jueves, 8 de octubre de 2009

Cuatro días de silencio, un examen de locura y un poeta al uso (Cap. 2.18).


La estancia en casa de don Diego se alarga cuatro días, que despacha Cervantes en un único capítulo. Éste esconde más de lo que parece.

En principio, el capítulo ofrece, tanto a los personajes como a los lectores, un descanso en el camino, un paréntesis entre la aventura de los leones y la que vendrá a continuación cuando los protagonistas tomen la dirección de la cueva de Montesinos, uno de los espacios más interesantes de la Segunda parte. Este descanso, señalado con la alusión al silencio de la casa de don Diego, se plasma en la ironía por la que el traductor -que no Cervantes- decide ahorrarnos las frías digresiones del autor y, sin embargo, se demora en explicarnos cómo Cervantes deja las armas y aramadura para tomar un vestido más cómodo. Al final, tanta es la paz que han vivido en casa de don Diego que a Sancho le cuesta volver a exponerse a las penalidades de la andante caballería.

El remanso no se desaprovecha, en absoluto. Lo primero que se nos dice es que don Diego, perplejo ante don Quijote, pide a Lorenzo, su hijo poeta, que lo examine para dictaminar si es cuerdo o loco. Así Cervantes da cuerpo en la propia novela a las reacciones de sus lectores y se anticipa a ellos.

Lorenzo dictamina que don Quijote es un loco rematado, lleno de lúcidos intervalos. Sin embargo, tampoco está seguro de su sentencia y, en otro momento, alude a cómo don Quijote se desliza como anguila ante cualquier definición.

Y es cierto, Cervantes ha descubierto ya que debe profundizar en esta ambigüedad de su personaje y hacerlo con mayor intensidad que en la Primera parte, porque es algo esencial de su caracterización y de su relación con los lectores, que no admitirían de la misma manera a un loco extravagante que a este viejo hidalgo de aldea. De ahí la extraña sensación que todos sentimos ante don Quijote y que permita análisis opuestos.

Además, Cervantes hace que su personaje gire el examen de locura al que es sometido (entre otras cosas, porque percibe en parte la pretensión de Lorenzo: -No entiendo -respondió don Quijote- lo que vuestra merced dice ni quiere decir en eso del deslizarme) y desactive a su examinador. No es otra cosa la reacción de don Quijote tras oír los versos del hijo de don Diego, puesto que el poeta, como en la fábula, cae en la trampa de la adulación (¿No es bueno que dicen que se holgó don Lorenzo de verse alabar de don Quijote, aunque le tenía por loco? ¡Oh fuerza de la adulación, a cuánto te estiendes, y cuán dilatados límites son los de tu juridición agradable!). El loco domina, con la vanidad, al cuerdo. Don Quijote sale triunfante del examen.

La introducción de los versos continúa la defensa de la poesía que don Quijote hizo cuando se encontró con don Diego y éste le dijo, apenado, que su hijo quería se poeta. Pero aquí adquiere nuevos matices al abordar cuestiones tan concretas como la utilidad o no de las glosas y la justicia de los premios literarios, aparte de contener alusiones críticas a poetas del momento. Los versos de Lorenzo sólo son buenos en tanto que cumplen su función (múltiple) en esta narración.

Por una parte, ejemplificar un estilo artificial de poesía muy frecuente entre los poetas del momento: artificio que muere en sí mismo, como mera demostración de ingenio. Son buenos, pero no son diferentes a los de otros poetas. Y esto lo escribe con intención quien se afanó toda su vida, sin conseguirlo, ser reconocido por sus contemporáneos como buen poeta.

Por otra, seguir con la construcción del carácter de don Quijote, tal y como hemos señalado en las primeras líneas.

Finalmente, intervenir en la propia narración por la temática. La glosa habla de la fugacidad del tiempo y su relación con la incierta fortuna, aludiendo quizá al combate del propio don Quijote en su aventura. El soneto, anticipando temáticamente la próxima aventura, sobre los obstáculos puestos al amor, tema que ya nos suena tanto porque es uno de los más recurrentes de la novela. Por eso no tiene demasiado sentido que estos poemas sean publicados fuera del Quijote.

Toda esta trama ingeniosa y rica en matices ha sido tejida tan sosegadamente que podríamos interpetar que el mismo Cervantes ha descansado en casa de don Diego, al que ya despedimos porque don Quijote sale del nuevo al camino, como veremos el próximo jueves al comentar el capítulo XIX.

45 comentarios:

pancho dijo...

CAPÍTULO 2.18

C ajusta de nuevo la unidad temática a la extensión razonable de un capítulo: los cuatro días de estancia de DQ y S en la casa – castillo de D. Diego. Hace coincidir principio y fin del capítulo con la llegada y salida de los protagonistas a la misma.

Como hombre de mundo que es el autor, seguro que conocía la igualdad en la apreciación que ofrecen las diferentes lenguas europeas:

El huésped y el pez, días tres, más huele, si más es.
Company is like fish: after three days they stink
L’hôte et le poisson, en trois jours poison.
O hospede e o peixe aos tres días aborece,
L’ospite e il pesce dopo tre dì rincresce.

C, poco amigo de convencionalismos y lugares comunes, rompe el dicho acomodando al Caballero andante y escudero durante cuatro días en casa de Doña Cristina. Señora que recibe, acoge y despide a la pareja.

Sin el preámbulo que hemos utilizado para comenzar el comentario (tampoco uno es C) se nos introduce en una casa “ancha como de aldea”; surtida de tinajas, la entrada; Dulcineas del Toboso para DQ. Las eróticas, curvilíneas redondeces de las tinajas le transportan al sugerente mundo de las pasarelas. Observamos cómo DQ cambia en sus percepciones. Donde antes veía gigantes en los odres, ahora ve pasarelas de top models luciendo prendas que se le asemejan a su Dulcinea.

DQ se encuentra a gusto en una casa donde reina un silencio de monasterio de cartujos. La ausencia de niños que rompan el silencio es evidente. Un lugar donde es bien acogido y enseguida encuentra un feeling especial con Lorenzo, hijo de los amos de la casa, no sin antes pasar la cabeza y el rostro por cinco o seis calderos de agua que le quiten el aspecto pringoso del suero y requesón. Nada de baños y duchas, que todavía faltaban varios siglos para que esas comodidades llegaran a los pueblos españoles. Hasta la segunda mitad del S XX sólo sabían por referencias qué era un grifo y un cuarto de baño, cosas de nobles gentes y habitantes de las urbes. Es impresionante lo que han cambiado las costumbres en este aspecto y lo que se ha evolucionado. La semi desnudez de DQ, también nos descubre que padecía de los riñones, sufrimiento que viene a añadirse a su atracción por la farándula de su vida anterior al trastorno viajero.

pancho dijo...

