jueves, 1 de octubre de 2009

El Caballero de los Leones (Cap. 2.17).


La aventura de los leones es una parodia explícita de situaciones similares de los relatos caballerescos: esto ya no debe sorprendernos. Pero también algo más. Situada en mitad del encuentro con don Diego, persona que no se aparta del sentido común y que se puede tomar como hombre ejemplar resalta más aun: igual que al hijo de don Diego le ha dado por la extravagancia de ser poeta, a don Quijote le da por enfrentarse, sin necesidad, a dos leones hambrientos.

Hay que resaltar que es la primera vez que vemos un peligro tan real para el protagonista: una aventura que le sobrepasa y esta certeza suspende el ánimo del lector. Pero él no lo siente así, porque ha trastornado tanto la frontera entre lo real y lo fantástico que si se ha enfrentado a gigantes, bien puede hacerlo a leones. Además, necesita demostrar a don Diego la verdad del oficio del caballero andante: es una afirmación de personalidad ante alguien que ha confesado no conocer el libro en el que se relatan sus aventuras y no ser lector de novelas de caballería.

La aventura tiene un prologuillo que la decanta por lo burlesco y el contraste violento: Sancho ha guardado en la celada de su amo unos requesones cuyo suero corre por el rostro de don Quijote cuando éste se la pone. Descubierto, Sancho usa de una estratagema conocida que le ha servido para salir de apuros anteriores: él no es responsable y todo puede deberse a algún encantador de los que les persiguen. Sancho, ya lo sabemos, ha aprendido a manejar a su amo en este sentido. Don Quijote, por ahora, lo acepta sin más porque aun no sabe como contrarrestar el argumento de su escudero, que continúa el que él mismo ha usado tantas veces. Más adelante veremos que don Quijote volverá este aprendizaje de Sancho en contra del mismo escudero: como sabemos, desde El Lazarillo los personajes aprenden de sus experiencias y reaccionan a partir de ellas y esto es lo que van a hacer los protagonistas cervantinos.

Parodia y algo más, decíamos. No es la primera vez que don Quijote se las tiene con una propiedad del rey. En la primera parte lo hizo con los galeotes. Ya sabemos el resultado de aquello: un apedreamiento, el robo del burro de Sancho y la persecución de la justicia que les hace refugiarse en la sierra. Comete aquí, de nuevo, un delito. Pero el final no es el mismo: tras la cómica actitud del león, mostrando el trasero a don Quijote y desentendiéndose de él -que remata lo burlesco de la escena que se había iniciado con los requesones-, don Quijote paga con dos escudos de oro las molestias ocasionadas, lo que le evita problemas futuros y aumenta su valor en el relato del leonero.

Es un tratamiento inteligente el de esta aventura. El disparate cometido por don Quijote se subraya por oposición con la lógica huida de los otros personajes presentes y la sensatez del leonero al no querer provocar a la bestia. El gran riesgo de la aventura acometida, absolutamente real, contrasta con las situaciones cómicas con las que se abre y se cierra. El valor de don Quijote se despeña en despropósito, como le señalan don Diego y Sancho. A don Quijote le ha podido el personaje: tiene que estar a su altura para que le conozca y acepte don Diego. Sólo Cide Hamete acompaña a don Quijote, pero ya sabemos desde la primera parte que este autor no es fiable.

Don Diego no sabe a qué carta quedarse con su compañero de camino: tan pronto le habla con cordura como lo ve hacer enormes disparates. Don Quijote, que es consciente de los pensamientos del hidalgo, se siente reforzado por la aventura y con ella puede rematar su presentación ante el del verde gabán con el párrafo en el que distingue el oficio de los caballeros cortesanos del de los andantes. Pero en el aire queda el contraste entre la perfecta construcción coceptual y la figura de don Quijote.

Continuaremos junto a don Diego el próximo jueves, al comentar el capítulo XVIII. A ver si el hidalgo sale de dudas.

31 comentarios:

DESPLAZADOS AL PARAISO dijo...

