo que forzarla a propósito para señalar lo falso de la novela basada en este modelo. Lo falso y antiguo: en contraste, la historia de don Quijote, mejor dicho, del viejo hidalgo que se fingió don Quijote, queda como el único camino válido para la narrativa posterior. Cualquier lector, incluso el menos avisado, incluso el que más disfrutara con estos convencionalismos literarios de la novela bizantina -al igual que de la caballeresca o la morisca-, es consciente de ello tras la lectura de este capítulo.

Por eso mismo, el prólogo de la historia de Ana Félix, en el que se narra la persecución del bajel por las galeras españolas es tan realista: en los términos empleados, en los dos muertos causados por los turcos borrachos. Hay dos consecuencias. Una buscada, el contraste con el idealismos convencional del relato de Ana Félix. Una no buscada, el inicio de la novela de batallas marinas, que tantos buenos ejemplos ha dado en la narrativa posterior, sobre todo en lengua inglesa. Cervantes, como lo hizo en la historia de bandoleros, aborda aquí un nuevo género.

Pero hay varias circunstancias en el capítulo que aúnan los puntos de interés que hemos comentado: por una parte, cuando comienza la acción real, don Quijote y Sancho desaparecen, como había sucedido tras el encuentro con Roque Guinart, porque ya no tienen cabida en las nuevas formas narrativas; por otra parte, la decisión del Virrey -perdonar a Ana Félix cabía en lo convencional, pero no así a los causantes de la muerte de los dos marinos españoles- explica la posición exacta de Cervantes en este capítulo.

Veremos, el próximo jueves, cómo continúa la novela, al comentar el capítulo LXIV.

lunes, 16 de agosto de 2010

Un acicate para los cambios, un retrato quijotesco de Myriam y noticias de nuestro Quijote.


A pesar de tantas interpretaciones como se han dado a la forma en la que influyó en Cervantes la aparición de la continuación de su novela en 1614, en realidad no conocemos bien lo que ocurrió. Todo es posible, desde que Cervantes tuviera escrita parcialmente su propia continuación al acabar la primera o poco después para abandonarla temporalmente y sólo retomarla cuando se publicó la continuación falsa, hasta que ocurriera lo que parece al leerla, es decir, que el autor abandonara la primera parte y sólo la continuara años después modificando su plan inicial cuando, al tenerla ya avanzada, le llegó la noticia del volumen firmado por Alonso Fernández de Avellaneda.

Sobre esta cuestión ha caído la idea que se tuvo durante mucho tiempo de que Cervantes era lo que él dijo en alguna ocasión sobre sí mismo, es decir, un ignorante en materias literarias que tuvo la suerte de escribir la mejor novela de todos tiempos casi de casualidad. En parte esto es debido a la obsesión de algunos críticos de creerse a pies juntillas lo que dicen los autores, en especial cuando se denigran a sí mismos; también se debe a que algunos nunca perdonaron a Cervantes que escribiera como escribía y se adelantara a ellos por muchos años que llevara don Miguel enterrado y prefirieron repetir hasta la saciedad lo de ingenio lego. En la misma obra cervantina está la negación de sus afirmaciones.

Ocurriera como ocurriera, la aparición de la continuación de Avellaneda provocó que Cervantes retocara la suya propia, puesto que no parece, por sus dimensiones, que la comenzara a escribir después de la publicación de la falsa. De haber sido así, además, difícilmente Cervantes se hubiera contenido hasta el capítulo 59 para entrar en batalla.

Los retoques argumentales -el cambio de destino, de Zaragoza a Barcelona, si es que no lo tenía pensado ya antes y ahora se reafirma- y la profundización en los cambios de mayor calado -la complejidad de sus personajes, la auto-conciencia como personajes literarios y el conocimiento que de ello tenían los personajes con los que se van encontrando en el caminio, la intensificación en el realismo, el cambio sustancial de paisaje con las implicaciones temáticas, etc.- que introduce Cervantes en su propia continuación no niegan lo que ya tenía escrito (hay que suponer que Cervantes volviera sobre sus pasos en contra de la opinión generalizada de que no retocó lo anteriormente escrito), ni siquiera niegan la primera parte, sino que se construyen sobre todo lo anterior.

