jueves, 15 de octubre de 2009

Una lección de esgrima (Cap. 2.19)


Todo en este capítulo habla de lo mismo aunque no lo parezca. Cervantes, como ha hecho en otras ocasiones, explicita un mismo tema en varios niveles argumentales. En este caso, que el arte vence siempre a la naturaleza, un tema habitual en los debates literarios desde la antigüedad, con lo que Cervantes juega, de nuevo, a la metaliteratura.

A poco de abandonar la casa de don Diego, don Quijote y Sancho se encuentran con un grupo de viajeros y, como ya hiceran en la primera parte o con el mismo caballero del verde gabán, deciden caminar juntos.

Los viajeros son dos labradores -uno de ellos escribano- y dos estudiantes -un licenciado y un bachiller, Corchuelo, cuyo nombre nos sorprende sin ser presentado-. Tras admirarse de la figura y palabras de don Quijote -quien se presenta como caballero andante una vez más ante quien no lo conoce-, le informan de que acuden a la próxima boda de un labrador rico de la zona, Camacho, y una joven hermosa, Quiteria. Su relato nos predispone contra el primero, que hace ostentación de su riqueza (enrama todo un prado en el que se celebrará la boda) quizá para ocultar que su linaje no es tan antiguo o tan limpio como el de su prometida. Además, por ellos nos enteramos de que hay otro labrador, Basilio, vecino de la joven, que anda apesadumbrado porque la ama desde la infancia. Los padres de Quiteria, tal y como corresponde a la convención social, han elegido a Camacho por su riqueza sin respetar los sentimientos de su hija. Es decir, el mismo tema de los obstáculos al amor desarrollado en el segundo poema del hijo de don Diego.

Sancho ejerce de receptor popular -y moderno- de la historia relatada y reacciona como cualquiera de nosotros: poniéndose de parte de Basilio. Don Quijote, en cambio, pretende restablecer el orden en la convención del momento, defendiendo la bondad de los matrimonios concertados frente al amor pasional. Pero no reaccionemos contra él hasta ver cómo se desarrolla la historia, puesto que su reacción inicial, aparte de respetar las convenciones sociales pretende remarcar el tema anunciado.

El caso es que, en la contrarréplica de Sancho (que defiende la posición de Basilio porque en las horas que faltan para la boda Quiteria puede negarse, en virtud del amor -y de la delgada línea que separa un de un no en una mujer-, a aceptar la boda ya concertada), el escudero encadena una sarta alocada de refranes y un error lingüístico que hace que don Quijote le llame prevaricador del buen lenguaje. Sancho se defiende aduciendo que él no ha podido aprender el arte de la palabra, lo que provoca la intervención en la discusión de los dos estudiantes, que algo de gramática -de la de los libros y de la parda- saben.

El licenciado y el bachiller se enzarzan en una discusión sobre el arte de la esgrima y luchan entre ellos para demostrar quién lleva razón. La victoria del primero confirma que el arte es superior a la fuerza natural.

Y todo ello con un inicio de capítulo en el que el narrador lo supone todo sin dar nada por cierto (nueva forma de destruir su credibilidad).

Tenemos, pues, el mismo tema desarrollado en la torpeza lingüística de Sancho y la esgrima (y en el adorno del prado pagado por el labrador rico, que lo ordena y embellece según el concepto clásico). Estos dos ejemplos sirven de explicitación de lo que sucederá en las bodas de Camacho. Pero no adelantemos cosas que trataremos el próximo jueves, en el comentario del capítulo XX. Por ahora, dejemos a don Quijote y Sancho -mal que le pese a éste- dispuestos a pasar la noche al aire libre.

35 comentarios:

pancho dijo...

CAPÍTULO 2.19
Tras los cuatro días de vida cartujana en casa de Doña Cristina y marido, DQ y S se echan al camino; el primero con la satisfacción espiritual de haber tenido la oportunidad de contemplar a Dulcineas varias con forma de tinajas tobosescas y el escudero con la más prosaica satisfacción de tener resuelto el asunto de la intendencia para unos cuantos días, gracias a la generosidad de la casa del silencio.

Tienen suerte los caminantes, esta vez no son leones con los que luchar ni de los que huir, sino dos labradores que volvían de la feria, cargados con el producto de lo que antes habían vendido en el mercado y dos estudiantes que, por único equipaje, portaban las herramientas de la esgrima. A lomos de monturas más ágiles que nuestros protagonistas, al ya conocido paso corto de Rocinante hay que sumarle el peso de las alforjas bien repletas de S. Invitan a los cuatro a que les acompañen para que el camino se haga más llevadero en compañía, una vez que han acompasado el ritmo de la marcha. Se dirigen al enlace del rico hacendado, Camacho, con Quiteria hermosa. Los entendidos comentan que la estirpe de ella le supera en raigambre y pureza de sangre. En este caso “pecata minuta” pues : “las riquezas son poderosas de soldar muchas quiebras”. Sin embargo, el morbo ahora consiste en descubrir cuál será la reacción de Basilio, El Despechado, vecino pobre que la conoce desde niño. No hay vez que la belleza se halle ayuna de admiradores. En lugar de buscar a otra, el pobre anda por ahí, levantando la vista del suelo, únicamente para maldecir su mala suerte.