Me dá a mí en la nariz que ninguno de los dos, tanto el hidalgo como Don Quijote, se entenderán en un futuro.. no sé, el hidalgo tan prudente y tan perfecto y Don Quijote intentando demostrarle la valentía que posee, creo que esa relación no acabará en amistad.
Lo del león me hizo gracia, cuando más intriga tenía la escena, vá el buen animal y le dá la espalda a nuestro Caballero jajajaja ¡que bueno!.
Desde que empezó el capítulo con el relatillo de los requesones, ya me dí cuenta que este capítulo me iba a gustar; si es que me imagino a Don Quijote con toda la cara y la cabeza llena de requesón "espachurrao" y me entra la risa...
En fin un capítulo genial y muy ameno.
Un besote, muackkks.

pancho dijo...

CAPÍTULO 2.17
Si de algo puede sentirse orgulloso el autor es de que el aburrimiento no tiene asiento fácil en su obra: el trasiego y la variedad temática es constante. Echando una ojeada a estos últimos capítulos, comprobamos cómo hemos pasado de la seriedad de la puesta en escena del combate con el Caballero de los Espejos y el canguelo de S, a la parada narrativa del capítulo breve para que el lector recapitule y asimile el juego del encantamiento a ojos de DQ. De la galanura y orden del Caballero del Verde Gabán y altura dialéctica de nuestro hidalgo que hace cierto el dicho: “It is easier said than done” al exponer sus adelantadas (Myr dixit) teorías sobre educación de los hijos, cuando a él no se le conoce vástago, adobada con una defensa de la poesía como género literario de superior categoría. Ahora vuelve a ahondar en el recurso del contraste, llevando el desnivel al ridículo (en otro giro temático característico) para provocar la risa en el lector con el absurdo del requesón y la pelea frustrada con los leones: “Viejo guerrero de espada oxidada amedrenta fiero león”.

En un capítulo cuya extensión se ajusta a la duración del episodio, nos encontramos al buen escudero S acudiendo raudo a la llamada de su amo. Como las prisas son cosas de ladrones y malos toreros, metió el requesón que acababa de comprar en lo más aparente que tenía a mano, que no era otra cosa que la celada del Caballero. De la misma forma se la caló el hidalgo con el consiguiente chorreo de suero. Visto el estropicio, S no tuvo más remedio que recurrir a “encantadores que me persiguen como a hechura y miembro de vuesa merced, y habrán puesto ahí esa inmundicia para mover a cólera su paciencia y hacer que me muela, como suele, las costillas.” Solo gracias a que este DQ de la segunda parte es más calmado, se libra S de la reprimenda.

Más que interesante resulta observar la evolución de D. Diego Miranda a lo largo del capítulo: comienza haciendo las veces de S, ausente en ese momento, tratando de hacer ver a DQ que lo que venía de frente era un carro con “con dos o tres banderas pequeñas, que le dieron a entender que el tal carro debía de traer moneda de Su Majestad.” A continuación, es testigo de la determinación de DQ que requiere la espada, convencido de que los requesones le han “ablandado los cascos y madurado los sesos.” Luego su intervención repetida a requerimiento de S para que convenza a DQ de la inutilidad de aventuras sin esperanza “porque la valentía que se entra en la juridición de la temeridad, más tiene de locura que de fortaleza”, Le sigue el desprecio de DQ: “Váyase vuesa merced, señor hidalgo -respondió don Quijote-, a entender con su perdigón manso y con su hurón atrevido, y deje a cada uno hacer su oficio”. El caballero de orden permanece atento a todo lo que veía, provocando en él sentimientos contradictorios, “porque lo que hablaba era concertado, elegante y bien dicho, y lo que hacía, disparatado, temerario y tonto.” Concluye su recorrido por el capítulo comprendiendo el mundo imaginario de DQ: “ todo lo que vuesa merced ha dicho y hecho va nivelado con el fiel de la misma razón”. Esta conclusión es importante para el autor que encuentra la excusa perfecta para dar descanso al valiente de la pelea que se gana sin pelear.

Hasta ahora conocíamos el contacto de DQ con la realidad a través de su conexión con Sansón Carrasco, que había leído sus aventuras y que había entrado en el juego intentando devolver a DQ a la aldea. C da un paso más allá en la complejidad al tener que resolver el conflicto con un Caballero que no sabe nada de sus correrías. Me parece genial la manera de resolver el conflicto temático entre el mundo imaginario, existente sólo en la mente de DQ, y la realidad que tiene por testigo a D. Diego. Este caballero hace de hilo conductor de la trama con la única excepción del escaso tiempo que estuvieron huidos – él y Sancho - de la frustrada pelea con los leones.

pancho dijo...