Aparte de las puyas sobre el el autor que se escondía bajo el pseudónimo de Avellaneda y lo que éste hizo con sus personajes en la continuación falsa, Cervantes medita sobre cómo separarse de su rival. Y encuentra el mejor camino en su propia obra, profundizando en los capítulos que van desde el 59 hasta el final en los cambios que había introducido ya en la novela pero que ahora intensifica. No hay mejor forma de venganza que demostrarle a quien se escondiera bajo el pseudónimo que es mejor escritor puesto que es capaz de ir más allá con los mismos materiales -léase a Gracián para comprender que esto es la base de la estética barroca- y que el ladronzuelo, en el fondo, sólo había comprendido la mitad de la obra, la más externa.

Retrato quijotesco de Myriam


Myriam, que tan buenas aportaciones ha hecho a esta lectura, se ha retratado con un volumen del Quijote editado por Argos en 1950 bajo el cuidado de Martín de Riquer y que para ella tiene un valor especial. Los libros, en efecto, no valen tanto por el precio del mercado sino por nuestros recuerdos. Me cuenta que de pequeña se sintió apabullada por el peso de estos volúmenes en la casa familiar. Después de cargar con ellos en un viaje transoceánico -supongo que pagando el sobrepeso del equipaje-, reposan ya en su biblioteca. Seguro que acabarán convertidos en uno de los objetos más preciados de su casa. Gracias, Myriam.

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote


Firvulag
, que ya ha alcanzado el ritmo de la lectura, nos aporta dos interesantes entradas: una, sobre los documentales últimos realizados a partir del Quijote; otra, una más que intersante reflexión sobre la efectividad de las bromas que se les gastan en diversas ocasiones a nuestros protagonistas.

Pancho centra su comentario del capítulo de la semana a partir de las burlas que reciben los protagonistas y una cierta idea de que pudiera parecer prescindible. No os perdáis las ilustraciones que lo acompañan.

Merche Pallarés resume el capítulo sin que se le escape nada, ni siquiera el comentario misógino... para darle la razón en lo que viene diciendo desde el inicio.

Paco Cuesta llena de preguntas oportunas su comentario: interrogantes a los que cada uno debe dar su respuesta, porque cada uno propone su lectura de la novela.

Manuel Tuccitano escribe una excelente entrada fijándose sobre todo en la historia de la cabeza encantada, aunque también es interesante su extrañeza ante el conglomerado de cosas del capítulo.

Myriam aborda una interesante comparación entre la personalidad del Duque y la de Antonio Moreno que puede servir para comprender las diferencias y similitudes en sus bromas.

Kety se luce con los octosílabos de su entrada, en los que no falta la perspectiva humorística.

Antonio Aguilera resume las circunstancias de la estancia de don Quijote en casa de don Antonio y no se le escapa ni el poco fuelle de don Quijote...

Jan Puerta comenta el capítulo a partir de lo que denomina vorágine de situaciones. No os perdáis ni su apunte sobre Antonio Moreno ni sus ilustraciones a la entrada.

Abejita de la Vega halló una abeja laboriosa junto a un trigal burgalés para comentar las noticias anteriores. Después comenta el capítulo, comenzando por las bromas de don Antonio en la mesa y sobremesa, bien ilustradas y terminando con el resto de pormenores... sin olvidarse de lo del cerdo. Después publica la nota del Sanchico -gracias a Ele Bergón- que nos cuenta la preocupación familiar por Sancho: dispuestos todos a viajar a Barcelona.

Enlace con el índice de nuestra lectura, elaborado por Raúl Urbina : Primera parte y Segunda parte.
Enlace con el blog construido por Manuel Tuccitano expresamente para esta lectura y que puede considerarse un agregador con los enlaces de todos los blogs participantes de forma regular, aquí.
Enlace con el grupo en Facebook, aquí. (Este grupo no sustituye a la lectura en este blog y no estáis obligados a uniros: lo usamos sólo como complemento, para informarnos, preguntar y debatir.)
Enlace con la entrada en la que encontraréis sugerencias si os incorporáis con la lectura ya iniciada, aquí.
Si me he olvidado de alguien, hacédmelo saber y lo subsanaré. Recordad enlazar vuestras entradas con La Acequia, para poder encontrarlas.
Vale.

domingo, 15 de agosto de 2010

Cara bajo sol de plomo.



