jueves, 17 de diciembre de 2009

El diálogo y el sueldo del escudero (Cap. 2.28)


De nuevo delega Cervantes en Benengeli la responsabilidad absoluta sobre lo que se dice en este capítulo, como observamos en su título. Y lo hace por dos razones: la primera porque para negar la evidencia del comportamiento cobarde de don Quijote hace falta mentir; la segunda, porque desea llamar la atención sobre la sutil propuesta teórica que esconde.

En la primera lectura del capítulo observamos cómo, a través del diálogo, se ponen de manifiesto las personalidades de los protagonistas y sus relaciones: no están en el mismo plano amo y escudero.

Si en alguna ocasión Sancho ha conseguido sobreponerse a don Quijote ha sido bien por el lado del afecto bien por un engaño tan directo y tan poco elaborado que don Quijote sólo podría desmontarlo declarando la falsedad de su propia ficción como caballero andante. Por ejemplo, para desmontar la mentira del encantamiento de Dulcinea, don Quijote no puede afrontar el problema directamente: debería llamarse a sí mismo mentiroso y abjurar de la excusa del encantador que le ha servido para justificar todas las veces que lo que él se empeñaba en fantasear acababa torciéndose (como los molinos/gigantes, las ventas/castillos o los rebaños/ejércitos). Por eso mismo fabrica una mentira más sutil que la de su escudero: la cueva de Montesinos, que tendrá consecuencias más tarde al enredarse con la participación de otros personajes en este juego de mentiras y verdades.

En efecto, no ocupan el mismo plano: don Quijote es superior en el uso del diálogo como arma retórica. En primer lugar, intenta enredar a Sancho con los motivos de su huida cuando éste era apaleado; después procura razonar con él y cuando comprende que la conversación se le comienza a escapar porque su criado decide abandonarlo y ponerse un salario que compense tanto los días que ha estado con él como la promesa no cumplida de la ínsula (en este motivo se esconde un ingenioso juego con el tiempo interno de la narración que intenta anular los años trascurridos entre la publicación de la primera y la segunda parte -los dos meses mencionados por don Quijote- pero dejando rastros del tiempo externo de redacción -los veinte años, tres días más o menos, aludidos por Sancho), en ese preciso momento en el que teme perder a su compañero de aventuras, usa del chantaje emocional. Este aspecto del diálogo entre don Quijote y Sancho bien merece un estudio psicológico de cómo se pueden manipular las emociones de una persona. Don Quijote sale triunfante a pesar de que todo había partido del descarado abandono en el que había dejado a su criado. Cervantes quiere a sus personajes, pero no esconde sus debilidades: porque no son arquetipos heroicos, sino caracteres completos para lo bueno y lo malo.

Pero ahí no se acaban las aportaciones de este capítulo. Hay, en efecto, una sutil construcción metaliteraria: el diálogo entre ambos habla de cómo se construye el mismo diálogo y de su función narrativa. Para ello, el primer procedimiento es esconder al narrador: aparece al inicio y al final. Esconderlo, pero no eliminarlo, porque preside todo el capítulo desde su título. Después, se menciona expresamente la necesidad de la palabra y del diálogo entre ambos cuando don Quijote alude al efecto terapéutico que produce en Sancho hablar, lo que le sirve para perdonar lo que él llama impertinencias y que no son otra cosa que comprensibles demandas:

-Haría yo una buena apuesta con vos, Sancho -dijo don Quijote-: que ahora que vais hablando sin que nadie os vaya a la mano, que no os duele nada en todo vuestro cuerpo. Hablad, hijo mío, todo aquello que os viniere al pensamiento y a la boca; que, a trueco de que a vos no os duela nada, tendré yo por gusto el enfado que me dan vuestras impertinencias.

El diálogo se convierte aquí en núcleo de la narración: no hay nada más, sólo diálogo entre los personajes, pero diálogo que hace avanzar el argumento, que reflexiona sobre su misma función narratológica y que caracteriza la evolución de don Quijote y Sancho y sus relaciones. Esta es una habilidad cervantina que muy pocos novelistas han podido igualar.

Veamos, el próximo jueves, qué nos depara el capítulo XXIX.

23 comentarios:

pancho dijo...

