Si yo me tuviera que ir de esta casa, adónde iría. Por un desahucio, por una guerra. Recomiendan tener las cosas importantes en una mochila: documentos, algo de comida para dos o tres días, una muda, dinero, un transistor pequeño de pilas, una linterna, agua, un producto que sirva para intercambiar por lo que te haga falta, como una cajetilla de tabaco, pero si soy un anciano o un niño, qué puedo llevar encima.
Recuerdo las imágenes de los que escapaban hacia Francia ante la inminente derrota de la República en 1939. ¿Qué llevaban? Los de las largas columnas que caminaban, digo. Muchos cargaban maletas grandes, hatillos. De aquellas fotografías llaman la atención sobre todo las mantas sobre los hombros. Fue un duro invierno. Una de Prats de Molló. A la derecha, un hombre conserva cierta elegancia en su postura, de espaldas al fotógrafo. A sus pies, dos maletas y una damajuana. De frente, por el estrecho sendero, cuatro hombres adultos, uno de ellos agobiado por el peso de una caja que lleva sobre sus hombros, un adolescente y dos niños con muletas. Uno es muy pequeño, el otro ya es un chaval que mira asustado a la cámara. Ambos, sin una de sus piernas, dan las manos libres a los hombres que les acompañan. Ahora que me fijo, al que lleva de la mano al niño más pequeño, también le falta una pierna: por la pernera asoma una pata de palo.
Algún atardecer se vaciarán nuestras ciudades, uno como este de hoy, lleno de rojos inciertos. Si ya estamos en guerra, cuántas de nuestras casas lo serán dentro de unos meses.

El dilema ahora, tal como se perfilan las sociedades y los Estado si no se saben remediar, es ¿a dónde se podría ir?
ResponderEliminarNos echaremos la manta encima, si tenemos manta. O un abrigo cualquiera por encima de los hombros, aunque no sea de nuestra talla. Como los de la foto que describes: cautivos, desarmados, agotados, cojos. Y atardecerá en rojo y amarillo, al sol le dará igual, igual de bello. Nunca más.
ResponderEliminarMás que pensar en qué meto en la mochila, según las recomendaciones oficiales, pienso en quién me la va a llevar. Al final, mejor no pensar...
ResponderEliminarEn un planeta hiperconectado donde las fronteras están militarizadas, la vigilancia es digital y los efectos geopolíticos y climáticos son globales, ya no existe un «lugar geográfico» inmune al que escapar con una manta al hombro. Saludos 🤗
ResponderEliminarEL rojo es el color del fuego cuando todo arde...
ResponderEliminarSaludos,
J.
Estou com muito receio do futuro , porque algumas criaturas lucram com a guerra e nada lhes importa o sofrimento alheio...
ResponderEliminarBeso, querido amigo, feliz Outono.