A pesar de todo, nunca sonreía. No es que sólo que no haya que tomar fotos con esta luz, es que la fachada del edificio parecía una máscara. O un espejo.

jueves, 12 de agosto de 2010

En casa de don Antonio Moreno y paseo por Barcelona (Cap. 2.62)


El capítulo se nos presenta con una suma de sucesos en apariencia desconectados los unos de los otros: la presentación de don Antonio Moreno y sus onversaciones con Sancho y don Quijote; el primer paseo de don Quijote por las calles de Barcelona; un sarao en casa de don Antonio; el artificio de la cabeza encantada; la visita a la imprenta. Se aprietan los acontecimientos para no dejar a don Quijote inactivo.

Por una parte, el huésped de nuestros protagonistas, don Antonio Moreno, otro secundario magníficamente caracterizado por Cervantes en su carácter y en sus acciones, viene a ser la versión ciudadana del Duque. Es curioso establecer el paralelo entre ambos para comprobar la variedad de registros que hallamos en esta novela. Algo les une: la necesidad de divertirse a costa de la locura extravagante de don Quijote y de la simplicidad de Sancho, que parecen despertar en determinada gente con poder, representantes de arquetipos de la sociedad española del momento, una cierta tendencia a la risa cruel. Pero tanto don Quijote como Sancho han aprendido de su experiencia en casa de los Duques y no se prestan ya a prolongar demasiado tiempo las burlas. Por otra parte, el ambiente ciudadano no es -no puede serlo- el de la corte aristocrática. Hay que señalar que Cervantes sabe ambientar el tono social del ambiente urbano propio de las clases ricas en el que vive don Antonio (como ejemplo, el sarao de este capítulo) y separarlo del cuasifeudal que se daba en casa de los Duques: hay más ojos vigilantes aquí, como señalan las palabras del castellano, la prudente retirada del cartel y el temor de don Antonio a que trascendiera la broma de la cabeza encantada y le diera problemas con la Inquisición. Por otra parte, la historia de la cabeza encantada le sirve a Cervantes para volver sobre la cuestión del encantamiento de Dulcinea y el descenso a la Cueva de Montesinos, uno de los hilos de continuidad del argumento de la seguna parte.

Muy interesante aparece la visita a la imprenta. Don Quijote entra, por vez primera, en el lugar en el que se imprimen libros como los que a él le han trastocado la cabeza. Cervantes sabe retratar el ambiente del taller (una de las primeras ocasiones en las que esto sucede en la literatura española) y la conversación que mantienen el autor allí presente y don Quijote sobre la traducción contiene puntos esenciales para construir una teoría de la traducción sobre la que, sin duda, había meditado mucho Cervantes, además de inteligentes pullas sobre los derechos del privilegio de impresión -que era en donde radicaba el verdadero negocio del libro en la época.

Finalmente, don Quijote se encuentra en la imprenta con que se ultima una nueva edición de la continuación falsa de don Quijote. Una parte del capítulo ha preparado estas líneas finales: la fama de ambos personajes tanto en la recepción de don Antonio como en su paseo por la ciudad, la contestación de Sancho a la pregunta de su huésped sobre la comida y que sirve para hacer manifiesta la evolución del personaje -tan simplificado en Avellaneda- que es capaz de negar la verdad tantas veces afirmada por el narrador con la forma en la que ha vivido su experiencia como gobernador.

El despecho con el que don Quijote trata el libro y lo que dice anuncia ya la intención de Cervantes: negar desde dentro la autoridad de Avellaneda, aunque para eso tenga que premiarle con una segunda edición que tardaría mucho en conseguir.

Veremos, el próximo jueves, cómo continúa su estancia en Barcelona, al comentar el capítulo LXIII.

martes, 10 de agosto de 2010

Juego de niños (2)


A veces los juegos de niños pueden ser tan peligrosos que uno corre el riesgo de quedar atrapado en ellos durante el tiempo exacto de una vida. O de que te persigan.

lunes, 9 de agosto de 2010

Noticias del Quijote (ya era hora) con una fuente en la que mantean a Sancho.


Espero que no sufrir el mismo castigo de Sancho cuando fue manteado en la venta por mi tardanza en publicar las noticias del Quijote del mes de julio. Las recojo ahora: como son tantas las aportaciones, espero no haberme olvidado de ninguna. Si es así, advertírmelo, por favor.

La imagen corresponde a una fuente de plata que pertenece a Merche Pallarés y que representa el mencionado manteo de Sancho. Me la envía de su parte nuestra querida Euphorbia, a la que tanto echamos de menos. La historia de la fuente y la foto se la dejo a ellas, por si quieren contarla. Sin duda, un objeto de esos que a Jan Puerta le gusta encontrarse y fotografiar en su inestimable labor quijotesca.

