jueves, 17 de julio de 2008

El diálogo, de camino. (Cap. 1.10)


¡Qué maravilla de capítulos estos en los que no pasa nada! Acostumbrados, como estamos hoy, a que en la narración -novelesca, fílmica- sucedan muchas cosas sin apenas reflexión, el lector actual debe enfrentarse, en estos capítulos del Quijote, al puro diálogo de dos personajes en mitad de un camino sin destino cierto: es la palabra en sí misma como acción.

Don Quijote y Sancho hablan, comentan los últimos acontecimientos de su aventura, dialogan manteniendo el carácter de la personalidad que les ha dado el autor y proyectan sus deseos. A través de sus palabras los vemos igual o mejor que a través de sus acciones. Pero, como ya no estamos acostumbrados al virtuosismo de estos diálogos, debemos prestar más atención para evitar que se nos escapen las sutilezas.

Sancho se recupera de los golpes recibidos y asiste a los últimos lances de la batalla que su amo sostiene con el vizcaíno, ilusionado con la idea de ganar el gobierno de la ínsula prometida. Pero acepta -en esta ocasión, ya veremos lo que sucede cuando la historia avance-la explicación de que esta es una aventura de encrucijada en la que sólo hay golpes sin beneficio y que ya llegará el momento de obtener la recompensa adecuada. Después, ambos montan y, sin mirar atrás, retoman el camino.

Aquí es en donde apreciamos la creación del escudero en lo que vale: don Quijote necesita hablar porque la omnisciencia del narrador de esta novela no es la misma que la de la narrativa caballeresca que se parodia -y de la del resto de modalidades de relatos sometidas aquí a la criba cervantina-, en las que el narrador nos decía lo que debíamos ver, como si fuéramos lectores inmaduros, incapaces de participar en la lectura como parte esencial de la obra literaria.

Y de esa necesidad surge un intercambio de palabras con apenas intervención del narrador en las que los personajes se nos manifiestan a los lectores como son, no como alguien nos dice que sean:

- Sancho tiene miedo de la Santa Hermandad, a la que seguro habrán dado cuenta de la acción de su amo y comenzará a perseguirlos, por lo que propone acogerse a sagrado, pero don Quijote dice no temerla porque él, como caballero andante, no está sometido a su jurisdicción;

- don Quijote, vanidoso, quiere que Sancho confirme que no ha leído de ningún caballero tan valiente como él, lo que a Sancho no le cuesta ratificar, porque es analfabeto;

- ante el dolor de la herida en la oreja, don Quijote alaba las virtudes del bálsamo de Fierabrás, de efectos milagrosos y curación instantánea de cualquier herida, lo que Sancho pone en valor económico y aprecia más que cualquier gobierno de ínsula alguna, sobre todo al conocer lo barato de su fabricación;

- al ver rota su celada, don Quijote jura no comer a manteles, no folgar con mujer y otras cosas de las que ni se acuerda, a la manera del marqués de Mantua, cosa que le parece exagerada y fuera de todo sentido a Sancho;

- don Quijote, al sentir hambre, pide de comer y se conforma con la escasa y rústica comida que lleva su escudero en las alforjas, pero éste sólo tiene una cebolla, queso y unos mendrugos de pan.

Si analizamos todos los puntos de este diálogo, veremos que, en ellos, se dibujan, con ironía, los caracteres de los protagonistas, además de muchas referencias intertextuales. Por otra parte, nos remiten a episodios futuros, para los que preparan la mente de los lectores, en un tejido de hilos que permiten unir todos los capítulos de esta difícil obra en la que tantas cosas se suman, traen y llevan de forma continua.

Así, esta primera referencia a la Santa Hermandad nos prepara para la siguiente, tras la liberación de los galeotes y para su aparición en la venta. No era frecuente, en absoluto, el tratamiento literario de esta institución que, a nivel folklórico, sí era irónicamente aludida. Por ahora, nos sirve para diferenciar el sentido común de Sancho, que sabe que han cometido un delito perseguible por la autoridad, frente a la altivez de don Quijote que, según su ensoñación caballeresca, se cree libre. Sin embargo, obsérvese la sutileza de Cervantes: don Quijote no admite que pueda someterse a la autoridad civil, pero se encamina a un lugar retirado -bosque, monte-. En consecuencia, no encuentran un pueblo en el que pasar la noche, sino un lugar habitado por cabreros: nos deja el capítulo a las puertas del tratamiento paródico de la novela pastoril en un juego de cajas chinas (una modalidad parodiada dentro de otra modalidad parodiada).