CAPÍTULO 2.28
Una vez que tanto amo como criado se ven fuera de la furia de los paisanos armados del pueblo del rebuzno, tiene lugar un diálogo entre ambos, con temática variada y diferentes alternativas en su desarrollo. Esto, unido a las intervenciones escasas y puntuales del narrador para: abrir; no pierde tiempo en ponerse al lado de S en su disputa con DQ, a pesar de que empiece felicitándole por la prudencia que demostró en su huida, cerrar; buscando el pie de un olmo y haya de abundante ramaje que les dé cobijo (“que estos tales árboles y otros sus semejantes siempre tienen pies, y no manos”), dos breves apuntes más, que inciden en los dolores de S y en sus lágrimas de arrepentimiento, conforman y nos llevan al final del capítulo.

DQ “se apartó tanto cuanto le pareció que bastaba para estar seguro.”, que debió ser mucho por lo que S, molido, tardó en llegar a él, sólo para recibir la reprimenda del amo por haber rebuznado a destiempo. Rebuzno que a S le costó caro y al Hidalgo le privó de lucimiento. El escudero, que hablaba por las espaldas, le echa en cara el abandono.

El Caballero Andante se muestra enfadado con su escudero porque su intervención desafortunada le interrumpió la oportunidad de poner en práctica la extensión de su discurso sobre las armas y las letras delante de más público que nunca hubiera soñado y en pie de guerra. Su enfado se ve acentuado por las quejas de S, por la reprobación del abandono añadida al mal recuerdo del manteamiento y a la amenaza de volverse a casa, basada en la mala vida que lleva el escudero de un Caballero Andante. El crescendo llega a su culmen con el asunto del salario de S. El regateo que llevan a cabo amo y criado presenta unas características típicas de una negociación colectiva. S siempre encuentra motivos para aumentarlo. DQ, como buen patrón, cuando ve que según las cuentas de su criado, toda su hacienda va a ir a parar a sus manos se resiste en la negociación. Recurre al as que tiene guardado en la manga, sabedor de la ambición materialista de S, le promete el gobierno de una ínsula: admirable manera que tiene el autor de ablandar a S y resolver el confrontamiento.

S cede en la negociación y se nos viene abajo ante la sarta de improperios que le dirige su amo. Sin duda los más duros del libro: “Asno eres, y asno has de ser, y en asno has de parar cuando se te acabe el curso de la vida; que para mí tengo que antes llegará ella a su último término que tú caigas y des en la cuenta de que eres bestia.” DQ tiene que emplearse a fondo en el insulto y dejar claro quién es el amo. Humilla a su escudero y se venga del rebuzno que le impidió explayarse.

Como ya hemos resaltado, el diálogo ocupa la totalidad del capítulo. Sólo tres breves intervenciones del narrador, la primera para ponerse del lado de DQ cuando señala: “[…] es de varones prudentes guardarse para mejor ocasión” y justificar la cólera con su escudero: “[…] como le hallare sano de los pies a la cabeza”. Una segunda intervención para poner a S en su jumento, ayudado por DQ y la guaya exagerada del escudero por unos dolores que sólo a él le duelen. Pone fin al breve pero intenso capítulo, acomodando a la pareja a los pies de unos árboles para pasar la noche y, al rayar el día, echarse al camino en dirección al gran río.

Aldabra dijo...

pues por fín esta tarde me he puesto al día, incluido el capítulo que comentas hoy... y si algo me ha quedado claro muy claro es que Sancho es un sentimental.

biquiños,

Jan Puerta dijo...

En este capítulo yo me voy más por el principio filosófico del protagonista y la baza que juega el pobre Sancho al presionar y salir escaldado.
No olvidemos que la cobardía a veces es un antónimo de sensatez.
El detalle de las personalidades y su preparación se acentúa en este capítulo. Ese final de frase de Don Quijote aceptando ese “refranico” que siempre cuela Sancho, es un símbolo más de quien domina la conversación, el “tempus” de todo lo que suceda.
Sancho se deja llevar de nuevo. Improvisando y esperando en lo que ha de cumplir su hidalgo jefe.
Estos capítulos, donde el dialogo se vuelve inteligente por ambas partes, me cautivaron la primera vez que lo leí. Hoy sigo cautivo de los mismos.
Un abrazo

Silvi (reikijai) dijo...