DQ se dispone a pasar de nuevo el test de locura – cordura, esta vez ante Lorenzo, que ya había sido advertido por su padre: “le he visto hacer cosas del mayor loco del mundo, y decir razones tan discretas que borran y deshacen sus hechos […] antes le tengo por loco que por cuerdo.” Parece desdecirse de lo que antes había afirmado: “todo lo que vuesa merced ha dicho y hecho va nivelado con el fiel de la misma razón”.

Mientras se pone la mesa, DQ y Lorenzo entablan conversación. El buen feeling entre los dos se refuerza al gustarle la humildad con la que habla Lorenzo de la poesía: “porque no hay poeta que no sea arrogante y piense de sí que es el mayor poeta del mundo.”. Como si el tiempo no hubiera pasado por esta afirmación ni por los consejos que le da sobre el mundillo literario de los premios.

Siguiendo adelante con el test, DQ afirma que un Caballero Andante debe ser; juez, teólogo, médico, paramédico, astrólogo, matemático y santo varón, sin dejar atrás otras menudencias como: herrero y peletero; todo ello adornado con la castidad hasta en el pensamiento, honestidad, liberalidad, además de defender la verdad aunque le cueste la vida. No hay ciencia que comparársele pueda a tal ramillete de sabiduría y cualidades. “El es un entreverado loco, lleno de lúcidos intervalos” es la conclusión de Lorenzo sobre DQ.

Después de bien comidos, cosa que suponemos, pues ésta debió de ser una de las “disgresiones inútiles” para el cuento. Lorenzo da muestra de sus habilidades recitando una glosa sobre el tiempo, cuyo paso y fugacidad siempre ha atormentado a los poetas destacando entre otras cosas: “volver el tiempo a ser / después que una vez ha sido, / no hay en la tierra poder / que a tanto se haya estendido.” que hacen a DQ exclamar que está ante “el mejor poeta del orbe”. El hidalgo le pide unos endecasílabos que lo confirmen. Lorenzo, a pesar de considerarlo medio loco, no puede negarse ante tamaño grado de adulación y recita un soneto que a DQ le parece obra de un consumado poeta, que no consumido.

Después de los cuatro días de vida regalada y meditación que se pasaron en la bien surtida, silenciosa casa la abandonan a requerimiento de DQ (no sin antes S llenar bien las alforjas en un capítulo que ha estado missing), que ya siente en su nuca la fría llamada de la locura a la búsqueda de nuevas aventuras; no sin antes aconsejarle a Lorenzo que con la poesía “podrá ser famoso si se guía más por el parecer ajeno que por el propio”. Qué poco de locura entreverada tiene el hidalgo ahora.

Selma dijo...

Nuestra curiosidad femenina no ha quedado saciada.. ¡Nos escamotean la descripción del interior de la casa de Don Diego! ;-)
El huesped de nuestro Quijote necesita otra opinión para determinar si lo que afecta DQ es locura o no, para ello encarga a su hijo la misión de descubrirlo gracias a una conversación-interrogatorio en toda regla..
En ésta descubrimos la opinión que se merece la soberbía de los Poetas, pocos se salvan según nuestro Caballero...
A la pregunta sobre los estudios cursados, contesta:(una multidisciplinar) "La caballeria andante": leyes, teologia,medicina(homeopatía),astrologia, matemáticas y luego artesania en todas sus facetas, adornado todo ello de todas las virtudes habidas y por haber...todo el contrario según argumenta, de lo que triunfa: solazarse en la pereza, la ociosidad, la gula y los lujos...

Lo que durante estos cuatro días ha gozado nuestro Sancho.. el menos entusiasta de los dos en emprender de nuevo la aventura... camino de Zaragoza...pero con etapas...

Besos, muchos, Pedro!

mojadopapel dijo...

Jo, yo, que no os sigo porque estoy perdida en otras cosas.... me quedo asombrada ante tamaña lucidez,creo que he perdido mucho de mi tiempo, que hubiera ganado de otra manera...a buen entendedor sobran las palabras.

Cornelivs dijo...

Estupendo, maravilloso y sensacional, he disfrutado leyendote Pedro.

Si, asi es, el loco domina, con la vanidad, al cuerdo y don Quijote sale triunfante del examen.

Las circunstancias de ese examen, que tan bien y acertadamente señalas, elevan a nuestro hidalgo aún mas.

Un abrazo.

Myr dijo...

Asocio a este capítulo en lo que refiere a la charla de DQ con Lorenzo, la Fábula de Jean de la Fontaine: Le corbeau et le Renard.

En cuanto al diagnósico de DQ, qué es o qué no es y qué, cómo y porqué
creo que Cervantes nos quería decir que las cosas no son como las vemos, sino como creemos que son. También, que hay mucho charlatán suelto que se avienta a dar diagnósticos sin saber siquiera de que está hablando (O que lanza juicios apresurados y sin ningún fundamento ni derecho).

4 dias: un intermezzo para la reflexión, el silencio, la meditación (de DQ) y la atención amorosa (de los dueños de casa).

4 dias que invitan a la reflexión al lector.

Myr dijo...

Saludos a todos

Silvi (reikijai) dijo...

Esto me llego hace un tiempo de una revista medica... "Don Quijote cumpliría criterios para un Trastorno Delirante y esto se argumenta en base a la génesis del delirio, la sintomatología y los rasgos formales del delirio. Asimismo, se propone el diagnóstico de Trastorno Psicótico Compartido para la pareja protagonista (Don Quijote y Sancho)".
"Diego Martínez Torrón, en su reflexión sobre la locura de Don Quijote publicada en Anales Cervantinos (1998), descarta que el caso del hidalgo manchego corresponda realmente con el de un enfermo mental en base a que existen momentos de manifiesta lucidez en el personaje, como se observa en el Cap. XVIII cuando el hijo del Caballero del Verde Gabán examina a Don Quijote y concluye "No le sacarán del borrador de su locura cuantos médicos y buenos escribanos tiene el mundo: él es un entreverado loco, lleno de lúcidos intervalos". Según el autor, cabe destacar que Don Diego y Lorenzo han estado dudando de su estado ya que "Don Quijote alterna sesudas razones de elevada espiritualidad con la monomanía por la caballería andante" En este punto se abre el debate entre este género de críticos cervantinos y los médicos, ya que éstos últimos cuentan con argumentos clínicos para considerar que la locura del personaje no queda descartada de esta forma" Interesante.Besitos Silvi.

