Uno pasa ante los grandes edificios con sensación de asombro y temor. Algunos bloques de estos albergan más personas que los pequeños pueblos de Tierra de Campos que conozco. Siento cierta perplejidad ante los que quieren vivir en rascacielos e incredulidad ante los urbanistas y arquitectos que los consideran la mejor opción de vida para los seres humanos como forma eficaz de proteger el medio ambiente o gastar menos recursos naturales. Los rascacielos nos son para mí, tampoco las edificaciones que nos dejan sensación de hormigas. Quizá sea consecuencia del mal de altura pero no me siento a gusto en ellos ni los entiendo, pero qué bellos algunos. Qué juncos de cielo.
inevitables en la ciudad, bellos, intimidantes, excesivos.... todo eso como decís son...
ResponderEliminary que lindos salen en las fotografías! ja... saludos...
¡Pues mira que soy de campo y sin embargo vivo en un décimo! Sin embargo, pienso mucho que vivir así, tan lejos de la tierra, no es bueno.
ResponderEliminarAsí que algo de razón te concederé ;)
Abrazos
Pese a ser semigregarios, no podemos olvidar que vivimos próximos unos a otros como las hormigas y otros animales que viven "apiñaos", será por eso que nos ponen a unos encima de otros.
ResponderEliminarA mí también me suscitan sensaciones y criterios encontrados.
ResponderEliminarLos hombres que se construyeron las torres mas altas, con la intención en Babel, de llegar haste el cielo. Pero el orgullo de los hombres, y la insolencia contra Dios, hacer los rascacielos, que algunos cayeron y otros se reconstruyen hasta ser cuando nunca llegare. (corrígeme Pedro)
ResponderEliminarSomos de pueblo, simplemente.
ResponderEliminarUn abrazo
Ha salido un libro que parece interesante, entre otros.
http://cultura.elpais.com/cultura/2016/04/19/babelia/1461071676_157409.html
También a mi me producen repeluz, con vértigo incluido.
ResponderEliminarMe refiero a edificios realmente altos tipo las Torres Gemelas de NY
y con esos ascensores japoneses computarizados que son
cajas herméticas de metal sin controles en las que tienes que marcar
el piso desde afuera y antes de subir... puaaaaajjj
En Buenos Aires vivía en el Piso 18 y me encantaba.
Mi hija vivió un tiempo casada ya en un piso 23 y
ya me daba vértigo asomarme al balcón.
Besos
Y lo que dices de las edificaciones que nos dejan
ResponderEliminarsensación de hormiga: por eso mismo detesto Washington en dónde estuve dos veces. En la segunda, que pasé más tiempo, me dio una angustia, un ahogo,
rayano en el pánico y después de haber visitado todos los Museos Smithsonianos que son una maravilla y lo mejor de la ciudad, me fui al hotel a hacer el check out, y cambié mi pasaje de Air France, pagando la multa, para salir esa misma noche rumbo a París, (adelantando mi llegada a visitar a mi hija que estaba viviendo allí) Desde el mismo momento en que subí al avión, me sentí en casa.
Pues eso, no soy hormiga :-) ni quiero sentirme así.