Ya me pasa lo que a otras. aquí va la segunda entrega:
A pesar de los repetidos requerimientos por parte de D. Diego y S para que desista de su intento de lucha con los leones, DQ no hace el menor caso; necesita reivindicar su valor ante un caballero tan perfecto. Ya sabemos el nulo caso que le hace el león a un bocado tan poco apetitoso compuesto de huesos reviejos cubiertos de chapa, dándole la espalda al desafiante Caballero Andante. Los ausentes acreditan la valentía de DQ, que tiene ahora la suerte del campeón, sólo para encubrir la propia cobardía al dejarlo sólo ante el peligro.

La anécdota de la batalla de los leones ha sido una de la más ampliamente dibujadas del Quijote. Muy pocas diferencias en todos ellos. Seguramente que la cantidad de detalles que aporta C en el relato ha contribuido a dicha similitud.

São dijo...

Lamentável é que as pessoas do mundo real não imitem as do de ficção e , assim, não apredam com as suas vivências.

Besos, amigo mio.

Alatriste dijo...

Otro interesante capítulo del cual, dos cosas son las que más me han llamado la atención; por un lado la escena tragicómica de Sancho cuando marchaba de la escena de los leones mientras a la vez que maldecía el momento en que volvió a las andadas con su amo se entristecía y lloraba por éste y su posible desventura; por otro lado don Quijote dice algo muy cierto tras el final de la aventura:

bien sé lo que es valentía, que es una virtud que está puesta entre dos estremos viciosos, como son la cobardía y la temeridad: pero menos mal será que el que es valiente toque y suba al punto de temerario que no que baje y toque en el punto de cobarde

Toda una frase que bien podría estar diciendo el propio Cervantes por su experiencia de Lepanto con el asunto de sus calenturas y heridas.

Un saludo Pedro

Merche Pallarés dijo...

CAPÍTULO XVII

Bueno, ¡qué filigranas literarias hace nuestro Cervan en este capítulo! Aparte de la tronchante aventura del requesón en la celada que cuando se la encasqueta, Quijo piensa “...que se me derriten los sesos, o que sudo de los pies a la cabeza...” porque el suero se le cae por toda la cara y la barba, a su encuentro con el carro de los leones. Luego aparece de nuevo el “autor” tratando de explicarnos cómo se zafa de esta aventura...

El verde trata de disuadir a Quijo que se enfrente a los leones, Sancho hace lo mismo, con lágrimas en los ojos “...le suplicó desistiese de tal empresa, en cuya comparación habían sido tortas y pan pintado la de los molinos de viento y la temerosa de los batanes y, finalmente, todas las hazañas que había acometido en todo el discurso de su vida.” Pero ya que Quijo, como siempre, erre que erre no desiste, ellos toman las de villadiego y se alejan raudos, el verde en su tordilla y Sancho en su rucio.

El carretero/leonero trata de disuadirle tambien diciéndole que los leones, un macho y una hembra, MUY hambrientos, los ha capturado en África y los lleva al rey (¿para qué querría el rey los leones?) En las jaulas van los dos, el macho delante (comme il faut...) y la hembra detrás... Eran “tan grandes que no han pasado mayores, ni tan grandes de África a España jamás...”.

Don Quijo, sonriéndole un poco le dice “¿Leoncitos a mi? “Pues ¡por Dios que han de ver esos señores que acá los envían si soy yo hombre que se espanta de leones!” Insiste en que le abra la jaula. El carretero/leonero, finalmente, lo hace. El león lo primero que hizo ya que venía descansando fue “revolverse en la jaula, tender la garra y desperezarse todo; abrió luego la boca y bostezó muy despacio, y con casi dos palmos de lengua que sacó fuera se despolvoreó y se lavó el rostro. Hecho esto, sacó la cabeza fuera de la jaula y miró a todas partes con los ojos hechos brasas, vista y ademán para poner espanto a la misma temeridad”. Quijo le esperaba ansiosamente (me lo imagino como los toreros que esperan a “puerta gayola” o como se diga...) a que saliera de la jaula “y viniese con él a las manos, entre las cuales pensaba hacerle pedazos.” (¡Cuitado! nuestro entrañable Quijo...) Pero el león, (como aquel que en “Quo Vadis” no ataca a Robert Taylor ni a Deborah Kerr) “...más comedido que arrogante, no haciendo caso de niñerías ni bravatas...volvió las espaldas y enseñó sus traseras partes a Don Quijote, y con gran flema y remanso se volvió a echar en la jaula.” A todo ésto ¡encima! Quijo quiso que el carretero/leonero “le diese de palos y le irritase para echarle fuera”.