Merche Pallarés dijo...

Como siempre, tu análisis genial y los comentarios de mis compañeros, ¡estupendos! A continuación va mi humilde resumen. Besotes, M.

Merche Pallarés dijo...

CAPITULO XVIII

Tenemos a nuestros héroes pasando cuatro dias de asueto en casa del verde. Lo primero en que se fija Quijo son en las tinajas del Toboso, a la entrada de la casa, lo cual le trae recuerdos de ya sabemos quien... Suelta una estrofa de Garcilaso y luego sigue con su propia cosecha “¡Oh, tobosescas tinajas, que me habeis traído a la memoria la dulce prenda de mi mayor amargura!” La mujer y el hijo poeta de don Diego, le escuchan y “quedan suspensos de ver la extraña figura de don Quijote”. Despues de los besamanos y cortesías pertinentes entran en la casa (aquí Cervan se escaquea de darnos una descripción detallada de la misma porque “el autor” y “al traductor” “le pareció pasar éstas y otras semejantes menudencias en silencio...”).

Finalmente nuestro héroe puede quitarse la mugre de las armas y del requesón y demás inmundicias, dándose un “French bath” (por partes). Sancho le ayuda a desarmarse, quedándose “en valones y en jubón de camuza, todo bisunto...”. Sigue una descripción detallada de su vestimenta (que lo sabemos muy bien por los dibujos de TUCCI...). Mientras tanto, don Diego y su hijo, Lorenzo platican en otra alcoba. Lorenzo, el poeta, pregunta “¿Quién diremos, señor, que es este caballero...? El verde no sabe qué decirle porque le ha visto hacer las mayores tonterías pero al mismo tiempo “...decir razones tan discretas, que borran y deshacen sus hechos...” Le sugiere que le hable él y le tome el pulso porque el verde le tiene más por loco que por cuerdo.

Quijo y Lorenzo se quedan hablando en otra sala. Quijo sabe que “...vuesa merced es un gran poeta”. El muchacho contesta muy inteligentemente “poeta, bien podría ser, pero grande, ni por pensamiento”;
A nuestro héroe le gusta esa humildad ya que “...no hay poeta que no sea arrogante y piense de sí que es el mayor poeta del mundo.” (¿puya a Lope de Vega?) el chico dice que “alguno habrá que lo sea y no lo piense” “Pocos” contesta don Alonso. Luego le dice que si algun dia recibe un premio que se asegure que es el segundo, porque el primero siempre es de los enchufados, el segundo es de justicia “y el tercero viene a ser segundo, y el primero, a esta cuenta, será el tercero...” “...gran personaje es el nombre de “primero”. (Por ahora Lorenzo no le tiene por loco). Le pregunta “qué ciencias ha oído” pues parece ser que “ha cursado las escuelas”. Por supuesto que “la de la caballería andante” le contesta nuestro Quijo.

Continua

Merche Pallarés dijo...

Sigue una perorata de todas las ciencias que encierra este arte: porque un caballero tiene que “ser jurisperito y saber de leyes...”, teólogo, médico, herbolario, astrólogo, matemático, estar “adornado de todas las virtudes teologales y cardinales... ha de saber nadar, saber herrar un caballo... guardar la fe a Dios y a su dama... casto en los pensamientos (ejem...ejem...)... liberal en las obras... valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los menesterosos y, finalmente, mantenedor de la verdad, aunque le cueste la vida defenderla.” Demasiadas virtudes le parecen a Lorenzo. Quijo insiste “...cuán necesarios fueron al mundo los caballeros andantes en los pasados siglos, cuán útiles fueran en el presente si se usaran; pero triunfan ahora, por pecados de las gentes, la pereza, la ociosidad, la gula y el regalo.” (¡Qué actual!) Lorenzo llega a la conclusión que nuestro Quijo “es un entreverado loco, lleno de lúcidos intervalos”.

Fuerónse a comer. La comida fue “limpia, abundante y sabrosa”. Pero lo que más le gustó a nuestro caballero fue el “maravilloso silencio que en toda la casa había, que semejaba un monasterio de cartujos”. Una vez acabado el ágape y de haberse lavado las manos, Quijo “pidió ahincadamente a don Lorenzo dijese los versos de la justa literaria...” Sigue una glosa que deja a nuestro héroe maravillado de la sapiencia y el talento del muchacho. Le llena de piropos floreados “¡Viven los cielos... sois el mejor poeta del orbe...mereceis estar laureado, no por Chipre ni por Gaeta...sino por las academias de Atenas, si hoy vivieran, y por las que hoy viven de París, Bolonia y Salamanca!” Aunque el muchacho le tuviera por loco, como a nadie le amarga un dulce, se siente halagado “¡Oh fuerza de la adulación, a cuánto te extiendes, y cuán dilatados límites son los de tu jurisdicción agradable!” Sigue un soneto que tambien alucina a nuestro Quijo “¡Bendito sea Dios, que entre los infinitos poetas consumidos que hay he visto un consumado poeta como lo es vuesa merced...!” (qué cuco Cervan echándose flores y así mostrando a los poetas tan laureados y admirados en la época, que tampoco él era manco, aunque lo fuera...).

“Llegose, en fin, el dia de su partida... triste y aciago para Sancho Panza...” Se hallaba muy bien con la abundancia de la casa y no le apetecía nada volver “al hambre que se usa en las florestas y despoblados...”. No obstante, llenaron bien las alforjas. Al despedirse, Quijo alaba de nuevo el talento poético del retoño de la casa, ¡hasta le gustaría llevárselo con él! “...para enseñarle cómo se han de perdonar los sujetos y supeditar y acocear los soberbios” pero es demasiado joven. Les dice a sus padres “...siendo poeta podrá ser famoso si se guía más por el parecer ajeno que por el propio, porque no hay padre ni madre a quien sus hijos le parezcan feos, y en los que lo son del entendimiento corre más este engaño.”

Siguieron su camino. Quijo en su Roci y Sancho en su ruci. Besotes, M.

Hernando dijo...

