sábado, 20 de junio de 2009

Acuse de recibo: El gordo Sasamón y el lobo. El príncipe desafinado, de Fernando Portillo Hombre



Escribir cuentos infantiles que se salgan de lo común hoy en día es todo un arte. Se ha instalado en el género un canon en el que todo está diseñado para su venta al por mayor y, por lo tanto, para su fácil digestión tanto por los niños como por los padres.

De hecho, la presión es tanta que la pacatería propia de nuestra época ha modificado la trasmisión textual de los relatos tradicionales de tal manera que se han limado todas las aristas. Yo mismo, al contar por la noche estos relatos a mi hija cuando era pequeña, me descubría eliminando aspectos que quizá me escandalizaran más a mí que a ella.

La primera intervención decidida en los relatos para niños se produjo en el siglo XVIII, con las fábulas y continuó en los libros de lecturas para niños que se publicaron en el siglo XIX. En este proceso intervinieron algunos de los que fiijaron, a finales del siglo XIX y principios del XX, (Andersen, Calleja) un canon escrito de la narrativa infantil suplantando definitivamente a la trasmisión oral de estos relatos. Ya en este fase, dado el salto a la impresión masiva, se produjo una extraña simplificación de los mensajes, en los que la lección que siempre existía en ellos, propia de las preocupaciones más arraigadas en todas las culturas, pasó a convertirse en moral de una sociedad cada vez más igual, hipócrita y burguesa. La adaptación cinematográfica de muchos de estos relatos, especialmente por la factoría Disney, terminó por provocar un formato casi único de relato infantil con su propia imaginería.

Por eso nos sorprende tanto cuando encontramos versiones antiguas de los relatos que aun hoy seguimos contando a los niños: la gran mayoría son crueles, inaceptables en los códigos oficiales de buena conducta actuales, llenos de los temores irracionales más permanentes del ser humano y con una diversidad mucho más amplia de lo que se estila. De un mismo relato podían coexistir cientos de variantes.

Hoy, la extensión del mercado del cuento infantil ha matado la variedad. En apariencia nos puede parecer que no es así si vamos a cualquier librería especializada, en la que hallaremos cientos de títulos, pero un ojo experto podría reducir todos los volúmenes de las estanterías a unas pocas modalidades. Es de resaltar cómo hoy la que triunfa es el relato de la historia de un niño o una niña que es aprendiz de mago o tiene acceso a un mundo en el que la fantasía le hace vivir experiencias alejadas de la realidad. A fuerza de fomentar en la mente del niño eso que se ha llamado la fantasía, se le ha alejado del mundo en el que vive.

Especialmente sorprendete es, por ejemplo, la escasa calidad del lenguaje de la mayor parte de los escritos dirigidos a los niños. No me refiero a los muchos y buenos textos que existen para niños en la etapa de aprendizaje de la escritura (en los que parece no regir las normas de las que aquí hablo), sino a los de etapas siguientes, en los que parece escribirse pensando que el niño no debe aprender nada con la lectura autónoma. Supongo que los editores tendrán un código secreto en el que figuren las palabras que los niños dominan en cada edad según estudios sesudos de pedagogía y prohiben expresamente la impresión de toda palabra, expresión o estructura sintáctica que no encuentren en él, porque de otra manera no puedo entenderlo. Actualmente, en el mundo occidental, los niños leen más que nunca pero este hecho constatable no garantiza que sigan leyendo cuando llegan a la adolescencia. Ya he expresado en alguna entrada que uno de los factores posibles es que las lecturas que hacen habitualmente no son nada complicadas en cuestiones lingüísticas ni en conceptos: es una literatura muy directa y adaptada que no tira de ellos hacia ningún otro tipo de libro excepto hacia los best sellers, escritos con la misma intención. Algo similar ocurre con las series de televisión y las películas.

