Era partidario de clasificar a las personas en dos grupos: él y los demás.
Apiló los maderos cuidadosamente, no quería que se mezclaran antes de convertirse en serrín común en el saco.
El orden le producía un amor infinito. Quien le amaba se levantaba cada noche para cambiar las zapatillas que dejaba al pie de la cama, haciéndole no encontrar su pie derecho y provocando que tuviera que vivir el riesgo del resto del día.
Me da tanto miedo mi tendencia natural a la bohemia, que lleno de planes no cumplidos mis agendas.

un día te vas a dar cuenta que vas cumpliendo los planes quizá de otros días, vas a ver... saludos
ResponderEliminarUn poco de orden en las cosas y en la vida no es malo.
ResponderEliminarNo hay orden en el caos y seremos todos el mismo serrín.
ResponderEliminarQué interesantes aforismos (reflexiones al fin y al cabo) Me has hecho pensar en el orden establecido por cada individuo. Hay mucho de acto reflejo tras el orden de las zapatillas...o de cualquier otro objeto, que el día en que es alterado nos descoloca.
ResponderEliminarEl amor y el orden se retroalimentan, son recíprocos, el uno nutre al otro y viceversa.
ResponderEliminarSaludos
Francesc Cornadó
A mi, las personas demasiado ordenadas no son de mi preferencia.
ResponderEliminarCreo que pierden un poquito de esa "locura fresca" que da sabor a la vida.
Abrazos Pedro.
Quizás la de las zapatillas es especialmente maligna, ja, ja, já.
ResponderEliminarUn abrazp
Algunas personas, qué egoístas son: No ven más allá de sus narices y no se dan cuenta que la mezcla suma y no resta.
ResponderEliminarMe haces sonreír con tu tercer y cuarto aforismo.
Besos