(Continua)

Merche Pallarés dijo...

Menos mal que el carretero/leonero le hace entrar en razón a nuestro héroe diciéndole que así ha ganado, ya que el león ha podido salir de la jaula pero no ha querido. No se pueden forzar las situaciones. Quijo le dice “Cierra, amigo la puerta...” “...conviene a saber: como tú abriste al león, yo le esperé, él no salió, volvile a esperar, volvió a no salir y volviose a acostar.”

A todo ésto Sancho, que ya se imaginaba muerto a su amo, de repente divisó una bandera blanca, señal de que Quijo había salido triunfante del lance. “Que me maten si mi señor no ha vencido a las fieras bestias, pues nos llama”. Corrieron a su lado.

Quijo le dice a Sancho que le de dos escudos de oro al carretero/leonero. Éste “besó las manos a don Quijote por la merced recibida y prometiole de contar aquella valerosa hazaña al mismo rey, cuando en la corte se viese” A lo que Quijo rápidamente le dice “Pues si acaso Su Majestad preguntare quién la hizo, direisle que el Caballero de los Leones, que de aquí adelante quiero que en éste se trueque, cambie, vuelva y mude el que hasta aquí he tenido del Caballero de la Triste Figura”.

Mientras tanto el de verde pensaba que Don Quijote “...era un cuerdo loco y un loco que tiraba a cuerdo... porque lo que hablaba era concertado, elegante y bien dicho, y lo que hacía, disparatado, temerario y tonto”.

De estas disquisiones le sacó nuestro Quijo con un soliloquio sobre los valores (una vez mas...) de la caballería andante.
“Mejor parece, digo, un caballero andante socorriendo a una viuda en algún despoblado que un cortesano caballero requebrando a una doncella en las ciudades”. A estos caballeros “...no le asombren leones, ni le espanten vestiglos, ni atemoricen endriagos, que buscar éstos, acomoter aquéllos y vencerlos a todos son sus principales y verdaderos ejercicios”. Sobre la valentía: “...es una virtud que está expuesta entre dos extremos viciosos, como son la cobardía y la temeridad: pero menos mal será que el que es valiente toque y suba al punto de temerario que no que baje y toque en el punto de cobarde.” Tambien es mejor que digan que “el tal caballero es “temerario y atrevido” que no “el tal caballero es tímido y cobarde.”

Luego se van todos a comer a la hacienda del de Verde Gabán.

Seguiremos con el XVIII. Besotes, M.

elena clásica dijo...

Me arrebató el comentario sobre el aprendizaje de los personajes a partir de "El Lazarillo". El realismo comenzó hace unos cuantos siglos.
Un beso.

Cornelivs dijo...

Publicado mi post de hoy como contribución al grupo de lectura, querido Pedro.

Abrazos a todos.

Merche Pallarés dijo...

Por cierto qué foto más rara... ¿Un escorpión al lado de tu dedo gordo? ¿Es una alegoría? ¿De qué? No lo he captado. Besotes, M.

Silvi (reikijai) dijo...

...Ne quedo con esto....
Dos leones van en carreta, camino a la corte.A D. Quijote, se le a metido la loca idea,de poner a prueba su valentía. Así que convence al leonero, para enfrentarse a las bestias. Ni ruegos ni suplicas,..lo harían desistir de la idea.¡??

«Otra vez le persuadió el hidalgo que no hiciese locura semejante, que era tentar a Dios acometer tal disparate. A lo que respondió don Quijote, que él sabía lo que hacía. Respondio el hidalgo que lo mirase bien, que él entendía que se engañaba.
Ahora, señor replicó d.Quijote, si vuesa merced no quiere ser oyente desta que a su parecer ha de ser tragedia, pique la tordilla y póngase en salvo.
Oído lo cual por Sancho, con lágrimas en los ojos le suplicó desistiese de tal empresa, en cuya comparación habían sido tortas y pan pintado la de los molinos de viento y la temerosa de los batanes y, finalmente, todas las hazañas que había acometido en todo el discurso de su vida.
Mire, señor decía Sancho, que aquí no hay encanto ni cosa que lo valga; que yo he visto por entre las verjas y resquicios de la jaula una uña de león verdadero, y saco por ella que el tal león cuya debe de ser la tal uña es mayor que una montaña».Besitos.Silvi.