CAPÍTULO 2.28
“Cuando yo servía —respondió Sancho—, a Tomé Carrasco, el padre del bachiller Sansón Carrasco, que vuestra merced bien conoce, dos ducados ganaba cada mes, amén de la comida; con vuestra merced no sé lo que puedo ganar, puesto que sé que tiene más trabajo el escudero del caballero andante que el que sirve a un labrador; que, en resolución, los que servimos a labradores, por mucho que trabajemos de día, por mal que suceda, a la noche cenamos olla y dormimos en cama, en la cual no he dormido después que ha que sirvo a vuestra merced, si no ha sido el tiempo breve que estuvimos en casa de don Diego de Miranda, y la gira que tuve con la espuma que saqué de las ollas de Camacho, y lo que comí y bebí y dormí en casa de Basilio; todo el otro tiempo he dormido en la dura tierra al cielo abierto, sujeto a lo que dicen inclemencias del cielo, sustentándome con rajas de queso y mendrugos de pan, y bebiendo aguas, ya de arroyos, ya de fuentes, de las que encontramos por esos andurriales donde andamo”.
Ya cansado el pobre Sancho de recibir solo palos… y nada de lo prometido… Besitos. Silvi.

Merche Pallarés dijo...

Me es imposible recuperar el resumen que hice de éste capítulo al estar ausente y en ordenador ajeno. Destacaré algunas frases:

"¡Tan enhoramala supistes vos rebuznar, Sancho!"

"...yo pondré silencio en mis rebuznos, pero no en dejar de decir que los caballeros andantes huyen y dejan a sus buenos escuderos molidos como alheña o como cibera en poder de sus enemigos."

"No huye el que se retira...la valentía que no se funda sobre la prudencia se llama temeridad... así yo confieso que me he retirado, pero no huido..."

"...porque si esta vez me ha dejado apalear, otra y otras ciento volveremos a los manteamientos de marras y otras muchacherías"

"Harto mejor haría yo...en volverme a mi casa...y, no andarme tras vuesa merced por caminos sin camino y por sendas y carreras que no las tienen, bebiendo mal y comiendo peor."

CONTINUA

Merche Pallarés dijo...

"...que quemado vea yo y hecho polvos al primero que dio puntada en la andante caballería, o al menos al primero que quiso ser escudero de tales tontos como debieron ser todos los caballeros andantes pasados."

"...si tanto deseáis volveros a vuestra casa con vuestra mujer e hijos, no permita Dios que yo os lo impida...mirad lo que podéis y debéis ganar cada mes, y pagaos de vuestra mano."

"Cuando yo servía a Tomé Carrasco, el padre del bachiller Sansón Carrasco que vuestra merced bien conoce, dos ducados ganaba cada mes, amén de la comida."

"...con dos reales más...me tendría por bien pagado. Esto es cuanto al salario...pero en cuanto...a la palabra y promesa que vuestra merced me tiene hecha de darme el gobierno de una ínsula, sería justo que se me añadiesen otros seis reales, que por todos serían treinta."

"...¿qué tanto ha, Sancho, que os la prometí?"

"...más de veinte años, tres días más o menos."

"...sino dos meses apenas...Pero dime, prevaricador de las ordenanzas escuderiles... Éntrate, éntrate, malandrín, follón y vestiglo, que todo lo pareces, éntrate, digo, por el maremágnum de sus historias, y si hallares que algún escudero haya dicho ni pensado lo que aquí has dicho, quiero que me le claves en la frente y por añadidura me hagas cuatro mamonas selladas en mi rostro...¡Oh pan mal conocido, oh promesas mal colocadas, oh hombre que tiene más de bestia que de persona!...Asno eres, y asno has de ser, y en asno has de parar cuando se te acabe el curso de la vida que para mi tengo que antes llegará a su último término que tu caigas y de en la cuenta de que eres bestia." (¡Qué cruel! Chantaje emocional en toda regla...)

"Miraba Sancho...y compungiose...le vinieron las lágrimas a los ojos y con voz dolorida y enferma le dijo: Señor mío, yo confieso que para ser del todo asno no me falta más de la cola...si vuestra merced quiere ponérmela, yo la daré por bien puesta...le serviré como jumento...advierta que sé poco, y que si hablo mucho, más procede de enfermedad que de malicia..."