El analfabetismo de Sancho nos sirve para caracterizarlo y para jugar al contraste con su amo: la cultura libresca junto a la cultura tradicional. El mundo literario fingido por don Quijote junto al popular, en contraste y fricción permanente, influyéndose ambos y creando nuevas propuestas. Es toda una lección literaria de Cervantes. Por otra parte, será un apoyo fundamental para el divertido proceso del encantamiento de Dulcinea que nos encontraremos en la segunda parte.

Las referencias al bálsamo de Fierabrás retrotraen al lector a las novelas caballerescas, de las que procede. Pero en un contexto realista: a don Quijote le duele más de lo que debería la oreja cortada y, como no tiene a mano el tal bálsamo, se deja curar por su escudero como se hace en la vida real. Por otra parte, Sancho en seguida ve su utilidad crematística: es un producto milagroso que podría darle una fortuna con la que no necesitaría ser gobernador de ninguna ínsula. La referencia al bálsamo prepara su reaparición unos capítulos más adelante. Lo mismo sucederá con el yelmo de Mambrino, aquí también aludido.

El juramento de don Quijote proviene también de la literatura caballeresca, pero también puesto en un contexto que denuncia su exageración fantástica: Sancho sabe qué difícil será cumplirlo por aquellos caminos por los que no trascurren las aventuras, sino gente normal que va a sus ocupaciones. También tendrá consecuencias posteriores.

Vuelve a jugar el capítulo, de nuevo, con las referencias a la comida. Mal que le pese a don Quijote, tiene hambre porque él no es un caballero libresco sino real y necesita comer (recordemos cómo se alabó Tirante el Blanco porque en él los caballeros sentían necesidades normales como ésta). El hecho de tener que comer de unos manjares tan rústicos entre los que hay unos mendrugos de pan nos llevan, por vía directa, al pasaje del Lazarillo en el que Lázaro debe dar de comer a su amo.

Como vemos, el capítulo está construido con el diálogo pero tejido de hilos que nos llevan a otros lugares del libro, en una sabia preparación al lector, con cuya recepción se juega de forma continua.

En cuanto al título del capítulo, ya hemos hablado en varias ocasiones de las vicisitudes editoriales de la Primera parte. La mayor parte de los críticos piensa que hubo una primera redacción en la que este capítulo trataba de lo aludido en él, pero la redistribución del material narrativo para darle equilibrio según la división en partes comentada en mi última entrada hizo que el título no correspondiera a lo tratado. El hecho de que no se cambiara el título se suele atribuir a un descuido cervantino por las prisas en los últimos meses de preparación del volumen en la que quizá ni pudiera participar el mismo autor en todo momento. Ahí quedó la incongruencia, que ha dado pie a muchas páginas de interpretación. Yo soy de los que piensa que no fue a propósito, pero quién sabe. Hay, incluso quien ha propuesto que estos títulos que parecen erróneos señalan los capítulos prescindibles en una lectura rápida. Os ruego que no hagáis caso.

Qué recomendables y necesarios estos capítulos que nos llevan de una aventura a otra y en los que sólo se oyen las voces de los protagonistas.

El próximo jueves, el capítulo XI.

25 comentarios:

Antònia P. dijo...

