viernes, 13 de noviembre de 2009

Los párpados de cera.


El Marqués de Bradomín carga con el cadáver de Concha, que ha muerto en sus brazos cuando acudía, ya muy enferma, a entregarse por última vez a quien fuera su amante. El palacio se convierte en un laberinto: Bradomín busca, desesperado, un camino hasta la alcoba de su amada muerta porque no se atreve a pasar por delante del crucifijo que preside el camino más corto. Queda paralizado un momento:

Yo me estremecí, y miré con horror el cuerpo inanimado de Concha tendido en mi lecho. Después, súbitamente recobrado, encendí todas las luces del candelabro y le coloqué en la puerta para que me alumbrase el corredor. Volví, y mis brazos estrecharon con pavura el pálido fantasma que había dormido en ellos tantas veces. Salí con aquella fúnebre carga. En la puerta, una mano, que colgaba inerte, se abrasó en las luces, y derribó el candelabro. Caídas en el suelo las bujías siguieron alumbrando con llama agonizante y triste.

Así atraviesa el palacio, camina por estancias que son, en realidad, habitaciones de su propia alma, sólo iluminadas por la luz de la luna. El silencio sólo es roto por el rumor simbólico del agua de la fuente del jardín. A veces la oscuridad es total y debe andar a tientas. El pelo de ella se enreda en una puerta, el Marqués siente pánico ante la inminencia del amanecer:

En una puerta, su trágica y ondulante cabellera quedó enredada. Palpé en la oscuridad para desprenderla. No pude. Enredábase más a cada instante. Mi mano asustada y torpe temblaba sobre ella, y la puerta se abría y se cerraba, rechinando largamente. Con espanto vi que rayaba el día. Me acometió un vértigo y tiré… El cuerpo de Concha parecía querer escaparse de mis brazos. Le oprimí con desesperada angustia. Bajo aquella frente atirantada y sombría comenzaron a entreabrirse los párpados de cera. Yo cerré los ojos, y con el cuerpo de Concha aferrado en los brazos huí. Tuve que tirar brutalmente hasta que se rompieron los queridos y olorosos cabellos…

Llevo años dando vueltas a esta escena de la Sonata de otoño de Valle-Inclán, tan dramáticamente hermosa, tan arrebatadoramente sensual y trágica. Las Sonatas lo tienen todo para ser un éxito de ventas en la actualidad y es incomprensible que los lectores españoles busquen fuera lo que tienen dentro: quizá estén demasiado bien escritas. Valle lo parodió todo en su obra: el romanticismo, los modernismos, el realismo, las primeras vanguardias. A veces parece que se va a despedeñar por el exceso pero siempre le funciona el texto por la magia de las palabras. Hay algo en la literatura de Valle que nos golpea muy adentro.

Llevo años dando vueltas a este pasaje: he visto esa oscuridad del palacio de Concha, he sentido el peso de su cadáver en mis brazos, el olor de su cabello, el frío en la nuca al atravesar las habitaciones vacías y oscuras. Sé que Valle ha acertado y me ha encerrado, junto al Marqués, en el laberinto de la más alta literatura.

23 comentarios:

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

No todo el mundo tiene la sensibilidad de comprender ciertos pasajes de nuestra literatura...tu eres un privilegiado... llevo años intentando leer poesía... y no puedo... no tengo la ternura suficiente para encontrar la belleza que subyace en las letras del artista que se precia como tal....

TE envidio amigo...en serio.

un abrazo

Silvia_D dijo...

Me ha encantado, Pedro... gracias.

Muchos besos de buenas noches.

Anónimo dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:

- Nadie mejor que Valle Inclán para relatar el terrible momento mágico que envuelve la muerte.

Saludos. Gelu

María dijo...

Tienes razón Pedro, hay algo en la literatura de Valle Inclán que nos golpea muy adentro.

Un beso.

Merche Pallarés dijo...

Bellísimo, conmovedor y desgarrador pasaje. No lo conocía pero es un libro que tendré que leer. Besotes, M.

Silvi (reikijai) dijo...

Pedro...Creo que si.Y es hermoso. Dejame poner mi cabeza en orden; creo tener algo de él,que te puede interesar.Que tengas un lindo fin de semana.Besitos. Silvi.

Hernando dijo...