Por eso mi temor inicial cuando mi amigo Fernando Portillo me dijo que escribía un libro de cuentos por encargo de la Biblioteca Pública de Burgos y mi satisfacción cuando recibí su envío de El gordo Sasamón y el lobo. El Príncipe destronado (Burgos, Junta de Castilla y León, Biblioteca Pública de Burgos, 2009), dos cuentos llenos de inteligencia y calidad literaria. Enlazan con los cuentos de príncipes y princesas del folclore para subvertirlos de una forma aun más radical si pensamos en el canon actual de este tipo de relatos: Un gordo que se casa con una bella princesa tras cazar a un lobo y enamorarla con el humor; un príncipe insufrible que se enamora de la hermosa hija de un leñador por su único defecto. Estos dos relatos son divertidos, irreverentes en algún momento y, sobre todo, alejados de la pulcritud aséptica de tanto como se escribe. Van precedidos de una advertencia del autor que alejará a unos pero significará un tesoro para quien vaya una página más allá:

Los niños (y las niñas, sí) que deseen comprender correctamente estos cuentos, deberán tener a su lado un diccionario de la lengua española cuanto más gordo mejor. Ya que el autor, amantísimo de nuestro idioma, ha decidido dejarse de tontunas y de tratar a los niños (y a las niñas, sí) como si fuesen bobitos y ha utilizado toda la munición necesaria para contar una historia como dios manda, que no es poca.

Los relatos cuentan con otro atractivo: las ilustraciones de Juan Mons, excelente dibujante, nada correcto ni convencional, que ha sabido captar lo que pretendían las dos historias.

25 comentarios:

BIPOLAR dijo...

na,na,na,na,na,na,na
me lo ha dedicado...

la advertencia no tiene desperdicio y me lo imagino con un altavoz:

"los que consideren que Obesidad es un grupo de radicales advenedizos pueden abandonar el recinto, el resto pueden abordar mi casa..."

-"Lo ves colega, ya te dije que esto era una concentración de okupas..."

(sin generalizar, haya paz)

carmensabes dijo...

Estoy segura, y espero no tardar en comprobar, la calidad literaria y la originalidad de sus cuentos.
El lenguaje que utiliza Fernando siempre al escribir es excepcionalmente rico, haciendo que una se sienta orgullosa de la lengua castellana.
Admiro a Fernando y me hace feliz la noticia.

Besos y gracias Pedro

begoyrafa dijo...

Ahora que recibo y leo tantos libros de literatura infantil, no puedo más que suscribir tus palabras. Veré la forma de que Sasamón, el lobo y el príncipe desafinado se acerquen a mis estanterías.
Un abrazo
Rafa

Silvi (reikijai) dijo...

Historias laicas y pedagógicas. … con fines didácticos… y finales felices… donde todos comían perdices… Cuentos populares… adaptados… Fernando no esta tan errado. En el siglo XVII, “el niño” era considerado un adulto en miniatura. Perrault, fue el primero en recomendar esta lectura… que tomo del folklore popular…Pregunto… los niños… quieren cuentos o realidades… ¿?? Y es bueno que tomen el mata burros (diccionario).Me gustaria saber si esta a la venta… una prima esta viajando en dias mas a España… Cuando nacieron mis melly, fui comprando las películas de Walt Disney… creo que no falta ninguna… te soy sincera; son mágicas. Pedro, que tengas una linda semana … sigo sin Internet. Besitos.Silvi.

Fernando Portillo dijo...

Mil gracias Pedro, por tu generoso comentario, y gracias también al equipo de la Biblioteca Pública de Burgos que tuvieron la valentía de publicar los cuentos bajo el sello de la Junta. Como bien dices, estos cuentos hicieron en su momento un penoso peregrinaje por varias editoriales de las que se tildan de estar en la vanguardia de la literatura infantil y regresaron con las orejas gachas. Las notas que les acompañaban de vuelta venían a decir con lenguaje muy políticamente correcto, que eran políticamente incorrectos: Un gordo que afirma no ducharse jamás por motivos ecológicos y que enamora a una princesa imitando el rebuzno del burro y tirándose pedos; un lobo que muere envenenado y un príncipe que es campeón del mundo de un juego que utiliza a guisa de pelotas cabezas de niños recién cortadas ¿dónde se ha visto esto? Y además con un léxico que no se corta un pelo en utilizar expresiones cervantinas y que hay que leer con diccionario.
Pero yo pensaba que había de hacerlo aun previendo el fracaso. Y el resultado es que los niños que lo han leído se han reído muchísimo, que es lo que a mí me importaba.
Desgraciadamente, los cuentos no están a la venta, ya que la Biblioteca los publicó para distribuirlos gratuitamente en la Feria del Libro,tal vez sea posible conseguir un ejemplar pidiéndolo a la propia Biblioteca donde supongo que tienen que tener cuentos sobrantes. En cualquier caso estoy estudiando la posibilidad de publicarlos en mi blog con sus correspondientes dibujos cuando lleguen las vacaciones.