Pedro, acabo de colgar mi comentario sbre el capítulo X.
La conversación entre el caballero y su escudero me ha parecido una transición,aunque imprescindible para comprender y apreciar en lo que vale ese escudero, sólo a través del diálogo, algo muy teatral.
Una duda y disculpa mi ignorancia: ¿Puede ser el marqués de Mantua alguna obra de teatro de Lope de Vega? He buscado información pero no me ha quedado nada claro. Y ¿cómo es que siendo Sancho analfabeto recuerda mejor los juramentos de ese marqués que el propio Alonso, siendo éste un hombre muy leído?
Un abrazo.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Voy a verlo, pero antes te resuelvo tus dudas. La referencia al Marqués de Mantua procede del romancero antiguo y ya ha sido utilizado, si recuerdas, en el capítulo V. Este hecho soluciona tu segunda duda: Sancho puede conocer perfectamente a este personaje, puesto que procede del romancero tradicional, transmitido de forma oral en gran medida y con gran aceptación general.
Lope, en efecto, también tiene una obra titulada así. Como sabes, una buena parte de su teatro se inspira en estos personajes populares del romancero antiguo. Puedes leerla en: http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12482517559023733087624/index.htm

Un abrazo.

fernando dijo...

en estos capítulos se nota que el libro de "El Quijote" no sería igual sin la presencia de Sancho Panza. Partiendo de la base que Don Quijote es el personaje principal, Sancho Panza ocupa un lugar vital. Un abrazo.

Merche Pallarés dijo...

No puedo añadir nada más a lo que has dicho. Efectivamente, este capítulo con sus dialogos es magnífico. Yo tambien quiero saber la composición del Fierabrás (suena mágico). El final del capítulo tambien es muy curioso con Sancho queriendo llegar a un poblado y D. Quijote feliz de encontrar una choza de cabreros donde "...fue de contento para su amo dormirla al cielo descubierto, por parecerle que cada vez que esto le sucedía era hacer un acto posesivo que facilitaba la prueba de su caballería." Supongo que lo del "acto posesivo" se refería a sentirse dueño de la choza ¿no? o, Cervantes, ¿de nuevo hacia velada mención al onanismo? Besotes, M.

Vampi666 dijo...

Hola Pedro, espero que disfrutes muchísimo de tus vacaciones, yo me voy ya mismo, pero seguoré haciendo mis deberes del Quijote.
Un besito enorme que te dure todas las vacaciones.

begoyrafa dijo...

Buenos días Pedro, otro capítulo imprescindible, ¿pero cuál no lo es? y sobre todo necesario para conocer un poco mejor a los dos protagonistas de esta historia. Y qué mejor modo de conocerlos, como tú dices, que con sus palabras. El narrador se podía haber pasado el episodio con una descripción de Sancho, pero prefiere mostrárnoslo para que nosotros lo veamos. Otro acierto de Cervantes y van...
Un abrazo
Rafa

beetle dijo...

Gracias por adentrarnos al mundo de las letras

Te concedo una estrella

Felicidades

DianNa_ dijo...

Yo lo leí anoche y veo a uno acomodándose al otro poco a poco.
Ahora me sacan de aquí para ir a comer a la playa, sólo quería que supieras que lo he leído.
Me tiran del brazooooo!!

Besosssss, profe y bocaos!!

Euphorbia dijo...

No me parece en nada imprescindible. Es un capítulo que promete nuevas aventuras y las publicita, además de dar entidad a los personajes y a su interrelación.
Un beso

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

FERNANDO: el libro, en efecto, no se entendería sin los dos, su relación y su influencia mutua. Un abrazo.

MERCHE: cuando lleguemos al capítulo en el que don Quijote lo fabrique y se lo tome, no sé si seguirás opinando lo mismo... En este caso, pienso que no hay referencia al onanismo sino a una prueba de su condición de caballero, aunque vete a saber. Besos.

VAMPI666: buenas vacaciones y llévate el Quijote en la maleta. Un beso, nos vemos a la vuelta.

RAFA: ése es uno de los grandes logros de Cervantes: mostrarnos a los personajes para que los veamos, no decirnos directamente cómo son. Un abrazo.

BEETLE: gracias a ti por acompañarme en este viaje. Recojo la estrella y la agradezco. Un abrazo.

DIANNA: eso es. Ya veremos cómo no van a saber estar el uno sin el otro. Espero que no sufrieras mucho en la playa... Besos.

EUPHORBIA: no es nada imprescindible. Cuando alguien me dice que se salta capítulos del Quijote, no lo critico, pero me da lástima que no sepa disfrutarlos. Un beso.

Gracias a todos por acompañarme en estas fechas veraniegas. Un abrazo.