"...yo te perdono, con que te enmiendes y... no te muestres de aquí en adelante tan amigo de tu interés...procures ensanchar el corazón y te alientes y animes a esperar el cumplimiento de mis promesas, que, aunque se tarda, no se imposibilita."

"...al salir del alba siguieron su camino buscando las riberas del famoso Ebro..."

FELICES FIESTAS A TODOS. VOLVERÉ EN ENERO. BESOTES QUIJOTESCOS, M.

marga dijo...

LAS MISERIAS DEL MUNDO: Casi siempre parece que el reino de DQ no es de este mundo, no es así en este capítulo donde vemos la cara B de amo y escudero.

- La vergonzosa huida.- bajo pretexto que la temeridad no obliga a caballero, pone pies en polvorosa y abandona a su suerte a Sancho, vaya imagen edificante para un caballero.
- Los reproches de Sancho: ¿Que se puede esperar de usted? ¿que demonios de vida llevo?, como mal, bebo peor, duermo con los huesos en la calle.
- Todo se compra y se vende: Como en el artículo anterior se pone en valor el trabajo realizado, las promesas no cumplidas, el tiempo utilizado... puestos mezquinos, todo se puede pagar.
- El orgullo de don Quijote.- ¿quieres aprovecharte de mi? vale, hazlo, pero no quiero volverte a ver a mi lado.

y la reconciliación que pone paz entre ellos y con nosotros, sus lectores.

Alatriste dijo...

Ya comienza el capítulo intentando don Quijote justificar su huida - Ya decía yo que era una retirada táctica - y después Sancho enfadado intenta reivindicar lo que se le debe, y don Quijote como en los buenos matrimonios, se defiende contraatacando y utilizando el chantaje emocional para dar la vuelta a la tortilla y salir victorioso. Desde luego real como la vida misma.

Probablemente Cervantes se viera en una de estas con su mujer.

Merche: Pásalo bien a la vuelta ya estaremos en las riberas del Ebro ;D

Cornelivs dijo...

Estupendo.

Abrazos para todos.

Señor De la Vega dijo...

Mi Señor Don Pedro, muy bien presentado este capítulo, pues aunque cada uno pueda ver lo que quisiere, no todas las razones igualmente se sostienen y las suyas se presentan muy sólidas al contrario de las mías.

Yo también empezaré por el título "De cosas que dice Benengeli que las sabrá quien le leyere, si las lee con atención", en realidad todos los capítulos del Quijote, como queda sobradamente expuesto, hay que leerlos con cuidado, pues al final acabamos sabiendo solo parte de lo que queremos.
¿Por qué sin embargo en este, la llamada de atención es tan específica?
¿Será advertirnos de los cálculos de tiempo que hacen los protagonistas, para situar temporalmente la escritura del texto?
Si fuese así, y tomamos la publicación de la segunda parte (1615) menos 20 años calculados por Sancho desde que se le prometió la ínsula, situaría la redacción del primer manuscrito con los dos personajes en 1595, algo que podría ser hasta razonable, pero claro nos hablaría del manuscrito reescrito por Cervantes no del original narrado por Cide Hamete Benengeli, que debe ser anterior a la noche de los tiempos, pero del mismo siglo XVI.

En estas cuestiones prácticas hay que darle más crédito a Sancho que a Don Quijote, crédito que solo es negado por Don Quijote en parte y pareciese que lo que más le doliese al idealista caballero, es la avaricia de Sancho al realizar los cálculos, ya que se basaba en la escritura del autor y no el tiempo transcurrido como personajes, y ese pecado capital en Sancho, de avaricia, renunciando a su alma de ficción donde todos los sueños se consiguen, por la realidad endemoniada, con tal de hacerse con unos reales, es usado al instante por Don Quijote para avergonzarle.

