jueves, 22 de mayo de 2008

Don Quijote se echa al camino (Cap. I.2)


Después de crearse una identidad a la altura de los héroes de sus novelas, Don Quijote se echa al camino con la misma finalidad que estos tenían: apretándole a ello la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que emendar, y abusos que mejorar y deudas que satisfacer.
Y he aquí una de las claves de lectura de todo el libro, no sólo como parodia de los relatos caballerescos (propios de la narrativa fantástica, en contra de la verosímilitud propugnada por Cervantes) sino como confrontación de un ideal, del que todos decimos participar, con la realidad tozuda, que nos lo niega a diario. Don Quijote se echa al camino en el Campo de Montiel, una ruta real que podemos seguir, viajando junto a él en un mapa de España. Geografía concreta, a diferencia de la narrativa que parodia, por la que dará vueltas en gran parte de sus aventuras. Don Quijote es, en gran medida, una novela de viaje, de aventuras reales sobre un espacio determinado y en el pleno verano que, en estas tierras, es presidido por un sol inmisericorde que ayuda a derretir más los sesos del pobre hidalgo. Sin embargo, este espacio y este tiempo concretos adquieren un valor simbólico: el de la voluntad de trasformar el mundo por alguien que debería estar retirado en su casa según las convenciones sociales, debido a su edad y su trastorno, y que da nueva mirada a todo lo que le va sucediendo, las personas con las que se encuentra y los paisajes que ve. Porque en la locura de Don Quijote hay un doble matiz: por un lado el de un esfuerzo que debería ser el de todos pero que, por no serlo, lo convierte en extravagante; por otro, el de la trasformación del mundo real a la medida del juego literario en el que consiste que nuestro protagonista no distinga entre realidad y ficción (¿o quiera no distinguir?).
Hay más cosas en este capítulo.
Oímos hablar a Don Quijote, dictando las frases a su futuro narrador, lo que nos hace regresar a la importancia de quien nos narra el relato, y cuya complejidad aumenará cuando, líneas más adelante, se nos diga que no está clara la historia de este personaje, que anda ya en crónicas, puesto que no se sabe bien cuál es su primera aventura: volvemos al narrador del que debemos desconfiar y que aun no nos ha mostrado todas sus cartas.
Este monólogo de Don Quijote, que sale solitario al mundo en esta primera ocasión, es una brillante manera de mostrar sus carencias. En primer lugar, alguien que habla consigo mismo y más de esta arcaica manera, demuestra no estar muy equilibrado ni siquiera como personaje literario: quien monologa así evidencia que su juicio no está muy sano y que necesita alguien que le dé réplica. Pero éste no puede aparecer aún, por la sencilla razón de que o participa de esta locura (lo que reduciría el efecto de la pareja protagonista) o se dará cuenta de algo fundamental del texto: Don Quijote no ha sido armado caballero y, cuando lo sea, ocurrirá en una falsa ceremonia. Por lo tanto, su acompañante, aquel que le dé la necesaria réplica, no puede aun aparecer.
Pero ya se anuncia que los personajes se nos irán haciendo no sólo con sus acciones sino también con sus palabras: ésta es otra de las claves de la modernidad de la novela. Tanto o más que lo que nos dice ese narrador al que ya miramos de forma avisada, es importante lo que pasa delante de nosotros: acción y palabra. Los personajes se nos van construyendo delante mismo de nosotros, no vienen hechos antes de que nos aparezcan en el relato.
En el camino, Don Quijote encuentra una venta que él trasforma en castillo porque así lo quiere su impulso de ver el mundo con las normas de sus novelas y su necesidad de ser armado caballero y todos los personajes que allí halla son idealizados de la misma manera: desde las prostitutas hasta el ventero. Y con ellos asistimos por primera vez a las reacciones que despierta su figura, de gran interés para comprender lo que va a pasar más adelante: hay gente que se niega a entrar en la locura del hidalgo pero la mayoría, de una manera o de otra, le sigue el juego. Habrá varios motivos: cariño, diversión, sorpresa, la propia locura, etc. Los de esta venta, tras contener la risa, comienzan a trasformar su propia vida en vida libresca, descansan de sus quehaceres o de sus miserias, como hacemos los lectores, y deciden entrar en el mundo de esos caballeros andantes de los que han oído hablar en los relatos orales, en los romances, en las lecturas colectivas de las novelas.
Siempre me ha llamado la atención este poder de trasformación del entorno de Don Quijote, no tanto porque él quiera ver las cosas a su manera sino porque casi todos con los que se va encontrando en su caminar, caen en el apasionante juego de la fantasía. Todos deseamos poder jugar durante unos minutos para descansar del peso de nuestra realidad.
Nuestro hidalgo ya se nos ha echado al camino antes del amanecer, ha pasado un día entero bajo el pleno sol de julio y llega, cuando anochece, sin mayores sobresaltos que la fatiga y el hambre, a una venta en la que medio percibe que se ríen de él, pero no le importa. Y, como era viernes, come bacalao en compañía de unas doncellas y un castellano sin poderse quitar la grave preocupación de saber que no ha sido armado caballero y, por lo tanto, le están vedadas las grandes aventuras que desea cometer.
El próximo jueves, el Capítulo III, en el que veremos cómo se soluciona este problema.