DianNa_ dijo...

Tú no te imaginas lo que sufro, el sol colorea mi piel, el viento me despeina, la sal cambia mi sabor , las olas me mecen a su bola, la arena uffff!!... un sufrimiento continuo!! ainsss , no hay quien lo resista jajajajaj

Venía a fisgar los coments, para ampliar mi visión O.O

Besitos salados, profe y un bocao

Aldabra dijo...

es un placer leer tus explicaciones antes de ponerme con la lectura... y si hay muchos diálogos me encantará.

bicos,
Aldabra

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

DIANNA: me alegro de que sufras tanto. Besos.

ALDABRA: espero que así sea. Besos.

Anónimo dijo...

El autor nos “enseña” un Sancho medroso, cobarde y a la vez interesado: no ayuda a su amo en la lucha; desconfiando del desenlace. Sin embargo, en cuanto observa que la victoria se decanta del lado de D. Quijote acude raudo a ofrecerse para lo que haga falta, por si hay algún beneficio que repartir. En otro momento, sus opiniones están llenas de sentido común cuando advierte que un convicto no puede ser condenado dos veces por la misma culpa. Termina el relato enseñándonos a una persona dispuesta a conocer las hierbas silvestres comestibles, como paliativo de las penurias que sin duda se avecinan.

Cervantes pone en boca de un D. Quijote idealista, ahora con los pies en la tierra, sus sentimientos sobre las Novelas de Caballería, razonando que los caballeros deberían tener las mismas necesidades de los humanos, aunque estén ocultas en ellas. Comprende que no se ajusta a la realidad humana guerrear con la barriga vacía. Vemos cómo los pies se le despegan del suelo, cuando parece importarle más su celada rota que la media oreja que le queda. Su visión provoca en él un juramento o maldición descompensados.

No podríamos terminar el comentario sin hacer referencia al paso de Rocinante; tan vivo, que hace trotar al burro de Sancho si quiere ponerse a la par, obligando al escudero a pedir a su amo que aminore la marcha para poder entablar conversación. pancho

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

PANCHO: en efecto, a través de los diálogos se muestra el carácter de ambos. Me gusta que te fijes en Rocinante y el asno, porque también son personajes de la obra, a pesar de que lo olvidemos con harta frecuencia.

BIPOLAR dijo...

Después de escribir ayer un testamento se me fue la conexión y veo que se perdió por ahí...

Ni Quijote está tan loco ni Sancho es tan sencillo. Los dos se lo hacen pero ambos son inteligentes y doran la historia según les conviene.

El diálogo es divertido y contradictorio otra vez.
Alonso nos dice que los caballeros pueden pasar sin comer por su espíritu superior, pero no obstante también son capaces de comer viandas humildes como las que lleva el escudero.

Sancho, buscará frutos secos del bosque pero que para él, proveerá alimento de sustancia. Quijote entonces, le dice, que no se deje engañar, que lo de los caballeros, poco menos que resulta una pantomima.

En resumen, que a buen hambre no hay pan duro, que Sancho lo que le digan, si hay que buscar semillas, semillas, (pero él come bien, jeje) y el Quijote lo mismo. Son dos pícaros de su propio sub-mundo.

Total, que todo esto me recuerda algunos refinados snobs que huyen del potaje de personas más humildes porque se consideran superiores, pero a la hora de la verdad, si les dejamos nos vacían el plato.jeje

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

BIPOLAR: no llegó el testamento, no. Así que me quedo con este acertado comentario: Don Quijote y Sancho son caracteres tan realistas que se asumen también en sus contradicciones y cambios.

Juan Luis dijo...

Hola,

Qué curioso como los dos personajes reflejan sus contradiciones; don Quijote dice no temer a la justicia y se refugian en un bosque y Sancho aspira a ser gobernante aun reconociendo su analfabetismo.

Don Quijote quiere imitar a unos personajes míticos y se encuentra con sus limitaciones de mortal.

El capítulo es precioso. A mí también me chocó el tema del título.

Saludos.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

JUAN LUIS: y con qué habilidad lo hace todo Cevantes, ¿verdad? Un saludo.

