Cuenta la fábula de Iriarte que un conejo se entretuvo en comentar con otro que le salió al encuentro si quienes le perseguían eran galgos o podencos. En esto llegaron los perros y fue el final de los dos conejos. Se acercan las elecciones y no sé por qué me parece que gran parte de la sociedad española tiene espíritu de conejo mientras llegan los perros al toque de silbato de sus amos. Hablamos demasiado y actuamos poco.
Muy bueno Pedro.....nos van a comer vivos.
ResponderEliminarMe parece que los conejos deberían buscar otro espacio que el que dominan los perros y construir su fuerza desde ahí, con nuevas maneras y miradas. No es fácil, pero disputar con perros lleva siempre al mismo final.
ResponderEliminarUn abrazo (con las orejas bien tiesas por si llegan los canes...).
Sólo podemos correr, es problema es hacia dónde.
ResponderEliminarUn abrazo
De acuerdo contigo Pedro, hablamos demasiado,sin pensar y se nos va la fuerza por la boca y luego nos pasará lo de siempre, saldrán elegidos los que menos velan por nuestros intereses.
ResponderEliminarBesos
Soy moderadamente optimista, aunque creo que esta vez el gato al agua se lo va a llevar quien cada vez es menos sorpresa: los mismos galgos con distintos collares.
ResponderEliminarSi señor, ahí nos duele.
ResponderEliminarSaludos
No hay solución. Es imposible construir un mundo y una sociedad en base a nuestros supuestos buenos deseos que no conllevan en general ningún coste.
ResponderEliminarY luego todos como pollos sin cabeza, perdidos en un cacareo sin sentido, corriendo como locos de acá para allá...
ResponderEliminar¡Que Dios nos coja confesados!
Besos
;)
Jirafas. Deberíamos convertirnos en jirafas para poder mirar las cosas con cierta perspectiva y la globalidad que proporciona la altura y la inclusión.
ResponderEliminarBesos
Nos hemos/han convertido en conejos. solo aspiramos a cubrirnos con una incierta armadura y convertirnos en armadillos, con el mismo final.
ResponderEliminarSaludos!