Todavía no he leído el capítulo lo haré esta tarde y luego si veo algo nuevo que no se haya dicho lo comentaré, eso si, primero haré lo que nuestro profesor y tutor ha hecho, me lavaré, me afeitaré, me pondré camisa blanca con corbata nueva y con una tabla de embutidos y un Ribera en la mesa, me pondré a leer el capítulo que nos toca esta semana, que por lo que he leído en los comentarios, trata del buen yantar, buena conversación y de higiene.

Antonio Aguilera dijo...

Paso a recoger unos papeles por la oficina, y no me puedo resistir a curiosear por La Acequia.
¡Quillo! que ya han hecho todos los deberes y yo aún no he empezado.
Por lo que veo hay mucha "ave nocturna" empezando por el profe... y luego ya cuasi diurna acabando con MERCHE. Chiquilla Ibizenca ¿a qué hora te levantas?.

Esta tarde intentaré publicar. Hasta luego

Antonio Aguilera dijo...

Pedro si el libro que abrazas fuese la Biblia, tendríamos la pefecta imágen de un cura moderno o un pastor protestante. ¿Quizás haya madera?

Antonio Aguilera dijo...

En vivo y en directo publico una avanzadilla. No estàs pasada por corrector. Lo ancho y largo de Vandalia me espera. Saludos:

CAP. (2) 18
Desde la primera línea de este capítulo -el epígrafe-, don Cervantes nos pone sobre aviso en relación a la dicotomía que se va a producir dentro de él: “De lo que sucedió a don Quijote en el castillo o casa del Caballero del Verde Gabán (o sea, “el lechuga” de nuevo), con otras cosas extravagantes”. Observamos cómo nos dice “castillo o casa”. Castillo para el don Quijote loco y casa para el cuerdo.
Pero es casa “ancha como de aldea”, la del sr. Miranda, con todas las dependencias que debe tener la casa de un rico labrador; por eso eché de menos las gallinas saltando sobre la mesa del comedor cuando los comensales se encontraban en plena faena, y haciendo allí mismo sus necesidades si le viniera “el apretón”, porque esto pasaba en las casas de los labradores pobres (o “probes” en revulsivo”). Eso al menos me contó mi padre: que él había visto cuando aún estaba mozuelo y acompañaba a su padre con las bestias a comprar escaña para luego alimentar a sus, ya, más higiénicas gallinas. Higiénica (limpia) era también, además de abundante y sabrosa, la comida con que agasajó la sra de Miranda, a nuestro caballero y escudero.
Y como al traductor de “esta verdadera historia”, no le pareció conveniente enumerar todos los detalles y ornamentos que contenía la casa, por ser “menudencias” que nada aportan a lo esencial del relato: qué nos importa a nosotros el tipo de papel higiénico que usaban, ni la marca de colonia, de friegasuelos o friegaplatos; suponemos que éstos no compran en el Carrefour, sino en El Corte Inglés como buena familia pija que se precia. Pero de lo que más maravillado quedó don Quijote de aquella casa fue del silencio que en ella reinaba. El silencio que él en su propia casa añoraba: porque no le dejaban escribir tranquilo con aquel trasiego de “varones” subiendo y bajando las escaleras (¿por qué será que al leer “subir y bajar” pensamos en actos furtivos?). Eso de que a donde él vivía le llamaran la casa de las cervantas no debería de hacerle mucha gracia; el pobre…, (pero…rico despíritu, eh!!!).
Don Diego y su hijo Lorenzo dialogan a hurtadillas sobre la extraña personalidad de nuestro caballero: a veces loco de remate, a veces el más lúcido y discreto de los hombres. Creo que fue Poe (esta vez sí, Edgar Allan) quien dijo: “la ciencia no ha dilucidado todavía si la locura es lo más sublime de la inteligencia”. Y es cierto que el mundo está necesitado de muchos Quijotes, locos que luchen contra molinos, batanes, rebaños de ovejas….que en nuestro mundo son el hambre, las enfermedades, injusticias…

marga dijo...

· LOS PARENTESIS DEL QUIJOTE. siempre me encantan estas alusiones en varios planos, así tenemos al autor dando todo tipo de detalles costumbristas y al traductor que se los carga por el treinta y tres.
LA POESIA:.
- alegato contra los poetas: No hay quien no sea tan fatuo de creerse el mejor
- alegato contra la poesía: al final a fuerza de tener que ajustarse a la métrica y la rima el poeta termina diciendo cosas distintas a lo que deseaba.
- alegato contra los premios literarios: los primeros premios están dados.

LA SOBREMESA
Como en tantas sobremesas es el momento en el que los retoños exhiben sus habilidades ante los visitantes.

Cornelivs dijo...

PANCHO, MERCHE, SELMA, ANTONIO, MARGA, A TODOS EN GENERAL: ABRAZOS.

Anónimo dijo...

Buenos días, profesor Ojeda:

Sólo añadir que el capítulo de hoy es una lección magistral de sabiduría.
Y cada comentarista ha aportado detalles que hacen que no perdamos ni una palabra del texto.

Saludos. Gelu

Silvi (reikijai) dijo...

Perdón olvide, entusiasmada con el apunte de la revista médica; subir mi resumen.
El Caballero del Verde Gabán. (Diego de Miranda), hombre rico y felizmente casado; caritativo, devoto, enemigo de la hipocresía y la presunción. Libros de caballerías no han pasado por sus manos. De vida aburrida y sin interés por el bienestar de su país..Fascinado de los disparates de D.Q; lleva a ambos a comer a su casa. Los convidados, se quedaron por cuatro días. D Diego, es un ejemplo de cómo debería vivir un noble como D. Quijote. El Caballero del Verde Gabán, tiene un hijo poeta; Lorenzo. dos de cuyos raros poemas se leen. D Quijote absurdamente le declara el mejor poeta del mundo. … Cuando el joven don Lorenzo le pregunta si “ha cursado las escuelas, ¿qué ciencias ha oído?”, responde con apasionada descripción de la caballería andante como “una ciencia que encierra en sí todas o las más ciencias del mundo” y afirma que el caballero andante debe ser jurisperito, teólogo, astrólogo, matemático, ha de estar adornado de todas las virtudes teologales y cardinales y “ha de ser médico, y principalmente herbolario, para conocer en mitad de los despoblados y desiertos las yerbas que tienen virtud de sanar las heridas”.Este opina que D.Q es "un entreverado loco, lleno de lúcidos intervalos", más a su padre le parecía que era "un cuerdo loco y un loco que tiraba a cuerdo"… Besitos.Silvi.

Mª Antonia dijo...