DQ y S, ambos, tienen una opinión clasista, tradicional del matrimonio, pero con algunos matices que la diferencian. Para S, un matrimonio que no sea entre iguales está abocado al fracaso; no admite el desnivel social en el enlace. DQ, sin embargo, tira al monte de la Ley de Caballería y concede a Basilio el derecho de casarse con quien quiera, en este caso Quiteria , porque la conoce desde chico y porque es correspondido al ser un buen mozo deportista. Al mismo tiempo, concede a los padres la potestad para intervenir. Posteriormente, señala que es el interesado el elector ya que es para siempre, eso es mucho tiempo y hay que hacer las cosas con tiento.

pancho dijo...

Como podemos observar, lo único que no contempla el Hidalgo es la opinión de la mujer en la elección. La mujer sólo existe como compañía del marido. Pero he aquí que rectifica un tanto, suavizando su punto de vista, al admitir que la compañía no puede ser mercadería en compra y venta. ¡Qué astuto está DQ ¡ como en tantas cosas, con su ambigüedad se nos escapa de darnos una opinión clara y precisa sobre la cuestión.

La transición del tema del matrimonio a la pelea de espadanchines la realiza una intervención de S con un asunto de gramática y niveles de lengua, con la oportuna respuesta del Caballero y la apostilla del Licenciado que dice que el estudio de la lengua tiene que llevar a las “palabras claras, llanas y significantes”, nunca al retorcimiento grandilocuente y retórico. Esto da pie al Bachiller, Corchuelo, a echar en cara al Licenciado que si se hubiera dedicado más al estudio de la lengua que a la esgrima, habría terminado el primero de su promoción y no el último.

En el consiguiente combate de esgrima entre los dos, la maña, humildad, habilidad y discreción del Licenciado dan una lección a la bravuconería, fuerza bruta e insolencia de Corchuelo, con DQ de maestro de ceremonias: “Quiero ser el maestro de esta esgrima y el juez de esa muchas veces no averiguada cuestión.”

El sonido de la música, las danzas y cánticos de las cuadrillas, junto al ajetreo de los empleados por terminar los preparativos, invitan a los seis del camino a unirse al regocijo, atraídos por las luminarias que para día tan grande ha preparado Camacho. Todos aceptan la invitación excepto DQ que se disculpa por no faltar a los preceptos de la Ley de Caballería, con el disgusto de S, que no tiene más remedio que echar mano de las alforjas y de la manta de viaje para pasar la noche al raso.

Alatriste dijo...

Algo que me llamó la atención aquí es precisamente el tema en que se trata el asunto de la limpieza de sangre.

porque se han de celebrar en un prado que está junto al pueblo de la novia, a quien por excelencia llaman Quiteria «la hermosa», y el desposado se llama Camacho «el rico», ella de edad de diez y ocho años, y él de veinte y dos, ambos para en uno, aunque algunos curiosos que tienen de memoria los linajes de todo el mundo quieren decir que el de la hermosa Quiteria se aventaja al de Camacho; pero ya no se mira en esto , que las riquezas son poderosas de soldar muchas quiebras

y es que esas palabras subrayadas parecen efectivamente afirmar que a esas alturas (comienzos del s-XVII) el tema de si uno tenía o no antepasados judíos podía parecer que ya no importaba en la sociedad, más aún teniendo en cuenta que resultaría harto complicado saber quién había tenido o no, algún judío en la familia hacía cien más de cien años.

Y a pesar de esa primera idea de tolerancia, Cervantes poco después nos pinta la típica historia caricaturesca y mal intencionada del judío rico que intenta comprar con dinero a una hermosa jovencita cristiana.

No quiero adelantarme a los acontecimiento pero la historia de las bodas de Camacho se las trae en ese aspecto.

Atendiendo al otro asunto del capítulo: el duelo entre el licenciado y el bachiller; me gustaría resaltar que de haber escrito la historia el gran Quevedo - y de ser cierta las historias al respecto - el resultado hubiera sido otro. Y es que Cervantes bien parece mostrase más amigo de la esgrima libresca de Carranza o Pacheco muy en boga en la época.

y si queréis que os lo muestre con la experiencia, espadas traéis, comodidad hay, yo pulsos y fuerzas tengo, que acompañadas de mi ánimo, que no es poco, os harán confesar que yo no me engaño. Apeaos y usad de vuestro compás de pies, de vuestros círculos y vuestros ángulos y ciencia, que yo espero de haceros ver estrellas a medio día con mi destreza moderna y zafia, en quien espero, después de Dios, que está por nacer hombre que me haga volver las espaldas, y que no le hay en el mundo a quien yo no le haga perder tierra

Un saludo Pedro

eva-la-zarzamora dijo...

En esos cruces de espadas, nadie salió indemne, ni literaria ni política ni... tú me entiendes, espero.
Bs Pedro.

Silvia_D dijo...

Voy a leer el capítulo :)

Cornelivs dijo...

Asi es Pedro, extraordinario y exhaustivo tu analisis, como siempre. Si, se veran muchas y grandes cosas en estas bodas.

Publicada mi contribución al grupo de lectura.

Un abrazo.

Merche Pallarés dijo...

SaCAPÍTULO XIX

Este capítulo nos ofrece un mosaíco de situaciones, anteriormente descritas. El encuentro con bachilleres, licenciados y labradores. Amores desencontrados; disquisiciones sobre las mujeres y el matrimonio; rifirrafe con Sancho; diferencia entre la fuerza bruta o el intelecto.