28 comentarios:

blogochentaburgos dijo...

Peroooooo, has adelgazado no????, como el ingenioso hidalgo

Merche Pallarés dijo...

En este capitulo sí creo que NO quiere distinguir la realidad que le rodea porque no le gusta el mundo en el que vive. Se refugia en su imaginación. Hoy en dia sería etiquetado como Bipolar (la enfermedad de las emociones). Todo el tema de Irina que habeís escrito es un buen ejemplo de cómo transformar un sueño en realidad. No tengo más que añadir a tu, como siempre, excelente análisis. Besotes, M.

DESPLAZADOS AL PARAISO dijo...

A ver, Don Quijote era lo que podríamos llamar un "Don Nadie", una persona casi anciana y casi demente pero que no le importaba embarcarse en su locura de conocer nuevas tierras ¿no?. Pero... ¿a cambio de qué? Porque según comentas la gente se mofaba de él y sin embargo a él parecía no importarle. ¿Qué sacaría él de todo eso?. ¿Querría llegar a ser un caballero andante aunque para ello tuviese que pasar por tal humillación?
Y otra cosa: ¿según lo que la gente comiese en aquella época se la clasificaba en una clase social u otra? Curioso

DianNa_ dijo...

Dios!! no tengo tiempo de leer ahora, en cuanto pueda me pongo, estoy de maruja total.
Para hacer que leo , no mola, me gusta leerte despacito ;)
Te gustan las patatas guisadas? te pongo plato?

Besos presurosos^^

Mafaldia dijo...

Ya me he leído los dos primeros capítulos, más vale tarde que nunca y reconozco que están entretenidos... que me ha gustado o me ha divertido... la descripción de cuando sale al amanecer, "Apenas había el rubicundo Apolo..." es que suena a chufla y todos los sinónimos utilizados para designar a las prostitutas."mozas del partido, destraídas, traídas y llevadas..."
Me ha encantado tu descripción de todo, lo explicas muy bien, y a este ritmo es muy fácil leerlo, aunque reconozco que hay que sacar tiempo y es difícil, seguiré.

Mafaldia dijo...

Estupendo veremos como se arma caballero. hasta el Jueves.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

BLOGOCHENTA: espero que sea mi único parecido...

MERCHE: en efecto. En la locura de don Quijote hay mucho de voluntad. En lo de Irina, también.

DESPLAZADOS: en efecto. ¿Qué gana don Quijote? Creo que vivir la vida cuando debería dejarla, y más con un ideal positivo. Es suficiente emoción psicológica.
En lo de la comida, siempre ha sido así: no todos pueden comer de todo y eso hace que, según tu menú diario puedas ser hallado tu condición social. Hoy también.

DIANNA: pues despacito. Aquí queda. ¿Patatas guisadas con...? Sí me gustan: con costillas, con calamares, con bacalao, con...
Besos.

MAFALDIA: aquí seguiremos, todos los jueves. Me alegro de que hayas podido alcanzarnos.

Gracias a todos por vuestros comentarios.

Merche Pallarés dijo...

Ah, otra cosa que se me olvidó insertar en mi comentario. Se puede decir que el viaje de Don Quijote fué la primera "road movie" como la conocemos actualmente solo que a caballo... Es genial y super moderno. (Ves, Dargor). Besotes, M.