Querido Pedro:
A partir de hoy (decisión tomada tras leer su entrevista en el Diario de Burgos) daré "señales de vida" (= comentarios), cada vez que visite su blog. Soy una fiel seguidora del mismo, pero tímida y silenciosa a la que tanta cultura retrae por no poder aportar más de lo que se publica, que aprende mucho gustosamente.

Extraordinario contenido el de La Acequia.

Un abrazo.

Señor De la Vega dijo...

Bien comprende un fracasado
una glosa tan sincera
que artificio pareciera
al que vive afortunado.

Poesía que arranca en el fuera
del interior del humano,
solo tratado de artista
si la forma ha conquistado.

Siendo yo un andante Zorro
que a toda ciencia recurre,
discrepar con el Quijote
ni siquiera se me ocurre.

Quijotesco, del Poema reivindico
que es, más fracaso que acierto,
pues se compone en el pecho
y se destruye en el juicio.

Habla el viejo a un aspirante
de la poesía de su tiempo,
y nombra mejor poeta
al joven más inexperto.

Solo pueda ser poeta
aprendiz siempre constante,
quedando el formal discreto
con la función de enseñante.

Finalmente,

No hay poesía más gustosa
que la que uno genera
pues dice infinitas cosas
que solo el autor pondera.

Verdad que nos muestra el texto
de un poeta incomprendido
pues debió escribir en prosa
para ser reconocido.

Suyo, Z+-----

Merche Pallarés dijo...

MªANTONIA, ¿ústed cree que yo soy una erudita? Por favor, todo el mundo cabe en LA ACEQUIA y seguro que sus comentarios/análisis serán geniales y muy bienvenidos. ¡Hay que lanzarse, mi querida, como lo hago yo--rodeada de geniales comentaristas, eruditos como nuestro profe, PANCHO, ABEJITA, MYR, SILVI, MARGA, EL SEÑOR DE LA VEGA, ANTONIO AGUILERA, TUCCI y muchos otros, pero no me achanto yo sigo con mis paridas. Es lo que tiene que hacer ústed--¡lanzarse! Seguro que disfrutaríamos enormemente de sus aportaciones. Besotes, M.

SEÑOR DE LA VEGA, ¡Preciosa su glosa! Sí, nuestro pobre Cervan tuvo que esmerarse en ser reconocido, por lo menos, en su prosa poética. A sus pies, M.

Jan Puerta dijo...

Apreciado Pedro…
En este capítulo, me ha gustado y mucho la incorporación de la parte poética como elemento necesario e imprescindible para demostrar el joven poeta, que la locuacidad no está reñida con la locura. Parece que los versos vertidos sean un relleno, un recurso para llenar un capitulo ambiguo, pero la fuerza de los mismos como testimonio directo de Cervantes equilibran magistralmente la escena. Cuatro días pasan rápido, pero en esa época deberían de ser una fuente inagotable de palabras, anécdotas y demás obligaciones de los actores principales del capítulo.
Con tu análisis veo muchos detalles que a simple vista pasan desapercibidos.
Un abrazo

Antonio Aguilera dijo...

Bueno Pedro, va acabando el dìa y ya publicamos con ayuda de Ojito en el Revulsivo.
Escribì a continuaciòn:

Finalmente, después de exponer y dar Cervantes por boca de don Quijote repaso al perfil ideal del caballero andante –él mismo-, del perfecto labriego pijo y cristiano - don Diego de Miranda-, ahora le toca dar repaso al perfecto poeta: los demás nunca lo reconocieron en él. Pero “no problema”: Para contrarrestar esa contrariedad, Cervantes había creado ya, como hemos visto, a don Lorenzo. Total, que a los postres don Quijote pide al mozuelo bardo que recite unos versos de su repertorio. Así lo hace el retoño del “lechuga”; y tan buenos deben de ser los poemas que el muchacho lee, que le hacen a don Quijote levantar de su silla para asir la mano derecha de don Lorenzo y gritar al viento: “¡Viven los cielos donde más altos están, mancebo generoso, que sois el mejor poeta del orbe…!!.
Añadiendo a continuación el siguiente panegírico por la lectura de un soneto:
“-¡Bendito sea Dios! -dijo don Quijote habiendo oído el soneto a don Lorenzo-, que entre los infinitos poetas consumidos que hay, he visto un consumado poeta, como lo es vuesa merced, señor mío; que así me lo da a entender el artificio deste soneto.”

Constatamos cómo Cervantes no necesita abuela que lo alabe.

Al cuarto día de estar don Quijote y Sancho “gorroneando” en la casa de don Diego, deciden marcharse antes de que los pongan de patitas en la calle, qué ya está bien… pero no sin antes haber llenado Sancho las alforjas del contenido de las tinajas tobosinas.

PD.
Saludos Mª ANTONIA, me alegra verte por La Acequia. Sòlo te advierto de un peligro.......ESTE BLOG ENGANCHA.

Besos y abrazos a Pedro y paseantes

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Uf..que tarde llego....me va ocurriendo lo que al de la Triste Figura loco no se, pero tengo culillo de mal asiento y últimamente no paro. Y si me di cuenta del uso de la anticipación en los versos. Saludos....

Me alegro de que nuevos nombres se agreguen a esta tu idea...¿que hacemos cuando acabe?...que ahora el vaso está medio vacio....

erobleto dijo...

Muy valiosos sus comentarios querido profesor. Oportunos también los de los colegas seguidores.

Sólo quiero agregar que Cervantes utiliza muy astutamente el recurso -poeta joven- para establecer un diálogo franco y directo con nuestro Caballero de la Triste Figura, de quien se puede esperar "cualquier cosa" por ser joven.

DQ al contrario se muestra más astuto que su interlocutor, mostrándonos la faceta casi irónica de su personaje.

Gracias

Merche Pallarés dijo...

¡TUCCI acabaremos por el 2011! A ver si sobrevivo... Besotes, M.

DESPLAZADOS AL PARAISO dijo...

¡Pobre Sancho! A lo bueno se acostumbra uno muy pronto... pero a la hora de volver de nuevo al camino no se le nota tanto entusiasmo jajajaja.
Capítulo muy interesante.
Un besote Pedro, muackkks.

MªANTONIA: yo no soy una erudita en literatura ni nada que se le parezca pero lo que estoy aprendiendo cada jueves de esta aventura con nuestro profe Pedro y todos los comentaristas asiduos a La Acequia, eso no me lo quita nadie, ¡anímese mujer, que aquí tiene cabida todo el mundo!