Myr dijo...

Por aqui ando, termine el cap. 1.10.

Comento aqui todo lo que lei hasta ahora. Volvi a leer el prologo tambien.

Me parece extraordinario como Cervantes puede jugar con todos los planos tanto de la figura del narrador,como de los personajes y de las historias que cuenta....entretejiendolos de esa manera. Parece un malabarista o un mago iniciado en los secretos de la Alquimia. Me quedo clara tu explicacion. Gracias.

Me vino a la mente la imagen de las Katiushkas, luego vi que tu hablas de cajas chinas... Pues, si...eso....

Lo de reciclar los comentarios al margen o titulos equivocados, e integrarlos en la narracion, da cuenta una vez mas del caracter universal de su obra que traspasa todo tiempo y lugar. Cuanta ecologia!

Estoy fascinada!
Un abrazo

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

MYR: es un misterio cómo llegó a dominar todo esto Cervantes. Como desconocemos tanto de su persona, asombra aun más el resultado. Ya te queda menos para alcanzarnos. Un abrazo.

Asun dijo...

Me ha gustado este capítulo donde se va viendo como DQ le va adoctrinando a S en los menesteres de qué es la vida los caballeros, cómo se van definiendo cada uno de ellos y cómo se va dibujando la relación que se establece entre ellos.

Mañana más (y mejor si puede ser)

Besos

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

ASUN: en el Quijote siempre es más y mejor, incluso en la última página del libro. Saludos.

Abejita de la Vega dijo...

Vayamos con el comentario. Antes de que me interrumpan, voy a ver quién anda por ahí. Con un poco de suerte, lo dicen todo ellos y yo ni mu.

¡Ehhhh! ¿Hay algún secundario apostado en el canalículo? ¡A mí los yangüeses! Nada, ni arrieros, ni de Yanguas. ¿Y el vizcaíno? El de Azpeitia ya anduvo por estos canalículos, no creo que vuelva.

Pincho en una nota señalada con un 1, indica que hasta el capítulo 1,15 no golpean los yangüeses, aunque el título anuncie "una caterva" de ellos. Gazapos cervantinos, ya sabéis: lo del burro, el nombre de la mujer de Sancho, el baciyelmo, etc.

No, lo he leído de cabo a rabo. Aquí no hay ningún personaje secundario que nos pueda dar su versión. Don Quijote y Sancho están en sus soledades, hablando de sus cosas, mientras hacen el camino. Pero como dice Pedro Ojeda: “¡Qué maravilla de capítulos estos en los que no pasa nada!”

Un Sancho sólo "algo maltratado", con las barbas peladas y molido a coces, se arrodilla y besa la mano. Y sea su don Quijote servido de darle el gobierno de la ínsula ganada en la reciente pendencia. Solo le falta aquello de: "es gracia que espera le sea concedida del recto proceder de Vuestra Merced, cuya vida guarde Dios muchos años". ¡Uy! Pido disculpas por la digresión funcionarial, me ha venido a la mente.

Don Quijote le explica que la aventura vivida no es de ínsulas "sino de encrucijadas”. Y ya ve la ganancia: cabezas rotas u orejas de menos. Le pide paciencia, pues no faltarán aventuras donde le pueda hacer gobernador y más que gobernador. ¡Qué decepción para el magullado escudero!

A pesar del chasco, Sancho, sumiso, besa la mano y la loriga. Aunque sólo sean palabras, son de agradecer.

Le ayuda sobre Rocinante y le sigue con su asno. No sabemos quién corre más, si el amo que "a paso tirado" va a emboscarse, o el criado que le sigue "a todo el trote". Los dos tienen miedo.

Sancho, por aquello de la Santa Hermandad, propone "acogerse a sagrado" en alguna iglesia. Don Quijote le replica: ¿dónde ha visto o leído que un caballero andante haya sido puesto ante la justicia, por más homicidios que cometa?

Sancho no sabe nada de “omecillos”"ni rencores; pero sabe cómo se las gastan los de las mangas verdes con los que pelean en el campo.

