domingo, 16 de abril de 2017

Rascacielos


Uno pasa ante los grandes edificios con sensación de asombro y temor. Algunos bloques de estos albergan más personas que los pequeños pueblos de Tierra de Campos que conozco. Siento cierta perplejidad ante los que quieren vivir en rascacielos e incredulidad ante los urbanistas y arquitectos que los consideran la mejor opción de vida para los seres humanos como forma eficaz de proteger el medio ambiente o gastar menos recursos naturales. Los rascacielos nos son para mí, tampoco las edificaciones que nos dejan sensación de hormigas. Quizá sea consecuencia del mal de altura pero no me siento a gusto en ellos ni los entiendo, pero qué bellos algunos. Qué juncos de cielo.

8 comentarios:

  1. inevitables en la ciudad, bellos, intimidantes, excesivos.... todo eso como decís son...

    y que lindos salen en las fotografías! ja... saludos...

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  2. ¡Pues mira que soy de campo y sin embargo vivo en un décimo! Sin embargo, pienso mucho que vivir así, tan lejos de la tierra, no es bueno.
    Así que algo de razón te concederé ;)
    Abrazos

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  3. Pese a ser semigregarios, no podemos olvidar que vivimos próximos unos a otros como las hormigas y otros animales que viven "apiñaos", será por eso que nos ponen a unos encima de otros.

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  4. A mí también me suscitan sensaciones y criterios encontrados.

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  5. Los hombres que se construyeron las torres mas altas, con la intención en Babel, de llegar haste el cielo. Pero el orgullo de los hombres, y la insolencia contra Dios, hacer los rascacielos, que algunos cayeron y otros se reconstruyen hasta ser cuando nunca llegare. (corrígeme Pedro)

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  6. Somos de pueblo, simplemente.

    Un abrazo

    Ha salido un libro que parece interesante, entre otros.

    http://cultura.elpais.com/cultura/2016/04/19/babelia/1461071676_157409.html

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  7. También a mi me producen repeluz, con vértigo incluido.
    Me refiero a edificios realmente altos tipo las Torres Gemelas de NY
    y con esos ascensores japoneses computarizados que son
    cajas herméticas de metal sin controles en las que tienes que marcar
    el piso desde afuera y antes de subir... puaaaaajjj
    En Buenos Aires vivía en el Piso 18 y me encantaba.
    Mi hija vivió un tiempo casada ya en un piso 23 y
    ya me daba vértigo asomarme al balcón.

    Besos

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  8. Y lo que dices de las edificaciones que nos dejan
    sensación de hormiga: por eso mismo detesto Washington en dónde estuve dos veces. En la segunda, que pasé más tiempo, me dio una angustia, un ahogo,
    rayano en el pánico y después de haber visitado todos los Museos Smithsonianos que son una maravilla y lo mejor de la ciudad, me fui al hotel a hacer el check out, y cambié mi pasaje de Air France, pagando la multa, para salir esa misma noche rumbo a París, (adelantando mi llegada a visitar a mi hija que estaba viviendo allí) Desde el mismo momento en que subí al avión, me sentí en casa.
    Pues eso, no soy hormiga :-) ni quiero sentirme así.

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