Selma dijo...

El "acta notarial" levantado por el Leonero, le ha costado dos escudos a nuestro Quijote, pero que mejor testimonio el que ofrece luego, a un atónito Don Diego, y si nos apura al Monarca si se da el caso, para ello la solicitud del título de "Caballero de los leones".
Si espantosa es la visión delantera del león, no quiero ni imaginar la trasera...

¿Pedro , este escorpión, lo compraste en un puesto de comida exótica.. y lo comíste?


Me encanta el requesón , pero sin estrujarlo sobre ningún cráneo previamente...

Un beso felino, Pedro.

CORREDOR PEREZOSO dijo...

O cómo cede la oficialidad que también existía por entonces ante un loco. Avellanera para esto tuvo mejores recursos.

Euphorbia dijo...

No voy a comentar la entrada porque yo me encuentro por donde el baciyelmo. Pero quería dar las gracias a Raúl Urbina por la fantástica ayuda que representa su índice para los que nos hemos quedado rezagados o para los que han empezado más tarde la lectura. Realmente es muy útil.

impersonem dijo...

Hola Pedro, ya veo por dónde váis leyendo y comentando, yo por razones familiares ando por el capítulo IX, y sin comentar por alguno antes. Espero normalizar tiempos y pillaros.

Un abrazo.

Silvia_D dijo...

Tú, no estás loco ¿qué haces con un escorpión? dios!!jajaajjaa
Me ha gustado el capítulo, es muy divertido y los contrastes entre los personajes y ver como espabila Sancho.
Besos con mucho sueño!

Myr dijo...

Suscribo al comentario de Alatriste y agrego un 3er punto de mi cosecha:

Me gustó la capacidad del domador de Leones para manejar la situaciòn.... es envidiable.

Un abrazo desde estas latitudes.

Myr dijo...

Digo "domador de leones", porque parece más serlo que un carrero.

Myr dijo...

ahh y de la foto: más que el alacrán, me sorprendió la rigidez de tu pulgar...

aecagh dijo...

Se me han puesto los pelos de punta con esta foto.
Como Don Quijote en esta aventura se expone a un peligro verdadero así también tú te metes en una aventura igual de arriesgada, poniéndote por anillo a un alacrán.

Señor De la Vega dijo...

Me gustó sobremanera su introducción y análisis de este capítulo glorioso del Quijote, gracias Don Pedro. (Por cierto de los dos alacranes, me asalta la duda de quién se aguijonearía en un círculo de fuego.)

Es este capítulo, uno de los que yo mejor visualizo, porque allí me veo frente a las jaulas y de la mano de Cervantes, con olor a requesón recién hecho (desagradable olor para cualquier león que se precie de carnívoro).

Dentro de mi sui géneris teoría interpretativa de nuestro Quijote, asumo que Cervantes rescata en este episodio una de las aventuras que debió pensar para el loco caballero ya en la primera parte y que por razones que ni me imagino quedó retrasada a la segunda.
Vuelve a dibujar aquí otro escenario africano de mano de la pareja de leones, paisaje que tanto en fantasía como en personajes copó la primera parte mucho más que la mismísima Mancha de la que toma el nombre nuestro caballero andante.
Y puestos a bautizar, yo le hubiese apodado con el sobrenombre de 'Don Quijote el Africano' (algo que haré cuando publique el ensayo que bulle en mi cabeza, ya cocida...).

No duda Don Miguel en bautizarle como 'Caballero de los leones' y si bien es cierto que el recurso literario caballeresco de enfrentarse a felinos, es manido en los textos de referencia, lo que sucede en el Cervantino, es original y en su descripción tan verosímil que resulta más una aventura verdadera que ficticia, pero no en el contexto del siglo XVII, porque supongo que no todos los lectores y menos sus coetáneos, hayan tenido la oportunidad de estar a unos metros de leones (salvajes o no), pero quien lo haya experimentado o se documente, sabrá que la reacción del macho que describe Cervantes es más que probable (aún siendo un animal impredecible), por múltiples razones que me ocuparían más de cien líneas.