Quijo se encuentra con “dos cómo clérigos o como estudiantes y con dos labradores”. Sabiendo que iban en la misma senda, Quijo les “ofreció su compañía y les pidió detuviesen el paso, porque caminaban más sus pollinas que su caballo...”. Ellos le preguntan quién es y el les dice que “don Quijote de la Mancha” tambien conocido como el “Caballero de los Leones”. “Todo ésto para los labradores era hablarles en griego o en jerigonza pero no para los estudiantes...”. Éstos se percataron de que le faltaba un tornillo a nuestro héroe pero mismo así le invitan a que les acompañe a la boda de la bella Quiteria “la hermosa” con Camacho “el rico”. Se comentaba que ella tenía más alcurnia que su prometido pero “las riquezas son poderosas de soldar muchas quiebras”. Claro que ella a quien verdaderamente quería era a Basilio. Su amor de infancia “...el más agil mancebo, gran tirador de barra, luchador extremo, gran jugador de pelota, corre como un gamo, salta más que una cabra, birla a los bolos, canta como una calandria y toca una guitarra, que la hace hablar, y sobre todo, juega una espada como el más pintado”. “Por esa sola gracia merecía ese mancebo no sólo casarse con la hermosa Quiteria, sino con la misma reina Ginebra” dice Quijo. Pero el padre le arregló ésta coyunda por intereses económicos. El despechado Basilio va a llorar su desdicha al valle de lágrimas (donde seguro se encontraría con el cabrero y los pastores tambien ignorados por Leandra).

Aquí sigue una disertación sobre el matrimonio por parte de Quijo. Está muy bien que los padres arreglen los matrimonios porque si la decisión recayera en la cabeza de chorlitos de la mujeres, éstas escogerían al primero que vieran por el camino. Éstas si pudieran escoger “...tal habría que escogiese al criado de su padre, y tal al que vio pasar por la calle, a su parecer, bizarro y entonado... el amor y la afición con facilidad ciegan los ojos del entendimiento...” y el matrimonio, no lo olvidemos, es un compartir cama, mesa y todo per secula seculorum hasta que la muerte les separe.

Sancho intercede con su conversación besuguesca, diciendo que “...el amor, según yo he oido decir, mira con unos antojos que hacen parecer oro al cobre, a la pobreza, riqueza, y a las legañas, perlas”. Quijo, para variar, se enfada con Sancho “¿Adónde vas a parar, Sancho, que seas maldito?” (Cuando empezaba con sus refranes y cuentos no le podía esperar sino el mismo Judas que le llevase). “Dime, animal, ¿qué sabes tu de clavos, ni de rodajas, ni de otra cosa ninguna? (porque anteriormente SaCAPÍTULO XIX
ncho había dicho “¿por ventura habrá quien se alabe que tiene echado un clavo a la rodaja de la fortuna?”). (Sancho dice que si no le entiende tururú que te vi porque al fin y al cabo “...no hay para qué obligar al sayagués a que hable como el toledano...”).ncho había dicho “¿por ventura habrá quien se alabe que tiene echado un clavo a la rodaja de la fortuna?”). (Sancho dice que si no le entiende tururú que te vi porque al fin y al cabo “...no hay para qué obligar al sayagués a que hable como el toledano...”).

Continua

Merche Pallarés dijo...

Perdonad. Qué mal se ha copiado la primera parte... a ver qué pasa con la segunda...


Entra el licenciado defendiendo a Sancho “El lenguaje puro, el propio, el elegante y claro, está en los discretos cortesanos, aunque hayan nacido en Majalahonda...” “Yo, señores, por mis pecados, he estudiado cánones en Salamanca, y pícome algun tanto de decir mi razón con palabras claras, llanas y significantes.” Uy, uy, uy... salta el bachiller Corchuelo (mismo apellido que el padre de Aldonza Lorenzo...) diciéndole que si usara menos la espada que las palabras no hubiera quedado último de su promoción. El licenciado le reta a un duelo para mostrarle que está en la más “...errada opinión del mundo acerca de la destreza de la espada, teniéndola por vana.”

Corchuelo acepta el reto porque he “...de haceros ver estrellas a medio día...” Quijo se ofrece a ser el juez del encuentro. Se apeó de Roci y “asiendo su lanza se puso en la mitad del camino...” “Los otros dos labradores, sin apearse de sus pollinas, sirvieron de espectadores en la mortal tragedia”. “Las cuchilladas, estocadas, altibajos, reveses y mandobles que tiraba Corchuelo eran sin número, más espesas que hígado y más menuda que granizo.” Éste arremetía como “...un león irritado...” pero el licenciado le salía al encuentro con un “...tapaboca de la zapatilla de la espada, que en mitad de su furia le detenía y se la hacia besar como si fuera reliquia...” Total, que gana el licenciado y queda demostrado cómo “la fuerza es vencida del arte”.

Corchuelo reconoce su error “de haber caido de mi burra”, se abrazan, reafirman su amistad y siguen camino de la boda. Acercándose, ya escuchan “flautas, tamborinos, salterios, albogues, panderos y sonajas” anticipando la juerga del casorío. Los estudiantes le ofrecen alojamiento pero nuestro Quijo prefiere dormir a la intemperie como hacen los caballeros andantes, muy a disgusto de Sancho que se acuerda de la comodidad de la casa del verde.

Seguiremos con el XX. Besotes, M.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Lo bueno de venir aqui es por las pinceladas de experiencia que imprimes...como no podía ser de otra menera... nos das una nueva lección: el tema de la metaliteratura...