Anónimo dijo...

Capítulo segundo, donde se pone de manifiesto la importancia que D. Quijote le da a su cabalgadura. Cuando se echa a andar, se deja llevar por su fiel Rocinante, no sigue ninguna guía ni plan prefijado (Avance harto difícil se presenta con un animal famélico, a pesar de considerarlo boca del mejor candeal del mundo). Abundando en lo mismo, le ruega a su futuro biógrafo que de ninguna manera se olvide de glosar a su rocín compañero.
Alguna cosa más que me han llamado la atención de este capítulo son el uso del superlativo por repetición en “luego luego”. Encontramos ahora alguna expresión muy parecida en el lenguaje coloquial: “¿Ves aquel castillo lejos lejos?”.
Hasta no hace mucho tiempo, al pan negro se le ha considerado de baja calidad, como aquí en El Quijote, por ser pan con “salvao” o pan de centeno. Los gustos parecen que han cambiado, actualmente este pan negro es apreciado y bien considerado por ser pan integral.
Cuando íbamos a la mili se solían elegir a los cornetas entre los mejores mozos, tenían que ir de gastadores en los desfiles. Aquí en El Quijote el oficio se lo dejan a los enanos, curioso cómo cambia la percepción de las cosas con el tiempo; de la misma forma que cambia la visión que uno tenía de Cervantes y El Quijote cuando se lee con atención, intención y dejándose llevar por las riendas que Pedro dirige, voy entendiendo por qué se le considera una obra cumbre. pancho

manuel-tuccitano dijo...

Me identifico con el personaje, en tanto me gustaría imaginarme un munod diferente, donde los caballeros sean eso caballeros y las damas pues damas... no estaría don mIguel hacinedo una premonición del futuro...?? un saludo quijotesco...

manuel-tuccitano dijo...

jolín se me fue la luz.... estaba intentando decir lo prenmonitorio de D. Miguel con su obra, al imaginar un mundo que él deseaba y que sin embargo se estaba perdiendo, en donde los señores eran caballeros y las señoras verdaderas damas...un saludo quijotesco....

Cecilia Alameda dijo...

Yo me pregunto si Cervantes ya tendría trazado el armazón del relato, si sabía que iba a escribir tan larga novela, si ya tenía pensado asignarle un compañero de ruta, o si, por el contrario, su intención era hacer una novela corta que hubiera acabado cuando el caballero regresara por vez primera a casa. Porque una cosa es lo que el escritor pretenda hacer cuando se sienta a escribir y otra lo que resulte finalmente de su tarea.
¿Tú que crees?

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

MERCHE: ¡está bien visto! Besos.

PANCHO: en lo del caballo tienes toda la razón. Veremos más muestras.
Luego luego significa "inmediatamente". Aún hay uso de luego como "ahora" en algunos sitios (tal y como recoge la primera acepción del DRAE), en vez del más generalizado "dentro de un rato".
Y bien visto lo de la comida: pan negro con bacalao. ¡Ahora el pan negro es más caro que el candeal!
Magnífico comentario, querido amigo.

MANUEL: ¡pobre! Tenía de todo Cervantes menos de adivino. Él proyectaba sueños, utopías y ejemplos de buen criterio: eso sí, siempre con base real. Así le fue.

CECILIA: ¡Bien visto! Como sabes, una de las teorías sobre la novela es que Cervantes la comenzó como una novela ejemplar más: una novela breve que ocupaba sólo lo correspondiente a la primera salida. Luego, al ver el potencial del personaje y el tema, la amplió. Muy posible, sobre todo si pensamos que lo que estaba escribiendo era estas novelitas. Pensaba tratar de eso al final de esta primera salida. Volveremos al tema.

Un abrazo a todos y gracias por vuestros comentarios.

Aldabra dijo...

Pedro: aunque ya te comenté que había leído los capítulos I y II juntos, estatarde releí el capítulo II de nuevo fijándome bien en todo para leer tu análisis en el blog y los comentarios de los que por él pasan. Así he podido saborearlo todo bien. Creo que si conseguimos llegar al final me quedará el Quijote bien sabido hasta que me muera ¡¡pobre Quijote!!... aunque me hace reir también me da mucha pena

Es un placer disfrutar de este modo de un libro, que de otro modo, dudo que releería.

bicos,
Aldabra

Pedro Carcedo dijo...