Baste imaginar, a Don Miguel por ejemplo en el Orán que menciona y que conocía, y pensar en la posibilidad que asistiese como espectador o protagonista de una escena parecida con reales bestias, y desde allí o cualquier otro escenario, guardarla en su prodigiosa memoria con todo detalle para un futuro literario.

Se encarga su personaje Don Quijote, (que roza la perfección en este capítulo), de enmarcar con esta excusa leonina de mártir cristiano y caballero andante, un capítulo divertido, imprevisible, redondo, además de atípico, conforme a los descalabros a los que nos tiene acostumbrados.
Usando desde la citación impecable de refranes, al control de las emociones y templanza ante el imprevisto o el ridículo, pero también justificación de su causa y su aparente locura, donde con lógica pone en perspectiva sus actos, hazañas, osadía y temeridad medida, ofrece una excelsa argumentación de sus razones con pragmática elegancia, y todo ello en la proporción mágica que lo convierte en genial loco y cuerdo dialogante.

Son las hipérboles de Cidete y la experiencia narrativa Cervantina, las que nos sitúan ante la profundidad racional del autor, usando sus más exóticos recuerdos, en hermosa y pacífica metáfora.
Tampoco es baladí que la imagen final que ofrece el león protagonista, para los seguidores de nuestro ocurrente héroe, sea la que más me identifica, 'perezosa fiera que da el culo a quien herirlo quiera, sin motivos y sin sesos'.

Suyo, Z+-----

elisa...lichazul dijo...

a todo li expuesto tan magistralmente , no queda más que aplauidirles a todos!!

la foto con ese alacrán me ha dado nervios:))

besitos profe

Merche Pallarés dijo...

¡Qué gusto da leer de nuevo los análisis de mi admirado SR. DE LA VEGA! Besotes, M.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Bueno, Pedro yo lo que no se es si el león no salió porque vio que comer carne de Don alonos poca...o como se dice por ahí...porque le espantaba la peste a requesón ( qu no es muy agradable por cierto)...saludos

Abejita de la Vega dijo...

El título nos lo indica, esta vez don Quijote va a llegar al “estremo”, aunque ya nos anticipa que va a ser acabada “felizmente”. No nos preocupemos por la integridad de nuestro héroe.
Don Quijote apremia a Sancho, tiene que apresurarse, aventura “habemus”…Y el pobre escudero no sabe qué hacer con los tiernos requesones comprados y pagados a los pastores. A manera de “tupper”, qué horrible anglicismo, no se le ocurre mejor cosa que encajarlos en la celada de su señor.
El del Verde Gabán no ve la aventura por ninguna parte, sólo se divisa un carro con las banderas reales, tal vez acarrea moneda del Rey. Ojo, atacarlo es delito contra su Católica Majestad. Bien conoce el que escribe, recaudador de impuestos por vándalas tierras, tan regio transporte. El de Miranda se lo indica; pero el loco caballero, ni caso. Él a lo suyo que cualquier hora es buena para sufrir el ataque de los encantadores en nómina.
Toma la celada, se la encaja en la cabeza y algo pegajoso le chorrea por el rostro y la barba. Don Quijote se pregunta si es que se le están haciendo agua los sesos o es que está sudando. Se limpia con un lienzo y se quita la celada para ver el tipo de sustancia que le está enfriando la testa.
Y no se sale de la realidad para identificar la sustancia blanca como requesones .Por vida de su señora Dulcinea, que lo son. El “traidor, bergante y malmirado escudero” ya se lo tiene bien aprendido, los encantadores, fueron los malditos encantadores. ¡No lo dude! Ellos, los muy ladinos, colocaron esa “inmundicia” en la celada , con la malévola intención de provocar la quijotesca cólera, moledora de escuderiles costillas. Pero Sancho confía en “el buen discurso de su señor, hay que ver cómo le dora la píldora. Si él tuviera requesones , a quién se ele ocurre, los guardaría en su estómago y no en la celada. “Todo puede ser “es la calmada respuesta de don Quijote, siempre dispuesto a bregar con encantadores enemigos.
Y el del Verde Gabán mira y se admira. Y con la boca abierta debía estar cuando, tras limpiarse, el de la Triste Figura se encaja la celada, se ajusta los estribos, comprueba que la espada está en su sitio y ,agarrando la lanza, se declara dispuesto a luchar con el mismo Satanás si viene al caso.
En esto llega el carro de las banderas, con su solitario carretero.
(Continúa)

Abejita de la Vega dijo...

