En estos momentos la IA está dejando de ser una herramienta tecnológica que nos ayuda en los cálculos, en los procesos, en la fabricación de cosas, para ser algo más. Por ahora, en manos de oligarcas que ya no viven en nuestras comunidades. Dentro de un tiempo, no mucho, la mayoría de las personas no sabrán pensar, calcular, informarse, contextualizar, expresarse, etc., sin el uso de una herramienta de inteligencia artificial. También los sabios de la tribu serán algoritmos. Llegará un momento en el que no seremos los que controlemos nuestra forma de entender el mundo. No podemos detenerlo ya.
Un ejemplo: los profesores de universidad fabrican sus artículos y sus libros con inteligencia artificial, muchas veces sin conocer bien el terreno sobre el que escriben y, en las páginas de sus artículos y en clase, se limitan a volcar aquello que les dice el algoritmo. Muchos son ya incapaces de contextualizar un texto o un concepto básico de su rama de conocimiento o de ordenar la materia sin estos recursos. Por lo tanto, estos profesores son innecesarios. Eso sí, en un año publican decenas de artículos e hinchan sus currículos exponencialmente.
Otro ejemplo: una novela en francés ha ganado varios premios de prestigio y se encontraba en la primera fila para el gran Goncourt. A muchos lectores no les ha importado saber que supuestamente estaba redactada con inteligencia artificial. Muchos libreros afirman que el negocio es el negocio, que lo que importa es vender. De hecho, algunos escritores redactan y estructuran sus novelas mejor desde que usan la inteligencia artificial. Los que escriben así son también innecesarios y a las presentaciones de los libros y las ferias del libro deberían acudir los programadores.
Cualquier persona, con una serie de instrucciones, puede generar una imagen o un vídeo casi indistinguible de uno real, salvo que se tenga conocimientos suficientes de informática. El éxito de algunas cadenas de manipulación mental y extensión de bulos se basa en que hay muchas personas que ya no saben distinguir si lo que ven es real o no. A gran parte de estas personas tampoco les importa. He usado el concepto real. Si una imagen falsa existe es real, pero su significado no lo es. Por ahora.
Un ejemplo más: un dron guiado por inteligencia artificial usado en un frente de guerra o en un acto terrorista decide a quién matar de las posibles víctimas que están frente a él. No decide no matar, sino que elige a quién hacerlo. Hace tiempo que se ha superado la Primera Ley de la Robótica escrita por Isaac Asimov, que decía que un robot no podía hacer daño de ninguna manera a una persona. Un coche autónomo, sin conductor, cuando se encuentra en una situación crítica en la que cualquiera de las opciones que se le presentan supone atropellar a una persona, decide también a quién, por sexo, edad o color de piel.
Mientras puedas, siente en tu cuerpo y en tu cerebro, almacena en tu recuerdo todo lo que procede de lo humano y lo natural. En poco tiempo, dudarás de si ese recuerdo no está fabricado.

Mientras pueda echaré mano del almacén humano y natural. Y mi propio almacén, ay...
ResponderEliminarParticipo de todos tus temores y sin recurrir, todavía, al argumento de lo que pueden hjacer en plan destrucción bélica directa o indirecta, ya se van viendo efectos en la educación, por ejemplo, que bien conoces tú. ¡Y a la gente le está camelando! ¿Será el momento de retomar la acción revolucionaria del esfuerzo mental en lectura, escritura, el ejercicio manual, el pensamiento filosófico o van a ser matados ya de entrada?
ResponderEliminarAl ver el panorama actual de maldad e incultura, al ver cómo los humanos que mandan atropellan los derechos de otros humanos, he llegado a desear que venga una inteligencia no humana para que arregle el desaguisado. De todas maneras, albergo poca esperanza.
ResponderEliminarSaludos.