Tu proyecto está funcionando. Voltaire decía : "Yo, como Don Quijote, me invento pasiones para ejercitarme".
La lectura de la mejor novela jamás escrita ayuda muchísimo a inventarse pasiones y a mantener, a mi edad, activo el cerebro. Una gozada.
Gracias Pedro.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

ALDABRA: Me alegro de que disfrutes. Yo lo estoy haciendo, acompañado de todos vosotros.
Besos.

PEDRO: ¡Una gozada contar contigo! Gracias a ti.

DianNa_ dijo...

A mi me llama la atención esta premonitoria frase puesta en boca de don Quijote :"-¿Quién duda sino que en los venideros tiempos, cuando salga a luz la verdadera historia de mis famosos hechos..."
Y tan famosos ;)
Aquí diluvia, besos de día gris y tormentoso^^

Antònia P. dijo...

A mi me ha gustado ese salir a la ventura, sin planificación de ninguna clase, hacia dónde el destino desee llevarlo, propio de un niño o de una persona fatalista que piensa: lo que deba ser, será.
Otra cosa que me gustaría remarcar es como trae a colación la cita: nunca fuera caballero de damas...parafraseándola.
En cuanto al fondo me ha parcido que Cervantes nos ha querido decir: trata a todo el mundo como quisieras ser tratado. Si tratas a una prostituta como a una dama, ésta acabará comportándose contigo como tal. Si tratas a un mesonero como a un castellano, lo mismo.
Una idea que encontré en Pigmalión cuando el profesor Higgins le dice a Eliza: el secreto de la buena educación está en tratar a todo el mundo de la misma manera.
En fin, no sé si se me ha ido la olla, pero es tal y como lo veo.
Saludos a todos.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

DIANNA: Es parte del juego con la figura del narrador, además de que don Quijote no está tan loco como para no darse cuenta de que está parodiando sus novelas favoritas.
Aquí aún no, pero amenaza.

ANTÒNIA: me parece una magnífica forma de enfocarlo. Veremos cómo Cervantes, en muchas ocasiones, proyecta el mundo que le gustaría ver en la realidad. Saludos.

Pilar dijo...

vaya guapo estás y qué cara más interesante
¿pero no llevabas gafas de vista cansada??
oye que no tengo tiempo
de verdad
tiempo para sentarme a leer
tranquilamente
qué ganas de que pase esta transición
sólo mandarte un besazo de los de sonar en el moflete.
me apetecía, simplemente
MUAAAAAAAAA

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

PILAR: ¡me pillaste! No leía, me hacía la foto...
Te diculpo por ahora, pero cuando acabe la transición, a ponerte al día. Besos.

Juan Luis dijo...

Es muy interesante lo que comenta Pedro de la capacidad de transformación que tiene don Quijote en la vida de quienes encuentra. En cierto modo cumple sus expectativas de cambiar el mundo.

Como comenta Antonia, también me encanta ese salir al mundo sin aparente planificación, en busca de la aventura sin reparar previamente en las inconveniencias -como la de armarse caballero y las armas blancas-, que tiene que resolver improvisando.

Juan Luis dijo...

Don Quijote decide aventurarse al mundo empujado por grandes ideales:


[..] los agravios que pensaba deshacer, entuertos que enderezar, sin razones que enmendar, y abusos que mejorar, y deudas que satisfacer. [..]



Este inicio de capítulo, donde muestra su determinación de entrega a los demás, contrasta con la conclusión del mismo, donde le veremos como objeto de burla de gente baja, mientras que él piensa que le están regalando un banquete propio de un rey.

También me llama la atención las aparentes precauciones para no ser visto en el momento de abandonar su casa. Tenemos a un caballero que, pretendiendo salir a guerrear con enemigos desconocidos, quizá no tenga el valor suficiente para enfrentarse a la censura de sus seres más cercanos.

Muestra pronto el anhelo de que sus futuras aventuras sean inmortalizadas en obra escrita; parece que sea ese el principal objetivo de sus soñadas hazañas. Don Quijote disfruta recreando en cómo serían esas crónicas. En su lenguaje, igual que en su indumentaria, es totalmente anacrónico, y veremos que eso provoca en las personas con las que se encuentra, primero temor y luego motivo de irrisión.