Quizás lo que pide Cervantes que leamos de Benengeli atentamente, es otra cosa:
"CUANDO el valiente huye, la superchería está descubierta, y es de varones prudentes guardarse para mejor ocasión. Esta verdad se verificó en don Quijote, el cual, dando lugar a la furia del pueblo y a las malas intenciones de aquel indignado escuadrón, puso pies en polvorosa, y, sin acordarse de Sancho ni del peligro en que le dejaba, se apartó tanto cuanto le pareció que bastaba para estar seguro.".
Siguiendo el consejo del que escribe, es decir Cervantes, sobre el narrador Benengeli, yo entiendo lo siguiente (Cidete representaría leer al Quijote en su plano histórico): Las acciones de Don Quijote fueron las del personaje valiente y la historia que acabo de leer sobre el rebuzno es superchería, osea en castellano antiguo 'superchería' puede significar lo que se explica después, 'abuso de fuerza manifiesto', pero también podría significar "falsedad y engaño".
Y como no debo despreciar ningún doble sentido en la lectura y además, en este capítulo me avisa de leer atento, no olvidaré esta posible clave interpretativa de la narración y de los incidentes ocurridos, porque sería razonable interpretar, que un historia como la del rebuzno en la que Don Quijote se mostró tan cuerdo, se atribuya a que lo narrado (pueblo del rebuzno en armas) fuese falso y solo en las aventuras donde la realidad impera, nuestro protagonista necesite mostrarse más bien loco. (Lo tendré en el futuro en cuenta y veremos si cuadra).
CONTINÚA A CONTINUACIÓN...

Señor De la Vega dijo...

...CONTINUACIÓN QUE CONTINÚA
Este capítulo también, parece una inflexión desde aquel momento donde el esgrima verbal entre Escudero y Amo empezó a forjarse antes de las bodas de Camacho.
Cervantes, ha permitido que Sancho desarrolle tanta agudeza y destreza en los diálogos como Don Quijote, aquí lo sigue demostrando, y frente a simpleces expresadas por el Amo, Sancho argumenta con tan buena lógica y uso retórico de la palabra, que se permite en llamar tonto al loco sin perder las formas, en perfecta estocada.

Por el contrario, a Don Quijote le ha hecho brillar Cervantes en los últimos capítulos con su discreción, hasta el punto que más parece un sabio andante que un caballero guerrero, y todo ello condicionado por la creciente disputa con su iletrado escudero. Y tanto se han invertido los papeles, que el que daba buenas razones frente al ejercito de los rebuznos era El Quijote y quien se lanzaba contra los molinos era Sancho rebuznando. ¡¿Quién los reconocería?!
Recapitula por lo tanto Cervantes en este episodio, concluyendo el duelo en tablas, para dejar las cosas donde deberían haber estado en cuanto a roles, y de una manera magistral, como si una vez demostrado que las virtudes y defectos del uno pueden funcionar en el otro personaje, decide que asuman sus papeles de una forma natural y conciliadora.
Así Don Quijote da la bienvenida al refrán con gusto y Sancho acepta renunciar a su arrogancia quijotesca que le hizo convertirse en asno por haber querido ser más tólogo que el amo (es decir un toca güevos).
Todo ello, lo envuelve Cervantes en lágrimas de cocodrilo, para crear hipérbole graciosa en un capítulo donde no se esconden toques de realismo amoroso y cariño o llámese equis. Y donde buscará el autor la sonrisa del leyente más sincera, cómplice e inteligente.

Lo cierto es que, cuando llega la noche, podemos ver una pareja bien avenida, que se necesita, que se respeta y que son un poco más sabios y un poco más locos que al principio, porque no están dispuestos a renunciar a sus sueños, aunque autor y lector, compartan también escarmentados que el sueño de los personajes, cada capítulo que pasa, se parece más a la vida de los que caminan persiguiendo el viaje, que a la fantasía de los que todo ignoran y recurren a la ficción de la lectura.

Suyo, Z+-----

Antonio Aguilera dijo...

Muy interesante tu exposición, Pedro. Dejas todas las claves al dsecubierto, diáfanas y transparentes: ¿pero qué he de hacer para no olvidarlas??.

Harol Bloom dice que lo mejor de lo mejor del Quijote son los diálogos entre el hidalgo y su escudero; con diferencia: por ello es precursora y es superior a todas las demás obras literarias.

Empiezo esta tarde a escribir, hasta luego......................

Caminante dijo...

¡He vuelto!... con el...

