viernes, 16 de octubre de 2015

Un hogar


La raíz de un hogar es siempre el proyecto que lo sostiene. Me puse filosófico apoyado en el umbral de aquella casa vencida por el tiempo. Quién estuvo allí y por qué abandonó el edificio, dejó de cuidar el frutal que plantó a la puerta él o quizá su padre para que le diera sombra en las tardes de verano. Todas las casas huelen a sus habitantes durante un tiempo, hasta que el viento consigue entrar por las rendijas de las ventanas y la lluvia vence el tejado. Después queda, en un rincón, una vieja herramienta de madera y metal oxidado o una mesa y una silla como si esperaran a sus antiguos propietarios. Las palomas anidan entre las pocas tejas que aún resisten en su lugar original y la puerta bate chirriando sobre los goznes metálicos. Cuando pasa el suficiente tiempo, nada queda de lo que fue pero aún aguarda la sorpresa de una baldosa completa o un azulejo intacto. Entran entonces las pandillas de chavales para fingir juventud eterna o algún vagabundo pasa unas noches resguardándose del frío pegado a las paredes de adobe. Todos dejan sus huellas. Y uno, que viene de muy lejos, siente la tentación de limpiar un poco la mesa y la silla del rincón y sentarse a esperar que alguien quiera compartir un proyecto para levantar de nuevo las paredes caídas, poner el tejado y calentar la casa con el fuego de la chimenea. Y salir, cuando declina el sol, a sentarse junto al árbol para comprobar cómo salen las estrellas y el horizonte se extiende hacia los cerros.

13 comentarios:

  1. Buenas noches, profesor Ojeda:

    Sus antiguos habitantes cuidarían con mimo lo que ahora es una ruina, pero aún sus desgastadas paredes son capaces de provocar sentimientos, mientras se dispone la comida, y tal vez, junto a la mesa recompuesta, se piense en futuro junto a otras personas que devolverían las voces y las risas al paisaje.

    Un abrazo

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  2. Cada casa tiene su memoria. Ay, si las paredes hablaran. Algunas parecen resguardar una especie de calidez, ese calor de hogar, que invita a quedarse a vivir en ellas.
    Tu entrada está llena de poesía.
    Un abrazo.

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  3. Suena muy bien, eso de sentarse a esperar por si alguien pasa y se anima a compartir el último rayo de sol...
    Yo ya me apuntaba.

    Besos otoñales.
    ;)

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  4. Joder que parábola de país te ha salido. Magnífica

    Saludos

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    1. A ver si podemos sentarnos unos poquitos a compartir mesa...

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    2. A ver si podemos sentarnos unos poquitos a compartir mesa...

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    3. A ver si podemos sentarnos unos poquitos a compartir mesa...

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  5. Me encanta leer los retratos de interior.Salir cuando declina el sol, y esperar a que salgan las estrellas.

    Besos.

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  6. No es esta la sensación que me produce una casa abandonada. No me invade la necesidad de limpiar un poco la mesa y la silla del rincón y sentarme a esperar que alguien quiera compartir un proyecto de nuevo ... No, siento el peso del tiempo como la Epistola moral a Fabio y encuentro en mi vida esa levedad que la hara desaparecer de la línea del tiempo como esa casa que ya es solo ruina, como seré en poco o mucho tiempo (aunque en perspectiva es nada). Y siento alguna repulsión por lo ido. No deja de ser un golpe a nuestra vanidad y a nuestras ansias de perdurar. Solo los Jorge Manrique perduran, pero para eso hay que tener seso y oportunidad para despertar el alma dormida y así contemplar cómo se pasa la vida y cómo se viene la muerte, tan callando. Y de esto hace cinco siglos y medio. Casi nada.

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  7. Un buen comienzo para una novela...
    Besos, Pedro.

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  8. La lei en su momento. Si escribir (bien) es narrar ideas, eso es lo que haces, y muy bien.

    Un abrazo

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  9. Está bien. Es acogedor y melancólico.

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  10. El hogar es eso, un proyecto común de vida estés donde estés.

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