En esto llega el carro de las banderas, con su solitario carretero que va en las mulas. Otro hombre va sentado delante, luego conoceremos su inusual y peligroso oficio, mucho más que el de profesor de la E.S.O., que ya es decir.
Don Quijote se planta en medio y pregunta por el vehículo, los ocupantes, la mercancía y las banderas. El carretero contesta que en su carro van dos leones enjaulados, león y leona, regalo del general de Orán, para Su Majestad, Felipe III suponemos. Son muy, muy grandes y tienen mucha, muchísima hambre. Pero don Quijote no retrocede ante esta información, todo lo contrario. Pide que le echen encima a los “leoncitos”, así sabrán los selváticos felinos quién es don Quijote de la Mancha y que chinchen y rabien los encantadores.
Sancho ruega al de verde que consiga disuadir a su señor, que los leones harán trocitos a todos los que allí están. ¿Loco? ¿Atrevido? Don Diego de Miranda se siente capaz de impedir el que Don Quijote se porte como persona cuerda y sensata .Está convencido, el muy incauto.
El de la Triste Figura ya está instando al leonero para que abra la jaula. El caballero no andante utiliza sus argumentos: los caballeros andantes no emprenden aventuras sin esperanza, la valentía temeraria es más locura que fortaleza y los leones son propiedad real, que no se le olvide.

Abejita de la Vega dijo...

En los sesos ablandados, cual requesón, de don Quijote, están registradas las palabras con las que el que don Diego describía sus plácidas cacerías, sin galgo ni halcón. Se produce una sinapsis en sus maltrechas neuronas. ¿Quéeeeeee? ¿El del perdigón manso dándome lecciones? ¡Que se vaya a meter en las huras conejeras a su hurón atrevido! Él con su estilo de vida y yo con el mío. Pero ¿qué hace ese hombre que no me suelta ya a los leones?
El leonero se convierte en don bellaco, voto a tal…don Quijote amenaza con coserle con la lanza al carro.
El carretero le suplica que le deje desuncir las mulas, su medio de vida, y ponerlas a salvo. El loco caballero accede, aunque le parece una petición innecesaria.
El leonero, a grandes voces, declara que abre forzado la jaula y que los daños van por cuenta de don Quijote. Y pónganse todos a salvo, que él no tiene problemas.
El de verde insiste, Sancho suplica llorando, lo de los molinos o batanes no fueron nada …que él ha visto la uña y a juzgar por la uña es como una montaña…no hay nada que hacer. El miedo, Sancho, es el que te hace verla tan grande, tú ya sabes, si muero vas donde Dulcinea.
En el último momento, decide librar al pobre Rocinante, se espantaría. Se enfrenta a pie, con el escudo y la espada, encomendándose a Dios y a su Dulcinea.
Y llegado a este punto, nos encontramos con el panegírico que le dedica “el autor de esta verdadera historia”, aquello de: ''¡Oh fuerte … animoso don Quijote de la Mancha, espejo donde se pueden mirar todos los valientes del mundo...”¡Menuda parrafada al estilo de las novelas de caballerías!

Abejita de la Vega dijo...