AUTOBOMBO 2:
* diciembre 18, 2009. Pico Almanzor (2592m) J.O. Gredos: 1/5/2005
(Texto confeccionado -por mí- en su día y recuperado ahora. Las fotos son de Félix, Javier y Josele. Si las clicais... crecen. PAQUITA)

Son las siete cuando comenzamos a andar, vamos bien de tiempo. Los principios cuestan, al menos (...)

Porque no quiero que se te/os pase desapercibida mi crónica ... a mí me gusta. PAQUITA

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Vengo tarde...tu ya entiendes los entresijos de estas fechas para con la burocracia de los papeleos de las dichosas evaluaciones...en fin, a lo que venía...

Cuando esta tarde comencé a leer el capítulo, me parecía un puro trámite.. pero después fui descubriendo cositas y muchas más cuando has "desenmascarado" la trama.

Que pasaría por la mente de Cervantes en aquella época para poner en boca del moro las palabras que aluden a la mentira...

En estos diálogos se resumen los cinismos que campan en los humanos, que por no dar el brazo a torcer son capaces de tergiversar cualquier idea...y tanto...

un abrazo

Kety dijo...

Me es imposible abandonar la lectura del Quijote.
Ha sido un placer como cada semana.
Un abrazo
Felices fiestas a todos

Myr dijo...

Colgada mi contribución a la lectura.

Abrazos y Felices Fiestas a todos.

Antonio Aguilera dijo...

PEDRO:(escribo tu nombre con mayúsculas porque estoy serio)
Siento no poder comentar esta semana el cap. correspondiente del Quijote.
Prometo (?) que no volverá a suceder. Pero también te recuerdo que, como dijo Steiner:"prefiero fracasar mejor", e irremediablemente imcumplir mis promesas.

No expondré excusas que nadie las crea: sólo se presentó inventario en la empresa, ultimar El Espolón Nº 5 (cogí por banda a Ojito ayer para la portada), mandar colaboración para otra revista, y que hoy sabado en la máñana me tocó currar...y que no me puedo concentrar.

Ahora bien, leído, sí que lo he leído, y rumiado aceptablemente.

Por todo lo cual, y visto y comprobado que no gusto de "escaquearme" con argumentos de poca entidad, solicito mi libre absolución y la absorción de mis pecados.

El siempre a vos agradecido,
lateral y revulsivo.

Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

Tomo mis hojas desgajadas de mi viejo Quijote de Austral, ya estaba viejecito y, al abrirlo, me he quedado con varios capítulos en las manos. ¡Qué idea! Ya tengo un Quijote portátil, algo que pueda llevar a todas partes, en mi bolso. Así que hago la primera lectura del capítulo en un autobús... En casa, consultaré la versión digital del Centro Virtual Cervantes, me gusta “pinchar” en las anotaciones…

Leo el título, son las cosas que dice Benengeli, las sabremos si las leemos con atención. Comienza en tono sentencioso: “Cuando el valiente huye, la superchería está descubierta y es de varones prudentes guardarse para mejor ocasión.”.* Aquí el texto de CVC lleva una anotación que remite, con un asterisco, a otra. Y me encuentro lo siguiente: “Eisenberg conjetura que este recurso a la sentencia para abrir capítulo supone que C. retomó la redacción del Q. aquí, después de abandonarla durante varios años. “

Así que, según ese especialista, me encuentro ante la línea del dobladillo. Imaginemos: Cervantes recupera sus manuscritos arrumbados en un cajón, echa un vistazo sobre ellos, coge la pluma y escribe la frase sentenciosa, ahora te vas a enterar, Avellaneda…

Y tropiezo con la palabra superchería... no me cuadra aquí. El diccionario de la RAL, da un significado en desuso: “Injuria o violencia hecha con abuso manifiesto o alevoso de fuerza”. ¡Eso es! Que el “indignado escuadrón” ha abusado manifiestamente, y alevosamente, de su fuerza. Ya lo creo que sí, me lo “santiguan “con un palo, en sus ya vapuleadas espaldas. Me lo colocan atravesado sobre su jumento, casi desmayado y me lo mandan con su fugitivo amo. Gracias a Dios, el buen rucio está acostumbrado a seguir al sufrido Rocinante.

