sábado, 30 de mayo de 2009

Acuse de recibo: Olvidando a Velázquez. Las Meninas.


Dialogar con las grandes obras del pasado es la mejor forma de hacer arte presente mirando hacia el futuro. Hubo un tiempo en el que la originalidad se definía a partir de este diálogo, pero a partir del romanticismo hubo una cierta línea artística que pretendía reinventar el mundo sin leer el pasado. La conclusión fue que algún tipo de arte se condenó a sí mismo a redescubrirse cada quince o veinte años en un adanismo que tenía mucho de mercadería de baratija y en el zoco hubo muchos charlatanes que sorprendían a los incautos con logros que no les pertenecían: es la marca de algunas épocas. Para camuflarlo, muchos apostaron por la ruptura de la historia como contexto que explicaba la producción artística. En parte, todo aquello sucedió como reacción contra los que pretendían que nada nuevo se podía hacer y que todo debía darse como imitación sumisa de un canon pretendidamente inmutable y universal que solía contener más jerarquía ideológica y moral que artística.

Viene todo esto a cuento de que Hernando, un comentarista habitual de La Acequia que tanto y tan bien opina, me remite el catálogo Olvidando a Velázquez. Las Meninas (Barcelona, Institut de Cultura de Barcelona, Musseo Picasso, 2008), correspondiente a la exposición que tuvo lugar en el Musseu Picasso de Barcelona del 15 de mayo al 28 de septiembre de 2008, en el que trabaja.

Todo avance artístico nace de un diálogo no sumiso con el pasado. El artista que lo provoca -o toda una época-, selecciona su propio canon para imitarlo, negarlo, afirmarlo y superarlo. Las Meninas de Velázquez desde el siglo XVII, han sido una prueba de fuego de este proceso. Es una obra maestra que se apoya sobre otras anteriores para dialogar con ellas y añadir un hito en el camino. En Las Meninas (1656) hay una consciente reflexión sobre los autorretratos de pintores que se dieron con cierta frecuencia en las décadas anteriores, para añadir elementos nuevos: el tratamiento del espacio y la luz, el juego intertextual con los cuadros colgados en las paredes del fondo, el radicalmente vanguardista reflejo del movimiento de los personajes sorprendidos por la entrada de los reyes (que aparecen en el espejo)... Pero, sobre todo, la inteligente posición del artista. El cuadro se conoce por un nombre que no le pertenece. Es el nombre popular que se eleva a oficial en el siglo XIX, pero no sabemos realmente cómo se llama porque el tema no es el de su título sino el que alude a la posición del pintor ante el mundo. Esta pintura no es un retrato original de personajes de la corte a partir de un alarde técnico, sino del arte y del artista y de su dignificación en un espacio y tiempo reales y no míticos.

Por eso, muchos artistas se han medido con Las Meninas para dialogar con el cuadro. La mayoría no pasan de la copia de cuestiones técnicas parciales -disposición de los personajes, tratamiento del espacio o de la luz-, pero hay un puñado de artistas que han ido más allá y han querido medirse con la totalidad de lo que representa esta obra maestra.

El que consiguió medirse con Velázquez para conseguir su actualización a los logros del siglo XX fue Picasso. Lo hizo en una serie de pinturas que le ocuparon desde agosto a diciembre de 1957, trescientos años después del cuadro original. El planteamiento inicial de Picasso era de una sorprendente originalidad: copiar la obra para, a partir de un punto, mover un elemento comprobando cómo cambiaba toda la composición (esta cuestión es una de las claves de la técnica de la producción de ambos, Velázquez y Picasso). A partir de ahí se desató una febril actividad cuyo resultado se recogió en la exposición citada y en este catálogo. Picasso consiguió pintar sus meninas: las de un tiempo que dejaba ya de ser moderno para decantarse hacia el postmodernismo. Si observamos la fecha en la que Picasso realizó su proyecto podremos comprobar que este juego intertextual con Velázquez está en la raíz de una de las esencias del cambio de época. Picasso, evidentemente, no era postmoderno, pero dejó su tratamiento de Las Meninas a los que vinieron después y que ya lo eran, como el Equipo Crónica.

Es elogiable este trabajo del Museo Picasso, como tantos otros a los que nos tiene acostumbrados. Lo recogido en el excelente catálogo es un ejemplo de cómo construir un argumento para una exposición ejemplar. Se acompaña de textos que estudian con acierto Las Meninas de Velázquez y su obra, el proyecto de Picasso y su impacto en la relación con la obra de Velázquez en los autores posteriores.