Para mí es un texto nada tétrico, como dices muy sensual, este texto le envuelve una niebla de amor que se corresponde con la música que desprende esa fontana del jardín, todo es real, la cama dónde tantas veces se han amado, los pasillos del palacio, Concha necesita respirar con su amante fuera de ese palacio y se lo lleva, huye, huyen para que el amor continúe, no tendrán que esconderse, se amarán libremente, de sus ojos ha desaparecido la cera que no la dejaban amar.

Cornelivs dijo...

Bendito laberinto: ojalá estuviera poblado de lectores. Un abrazo.

Selma dijo...

Veo que a tod@s nos ha conmovido la escena, le veo magia y amor, un amor más allá del tiempo y del espacio... Un amor perenne... Se debe salir del laberinto, en busca de espacios soleados, los hay aunque atravesemos zonas de niebla.

Precioso y sugerente texto el que has escogido , Pedro.

Un beso.

Paco Cuesta dijo...

He repasado varias veces el fragmento que nos has dado de Sonata de otoño; hace tanto tiempo, que "no puedo acordarme", leí Luces de Bohemia. Me han regalado dos libros, (de los de ahora), pero salgo a buscar las Sonatas de Valle Inclán. Los otros habrán de esperar su turno. ¡Gracias Pedro!.

elisa...lichazul dijo...

cuando uno lleva años rondando un pasaje
sin duda se hace parte de la piel y en ello va parte de nuestra esencia y nuestra verdad más desnuda

besitos de luz Profe
excelente invitación a leer

María dijo...

Hoy parece que también me adelanto jajaja.

Feliz fin de semana, Pedro.

Un beso.

MAJECARMU dijo...

Esos párpados de cera se mueven, incitando al lector a amar la literatura.. Y tú nos la muestras con pasión y entrega,Pedro.

La literatura clásica guarda una energía imperecedera, que nos suele enganchar..

Mi agradecimiento y mi abrazo.
M.Jesús

jg riobò dijo...

Perfecta entrada.

FERNANDO SANCHEZ POSTIGO dijo...

Crack;) ERes un jugón de la literatura. Un abrazo

elena clásica dijo...

Querido PEdro:

te aseguro que este es uno de los pasajes del gigante Valle que ha resonado en mi mente durante años, desde la primera vez que lo leí. Tenía la imagen de los cabellos enganchados y de ese tirón que arrebata el alma, el amor, y la mejor literatura por los siglos de los siglos.
Genialidad de entrada, reivindicando la maravilla absoluta, que no es tan cerca. Las palabras hondas, la belleza de las formas, la parodia de los estilos literarios, y el ritmo de una prosa que es poesía en un estado de iluminación, como pocos podremos conocer.

Besazos grandes.

Myr dijo...

¿Y podrá el Marqués darle sepultura a Concha? ¿Podrá hacerlo?

¿Y Podrá él abrir las ventanas y las puertas, luego, para que no quedes encerrado en el laberinto de sus letras?

Myr dijo...

PD- Luego: luego del duelo, entiéndase.

Aldabra dijo...

pues eres un afortunado porque al laberinto de la más alta literatura tienen acceso unos cuantos privilegiados (entre los que no me encuentro)

yo pecadora me confieso: no he leído ninguna de las Sonatas pero eso cambiará pronto, no porque te haya leído a ti ahora (que eso también) sino porque ya lo tenía en mente ya que tengo un amigo que siempre me habla maravillas de ellas.


biquiños,

Aldabra dijo...

se me olvidó:

siento que te hayas sentido solo al leer mi poema, de saberlo no lo hubiera publicado, créeme; porque sé del dolor que causa sentir esa soledad.

biquiños, más.

Jan Puerta dijo...

Valle-Inclán, en todo su legado tiene la serenidad necesaria entre sus palabras, para que el tiempo no sea una cauda de olvido. Su vigencia es tal que después de una placida tarde de lectura uno se vuelve más atemporal si cabe.
Un abrazo

Anónimo dijo...

No todo el mundo. al leer éstas obras de arte, puede saborearlas como tú lo haces. Para éso hace falta una sensibilidad especial. Felicidades. Besos Isabel.

Fernando Portillo dijo...

¡Pobre Marqués!Sólo espero que las suculentas carnes de Concha le resultasen en la muerte tan livianas como lo fueron en vida.