Llega junto a su señor y se deja caer del rucio. Se apea don Quijote y, al no encontrar heridas visibles, incomprensiblemente monta en cólera y lo reprende por rebuznar, en un ambiente tan hostil a los rebuznos. Y sigue con unas ingeniosidades verbales algo crueles, dadas las circunstancias: el alfanje haciendo el “per signum crucis” y el palo como contrapunto musical al roznido. ¿Era aficionado Cervantes a la música?

Sancho no está para hablar, no rebuznará más pero no dejará de recriminarle la cobarde huida, dejándole en manos de sus moledores.

¿Y cómo se defiende don Quijote de los justos reproches? El caballero andante manifiesta que “no huye el que se retira”, siendo temeridad la valentía imprudente, que las hazañas del temerario son producto más de la buena suerte que de sus méritos. Él no ha huido, se ha retirado como tantos valientes que han esperado mejor ocasión.

Este Cide Hamete quiere defender lo indefendible ¿Valiente? ¿Dónde está nuestro don Quijote que arremetía contra unos desaforados gigantes? Cobarde, tacaño, carente de empatía y chantajista emocional. Así lo vemos en este capítulo. Sigamos, que se van a emboscar.
(Continúa)

*Para ser mujer y prudente, en aquellos tiempos, había que ser la María de Molina de "La prudencia en la mujer", de ese fraile jovencillo: Tirso de Molina.

Paco Cuesta dijo...

Magnífico lo del juego del tiempo. A los personajes los convierte en protagonistas,narradores reales, con lo que el tiempo transcurrido entre ambas publicaciones de la novela, también sería real. Nunca hubiera llegado yo a esa conclusión. Repito magnífico

Abejita de la Vega dijo...

Caballero y escudero, los dos sobre Rocinante. Se emboscan en una alameda cercana, no vaya a ser que vuelvan los rebuznadores apaleadores.

¡Ayyyyyyy, el espinazo! ¡Ayyyyyyy, por aquí en medio ! ¡Ayyyyyyy, mis lomos! ¡Ayyyyyyy, el cogote! A Sancho le duele toda la parte que va del espinazo al cerebro. Y, para sacarle de dudas, ahí tiene a don Quijote que se lo explica: te duele justamente, qué casualidad, donde te dio el palo, en la espalda y no en otra parte. ¿A que en el tobillo no te duele? El escudero se enfada ante tamaña perogrullada y se queja amargamente de la escasa empatía que muestra su amo. Bueno, Sancho desconoce esa palabrota, propia de los psicólogos de esta era, pero le duele que a su amo no le duela.

Como a su señor le suelen irritar los refranes, abre fuego con uno: “el mal ajeno de pelo cuelga”. ¿Qué futuro le espera? Al apaleamiento pueden seguir manteamientos, como aquel de la venta, y “muchacherías” peores. Harto mejor haría en volverse a su casa, con su mujer y sus hijos. Nos pinta un rápido cuadro de su vida escuderil: andar sin rumbo, beber mal, comer peor y dormir en colchón de tierra. Maldice al primer caballero andante y al primer escudero que sirvió a “tales tontos”. Deja claro que no está hablando de los presentes, de vuestra merced nooooo, Dios me libre de faltarle al respeto, ay que ver señorito con lo que vale usted.

Don Quijote apostaría que a este escudero, tan charlatán él, no le duele nada y le invita a que diga todo lo que se le ocurra. Prefiere oír impertinencias “a trueco de que a vos no os duela nada “. Vaya, ahora asoma la famosa empatía. Y si Sancho desea volver a su casa con su familia, no se lo impedirá. Lleva sus dineros, puede calcularlo y pagarse él mismo el salario de esta tercera vez. Comienza la negociación salarial.

Cuando Sancho servía a Tomé Carrasco, ganaba dos ducados al mes más la comida. Por mucho que trabajase, a la noche cenaba olla y dormía en cama. Con don Quijote, ha dormido en la dura tierra, alimentándose con mendrugos de pan y rajas de queso, bebiendo el agua de arroyos y fuentes. La casa de don Diego de Miranda, las ollas espumosas de Camacho y la casa de Basilio fueron las excepciones, duraron poco…

Don Quijote confiesa que eso es verdad y le pregunta cuánto debe darle de más, con respecto a lo que le daba el padre del Bachiller. Sancho dice que, con dos reales más cada mes, se tendría por bien pagado. Pero lo de la ínsula no se le ha olvidado y en concepto de ínsula prometida, sería justo sumarle otros seis reales. Las cuentas del escudero no coinciden con las mías. Dice que son treinta reales y, a mí, me salen veintiocho. Son dos ducados, a once reales cada uno. Veintidós reales más seis dan veintiocho reales. No me hagáis mucho caso, que soy de letras…

(Continúa)

Abejita de la Vega dijo...