Os animo a mandarme imágenes que reflejen la iconografía cervantino-quijotesca o a que las publiquéis en vuestros blogs, para acumular toda la información posible sobre Cervantes y el Quijote. Sobre todo me gustaría publicar imágenes no usuales, aquellas de pequeños lugares.

También os pido que me remitáis autorretratos quijotescos. Recordad que debéis estar con un ejemplar del libro o en actitud quijotesca.

Noticias de nuestro Quijote

Firvulag aclara, en una entrada muy recomendable, qué son de verdad las cabritillas que vio Sancho cuando paseó sobre Clavileño en compañía de don Quijote.

Cornelivs sacó la cabeza un poco antes de que le engulliera el trabajo y publicó su comentario sobre el torneo a lo medieval frustrado del capítulo 56: es muy acertada su apreciación sobre lo desusado del acontecimiento.

Paco Cuesta comentó el capítulo 56 como la victoria del amor frente a la burla de los Duques y el inicio de la despedida. En el capítulo 57 se detiene en la conciencia del escudero y la rápida despedida de la casa de los Duques. El capítulo 58 lo entiende como un nuevo prólogo de acontecimientos que les surgirán a los protagonistas tras su nueva salida al camino. En el capítulo 59 analiza la reacción de don Quijote ante la noticia del falso Quijote. En el 60 analiza cómo el cambio de dirección -de Zaragoza a Barcelona- no es sólo una modificación del camino, sino una forma de trasformar la novela para profundizar en lo que no pudo ver Avellaneda. Para la entrada en Barcelona, analiza cómo don Quijote y Sancho son acogidos y usados por el bando de Roque Guinart.

Pancho analiza, de la mano de Unamuno, la batalla que no se dio porque venció el amor a primera vista para señalar después la intensidad del capítulo con el que Cervantes hace abandonar a los protagonistas la casa de los Duques. Para el capítulo 58 se fija en la forma en la que Cervantes engarza tres aventuras seguidas con habilidad narrativa. También es acertada la forma en la que analiza la entrada de los datos sobre el falso Quijote y la irrupción en la obra de la realidad brutal con la presencia de los bandoleros. Finalmente, a pesar de continuar con obras en casa, Pancho analiza la entrada de don Quijote y Sancho en Barcelona y sus primeras impresiones. Como siempre, las ilustraciones de todas estas entradas, magníficas.

Jan Puerta comenta la suplantación en el duelo con finura y un poso de sabiduría: no se olvida ni de Sancho. Ilustra su entrada con una bandera que reconoceréis, la primera edición ilustrada con fotografías y unos cuantos enlaces útiles. Arrastrando todavía su catarro por el invierno austral, la entrada siguiente la retrasó no sin dejarnos una imagen quijotesca de un vendedor de libros. Para la salida de casa de los Duques comenta la misma dificultad que hay en salir de cualquier sitio en el que hemos estado un tiempo: lo ilustra con otro vendedor de libros -va siendo ya una serie-, un enciclopedia quijotesca, un enlace recomendable y un video en el que la Pavlova se caracteriza de Dulcinea. Después, Jan queda atrapado por el capítulo en el que los protagonistas gozan de su libertad tras la estancia en casa de los Duques. Lo ilustra con unas tallas de madera, una edición italiana y un curioso enlace a un artículo que suma fútbol y Quijote. Sobre el capítulo 59 acierta cuando recomienda la lectura con calma puesto que esconde más de lo que parece. La imagen quijotesca que acompaña esta entrada es sutil y elegante. No os perdáis tampoco las que reproducen ediciones italianas. La irrupción de Roque Guinart le suscita una magnífica entrada con oportunos recuerdos populares: no os perdáis los enlaces ni las imágenes. Finalmente, analiza desde la experiencia como lector y el misterio, el capítulo con la entrada en Barcelona y lo ilustra con sus quijotes y alguno más que ansía.