Señor De la Vega dijo...

Mi Señora Merche, primero le agradezco como siempre los halagos merecidos ¿serán estos de tal grado?, ¿o serán como los que se les dan a un ser querido y explicaba Don Quijote a los padres de Lorenzo? ;-)

Resume usted asumiendo, que como no tenía abuela Cervan en nombre del Quijo, se revuelca en los laureles. Eso pareciese, cuando en la ficción que escribimos se halaga el propio verso. PERO...

Yo más bien creo que los halagos de Cervantes se dirigen al Señor Vega, y que Don Quijote y Don Lorenzo tan solo representan a los vecinos de Madrid, Cervan y Lope.
Reconoce Cervantes en nombre del Quijote, el espectacular talento compositivo y dominio de la lengua del Monstruo de la Naturaleza, y para ello imita su estilo y su agudeza en la glosa y contra más lo alaba, más se vuelve la poesía Lopera en artificio exagerado en el soneto dado.

Pero en el teatro representado, esgrime El Quijote el superior valor de sus andanzas, el fondo compositivo del poema y la humildad requerida para que sea verdadero.
No basta la virtud de la palabra, sino del alma, y aclara que esto es algo que siempre acompaña a un andante caballero. Y no a un poeta vividor y complacido en su talento (eso no lo dice pero no hace falta).
Aunque el tema de la glosa sea de tal importancia, parece en manos de Don Lorenzo tan solo un juego de palabras que esconde el sentimiento, cuando además se trata de tema trascendente para el mismo Cervantes que lo vive (frente a la lejana juventud, mientras espera la muerte), no parece de recibo el que sea escrito por un joven en primera persona, que ni perdió ni juventud ni fama, ni el brazo en el camino.
Para entenderlo, bastaría tomar como actual ejemplo el soneto que en su blog Doña Mª Antonia nos regala [sabiashoras], pues ella sí, en tercera persona trata el tema de la perdida de la juventud, sin artificio, con belleza, sentimiento y en un mensaje comprensible y que sin pretenderlo atrapa.
Seguro que sería más del gusto de Cervantes, pues ningún poeta sincero desmerecería tal título ni siquiera frente al Fénix de los Ingenios. (Título que para mí, yo ya quisiera)

Pues dicho esto, este es solo uno de los posibles planos que leyendo veo. Pero francamente, imaginar lo que pretendía el autor, es tan solo un ejercicio de consuelo al no poder viajar en el tiempo y preguntarlo al viejo.
Suyo y besos, Z+-----

Merche Pallarés dijo...

No, mi querido SEÑOR DE LA VEGA, mi halago a su poesía no es como si fuera a un hijo, pues no lo es y ¡ni siquiera le conozco! (Ya me gustaría...). Es mi apreciación objetiva (aunque es verdad que le quiero mucho...).
He ido al link de MªANTONIA y me he quedado ma-ra-vi-lla-da. ¡Qué belleza de soneto! Me siento identificada. He querido dejarle un comentario pero no he podido (no había "Haga su comentario").
Lo de los planos que comenta, claro, que cada uno lo interpretamos a nuestra manera. Yo lo he percibido como que Cervan quiere demostrar a los que triunfaban en la época como poetas, Garcilaso, Lope y sobre todo éste último con su teatro (mientras nuestro genio vivía en la cuasi-miseria, pobret), que él tambien si quisiera, podría ser un gran poeta pero prefiere la prosa poética, no muy popular en aquellos tiempos. Además nos lo ha demostrado muchas veces en los diferentes capítulos que hemos leido hasta ahora.
Sin más, quedo, como siempre, rendida a sus pies, M.

Antonio Aguilera dijo...

Querida MERCHE:
Disculpa que interfiera en la conversaciòn que mantienes con el Sr de la Vega.
Como mencionas que no has podido entrar en el blog de M·Antonia, en la ventana de comentarios, pues decirte que puedes kliquear directamente sobre el nombre de ella en el comentario que hace màs arriba...y ya estaras en Literatura en Priego. Blog de la Asociaciòn de Amigos de la Biblioteca de Priego de quien tengo el gusto de ser tambièn socio.
En dicho blog, en el dìa de ayer està el soneto que te menciona el Sr de la Vega.
Y si tiras de la rueda del ratòn para abajo, nos veràs a unos cuantos en un Foro sobre Catulo.

Sr. de la Vega discùlpeme la intromisiòn en su coloquio con esta alta dama, que es Merche Pallarès.
Le remito, con franqueo pagado, un abrazo revulsivo.

Merche Pallarés dijo...

ANTONIO AGUILERA, iré ipso-facto. Besotes, M.

Aldabra dijo...

Voy atrasada con la lectura de El Quijote pero estos días ya me pongo al mismo nivel que los demás, no lo dudes, tengo vacaciones hasta el 19, ya son los últimos días.

me encanta que me esperes vestido con carbata, aunque sea para echarme la bronca por mi retraso en las tareas, como debe hacer un buen profesor.

biquiños,
que ganas tenía de pasarme otra vez por aquí.

Abejita de la Vega dijo...

Alguien, con un libro en la mano y un extraño y luminoso artefacto al que llaman ordenador, se ha interesado por mí, sacándome del limbo en que habitamos los personajes secundarios del Quijote.

Soy doña Cristina, esposa de don Diego de Miranda, ése que aparece como Caballero del Verde Gabán. Nací en casa solariega, linajuda e hidalga, mejor blasonada, y con escudo de armas menos tosco, que la de mi señor esposo. El nombre de mi linaje no interesa al autor; aunque aparezco, casi como un mueble de mi amplia casa, en el último de los tres capítulos dedicados a mi don Diego, en su famoso libro. Sí, el del Verde Gabán...mi trabajo me cuesta su impecable y armoniosa apariencia; siempre detrás de sastres, costureras, bordadoras, lavanderas, planchadoras…

Aquel día volvió mi marido de cierto viaje, mas iba acompañado de un extraño caballero. Flaco, seco, avellanado, armado como los caballeros de mis novelas, ésas que escondo bajo los almohadones del estrado. Cuando salimos a recibirle, mi hijo y yo, tenía los ojos clavados en las tinajas de la entrada. Me pareció oír suspiros y algo del Toboso y de unas dulces prendas mal halladas. Se apeó de un viejo rocín y me pidió, muy cortésmente, las manos para besarlas. Solicitó recibiera con agrado, al caballero andante don Quijote de la Mancha. Mi hijo Lorenzo y yo, tras superar nuestro asombro, le hicimos el recibimiento, con amor y cortesía; ante lo cual, él se nos ofreció discreta y comedidamente.