Yo también me di cuenta en la no presentación de los personajes...y el esgrima...eso si que me llamó la atención.

Un abrazo amigo y seguimos

DESPLAZADOS AL PARAISO dijo...

Una vez más, Sancho se pone de parte de la gente humilde y sencilla como es el labrador Basilio, cosa que Don Quijote no hace.
A ver si el "Caballero de los Leones" (como se presenta ante los caminantes)cambia de opinión en el siguiente capítulo.
Un besote, muuuuacks

Antonio Aguilera dijo...

Después de haber leído el capítulo, pero sólo una vez y sin consultar información complementaria, he decidido estimado Pedro, no publicar en mi revulsivo por falta de maduración.

Y es que andamos por estos lares "cocinando" un proyecto del cual daré cuenta en mi blog en breve.
Paso a decir algo sobre la pretendida boda de Camacho...

Antonio Aguilera dijo...

Retoma, el amigo Cervantes, otro tema al que tiene aprecio (ya vimos en el cap. anterior cómo abordó de nuevo La Poesía, incluyendo un par de composiciones en él), como es el pastoril. Ahora es sobre el amor frustrado de la bella Quiteria (ellas siempre muy bellas) y el humilde Basilio. Frustrado porque los contubernios entre los padres de los pretendientes hacen fracasar los enlaces por amor: aquí lo que prima es la "pasta gansa".

Para conseguir una buena pieza pastoril se necesitan unos ingredientes que Cervantes conoce a la pefección: el marco, un verde y extenso prado (¡si lo pillara mi amigo el cabrero!); importante acontecimiento social, la boda; la intriga la proporciona el hecho de que la bella Quiteria no está enamorada del rico camacho sino del "atlético" Basilio, quien ideará un plan para raptar a última hora a su amada Quiteria, unas ficticias Bodas de Sangre (a Lorca hay que tenerlo siempre en las "mientes").

Bueno, esta es mi pequeña y "probe" aportación de esta semana. Pido diculpas por no haber estado centrado en el texto integramente mientras lo escribía: entraron varios clientes a la oficina, uno de ellos acusaba a mi pienso de que se la hayan muerto los conejos...descansen en paz.

Saludos Pedro y paseantes.

El Ente dijo...

En todas las Bodas hay escenas en las que uno, despues de la resaca, y si la memoria no falla..., vuelve a reirse, o a llorar segun el caso, de todo lo que ha ocurrido... comentarios, murmullos, cuchicheos, risas, bailes, y por que no alguna que otra discusión...

En definitiva... que no falte el arroz... jejejeje..

Un fuerte abrazo y gracias como siempre por regalarnos estas entradas Pedro..

São dijo...

Mais uma análise completa de tua parte e como sempre!

Un fuerte abrazo, Pedro mio.

Silvi (reikijai) dijo...

Tarde ... pero seguro,la conjutivitis,me limita.
Sancho y la "prevaricación del buen lenguaje" que le reprocha don Quijote.

«—¿Adónde vas a parar, Sancho, que seas maldito? —dijo don Quijote—. Que cuando comienzas a ensartar refranes y cuentos, no te puede esperar sino el mesmo Judas, que te lleve. Dime, animal, ¿qué sabes tú de clavos, ni de rodajas, ni de otra cosa ninguna?
—Oh, pues si no me entienden —respondió Sancho—, no es maravilla que mis sentencias sean tenidas por disparates; pero no importa, yo me lo entiendo y sé que no he dicho muchas necedades en lo que he dicho, sino que vuesa merced, señor mío, siempre es friscal de mis dichos y aun de mis hechos.
—Fiscal has de decir —dijo don Quijote—, que no friscal, prevaricador del buen lenguaje, que Dios te confunda.
—No se apunte vuestra merced conmigo —respondió Sancho—, pues sabe que no me he criado en la corte, ni he estudiado en Salamanca, para saber si añado o quito alguna letra a mis vocablos. Sí, que válgame Dios, no hay para qué obligar al sayagués a que hable como el toledano, y toledanos puede haber que no las corten en el aire en esto del hablar polido».
Que tengan un lindo fin de semana...Aqui el domingo es el dia de la madre y se adelantan los relojes 1 hora.

Selma dijo...

No es la primera vez que lo confieso, pero soy una romántica empedernida y me alineo con Sancho, me apiado de Basilio y como no, de Quiteria, quien en esta boda “arreglada” poca cosa puede decir...
Y no sé si resistiré a la tentación de leer el siguiente capítulo...

De DQ, sí pero no, lo de su misoginia.. No acaba de quedarme clara su postura sobre la posibilidad de decidir o no, la mujer, sobre su destino, respeto por las convenciones o convicción profunda la de nuestro Caballero...la frágil, como mencionas, línea entre el sí y el no..

¡Esas bodas de nuevos ricos! ¡Qué poco han cambiado las cosas!

Comentario apresurado el mío.. Pedro, pero aquí estoy y feliz de estar contigo, de leer tu magnífica exposición y con todos nuestros Amigos, cuyos comentarios son cada vez más insuperables.

Besos para ti y para todos..

PD: ¿Doña Cristina, se casó Vsted por amor, o la casaron?

elisa...lichazul dijo...

wowow profe
touche!!:P

que tengas un excelente fin de semana

Abejita de la Vega dijo...

Me casaron, Selmita, me casaron.
Esta semana ha salido del limbo el personaje llamado Corchuelo.La que maneja el extraño artefacto está en ello.
Besos

Selma dijo...