Este tipo de trabajos permiten comprender mejor el mecanismo que hace que el arte evolucione en continuo diálogo con las mejores obras del pasado y, por su puesto, para profundizar en la producción de Picasso.

17 comentarios:

Cornelivs dijo...

Uno de los cuadros que mas me han impresionado siempre, Pedro. Me he pasado horas y horas mirandolas...

Felis domingo...!

BIPOLAR dijo...

No funciona el enlace a la exposición.

La idea es muy atractiva, cambiar o quitar a los personajes de sitio; resulta como las combinaciones para dar jaque en una partida de ajedrez.

¡¡¡ POBRES ARTISTAS!!! condenados a pintar verrugosos nobles y esculpir tallas religiosas para poder (primero comer) y segundo proyectar su ingenio... snif.

REIKIJAI dijo...

El secreto de Las meninas mejor callado es la razón íntima de su irresistible encanto.Se sabe que Velázquez aspiraba a conquistar la categoría de hidalgo y ser miembro de la Orden de San­tiago. no era tarea fácil;el espíritu de cuerpo de los caballeros de hábito impedía in­gresar en sus filas a los que no probasen sobradamente la lim­pieza de sangre,el oficio de pintor se consideraba deshonro­so. Sus abuelos maternos eran portugueses,ple­beyos e incluso se decía que po­drían ser de descendencia judía.Solicita dicha distinción en 1636,le fue otorgada un año antes de morir en 1659.Las Meninas fue terminado tres años antes de que se le otorgara la orden;vale decir,pintó el cuadro dejando en la pechera de su jubón el es­pacio para agregar posterior­mente la roja cruz,como si hu­biese estado seguro de que en ese sitio habría de pintarla.Pedro muy buena entrada...y cuanto para decir.
Feliz Domingo.Besitos.Silvi.

Merche Pallarés dijo...

"Las Meninas" fantástico cuadro. La serie de Picasso tambien es muy interesante por los puntos que tu apuntas. Gracias por tu muy informativo post. Besotes, M.

Hernando dijo...

Gracias Pedro por tus comentarios, muy certeros y con mucho juicio, leyendo tú comentario, parece que hayas estado toda la vida entre cuadros. Aunque muchos no lo crean pintura y literatura van de la mano.El museo Picasso de Barcelona en todas las exposiciones trata de que haya un texto , un relato a seguir que la gente lea la exposición y que no se limite solamente a ver un montón de cuadros y cuántos más mejor, en nuestras exposiciones como en la colección permanente ponemos énfasis en ésto.

Lo único que quiero añadir es la relación tan estrecha que hay entre Velázquez y Cervantes, o ente El Quijote y Las meninas dos obras universales, con el Quijote se inagura la novela y toda novela moderna está en El Quijote, y con Las Meninas pasa lo mismo de tal manera que Velázquez es el pionero de la pintura moderna española y mundial. La pintura española tiene la suficiente calidad y se la rinde homenaje en todo el mundo por tres genios, Velázquez, Goya y Picasso. Si os gusta el arte y vais a exposiciones, en exposiciones que abarquen cualquier tema de los siglos XVII al siglo XXI, siempre habrá una gran representación de estos tres pintores.
Añadir que tanto Velázquez como Cervantes sus biografías a veces coincíden.
Disfrutad de ésta entrada tan profunda que os regala Pedro.
Un feliz domingo.

Hernando dijo...

Se me ha olvidado decir que si quereis saber algo más del Museo la Web, es www.museupicasso.bcn.cat

Gracias.

Selma dijo...

Excelente Entrada, Pedro y Oh... casualidad de la vida y del Arte me topé con las Meninas, versión escultura, por las calles de Girona...

Un beso.

Verónica Rodríguez Orellana dijo...

Muy interesante Pedro , del diálogo a la re creación constante , un beso

Merche Pallarés dijo...

HERNANDO si buceas en mi blog verás que yo tambien trabajé en el Museo Picasso en el '72 (creo) cuando iban a inaugurar su parte biográfica--sus dibujos infantiles, sus primeros cuadros como "Ciencia y Caridad" etcétera. Besotes, M.

Hernando dijo...