Don Quijote está de acuerdo con el salario indicado. Hace veinticinco días que salieron de su pueblo. Sancho ha de calcular la parte proporcional y pagarse de su mano; mas no está de acuerdo en multiplicar veinticinco por treinta y ya está. Lo de la ínsula prometida ha de pagarse desde el día en que se lo prometió hasta ahora.

Y, según el escudero, hace más de veinte años de eso. ¡Veinte años! Su señor se da un manotazo en la frente y se ríe. Si, en la anterior salida, apenas anduvo dos meses y ésta no llega a un mes. ¿Qué dice este majadero?

Crece el enfado de don Quijote que comienza su plan de chantaje emocional. Estaría contento de verse sin blanca a cambio de verse sin tan mal escudero. Este prevaricador de las ordenanzas escuderiles de la andante caballería, que no existen, por cierto… ¿Dónde ha visto que haya que pagarles mensualmente?

Este malandrín, este follón, este monstruo…que busque, que indague. A ver si encuentra, en las novelas de caballerías, a un escudero con sus pretensiones. Si encuentra uno, me puede hacer cuatro mamolas en la cara. Que dé la vuelta, coja el camino para su casa, que no ha de pasar más adelante conmigo. Desagradecido, bestia más que persona, yo que pensaba ponerle en tal categoría que le llamasen señoría. Ahora se va, ahora que le iba a darle una ínsula de lo mejorcito. No es la miel para un asno como él, asno es y asno será. Llegará su muerte y no habrá caído en la cuenta de lo bestia que es.

Menudo rosario de vituperios. Ay, que Sancho no puede más, que el chantaje emocional ha hecho efecto y se le salen unos lagrimones como garbanzos.

El pobre escudero, apabullado por las palabras de don Quijote, confiesa que, para ser burro del todo, le falta el rabo; si su merced quiere ponérsela, le servirá como jumento de por vida. Y pide perdón, se veía venir. Mire vuestra merced mi mocedad, mire que es enfermedad y no malicia. ¿Sancho mozo y enfermo?

Y “quien yerra y se enmienda, a Dios se encomienda”, se maravillaría don Quijote “si no mezclara algún refrancito”. Y le perdona, sí, con la condición de no mostrarse tan interesado y esperar con paciencia el cumplimiento de las promesa. Así lo hará, aunque tenga que sacar fuerzas de donde no las hay.

Se meten en la alameda y se acomodan en un olmo y un haya, árboles con pies. Sancho pasa mala noche, el varapalo se hace sentir. Don Quijote da vueltas a sus “memorias”. Al final, les vence el sueño a los dos.

Al alba siguen su camino buscando las riberas del Ebro. Con qué rapidez pasarán de la Mancha a las riberas del Ebro.

Un abrazo a todos.

BIPOLAR dijo...

"Chantaje emocional"
Este análisis me ha dejado boquiabierta porque no profundizo tanto en lo que leo (sino que disfruto a lo "vulgaris") y, pienso que la obra ha madurado en un punto que no quiero que se termine por las múltiples vueltas de tuerca a las que está siendo sometida.

Al final todo gira en torno a las perversas y miserables relaciones humanas.

Me sumo al comentario de Antonio Aguilera en referencia a lo que apunta Harol Bloom.

Asun dijo...

Este Sancho, con todo lo que parece de avispado y de controlar la relación con su amo, en el fondo es un sensiblón y un tanto inseguro. Primero le pone los puntos sobre las íes a DQ, reivindicando su sueldo, pero en cuanto DQ se le pone un poco tonto y sutilmente le baja los humos haciéndole ver que no precisa de sus servicios, el pobre Sancho se siente ¿minusvalorado? ¿no querido? y automáticamente accede a lo que su amo pida, doblegándose a sus pies.

Real como la vida misma.

Un beso