Jan Puerta dijo...

Todo lo que sea hacer que un niño coja un diccionario debería estar subvencionado por las más altas esferas de este país.
Ya te puedes imaginar lo que daría por ser un niño de Burgos en este momento.
Un fuerte abrazo a los dos.

Selma dijo...

Ignoro si podré conseguir estos cuentos.. pero una cosa acabo de comprobar y me hace feliz.. tengo una grata lectura más para este verano y lo que siga.. El Blog de Fernando Portillo.. le acabo de dar una ojeada y se merece todas las hojeadas y lecturas posibles.. cosa que haré gustosa y con su permiso...

Un beso a ambos, gracias Pedro por tus siempre excelentes recomendaciones.. y por cierto, feliz descanso dominical...

Silvi (reikijai) dijo...

Fernando...de esas realidades hablaba;cosas normales de un mundo real.Igual que Selma,pase sin permiso por tu blog.Y lo encontre muy interesantes.Gracias Pedro,por dejarnos entrar al mundo de tus amigos.Gracias Fernando.Besitos Silvi.

Merche Pallarés dijo...

Quizá, tienes razón y ya era hora que alguien escribiera cuentos politicamente incorrectos, donde los niños se tienen que estrujar el "cerebelo" y buscar en el diccionario. Como dice JAN PUERTA ¡qué gozada ser un niño de Burgos! A ver si es verdad, FERNANDO PORTILLO, y publicas extractos en tu blog (el cual leo a menudo). Besotes, M.

Cecilia Alameda Sol dijo...

Los cuentos tradicionales se inventaron en una sociedad que ya no existe. Han cambiado mucho las circunstancias sociales y han avanzado las técnicas pedagógicas. Ahora un lobo no es un enemigo, sino una especie de animales que hay que cuidar porque puede extinguirse. Caperucita se ha quedado desfasada en su formato tradicional. Yo no le he contado a mis hijos ese cuento nunca, porque me parecía cruel y desagradable. Por lo menos no se lo he contado cuando eran pequeños. No quería que pensaran que los lobos son enemigos de los humanos.
Además, en el colegio nos avisaban de que muchos críos tienen pesadillas con los lobos cuando son pequeños. Los cuentos les inculcan miedo, terror.
Por todo ello, no puedo hacer una defensa a ultranza de los cuentos en sus formatos tradicionales.
Por otra parte, los cuentos de princesas y hadas me resultan estúpidos porque inculcan unos valores que contravienen el modelo de relaciones hombre-mujer que, en mi opinión, deben conocer los niños. Las princesas son niñas bobas que no son capaces de hacer nada por sí solas y los príncipes son machitos orgullosos que tienen la función primordial de salvarlas y apropiarse de ellas. ¿Cómo voy a contar un cuento de este calibre a un niño o a una niña a la que estoy educando?
El modelo del niño-mago quizás no debiera ser el único modelo de literatura infantil de debe escribirse, pero yo, particularmente, he encontrado algunos valores en el personaje que me han gustado: la lealtad con los amigos, el afán de superación a través del esfuerzo, la preponderancia de la buena voluntad sobre el poder de la maldad, la equivalencia de géneros.
Todo esto no significa que me oponga a un relato "políticamente incorrecto", ni mucho menos. Entre otras cosas, porque el humor puede ser una fuente de enseñanza y de iniciativa para los lectores.

Antonio Aguilera dijo...

Necesitamos cuentos como èstos de F.Portillo. Consiguen los fines ùltimos por los que fueron escritos: reirse y tirar de diccionario (lo último a algunos les costará).

Publicalos Fernando en tu blog, y avisa por aquí que nos enteremos.

Gracias por el "puchero", ofrecido a Pedro, que no le pase como a don Quijote (que la ama y sobrina sólo le ponían caldo de calabaza). Está en una edad difícil JAJAJA!!. uy! perdón.......