Me lo imaginé Doña Cristina..
Con todo el atrevimiento de que es capaz una nómada del desierto he ido corriendo a conocer a este Hermoso Bachiller Corchuelo...Y no me ha defraudado, Pardieu! ;-)

Merche Pallarés dijo...

Tambien me imaginé que doña Cristina fue casada porque el verde era de posibles... Besotes, M.

Abejita de la Vega dijo...

Al guien, con un libro en la mano, más un extraño y luminoso artefacto, se ha interesado por mí, sacándome del limbo en que habitamos los personajes secundarios del Quijote. Soy el bachiller Corchuelo y aparezco, con voz propia, en el capítulo XIX, en la segunda parte de la citada obra. No me quejo… Existe otro limbo, más silencioso, para personajes sin voz, con la sin par Dulcinea, al frente. O Aldonza Corchuelo, que tanto monta. La familia de mi padre procedía del Toboso y tal vez algún lejano parentesco…

Aparezco coincidiendo en el camino con Don Quijote y Sancho. Soy estudiante y mi compañero también, aunque nuestras sotanillas puedan relacionarnos con la clerecía. Nuestro equipaje de lo más ligero: un simple lienzo de bocací enrollado me sirve de portamanteo, por el que asoma mi única camisa blanca, además de mis recosidas medias de lana; mi compañero sólo porta sus espadas con zapatillas.

Vamos acompañados circunstancialmente por dos labradores, cargados con las provisiones adquiridas en la villa. Los cuatro venimos sobre pollinas, los cuatro estamos en ascuas por saber quién es el extraño caballero, tan “fuera del uso de los otros hombres”. Su caballo va lento, nuestras borricas son Pegasos, con alas en los pies…el caballero nos pide que detengamos el paso. Nos ofrece su compañía y se presenta como “don Quijote de la Mancha”, caballero andante en busca de aventuras. Los labradores no entienden; pero nosotros, ávidos lectores de novelas de caballerías, no podemos dejar de admirar a este singular loco.

Algunos meses han pasado desde que me gradué como bachiller, mientras mi compañero finalizaba sus estudios como licenciado, en la misma “Alma mater”. Y, durante ese tiempo, no hemos encontrado el camino que conduce a nuestra aldea manchega, donde nos esperan nuestros padres, labradores medianamente ricos. Bueno, los de mi amigo lo son un poco más.

Para poder sobrevivir, vendimos libros, ropa…A mí me queda la pollina, la ropa que me cubre, el bocací, una camisa y dos pares de medias. Al licenciado, lo puesto, dos espadas con sus zapatillas. ..y la pollina.

La mejor salsa es el hambre y, aderezados con esa salsa, hemos comido tagarninas, piruétanos y cabrahígos. Alguna gallina despistada, algún palomino caído del palomar…Mas demos gracias a Dios, que nuestra aldea está cerca de aquí y, en casa de nuestros padres, nos espera el ternero bien cebado del hijo pródigo…

En un cruce de caminos, encontramos a un viejo criado de mi casa que, además de asegurarme que mi padre me recibiría con los brazos abiertos, nos contó que Camacho, el más rico de nuestro lugar, iba a casarse con la bella Quiteria. La noticia nos causó asombro, puesto que todos sabíamos que Basilio “se enamoró de Quiteria desde sus tiernos y primeros años”. Pero el padre de la bella muchacha” ordenó de casar a su hija con el rico Camacho, no pareciéndole ser bien casarla con Basilio, que no tenía tantos bienes de fortuna como de naturaleza”

En la venta, nos cuentan que van a ser las bodas más ricas que se han visto en mucho tiempo. Un prado totalmente enramado para que no entre el sol, danzas con espadas, con cascabeles. Y Basilio, desesperado, no come, no duerme, no vive; el sí de la novia ha de ser su sentencia de muerte. El licenciado y yo decidimos saciar nuestra curiosidad…y nuestra hambre.
Mañana sigo. Un abrazo.

Merche Pallarés dijo...

¡Genial Corchuelo/Abejita! Besotes, M.

Abejita de la Vega dijo...

