Meterse en un bosque y que tú seas la confusión.
No es el sendero que atraviesa el bosque, es Caperucita.
Todos los miedos del bosque los has llevado tú.
Hay personas que llevan un bosque dentro. Asoman en su piel, aquí y allá, acículas y brotes jóvenes y si se detienen mucho rato en mitad de la calle anidan en ellos los abejarucos y los zorzales. En su mirada hay rumor de fuentes y presencia de dríades.

Un bosque verde, a veces con caminos sinuosos.
ResponderEliminarEs difícil decir algo a lo que tú ya dices. El bosque da mucho de sí pero hay que saber verlo, y tú sabes.
ResponderEliminarUn abrazo
Y me gusta la foto.
ResponderEliminarGostei imenso ....
ResponderEliminarBeso, amigo mio.
Algunos habitamos en el sotobosque.
ResponderEliminarLlevando un bosque dentro se corre el peligro de que tus árboles y sus sombras no te dejen ver ni el sol ni el propio bosque.
ResponderEliminarSalud
En las grandes ciudades no hay bosques como el que describes. Lo hago mío y me sumerjo en él con la imaginación.
ResponderEliminarSaludos cordiales
Hay personas que no saben que lo son, y viven como si fueran un bosque, pero uno embrujado.
ResponderEliminarSaludos,
J.
Adentrarse en un bosque, es como la vida misma, está llena de laberintos, de miedos, de trampas...
ResponderEliminarMe encanta esta entrada, Pedro.
Besos.
Y llevamos nuestros miedos al bosque. El bosque, que es la vida.
ResponderEliminarBella entrada.