Merche Pallarés comenta la batalla no dada entre don Quijote y Sancho y la facilidad con la que la muchacha acepta al nuevo pretendiente y celebra con gozo la salida de los protagonistas de la casa de los Duques, a los que tanta manía ha cogido... Después comenta el elogio sobre la libertad y los golpes posteriores para llegar al capítulo, que le ha parecido divertido, en el que Cervantes hace entrar en el argumento el Quijote falso. Al comentar la estancia con Roque Guinart y todo lo que les aconteció con el bandolero, teme que vuelvan las burlas que les esperan, sin duda alguna, en su entrada en Barcelona.

Manuel Tuccitano comenta con acierto las consecuencias del duelo y el hecho de que sea un lacayo el que consiga irritar a los Duques, así como el que alguien de la corte de los Duques, como Altisidora, es capaz de llevar más allá que ellos la broma sólo por darles gusto... Acierta también Manuel en ver todos los aspectos de la nueva salida al camino de los protagonistas. Comenta de una tacada los capítulos 59 y 60 para demostar la diferencia con respecto a la Primera parte. De su comentario de la entrada en Barcelona, me permito reseñar el hallazgo de un cómic que yo no conocía (aunque supongo que será uno que fue muy polémico en su día y que debí hojear muy rápido) y que me voy a apresurar a hallar, porque sólo la imagen que publica avala que su autor (el gallego Miguelanxo Prado) ha leído bien el Quijote. No os lo perdáis.

Asun, que ni en vacaciones se ha podido librar del Quijote puesto que incluso entra en su plan de viaje, así que seguro que se ha llevado un ejemplar en la maleta.

Kety, que me dedicó unos versos que agradeceré siempre, ha seguido con sus comentarios en poemas de las aventuras del Quijote. Es de agradecer este esfuerzo suyo, que merecerían publicarse como volumen. La batalla "no vista" entre don Quijote y Sancho la mira desde la perspectiva de Sancho; de Altisidora deja en evidencia su trama para burlarse de don Quijote. No se le olvida tampoco versificar lo que les ocurre a la pareja protagonista en su camino hacia Zaragoza, el encuentro en la venta con la noticia del falso Quijote, el encuentro con los bandoleros ni la entrada en Barcelona.

Myriam hace un extraordinario análisis sobre la libertad y el cautiverio a partir del elogio de la libertad que don Quijote pronuncia tras salir de la casa de los Duques, que no os podéis peder.

Alatriste redactó una intersante entrada sobre Ricote, el morisco que aparece en esta segunda parte del Quijote, que os aclarará algo de la perspectiva cervantina.

Ele Bergón nos regaló un Cervantes en ruta quijotesca que no os podéis perder.

Antonio Aguilera, que repite imágenes veraniegas, comenta las consecuencias del duelo y uno ve cómo han cambiado los tiempos sobre la sexualidad femenina, para bien, por supuesto. Evidentemente, el motivo de la liga perdida le da juego sustancioso. Para comentar las noticias del falso Quijote echa mano de las palabras de Manuel Fernández Álvarez. Su divertido y acertado comentario sobre el encuentro con los bandoleros, me recuerda que debo entrada sobre este punto. Finalmente, deja a nuestros protagonistas en manos de los muchachos de Barcelona, quizá para que los rescate Merche. Como regalo, nos reproduce un artículo de Muñoz Molina bien quijotesco y que os recomiendo leer.

Abejita de la Vega, que no ha parado en el mes de julio, deja que el duelo lo comente el lacayo Tosilos, víctima de unas flechas del amor muy pop. Comenta luego las ganas de don Quijote de abandonar tanto algodón (y así lo ilustra para hablar de la salida de casa de los Duques) y la alegría con la que acoge la libertad y sus consecuencias en el capítulo siguiente, que aquí se ven. Pasa luego a comentar cómo Sancho ya puede vencer a su amo y los disgustos -de comida y librescos- que recibe don Quijote en la venta en la que tendrán noticia de la falsa continuación de Avellaneda al que no tarda en darle su turno de hablar. Después, parece que se asusta con el capítulo 60 pero luego puede con él sin dejar nada, ni la aparición de los bandoleros ni la historia de amor trágico. Finalemente, comenta por extenso la llegada a Barcelona de nuestros protagonistas. Como siempre, no os podéis perder las ilustraciones que acompañan sus entradas.

El Sanchico -gracias a Ele Bergón- tercia en el asunto para hablar de amor con su experiencia y amedrentarse por cómo las gastan en Barcelona.

Por el medio, Abejita hizo una pausa para comentar la jubilación de un amigo, que recibió como muestra de cariño un regalo bien quijotesco.


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Vale.