El escritor no quiso ofrecer detalles de mi bien equipada y adornada casa, cosas de mujeres…

El caballero iba acompañado de un rústico criado, al que llamaba Sancho. Éste se ocupó de desarmarle y ayudarle en su aseo. Los valones y el jubón hubieran precisado de una enérgica y hábil lavandera, capaz de eliminar la mugre y ¡el óxido! de las armas. Se lavó la cabeza y, cuando iba por el sexto y último caldero, todavía el agua salía de color oscuro y con un olor como de queso rancio. Su espada, su tahalí y…a la sala, donde mi estudiosos hijo le estaba esperando, para entretenerle mientras ponían las mesas. Me precio de ser una excelente anfitriona y, ante tal noble huésped, quería mostrar sabía y podía hacerlo.

Mi Lorenzo había tenido ocasión, mientras se desarmaba el tal don Quijote, de preguntar a su padre por la condición de caballero andante de nuestro huésped. Mi esposo no sabía contestar con precisión, más loco que cuerdo era el balance. Hablaba discretamente más hacía cosas propias del mayor loco del mundo.

Don Quijote dedicó a mi muchacho unas palabras que dieron en el blanco de su vanidad. Es mi hijo, pero reconozco que, desde chico, es algo vanidosillo y gusta de las palabras que le regalan los oídos. Su “rara habilidad”, su “sutil ingenio”, “un gran poeta”… Lorenzo se declaró aficionado a la poesía y a los buenos poetas. Protestó modestamente por lo de “gran poeta”, menos mal, de algo le valen las buenas maneras que yo le he enseñado.
(Mañana sigo)
Un abrazo

Señor De la Vega dijo...

Mi Señora Merche,

Quizás tiene razón Señora y Don Miguel, como en la fábula de las Uvas y la Zorra, dijo, no las quiero comer, no están maduras y se dedicó a la prosa frescamente.
(El concepto de prosa poética, es interpretación muy romántica del Quijote, aunque en muchos capítulos y extensos renglones la comparto, [también en el conjunto], me parece que Cervantes no es Cortázar, ni Cronopios el Quijote)
Pero si hubiese querido demostrar sus dotes poéticas a Don Lope y otros, de poco le hubiesen servido los versos forjados en manos de Don Lorenzo, no por malos, sino porque en poesía, no se demuestra la valía de un poeta por una glosa y un soneto. (Aunque fuesen obras maestras, algo que me permito cuestionar en estos.)
Había publicado el año anterior al del Quijote II, Viaje del Parnaso, donde tuvo la posibilidad de retratarse en tercetos encadenados, y se dedicó en la composición poética a dar un verdadero repaso a la poesía y poetas castellanos. (Digamos que por la poesía vivía obsesionado).

Por otro lado, había recibido las palabras críticas y resentidas de Lope, incluso antes de la publicación oficial del primer Quijote : "De poetas...ninguno hay tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe a Don Quijote".
Lope de Vega fue especialmente cruel con Cervantes y su caballero andante, además siempre se consideró superior como escritor y como poeta, como ejemplo de ese odio le dejo esto, que no sé si clasificar como soneto o difamante rima envenenada.

"Yo que no sé de los, de li ni le—
ni sé si eres, Cervantes, co ni cu—;
sólo digo que es Lope Apolo y tú
frisón de su carroza y puerco en pie.

Para que no escribieses, orden fue
del Cielo que mancases en Corfú;
hablaste, buey, pero dijiste mu.
¡Oh, mala quijotada que te dé!

¡Honra a Lope, potrilla, o guay de ti!,
que es sol, y si se enoja, lloverá;
y ese tu Don Quijote baladi

de culo en culo por el mundo va
vendiendo especias y azafrán romí,
y, al fin, en muladares parará."


Cervantes, jamás llegó a ese nivel de arrogancia ni de insulto, muy al contrario reconoció humildemente sus propias limitaciones como poeta, según mi opinión, a Cervantes la poesía al uso le brotaba algo forzada, aunque con un indudable fondo, ironía y a veces sentimiento.
Igualmente pienso que su error fue ceñirse a las formas en estilo y no buscar como en la prosa quijotesca su libertad expresiva, pero la vanidad le venció por alcanzar la fama y era hijo de su tiempo.
Algo que no le pasó escribiendo Don Quijote, gracias al Zielo, pues en Persiles también forzó su prosa, aunque el soñaba con vencerla y así murió, como sabios o tontos, sin llevarse nada.

También le honra que reconocía públicamente el genio dramático de Lope de Vega, algo que en conjunción a la profundidad que alcanza la visión y escritura de Cervantes, conjugó en su época, sabidurías únicas pero distintas.
(Fueron casos de envidia sobre el talento del otro, Lope empezó a reconocerlo nuevamente, solamente después de Cervantes muerto.)

Me sigue encajando mejor mi plano, quizás lo pensó rememorando sus encuentros en Madrid donde los dos todavía tenían más de amigos que enemigos, Lope con 15 años menos y lanzado hacia el éxito, ya alabado por la fama, fíjese que Don Lorenzo, si acaso representase a Lope, es una alegoría en su juicio a Don Quijote, para concluir en el decir de aquellos tiempos, que Cervantes, aún teniendo destellos de brillantez e ingenio, al final no pasaba de ser un escritor ensimismado y de segunda, eso sí, con integridad personal y valentía (quizás loco para ellos).

¿Qué pensaba Cervantes al escribir el capítulo? quizás no pensaba nada y tan solo lo escribía.

Pero mi Señora Merche, como en el otro comentario he puesto, nos es un imposible el viaje en el tiempo y preguntar al genio o como él mismo escribió en su glosa:

"Cosas imposibles pido,
pues volver el tiempo a ser
después que una vez ha sido,
no hay en la tierra poder
que a tanto se haya estendido."


Suyo en el presente y besos, Z+-----

Selma dijo...

¡Doña Cristina(Abejita), Vsted no es ningún mueble! Pero, se lo ruego, estamos ansiosos de conocer los detalles de lo que no dudamos era su bien equipada y adornada casa...
Esta Nómada se inclina ante Vsted en una profunda reverencia...Y, con su permiso, un ósculo en su diestra mano..

Merche Pallarés dijo...