Volvamos al momento en que el gran don Quijote de la Mancha se une a nuestro grupo viajero y pollinesco. Contemplamos divertidos al loco y, con la mirada, mi amigo licenciado me anima a tirarle de la lengua. Nada mejor que entrar en su terreno y dirigirnos a él como a un caballero andante, recién salido de nuestras novelas favoritas: “Vuestra merced, señor caballero, no lleva camino determinado, como no lo suelen llevar los que buscan las aventuras…” Y, de paso, le invitamos a acompañarnos a la boda de Camacho y Quiteria. De muestra curiosidad y le cuento la historia del triángulo Quiteria-Basilio- Camacho. Sus razonamientos nos dejan con la boca abierta y rectifico, que es de sabios. En su cerebro, no hay flaqueza alguna ¿o sí?
Le habíamos dado detalles de la boda: la riqueza y liberalidad del novio Camacho, las edades adecuadas, la belleza de la novia y su linaje más limpio, su vecindad desde niña con Basilio, pared con pared como una nueva Tisbe, la decisión interesada del padre…Más las habilidades del rival en diferentes ejercicios, menudo atleta…y lo que más valoró nuestro loco cuerdo: su destreza con la espada.
Don Quijote nos dio un juicioso discurso acerca del derecho de los padres a elegir pareja para sus hijos, sobre todo para sus hijas. Si se casasen todos los que bien se quieren, desaparecería esa “juridición” paterna. Las mujeres, ya se sabe su debilidad, suelen elegir lo que menos les conviene. Se enamoran del primer guapo, o simpático, que se pone delante de sus ojos. El matrimonio es un viaje largo y para toda la vida; hay que elegir una buena compañía…sólo la guadaña de la muerte corta el nudo. Lo de siempre…lo que dice mi padre y ya decía mi abuelo. A mí tan tontas no me parecen…no las veo yo así. No son gallinas que se vayan picar mierda, teniendo trigo al alcance.
Estamos hablando de la sentencia de muerte que caerá sobre Basilio, con el sí de Quiteria; entonces interviene su criado, el tal Sancho, que habla…cómo habla. Crece nuestro asombro, al escucharle su defensa de la libertad para los enamorados. ¿Quién sabe lo que nos depara la “rodaja “de la Fortuna ? Basilio y Quiteria vivirán felices, ya que el amor “mira con unos antojos que hacen parecer oro al cobre, a la pobreza, riqueza, y a las lagañas, perlas.”¿Quién ha puesto palabras tan bellas en un rústico?
A don Quijote le irritan las palabras de su criado, qué sabrá él; pero Sancho sabe que sus palabras no son tan desacertadas. Su señor siempre es “friscal” de sus dichos y sus hechos. Y le amonesta por decir friscal en vez de fiscal y le llama prevaricador del lenguaje. Y el rústico se defiende, qué buen razonamiento el suyo; que él ni es cortesano ni ha estudiado en Salamanca. Mi compañero, el licenciado, que hasta ahora no había abierto la boca, completa el razonamiento de Sancho cuando éste alega que no puede hablar el sayagués como el toledano y, aún así, no todos los toledanos hablan bien.
¡Cuánto le gusta presumir de estudioso y bien hablado a mi amigo! Oídle: “Yo, señores, por mis pecados, he estudiado cánones en Salamanca, y pícome algún tanto de decir mi razón con palabras claras, llanas y significantes “. ¡A mí me va a venir con su superioridad académica! Creo que es el momento de hacerle bajar un escalón. Y le lanzo, cógela amigo, que hubiera sido el primero de su promoción, y no el último, si no presumiera de manejar mejor las espadas que la lengua. Me contesta, cómo no, recalcando mi condición de simple bachiller y respondiéndome que ando errado en mi opinión acerca de la ciencia de la espada.

Abejita de la Vega dijo...

Le replico que no es opinión sino verdad y que se lo demostraré con mis pulsos y fuerzas, sin círculos, ángulos ni zarandajas de ésas. Yo le haré ver estrellas a mediodía y él me hará poner pie en mi sepultura. Nos dedicamos lindezas de este estilo y terminamos batiéndonos, a ver quién puede más si mi fuerza o su destreza estudiada.
Don Quijote quiere ser el juez y, asiendo de su lanza, se pone en la mitad del camino, cuando ya el licenciado va contra mí. Tiro “cuchilladas, estocadas, altibajos, reveses y mandobles sin número”. Me siento como un fiero león pero, de nada me sirve. Me sale al encuentro un tapaboca de la zapatilla del licenciado, la cual beso como a una reliquia, pero sin devoción.
Finalmente, me cuenta a estocadas todos los botones de mi sotanilla, convierte mis faldamentos en colas de pulpo y derriba mi sombrero. Estoy tan agotado que arrojé la espada casi tres cuartos de legua, de lo cual dio fe uno de los labradores viajeros, el cual era escribano. Lo reconozco: la fuerza es vencida por el arte. El buen Sancho me aconseja que no desafíe a nadie a esgrimir, que me dedique a otros ejercicios en los que vale la fuerza.
Estoy contento, a pesar de todo, por haberme “caído de mi burra”. Abrazo al licenciado y ahora somos más amigos que antes. Seguimos nuestro viaje y no esperamos al que ha ido a buscar la espada, que tardará en volver, buen lanzamiento el mío.
En lo que quedaba de camino hasta nuestra aldea, la de Quiteria, mi amigo el licenciado nos da una lección con razones demostrativas, figuras y demostraciones matemáticas. Todos convencidos y yo reducido.
Llegamos de noche, resplandecen las estrellas, suenan las flautas, los tamborinos, las sonajas…Los árboles lucen luminarias, el viento es tan manso que no las apaga, los músicos cantan o bailan en cuadrillas, en el prado corre la alegría y salta el contento. Va a haber representaciones y danzas para solenizar las bodas de Camacho y las exequias de Basilio.
Don Quijote se niega a entrar en la población porque un caballero andante ha de dormir en campos y florestas. Las costillas de Sancho añoran las comodidades de la casa de don Diego.
Un abrazo a todos

Señor De la Vega dijo...

Mi Señora Abejita de la Vega,
Qué bello honor para el apellido que nos honra, representa su simpar comentario encadenado, que hasta eso lo hizo con maestría.
Justo es de ley reconocer su arte, ya demostrado anteriormente asumiendo otros personajes, nunca secundarios entre sus manos.
Su lectura es miel y placer que no empalaga.
¡Cuán gozoso domiría Cide Hamete de verse por tal excelencia acompañado!.
Suyo, Z+-----

Señor De la Vega dijo...

Mi estimado Señor Ojeda

Siendo hoy jueves y día de Boda y habiéndome yo entretenido en el ágora del pueblo pues no faltaban motivos ni pingüinos, no quería tomar unos días de asueto y silencio, sin dejar mi impronta en esta entrada, desde una singular despedida de solteros.

