Dos uniones rotas. La primera, consistente como el hierro. La segunda, el cuidadoso atado que nace ya cuando se sabe que nada es para siempre pero se guarda la esperanza. Quizá por eso abandonaron la casa.
Es verdad, nada es para siempre, como los hijos cuando se hacen mayores y se nos van de casa, así lo siento yo, así me llega este mensaje, ay y que duro es ver que ya vuelan solos, pero es ley de vida.
Esto me hace pensar que a veces se confía más en el material débil para asegurar desuniones. Como si costara efectuar un encargo de un material más duradero.
Un ataque masivo de spam me ha obligado a anular la posibilidad de comentarios anónimos en contra de lo que siempre ha ocurrido en La Acequia. En cuanto pueda solucionarlo, volverá a ser posible comentar de forma anónima.
Muy sugestivo y simbólico.
ResponderEliminar=)
Es verdad, nada es para siempre, como los hijos cuando se hacen mayores y se nos van de casa, así lo siento yo, así me llega este mensaje, ay y que duro es ver que ya vuelan solos, pero es ley de vida.
ResponderEliminarMe gusta la imagen.
Besos.
Suscribo al comentario de Mónica.
ResponderEliminarBesos
Uniones cada vez más débiles, una metáfora de tantas cosas.
ResponderEliminarUn abrazo
¿Qué aguanta más una unión de paja o una de hierro?
ResponderEliminarEso se llama sacarle punta a la realidad aunque a veces sea un simple problema de oxidación el que la justifique.
ResponderEliminarUna unión verdadera.
ResponderEliminarLas uniones pueden ser de diferentes ataduras y la puerta de la casa siempre quedará, por si alguien quiere o puede abrirla.
ResponderEliminarInteresante foto
Besos
Esto me hace pensar que a veces se confía más en el material débil para asegurar desuniones. Como si costara efectuar un encargo de un material más duradero.
ResponderEliminarEspera-nza y no desistir en el intento.
ResponderEliminarbesicos
Mavi