El leonero abre la jaula del león macho que se despereza, abre la bocaza, bosteza lentamente, sin prisas, saca la lengua y procede a su aseo personal, quitándose las legañas y lavándose la carita. Saca la cabeza fuera de la jaula y lanza sus fieras miradas a don Quijote, dispuesto a hacerlo pedacitos. Pero, cuando todos esperamos que el león ataque, el animalillo nos da la espalda, nos enseña el trasero y se tumba a la bartola. El leonero se niega a darle palos, como pide el loco manchego. Que se contente con lo hecho, ya ha demostrado su valentía y ganado “la corona del vencimiento”. Si el enemigo, en este caso el león, no acude, para él la infamia. Lo preocupado que estará el Rey de la Selva.
El leonero convence al triunfante caballero con esos argumentos y, a petición de éste, cierra la puerta y queda como testigo de que el león no quiso salir y se acostó.
El ufano vencedor coloca, en la punta de la lanza el trapo , con que se limpió de requesón y tiene que vocear a los huidos , los cuales no dejan de huir y de volver la cabeza. Sólo se detienen cuando Sancho ve la señal del blanco paño y advierte de que su señor les llama; luego habrá vencido a las fieras.
Se detienen, pero no pierden de golpe el canguelo sino que, poco a poco, se van acercando al carro. Don Quijote ordena dar dos escudos de oro para leonero y carretero, en recompensa por el tiempo perdido. Sancho dice que los dará de buena gana y , ante el anuncio de la paga, el leonero cuenta la contienda exagerando la valentía del caballero, manifestando que el león acobardado no se atrevió a salir de la jaula. Que un escudo es un escudo…
Don Quijote se siente vencedor, por encima de encantos y encantamientos. Sancho suelta los escudos y el leonero besa las manos del loco hidalgo, prometiendo contarlo al mismísimo rey. Menuda cara va a poner don Felipe. Y, siguiendo la usanza de los caballeros andantes, el de la Triste Figura se mudará el triste nombre por el de Caballero de los Leones y así quiere que se le nombre ante Su Majestad.
Todos siguen su camino. Don Diego de Miranda guarda silencio, pensando, llegando a la conclusión de estar ante “un cuerdo loco y un loco que tiraba a cuerdo”. Como no ha tenido noticia del libro impreso, con las primeras aventuras de don Quijote, no podía saber del “género de su locura”. Tan pronto le parecía cuerdo como le tenía por loco. Una cosa es lo que decía: “concertado, elegante y bien dicho”. Otra cosa muy distinta era lo que hacía: “disparatado, temerario y tonto”. Pero como no conoce el libro, don Diego no se aclara.
De sus quebraderos de cabeza le saca el loco cuerdo que, leyéndole el pensamiento, le da un buen repaso, con un discurso sobre su tema favorito: el caballero cortesano con su blandengue vidorra y sus torneos ficticios frente al caballero andante con sus peligrosas aventuras, por “los rincones del mundo”. Ya sabemos: sufriendo inclemencias e incomodidades, sin asombrarle leones, vestiglos, endriagos…toda clase de bichos. Y que le quede claro a este señoritingo que, dada su condición de caballero andante, no puede” dejar de acometer todo aquello que le “pareciere que cae debajo de la juridición de mis ejercicios”. Y un caballero andante puede ser temerario, pero nunca cobarde. Así que no le tache de loco…
Don Diego le responde que lo “dicho y hecho va nivelado con el fiel de la misma razón” y le anima a darse prisa para llegar a su casa, donde podrá descansar de su trabajo con el león . Que si la lucha no le ha cansado físicamente, le habrá fatigado el espíritu, lo cual termina agotando también el cuerpo. Gran verdad esa…
Les dejamos en la casa de don Diego de Miranda…
Un abrazo y cuidado con los escorpiones, Pedro.

Abejita de la Vega dijo...

Corrijo un error
Dice:
Don Diego de Miranda se siente capaz de impedir el que Don Quijote se porte como persona cuerda y sensata .

Debe decir:
Don Diego de Miranda se siente capaz de conseguir el que Don Quijote se porte como persona cuerda y sensata

BIPOLAR dijo...

-de todas las hasta ahora contadas, me parece la aventura más desencuadernada. No cuadra en el conjunto de descalabros.

-el león rechaza el aperitivo:
a) porque DQ tiene un tufo a requesón rancio (que huele fatal)
b) porque es todo pellejo

-¿quién es realmente el Caballero del verde gabán?

-¿los dos leones del Rey se quedaron de piedra por el camino y adornan el Congreso de los Diputados?

¡qué raro ha sido este capítulo!

Asun dijo...

Sancho ha aprendido ya tanto de su amo que le da cien mil vueltas utilizando sus argumentos para explicar lo inexplicable.

Me quedo con estas dos frases:

...la valentía que se entra en la juridición de la temeridad, más tiene de locura que de fortaleza.

...bien sé lo que es valentía, que es una virtud que está puesta entre dos estremos viciosos, como son la cobardía y la temeridad...


Besos