Quien haya leído la contundente explicación suya, habrá entendido todo, pues Cervantes nos adelanta aquí, que armas ha elegido en los próximos capítulos, para las cuitas que terminarán en duelos.

Hablé en la entrada de los lunes, del matrimonio concertado, y abrazando mi corazón más a Sancho que al Quijote, acabé defendiendo que en la vida sentimental la duda es razonable y nada es blanco ni negro, porque hombres y mujeres yacemos con igual dependencia en convenciones necesarias o enérgicas pasiones, aunque lo segundo acabe y lo primero siga siendo pesante, como el sexo y la falta de seso.

Cervantes antes de pasar página y que empiece el juego y pantomima, a través de sus personajes, muestra todas las armas sobre la mesa, porque él sabe que razonar sobre cualquier tema sin haber visitado los mejores argumentos de teorías contrarias, sería para el que usa la dialéctica en el combate como empuñar cuchillo cuando se enarbolan lanzas.

Feliz estoy, porque siendo yo El Zorro espadachín, esta entrada me viene como anillo al dedo y así me relamo y me lo chupo.
...CONTINÚA...

Señor De la Vega dijo...

...CONTINUACIÓN...
No disertaré sobre los tecnicismos utilizados para detallar el duelo entre estudiantes, es fácil leer su explicación en Internet desde ediciones comentadas, a quien desee completamente comprenderlo.
Tampoco del paralelismo entre esgrima y oratoria, algo que al ser yo palabra llevo dos años trabajando, a veces con suerte, otras no tanto, pues ni mi ánimo se alegra, y avergonzado en el camino cuando caigo en el mal uso de este arma negra del lenguaje.

Sí me gustaría fijarme, en el aprendizaje de Sancho, que ha evolucionado hasta enfrentarse a Don Quijote usando su verbo, quizás a veces burdamente pero otras digno y siempre con fondo y desparpajo.
Abandona el rústico, la caña de los refranes, sin olvidarlos y se lanza con el uso de la espada dialéctica donde, no se queda manco.
Este crecimiento ya anticipado, junto al símil de esgrima en este capítulo, abrirá entre los tiradores protagonistas Cervantinos, tal afloja y tira, tal choque de fierros, que parecerá otra historia.
Cada uno en su estilo, pero contundentes, y de tan igualada liza, que tendrán siempre el oído pendiente para la defensa o ataque. Don Quijote inmediatamente se da cuenta y evoluciona con ello, ya veremos. Baste decir que responde con sus mejores artes, sus más estudiada esgrima, sin bajar la guardia, muy al contrario, y aunque en cada burla a Sancho se exceda, solo demuestra con ello su temor a perder su posición de líder y le quedan pocos resquicios para mostrarse loco, si Sancho en tanto pudiera pasar por tan discreto y sabio.
...CONTINÚA...

Señor De la Vega dijo...

...CONTINUACIÓN...
Este capítulo, acertado como la mayoría, vuelve a presentar a un Cervantes exquisito en sus semejanzas y metáforas, conocedor de su tiempo, de las letras y ciencias que imperan, así como modas, técnicas y tecnologías, y como lo ve o estudia, lo escribe, avanzando en su mundo y rescatando su pasado.
Sería la época que El Quijote ensalza, (sin desmerecer a italianos y franceses) la que sentaría las bases de la única disciplina olímpica con denominación de origen hispana. La esgrima.

Aunque debo ser justo con la mejor espada y acero del mundo, la japonesa, siempre que tengamos en cuenta que en Europa no existían artes marciales que fusionar con nuestros hierros o disciplina de por vida donde educar a nuestros espadachines para transformarlos en caballeros Samurais. (A excepción de personajes literarios o pseudo, como nuestro maestro Don Quijote o D'Artagnan, por ejemplo). Así que el duelo a espada como juicio divino y repertorio de artes, fue la tendencia europea, mientras en la guerra ganó al primer asalto, la efectiva y oriental pólvora china.
Pero también es cierto que el combate con espada de origen español, heredó lo mejor de su uso caballeresco con honor y justicia, eso sí, con aires de justa pretenciosa, y con todo acabaría dejando muchos muertos por Europa, Asía, América... y mucha deshonrada mancha roja, en cualesquiera de los estilos de esgrima clásica: española, italiana, alemana, francesa...

Pero anticipa el visionario Don Miguel de Cervantes, su mejor uso, dejando a los estudiantes jugar y debatir con las espadas, para olímpicamente acabar siendo más amigos, con juego limpio y echando un guiño al lanzamiento de jabalina y también de peso o de martillo.
La violencia física no cabe, cuando de lo que trata en todo el capítulo y futuros, es del arte esencial de la palabra, vencedora de duelos, de batallas y guerras. Cervantes, en un alarde de inteligencia creativa, demuestra en el s. XVII, que se puede narrar y divertir, tratando todos los temas sin que mueran personajes, así con oficio y sin ser burda fotografía de las barbaries acaecidas en su presente, acaba siendo maravilloso caleidoscopio de las pulsiones humanas y sus pensamientos, no solo de su tiempo sino de cualquier otro.
Incluso todos los personajes secundarios, tienen algo que decirnos, con entrada y salida, pero lo más importante, con poso para relamerse. Y así, el diálogo acompaña en el camino, las descripciones se engalanan donde un poco más adelante, la buena compañía se transformará en boda y la felicidad con gula llenará las páginas, para que todos quedemos invitados y tocados por su gracia.