Un abrazo para ambos

Fernando Portillo dijo...

Amigo Antonio: Prometo publicar los cuentos en breve plazo; pero la mejor forma de enterarse es seguir mi blog, je, je.

Gabiprog dijo...

Notable don es ese él de preguntar por parte de los niños, y el uso del diccionario y de la propia indagación, muchísimo más!

elena clásica dijo...

Gracias por la información sobre el autor de los cuentos, y especialmente por tu comentario sobre tratar a los niños como lo que son: personas inteligentes.
Me ha encantado. Besitos.

Abejita de la Vega dijo...

Me parece muy interesante lo que dices de las lecturas infantiles.¡El pollo que me montó una mamá porque trabajé con los niños una poesía navideña de Lope de Vega! Es esa que dice:

Pues andáis en las palmas,

ángeles santos,

que se duerme mi Niño,

tened los ramos.

La buena señora me soltó que su hijo de seis años no podía entenderlo porque "no había Sujeto y Predicado".Luego añadió que el poema tenía cien años.Mi respuesta: noooo señora, tiene cuatrocientos...
Los niños leyeron, memorizaron el poema,lo dramatizaron un poquito,escribieron ,dibujaron las palmas, los ángeles, el niño...Y quedó precioso pero la bronca de la culta señora...
Por eso me ha gustado mucho eso de:
"las lecturas que hacen habitualmente no son nada complicadas en cuestiones lingüísticas ni en conceptos..."
Abrazos

Merche Pallarés dijo...

ABEJITA ¡¡No me lo puedo creer!! Te armó un pollo ¿¿¿por ese bellísimo y corto poema??? Hija, veo que vuestra situación está peor de lo que me imaginaba... ¡Qué paciencia de santos teneis que tener! Muchos besotes, M.

Cornelivs dijo...

Habrá que leerlo, pues...

Un abrazo.

Abejita de la Vega dijo...

Sí, está peor de lo que parece.Los padres , cultos o incultos, se creen con el derecho de ordenar al maestro lo que tiene que hacer o no hacer con sus niños.Cuando llamo al fontanero, no le digo qué haerrramientas tiene que usar. Cuando voy al médico, no le insinúo la medicina que me tiene que recetar. Pero de esto, todo el mundo entiende...y así nos va.
La poesía es bellísima, efectivamente.Voy a tu blog y te la pongo entera.
Un abrazo para los dos

moderato_Dos_josef dijo...

Realmente hay libros para niños que los lees y da pena. Parecen para abúlicos más que para chicos con cierta inteligencia y capacidad de leer. UN abrazo!

Anónimo dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:

Ha conseguido ponerme los dientes largos, con los cuentos de D. Fernando Portillo.
Si estuviera en Burgos, y hubiera que tener la edad de un niño/a, inventaría algún truco para conseguirlos. Y los conseguiría, firmados y dedicados.
De todos modos, espero verlos publicados en el blog de su autor.
Y añadir, que me encanta el sello inconfundible de los dibujos de Juan Mons.

Saludos. Gelu

Anónimo dijo...

Los niños, con su peculiar modo de ver y entender las cosas, son capaces ellos mìsmos de darle a una historia el toque fantástico, o de humor o irreal de un modo diferente a como lo hacemos los adultos. Tendemos a menospreciar su capacidad de interpretación y reflexión sobre las cosas. Un saludo Isabel.

Aldabra dijo...

pues voy a tener que comprármelo porque ya sabes que soy una amante y defensora apasionada de los libros "infantiles".

me ha gustado muchísimo tu entrada, rigurosa y con sensatez.

biquiños,

Francisco O. Campillo dijo...

Tomo nota y buscaré el libro. Independientemente de que se publique en la Red ;-)

pablo miguel simón dijo...

Fernando es mucho Fernando, no está del todo bien que lo diga yo porque La Palabra aprovecha su genio para ganar prestigio y va a parecer interesado. Pero nada más lejos, además de ser un genio juntando palabras es una magnífica persona, con gafas o sin ellas. Celebro que hayas hecho esta reseña, amigo Pedro, es además todo un artículo sobre el cuento moderno.

Myr dijo...

Sera interesante leer algo diferente....