Don Quijote, jactancioso, espanta su miedo y el de Sancho. Él es muy capaz de librarle de los caldeos, "cuanto más de las de la Hermandad". ¿ Ha visto caballero más valeroso? ¿Ha leído historias de otro más brioso, más perseverante, más diestro, más mañoso?

En eso no yerra, Sancho no las ha leído porque... no sabe leer. Pero sabe calibrar el enorme atrevimiento de su amo. Y teme que le hagan pagar esos atrevimientos donde él sabe. ¿Peralvillo?

De momento, déjese curar esa oreja sangrante, que en las alforjas tengo hilas y ungüento blanco.

Don Quijote dice conocer la receta de algo mejor: el mágico bálsamo de Fierabrás. Si en una batalla te parten por medio el cuerpo, como suele suceder, se encajan bien ambos trozos, se beben dos tragos, glu glu, y ya está.

¡La receta! Sancho quiere la receta y para qué las ínsulas. Sacará dos reales de cada onza y a vivir tranquilo. ¿Es grande su costo? ¿Menos de tres reales para tres azumbres? ¿Qué aguarda para prepararlo y enseñárselo?

Don Quijote le manda callar y, por ahora, no va a fabricar el mágico bálsamo. Ahora hay que curarse con las hilas y el ungüento, que la oreja duele mucho.

Sigue

Abejita de la Vega dijo...

Mas, cuando ve rota la celada, olvida sus heridas. Y jura solemnemente, como en el romance del marqués de Mantua: "no comer pan a manteles ni con su mujer folgar" antes de tomar venganza del que fizo tal "desaguisado". Lo de “folgar” no lo dice el de Mantua, puede ser una broma del castísimo hidalgo.

Sancho habla con mucho sentido común y sorprende a su amo. Si el caballero de Azpeitia cumplió lo ordenado y se presentó ante Dulcinea, ya ha cumplido y no merece tal venganza. Don Quijote le da la razón y anula el juramento. Pero jura de nuevo hacer la vida que ha dicho... ¡mientras no quite por fuerza otra celada a algún caballero! Como hizo Sacripante con el yelmo de Mambrino; el cual nos dará mucho que leer, ya veréis.

El escudero trata de hacerle caer en la cuenta de que tales juramentos son en daño de la salud y de la conciencia. ¿Y dónde va a encontrar un caballero con celada por esos andurriales? Los arrieros no llevan eso.

¿Ha de cumplir el juramento de ese loco de Mantua que le obliga a incomodidades como dormir vestido y no dormir en poblado? ¡Sancho conoce bien el romance!

Don Quijote no da su brazo a torcer. Se engaña, pronto encontrarán hombres armados, más que en "Angélica la bella", otro de sus queridos libros.

Don Quijote no sale de su mundo caballeresco y Sancho vuelve a lo de su ínsula, a ver si llega el tiempo de ganarla. Ahora el caballero tiene hambre y echa mano de sus lecturas para conformar al escudero: "Cuando faltare ínsula, ahí está el reino de Dinamarca o el de Sobradisa". A ver si se calla y saca algo de comer, lo que sea.


Mendrugos de pan, un poco de queso y cebollas. No es comida de caballeros, le advierte el de las alforjas. Muy equivocado está este Sancho; que los caballeros tienen necesidad natural de comer y, si han de comer viandas rústicas como esas, las comen. Y si no, él conoce hierbas que puede buscar.

Mendrugos de pan, un poco de queso y cebollas. No es comida de caballeros, le advierte el de las alforjas. Muy equivocado está este Sancho; que los caballeros tienen necesidad natural de comer y, si han de comer viandas rústicas como esas, las comen. Y si no, él conoce hierbas que puede buscar.

Acaban pronto su seca comida, en paz y en compañía. Han de buscar donde alojar aquella noche. No llegan a dormir en poblado porque les falta sol. Van a dormir junto a la choza de unos cabreros, Sancho queda algo apesadumbrado. Mas don Quijote se siente feliz porque así puede dormir a cielo descubierto, cumpliendo con el juramento hecho.

Un abrazo para todos los que pasáis por aquí de:

María Ángeles Merino

(Ya conocéis mi empeño en escribir los comentarios a los capítulos del Quijote anteriores a septiembre de 2008, los que me faltan)