La referencia que en este capítulo hace a su "amada" Dulcinea es para lamentarse de un fabulado agravio por parte de ella. Don Quijote quiere ante todo vivir intensamente, y en este sentido el desamor le da mucho más juego que el amor correspondido.

Hay un momento en el que razón y locura pugnan; cuando se plantea el dilema de no poder batirse sin haber sido ordenado caballero. No quiere quebrantar el Código de Caballería, y parece que la lucidez, experta en encontrar inconvenientes, le hace dudar de sus recursos - no lleva armas blancas-, pero zanja el tema optando por una solución que parece poco convincente, incluso para una persona enajenada: dejarlas tan limpias que parezca armiño.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

JUAN LUIS: buen comentario. En efecto, no sólo en esta ocasión, como veremos, don Quijote sabe que de quien tiene que ocultarse es de los familiares y amigos, como si fuera un niño pillado en falta. Es parte del juego paródico.

Asun dijo...

Me llama la atención la dualidad entre el arrojo y el temor de DQ. Por una parte se siente un héroe, siente que es imprescindible que actúe ya, pero se echa al camino por "la puerta trasera de un corral", como si tuviera miedo de ser descubierto, e inmediatamente "le asaltó un pensamiento terrible" al recordar que no ha sido armado caballero y por lo tanto "ni podía ni debía tomar armas con ningún caballero" llegando a dudar de su cometido. No es sino su locura la que le hace seguir adelante.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

ASUN: bien vista esa dualidad. Piensa que, en el fondo, a pesar de su trastorno o juego, el viejo hidalgo sabía de lo extravagante de su decisión.

Abejita de la Vega dijo...

Don Quijote no puede esperar más, el mundo lo necesita. Agravios, tuertos, sinrazones, abusos, deudas…le queda mucha tela que cortar. Adiós a su plácida vida de hidalgo rural, adiós a los pantuflos y a las lentejas de los viernes. No se lo cuenta a nadie, que la salida furtiva es habitual en los caballeros andantes.

En un caluroso día de julio, se requiere mucho valor para colocarse encima la pesada armadura; pero don Quijote ni lo nota, tal es su entusiasmo. La celada, la adarga, la lanza y ya está. Sale, alborozado, por la puerta del corral. Ya está en el campo, ha sido más fácil de lo que pensaba. Pero hay algo que no cuadra. Veamos.

¡No va armado como caballero! No pude combatir con caballero alguno y, cuando lo sea, su escudo será de marca blanca, sin leyenda. Duda un momento, mas la locura puede más que la razón. El primero que encuentre servirá para ese menester de nombrarle caballero.

Camina, por el campo de Montiel, anticipando lo que dirán de él, en tiempos venideros, las historias escritas. Y, cómo no, comenzarán con el mitológico amanecer, con el rubicundo Apolo tendiendo sus dorados cabellos, los pintados pajarillos y la rosada aurora con su celoso marido.

Dichosos los tiempos en que sus hazañas se graben en bronces. Y el sabio encantador, el cronista, ruégole que no olvide al compañero Rocinante.

Luego, se dirige a Dulcinea, “como si verdaderamente fuera enamorado”. Te han pillado, don Quijote. Que se pliegue y que membre de quien tantas cuitas padece…

Camina todo el día sin novedad y el narrador advierte que hay otros narradores. ¡Cielos! Sí, hay otros, pero no son tan fidedignos. Unos dicen que su primera aventura fue la de Puerto Lápice, otros que la de los molinos. Bien documentado en los anales de la Mancha, nuestro cronista nos advierte de los errores de los colegas.

Anochece, va muerto de hambre y de fatiga pero allá ve una venta, su estrella de Belén.

Acaso, o sea, por casualidad, están a la puerta dos muj… ¿Qué pasa? Lo de siempre. Los canalículos que conducen a este ordenador están copados de personajes del Quijote, de los secundarios que desean no ser menos que don Quijote. Me parece que tengo visita. ¿Hombre o mujer?