Merche te refieres a la gran donación hecha por Picasso a través de su amigo Jaime Sabartés, todos estos cuadros los tenía Picasso en un piso en Barcelona y los donó al museo, siendo la parte más importante del fondo deL Museo, Picasso dijo aquello que mientras estuviera el dictador no pisaría España y lo cumplió, y como otras muchas cosas, hoy en día tendríamos muchos museos Picasso en España si no hubiera existido "El Cerillas.
Me alegro que hayas formado parte de ésta gran familia que formamos toda la gente que ha tenido que ver con el Museo Picasso, soy un poquito más joven y empecé a trabajar en 1.987, también ya ha llovido mucho.
Un saludo.

elena clásica dijo...

Me ha producido el más sentido arrebato tu visión artística sobre el diálogo siempre abierto a través del tiempo, sea éste más o menos amable.
Maravilloso desestructuración siempre la picassiana.
Besos.

eva- lazarzamora dijo...

Picasso, inspirô al Equipo Crônica,(gente de mi tierra). Las Meninas, inspiraron tanta obra literaria y pictôrica, como cultural y musical...
Tras ellos, un amigo, Antonio de Felipe, que siguiendo los pasos de sus tocayos valencianos realizô su "Menina Coca-Cola", le hizo el decorado a Almodôvar en su famosa "Carne Trémula".
Hay por ahî también un ilustre peruano que siguiô los pasos del Pop Art, o del Art Pop (segûn los puristas) digno de ser mencionado. Te dejo tal honor.
Galia Blanco, Linch, Lozano Rivero, Kriss, el antepasado de todos ellos Roy Lichtenstein, Giacometti... (?)

A mi querido Equipo Crônica les hicieron varios homenajes aquî en Paris, sobre todo a Solbes.
El barroco tenîa algo de eso, ("shsssisss las paredes oyen, andan los tiempos recios, el ser y el parecer, el trastocar la realidad, el enseñar deleitando")...
Las artes cambian, los tiempos cambian pero la transmisiôn del saber cambia??? El transfondo no sigue en el fondo siendo el mismo adaptado a los tiempos que vivimos?? Es una pregunta que te hago.
Un abrazo.
Pasa una linda semana.

Jan Puerta dijo...

Cuando tenía diez años, el primer museo que visité fue el Picasso. A parte de los tres municipales. Corría el año 1968. Un profesor del colegio se le ocurrió la brillante idea de llevarnos a el en Sábado, ya que entre semana no era habitual tal circunstancia. Ni que decir tiene que fue un autentico desastre. Seis niños y dos profesores. Las escusas fueron tales que no vale la pena el recordarlas. Si hacer mención especial que fueron muchos los padres que no encontraban adecuado el gastarse unas pesetas extras para ver un museo.
De Velázquez siempre he sentido algo que no he podido definir bien. Mis visitas a Madrid tenían un denominador en común. Como mínimo una tarde la pasaba en el Prado. Nunca dejé de visitar y ver las Meninas. Eran y aun son un amor platónico, que se mantiene después de tantos años.
Ya son cinco los años que hace que no nos vemos en persona. Pero una reproducción tamaño postal es fiel compañera.
Hoy en día, después de la lectura de tu entrada, el enigma de su composición me hace seguir pensando en el verdadero propósito de Velázquez.

Un fuerte abrazo

São dijo...

Las Meninas é uma obra prima, um dos melhores quadros que ainda vi!
Impressionante!

Picasso, lamento, não me agrada nem como pessoa nem como pintor.

Boa semana, Pedrito!

Merche Pallarés dijo...

HERNANDO, efectivamente esa era la donación. Que seas más jóven ¡me lo figuraba! ya que soy la "senior" de la blogoesfera (por lo menos en esta tribu que revoloteamos alrededor de nuestro profe, Pedro). Besotes, M.

Mafi dijo...

Marchando un Velazquez Picasiano o un Picaso Velazquiano... es lo más, se lleva la mezcla de estilos, la integración en todos los campos y aspectos... para cuando un Dalí goyesco. ;)

Fernando Portillo dijo...

Habría tanto que hablar sobre Las Meninas... Yo sólo voy a contar una anécdota idiota, como tantas de las cosas que cuento yo. Cuando trabajaba en la Fundación Sol Hachuel, allá por los ochenta, nos las tuvimos que ver algunas veces con un asesor de la ministra Matilde Fernández para negociar subvenciones para nuestros proyectos. No diré por discrección el nombre del caballero, pero sí que, cruelmente, le apodamos "La Menina". Pueden figurarse el aspecto físico del mismo.