Hay cierta dignidad en el vaho que se condensa en el cristal de una casa humilde. Las ventanas, de madera pintada repetidamente cada año, con la constancia de quien no quiere dejarse llevar por el abandono, tienen rendijas por las que se cuela el viento frío y húmedo de finales del invierno. La conversación se ha ido amortiguando a la vez que atardece: ya no hay más novedad que la compañía habitual de quien se quiere. Los cuerpos se sosiegan: han conseguido subir la temperatura de la habitación, calentada por una estufa de butano. El exterior ha ido difuminándose a la vez que el vidrio se iba cubriendo, como si hubieran echado la persiana sobre el horizonte para mirar hacia dentro, más cierto. Han cerrado la puerta con llave: a nadie esperan que venga del frío de la calle. Hace tiempo que se fueron los abrazos de los amigos o aquellos que llegan con un saludo protocolario y un interés de circunstancias. El teléfono ha dejado de sonar. Todos están en casa, no falta nadie. Todo es ya interior y amigable. En silencio, se hace de noche.

Qué pintura tan extraordinaria, de los colores, de las formas, de las pincelas que se desvanecen en el exterior y se intensifican dentro, dentro de la casa, de la familia y de uno mismo.
ResponderEliminarPintura de sensaciones, mientras anochece y arrecia el frío, el calor de una humilde estufa unido a la luz intensa que se va abriendo paso iluminan la figura interior.
Una mirada que lacera el espíritu del lector, invocado en este cuadro tantas veces, y tan frágil, tan pequeño, refugiado en las pinceladas que lo resguardan de un universo inmenso y frío.
Qué bonito me ha parecido, la fotografía es hermosa, con el mismo punto inquietante. Pura poesía, querido Pedro, como tú.
Besazos, querido amigo.
Se difumina el exterior en la intimidad del hogar y la llave que cierra la puerta; es por eso que los amigos sobran, aunque sus abrazos estén siempre presentes.
ResponderEliminarMe gusta mirar a través de la ventana cuando el vaho difumina el paisaje y crea colores nuevos y nuevas realidades...
ResponderEliminarabrazos :)
A mi me produce un cierto desasosiego.
ResponderEliminarCuando era pequeña, mi hermana y yo, jugábamos a escribir en el vaho de la ventana de nuestro cuarto. Ella era implacable, no me dejaba poner faltas de ortografía... ahora, ya no importa.
ResponderEliminarbesos
En Florida no se empañan los cristales por un invierno que no existe. El frío es de dentro hacia afuera y el paisaje no es esa tela impresionista que tu contemplas. Por la ventana se sale a un espacio natural de mangos y limoneros donde cada noche retumban grillos y chicharras y los pájaros cardenales duermen. Ese silencio nocturno, aquí se escucha ... porque habla la soledad.
ResponderEliminarBonita foto, parece un cuadro de Monet.
ResponderEliminarMe transportaste a casa de mis abuelos. No sé si darte las gracias.
Un abrazo.
Gemma
Se nota la paz. Me gusta la foto y el mini comentario.
ResponderEliminarSaludos
Estampa fiel del invierno y de esa edad que sobreviene sin darnos cuenta, como el vaho.
ResponderEliminarTodo es ya interior y amigable...
ResponderEliminarESo me gusta, esa frase me encanta...
Cuando dentro está el calor aunque fuera esté el frío...
Esa reacción es la que provoca el vaho...
Lo malo es cuando el vaho está en el alma...
Refugio a salvo del mundo.
ResponderEliminarPor el vaho entra la realidad.
Una realidad difuminada que nos protege de lo exterior.
ResponderEliminarBesos, Pedro.
mmm la imagne me suena a triste...a casa sin muebles...
ResponderEliminarbesos pedro
SAUVIGNONA
Más de un hogar queda sellado con el vaho.
ResponderEliminarIncluso no es mala superficie para expresar sentimientos...
Esto me hace pensar.
ResponderEliminarVivo solo, y mi casa es mi refugio.
Pero es triste llegar y encontrar siempre la luz apagada.
Es mi refugio, pero es donde admito mi derrota.
Que me falta? no lo sè.
Pero sè que no està en mi casa.
Un abrazo.
lo has descrito tan bien que me dieron ganas de hacer dibujitos en el vaho de esta ventana. Besos.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho tu descripción de ese interior con la familia y las ventanas llenas de vaho. El calor lo proporcionan los habitantes de esa humilde casa. Muy, muy bonito. Besotes sin vaho, M.
ResponderEliminar¿y esos dibujos o letras escritos en el cristal con vaho con el dedo?
ResponderEliminarMe gustan los cristales empeñados, con dibujitos de dedos infantiles. Recuerdos de la infancia.
ResponderEliminarUn abrazo, Pedro.
Si hubiera (todavía) algún niño en la casa pintaría su nombre en los cristales y haría dibujos hasta que un mayor le reprendiera. Biquiños,
ResponderEliminarPronto llegara la hora del conticinio y todo sera silencio.
ResponderEliminarUn abrazo
Luz
Yo ya no escribo en el vaho del cristal, ahora es mi hija quién lo hace y tengo que decirte que es algo que a mí me gustaba de niña, en cambio, ahora no me gusta nada porque luego tengo que ir detrás a limpiarlos me molesta que queden rastros jajajaja.
ResponderEliminarUn beso, amigo.
Mejor solos y calentitos que mal acompañados. Los ancianos saben mucho de eso.
ResponderEliminarUn abrazo.
Me gusta este vaho y el calor que lo produce dentro de esa casa, sólo de quienes se quiere. Estos días volvió un poco de ese vaho a mis ventanas, pero con el frío se disipó demasiado pronto.
ResponderEliminarAbrazos Pedro.
En el calor del hogar el exterior, lo de fuera, pierde interés...
ResponderEliminarUn abrazo.