Mujeres, señora escribana, somos dos. De camino para Sevilla, unos arrieros nos permitieron subir a sus mulas. Nosotras, agradecidas, porque teníamos los pies en carne viva. Somos mujeres mozas y cristianas viejas, nos llaman del partido o de fortuna…A nadie hacemos mal, cada uno se gana, como puede, el trozo de pan que se lleva a la boca.

Llegamos al caer la tarde a aquella venta. Mientras los arrieros se ocupan de pensar sus acémilas, nosotras salimos a la puerta, a solazarnos un poquillo.

Vemos acercarse, por el camino, a un viejo caballero, cubierto de armas oxidadas. Detiene las riendas a su rocín, se llega a la puerta y nos ve disfrutando de nuestro merecido solaz. En esto, un porquero toca el cuerno, como señal para que sus gorrinos se recojan, lo cual hace poner cara de contento al de la lanza.

Mi compañera tiene miedo y tira de mí, mas el caballero descubre su rostro y nos habla con voz reposada. Ya no tenemos miedo sino sorpresa. Sorpresa porque sus palabras son desacostumbradas, ya nadie dice “fuyan” ni “facerle”. ¡Habla como los romances de mi agüela!

Abejita de la Vega dijo...

Le miramos, le miramos. ¡Nos está llamando doncellas y altas! No podemos tener la risa, decirnos algo tan fuera de esta asendereada profesión nuestra.
No le gusta que nos riamos y nos riñe, nos dice que es sandez y que somos fermosas. Vaya eso de fermosa, me gusta. Su tono de voz se hace más dulce y nos asegura que desea servirnos, o eso entiendo yo.

No podemos contener la risa, tales son sus palabras y su mal talle. Ello acrecienta su enojo. El enfado va menguando mas , en esto, sale el ventero. Es un hombre gordo y con trazas de pacífico; el cual ve aquella figura contrahecha, nos ve reír y nos acompaña en las muestras de contento.

El ventero tal vez piensa que tantas armas son peligrosas, sobre todo en manos de un loco. Así que le habla comedidamente. Le ofrece lo que la venta ofrece, muy poca cosa. El techo sin lecho, pienso para el caballejo y algo que comer…

El caballero se dirige al ventero como “señor castellano” y lo que yo digo, habla como los romances de mi agüela. Dice eso de “mis arreos son las armas…”

El huésped no parece muy castellano de Castilla, mas parece andaluz. Esa misma noche me cuenta que es de la playa de Sanlúcar, buena gente, sí.

El de Sanlúcar conoce el refrán y le dice que si sus camas son peñas y su dormir es siempre velar. Bien pude apearse, que en la venta tendrá ocasión de no dormir en un año…Menuda noche…

El que dice llamarse do Quijote se apea con mucho trabajo, como aquel que está oxidado, como sus armas.

A la vuelta de la caballeriza, nos reconciliamos con aquel viejo cincuentón, le quitamos los yerros del pecho y la espalda, aunque no podemos despojarle del metal que le cubre cabeza y cuello. No nos deja cortar las cintas y nos dedica más versos, esos de Lanzarote, que dicen:

"Nunca fuera caballero de
damas tan bien servido..."

Es viernes y la cena consiste en un pescado salado y remojado, al que el ventero llama truchuela. Abadejo, bacalao, curadillo… Le pregunta si comería de ello, don Quijote cree que son truchas pequeñas y tan feliz. Sea lo que sea, está muerto de hambre y se le nota. Algo dice de las tripas, no lo entendemos.

Comemos al fresco porciones de aquel mal cocido pescado con un pan más negro que sus armas. Y si comió, aunque poco, fue gracias a nuestra ayuda. No ha enamorado el viejo con sus versos. Le pongo el alimento en la boca, mientras él levanta la visera. Par el vino, nos servimos de una caña.

El caballero parece feliz y se acrecienta su felicidad, no sé por qué, al oír el silbato de un castrador de puercos.

Música, damas y castillo, esas son su palabras porque, a ratos, habla solo. Mi compañera le ofrece otros servicios, los de nuestra profesión,se entiende. Mas don Quijote no parece haber menester y, además, no lleva dineros…

Me llaman por el canalículo, fue un placer, señora escribana. Por Maritornes, sabemos que vuestra merced, trata con benevolencia a las pobres mujeres de nuestra condición.

María Ángeles Merino