Suyo y en guardia, Z+-----

Merche Pallarés dijo...

Ay, SEÑOR DE LA VEGA, ¡qué preciosidad lo que ha escrito! A sus pies, M.

BIPOLAR dijo...

capítulo "simple" y ameno.

destaco:
-C asimila la falta de entendederas al nivel social (labradores-estudiantes)

-caminaban más sus pollinas que su caballo. (pobre Rocinante, una vez más).

-..."de la propia mujer no es mercaduría que una vez comprada se vuelve, o se trueca o cambia, porque es accidente inseparable, que dura lo que dura la vida: es un lazo que si una vez le echáis al cuello, se vuelve en el nudo gordiano, que si no le corta la guadaña de la muerte, no hay desatarle". (tremendo)

Señor De la Vega dijo...

Les dejo esta noticia de Europafrehs, encontrada gracias al buscador Guuguel, que nos habla de La Acequia con fecha 28 de Diciembre 2009.
"El Juez Garçon abre diligencias de ilegalización contra 'La Acequia', blog bajo la tapadera de cultural y ecléctico pero de tendencias de lectura en grupo, orgiásticas, misóginas y cervantinas.
Dos Guardia Civiles manchegos (uno bachiller y otro licenciado) incautaron material informático pirata o clonado y libros usados que incitaban al crimen de violencia de género (se relacionan entre ellos El Cogote de la Mancha y otras obras arcaicas e ilegibles).
También se llevaron arrestado con dos esposas, al reconocido solterón y ojerizo profesor Don Pedro Ojeda, criticado por tener una pingüina en cada burgo, y al parecer creador y difusor del citado medio panfletario que ya la acusación contraria a lo contrario y medios sensacionalistas la han tildado de 'La Cloaca'.

Los hechos han sido consecuencia, de las revelaciones a la fiscalía, de un asesino por crimen snuff y machista, Alejandro A., que fue condenado a 15 años por desmembrar a su mujer Doña Ipatia Amenapub. Según el convicto asegura, impulsado irrefrenablemente tras leer el capítulo del Q 2.19 y los comentarios del citado Grupo de Lectura en la citada 'Alcantarilla'. (Se investigan a todos sus miembras con miembro-s.)
Se justifica el carnicero, por sufrir una enfermedad que agóra denomina la OMS de megalomanía Alejandrina.
En la semana tercera de octubre 2009, el susodicho leyó en La Acequia, hoy 'Albañal', una entrada, donde se mencionan las hazañas de un tocayo remoto, y siguiendo los consejos leídos, mató dos pájaros de un tiro: resolvió el nudo Gordiano y rompió su matrimonio a espada, único modo posible de separación según explicaba un tal Alonso alias el Quijote (sobre el que recae una orden internacional dictada por Garçon de busca y captura, acorde a la nueva ley de Memoria preHistórica).
La fiscalía se haya bipolarizada pues por un lado el texto referido (que califica de tremendo) es prueba suficiente e incriminatoria hacia La Acequia, alias 'Sumidero', y por otro, no encontró ningún nudo en el cuerpo de Doña Ipatia o algo parecido, pero CSI y una tal Bones (Huesos), estudiarán los restos en un cadáver de igual grupo sanguíneo pero diferente sexo y tendrán resultados infalibles en el próximo capítulo, pues en este tienen una boda del inspector Grissom Camacho.
Tanto el cuerpo del delito, como la buena cabeza, se perdieron ya hace siglos y se relaciona esta crisis de perdida de juicio, con una conspiración del Gobierno Zapatiesta o con un grupo radical islamista de la red Al-Jamiada, pues en los textos quijotescos se menciona a un tal Cide Hamet Benengeli, ex-preso de Guantánamera y líder intelectual del movimiento."

Señor De la Vega dijo...

Fe de erratas hasta el momento encontradas:
La agencia de noticias es 'Europaflesh' y el extremista Benengali 'espresso'.
Z+-----

Paco Cuesta dijo...

Dos reflexiones en torno al cpítulo 2/19.
Cervantes señala algo muy comun en las sociedades de todos los tiempos: es muy frecuente que un erudito o pedante o loco se dirija a los demás en "griego o en jerigonza" con lo que demuestra como don Quijote su "flaqueza del cerebro.
Cuando Sancho otorga a Basilio "un saco de buena ventura" y don Quijote lo define como animal, Sancho se defiende de un modo magistral "si no me entienden, no es maravilloso que mis sentencias sean tenidas por disparates". En efecto ¿como podemos juzgar algo que no comprendemos?.

Asun dijo...

Más vale que las cosas han cambiado en el tema de los casamientos.

Me gusta la filosofía de Sancho:

-Dios lo hará mejor -dijo Sancho-; que Dios, que da la llaga, da la medicina; nadie sabe lo que está por venir: de aquí a mañana muchas horas hay, y en una, y aun en un momento, se cae la casa; yo he visto llover y hacer sol, todo a un mesmo punto; tal se acuesta sano la noche, que no se puede mover otro día.

La esperanza es lo último que se pierde.

Besos

Juan Luis G. dijo...

Me he sorprendido gratamente al releer todo este capítulo de las bodas de Camacho. No lo recordaba así, y desde luego que esta nueva lectura ha sido mucho más enriquecedora.

Saludos.