SEÑOR DE LA VEGA ¡qué estupenda lección me ha proporcionado! Me he relamido con cada palabra. No conocía ese poema insultón de Lope. Lo que puede hacer la maldita envidia... Nuestro Cervan era muchísimo más noble y, desde donde esté, seguro que ha visto que su fama ha llegado hasta el último lugar del orbe y hasta, incluso, lée La Acequia. Mientras que a Lope le conocen en los países hispano-hablantes (y no todos...) y los hispanistas extranjeros. A sus pies mi querido Zorrito, M.

ABEJITA ¡genial tu primera parte! Besotes, M.

Abejita de la Vega dijo...

Don Quijote aprobó su humildad porque, bajo su punto de vista, la arrogancia de todo poeta le hace considerarse el mejor. Tras admitir que, como excepción, hay unos pocos grandes que no se lo creen, se interesó por los versos que inquietaban a mi Lorencito. Tenía noticias de que existía cierta glosa, para una justa literaria, que le traía de cabeza. Tenía razón mi don Diego, con qué sensatez le aconsejó que procurase llevar el segundo premio que, en realidad, es el primero. El primero, ya sabemos, es para alguien muy conocido o muy favorecido. Y, de todos modos, el primero es el primero… ¡Cuánto sentido común en un personaje tan poco común!
Mi estudiante se animó a preguntarle por las ciencias cursadas. Al llegar aquí, ya empezó a desvariar. Manifestó haber cursado la ciencia de la caballería andante que encierra a todas las demás porque el caballero ha de saber Leyes, Teología, Medicina, Herboristería, Astrología, Matemáticas, nadar, herrar al caballo…cuánto disparate dice este hombre. Y ha de ser casto, honesto, liberal, valiente, sufrido, caritativo, sincero…Que haya habido y haya caballeros adornados con tantas virtudes le parece dudoso a mi hijo y así se lo manifiesta a su interlocutor.
Lorencito había hurgado en la llaga de la inexistencia de tales caballeros. Temí que don Quijote se enojase; pero no fue así sino que, con gran flema le contestó que pensaba rogar al cielo para sacarle de su error. ¡Por un momento vi la cabeza del niño abierta como una sandía! Pero dieron fin a su plática y mi esposo tuvo ocasión, antes de comer, de preguntar la opinión de nuestro vástago. ¡Un entreverado loco! Esa fue la definición que dio. Entreverado, como el buen jamón y el lomo que guardamos en nuestra cueva. Y no hay galeno que lo pueda sanar.
Comimos y la comida fue tal yo acostumbro a agasajar a mis convidados: limpia, abundante y sabrosa. No faltaron ni la enjundiosa sopa, ni el cabrito asado, ni las verduras de nuestro huerto, ni las frutas de árbol y de sartén. Todo regado con vino de nuestra bodega. Y, en silencio, que no permito yo a los sirvientes el que alboroten.
Levantados los manteles, don Quijote insistió en escuchar los versos de la justa literaria, a lo que accedió Lorencillo, sin hacerse rogar. Y, antes del recitado, ya nos dejó claro el loco caballero que sabía de la dificultad que entrañaba la glosa, con unas leyes demasiado estrechas.

Abejita de la Vega dijo...

Los versos hablaban de lo imposible de volver al pasado, cuántas vueltas para algo que es de sentido común. Pero cómo lo dice este hijo mío, incluso parece que dice algo nuevo…No, no soy una mujer ignorante. Que mi padre se preocupó de mi educación, ordenando que el dómine de mis hermanos también se ocupase de mi instrucción.
Mi hijo se sintió halagado ante los comentarios elogiosos de don Quijote. “El mejor poeta del orbe” accedió a recitar algo de sus versos mayores. Un soneto vino a continuación, uno dedicado a Píramo y Tisbe, los amantes que se comunicaban a través de una grieta en el muro…¡Qué historia más triste!
El loco caballero hizo un juego de palabras muy ingenioso para alabar, todavía más, a mi bisoño poeta: “Bendito sea Dios…, que entre los infinitos poetas consumidos que hay he visto un consumado poeta”. ¡Oh fuerza de la adulación! Baja hijo de ese pedestal en el que te han subido, con cuidado, no vayas a besar el suelo…
Cuatro días estuvo don Quijote regaladísimo, en nuestra casa. Yo procuré que no le faltara de nada, n a él, ni al rústico criado, menudo comilón, que decía ser su escudero.
Don Quijote pidió licencia para irse a mi señor esposo, agradeciendo el buen trato recibido; pero que los caballeros andantes no deben estar ociosos ni regalados mucho tiempo. Debía cumplir con su oficio, buscar aventuras…que si Zaragoza, que si la cueva de Montesinos, las lagunas de Ruidera…no oí bien. Los que se despedían eran el padre y el hijo que, por supuesto, eran los que habían trabajado para regalar al huésped…
Furiosa, me fui al estrado y saqué mi Amadís, escondido bajo un almohadón. Puse el libro encima del bastidor. Si se acerca Diego, lo escondo y hago como que bordo…
Un abrazo a todos

Kety dijo...

Me he quedado sin palabras ante dichos comentarios. Sólo me queda felicitar a todos. Al final voy a estar de acuerdo con Mª Antonia
Lo cual no quiere decir que desista en mi empeño de asistir -como lectora-, en la Acequia. ¡Aprendo tanto!

Dejo una frase de Paulo Coelho:
"Afronta con coraje, no tengas miedo a las críticas, y no te dejes paralizar por tus propias críticas".

Myr dijo...

RECTIFICO: dónde dice: " nos quería decir" debe decir "nos quiere decir hoy". Vale

Abejita de la Vega dijo...

Gracias Selma.

BIPOLAR dijo...

Gracias a la explicación literiaria se desenmaraña un capítulo engorroso de leer a un lector sin pretensiones.

He descubierto que Don Diego sólo era un buen samaritano.

Que DQ estaba bastante guarrete.

Que la comida -sobre todo- era ¿limpia?

Que la adulación nos esclaviza.

Y que el recurso de introducir a un redactor para obviar escenas trabajosas, está muy bien. No deja de ser la censura de un vago.

Asun dijo...

La verdad es que después de leer tu entrada y los comentarios del resto del grupo no se me ocurre nada más que decir. Esto de llegar con unos cuantos meses de retraso es lo que tiene.

Besos

Juan Luis G. dijo...

Un capítulo muy técnico que se comprende mejor gracias a tus explicaciones, sin duda.

Un saludo.