Yo no sabría vivir en un lugar en el que no hubiera otoño: la luz no miente ni ciega. El paseante se echa al camino, las manos a la espalda, la cabeza llena de sus cosas y del ruido de una nueva guerra lejana ya conocida y el constante bullicio de un mundo en el que ya ni siquiera se guarda el espejismo de la confianza. Mientras tanto, el sendero huele a tierra y hojas mojadas y nada distrae el pensamiento de su tristeza. En el horizonte, el invierno.
Mi Querido Señor Don Pedro, yo sí sabría.
ResponderEliminarHoy llené un cubo bien grande, de iguales hojas que las retratadas.
El bidón de la basura olía a otoño.
Y su prosa huele a poética, aunque me sugiere escalofríos.
Suyo, Z+-----
Cuando Ana María Matute tenía cuatro años cae gravemente enferma. Por dicha razón, su familia la lleva a vivir con sus abuelos en Mansilla de la Sierra, un pueblo pequeño en las montañas riojanas. Matute dice que la gente de aquel pueblo la influenció profundamente. Dicha influencia puede ser vista en la obra antología Historias de la Artámila 1961, la cual trata de gente que Matute conoció en Mansilla
ResponderEliminarNo me gusta el otoño, ni el invierno, si pudiera pasar páginas hasta la primavera, las pasaría.
ResponderEliminarEl otoño para mí es melancolía, soledad, tristeza, oscuridad, mejor no sigo, Pedro.
Un beso.
A veces la tierra y la naturaleza se conjugan para que sintamos la realidad más intensamente, con más conciencia...quizás tu otoño te brinde eso.
ResponderEliminarUn abrazo.
EL lunes 18 de octubre de 2010 ya se dijo en el Blog que mando que este año seria en CERVANTES para Ana María Matute
ResponderEliminarMansilla de la Sierra 1
prefiero que sea así, lo que viene es bienvenido, estaremos todos más recogidos también
ResponderEliminarEl Otoño sí me gusta, y mucho, cada vez más.. invita a dar paseos, en mi caso por la Girona Antigua, ver como los árboles se maquillan con colores cálidos..
ResponderEliminarsí, me han enseñado a amar el Otoño.
Preciosa foto, y me sabe mal que para el Señor de la Vega sea sinónimo de trajín, mi simpatía para él.
Un beso, Pedro, para tí, para tod@s.
El otoño es una estación repleta de ricos matices, paraíso de poetas y pintores. Saludos.
ResponderEliminarNo todos los días de otoño son oscuros y húmedos, hay días que amanecen soleados, con una luz que invita a conectarse con la naturaleza y disfrutar de su exuberante colorido. Disfrutemos de ellos que el invierno está ya llamando a la puerta.
ResponderEliminarBesos
Este año toca escritor español, y en algún momento de la charla se deslizó que probablemente también tocase mujer. No se pronunció en ningún momento su nombre, pero aquí dejo escrita mi apuesta: el Premio Cervantes 2010 será Ana María Matute. Ya veremos
ResponderEliminarAdoro el otoño, tan lleno de sus cosas, en él me siento cómoda, la pena es que aquí está cercana la llegada del invierno y aún andamos de tiros finos. Gracias al atardecer en el que se respira ese leve frescor que nos posiciona en la estación momentánea, así que me pierdo entre pinos y respiro aire fresco para sentir su presencia.
ResponderEliminarEl mundo anda revuelto, ¿llegará alguna vez la calma? Sigamos pues paseando entre hojas mojadas.
Besos siempre Pedro.
Hermosa estación me hace sentir de forma distinta... me gusta. Un besito
ResponderEliminarEl otoño es dorado.
ResponderEliminarEs muy buena època.
un abrazo.
Hoy nos seguimos los pasos.
ResponderEliminarNo quiero, me niego, me niego, me niego y al final, no puedo dejar de mirar al Mundo.
:(
adoro el otoño!!
ResponderEliminarcaminar de la mano con alguien pisando esas hojas, y sentir la brisa y esas gotas de humedad siempre cómplices
un ideal siempre pendiente:)
besos Pedro
buen jueves profe
Buenas noches, profesor Ojeda:
ResponderEliminarAsí está toda mi calle, como su fotografía. Pero, las ramas de los plátanos, cada día con menos hojas, me dejarán ver -al fondo- el Tibidabo, que desde la primavera lo tenía casi oculto.
Hay días preciosos en otoño. Son los días dulces, aquellos en los que la luz, el color y el calor, quieren dar lo mejor de sí y de su experiencia antes de la despedida, para dejar paso al invierno.
En estos días, las hojas caídas aroman el aire, y aunque desordenan, embellecen e inspiran, hasta al cemento y al asfalto.
Saludos. Gelu
P.D.: Ana María Matute, cuánta poesía en su prosa. Y sus palabras de auténtica gran escritora: .."uno no escribe para ganar premios".
¡Qué excelente retrato el que le hizo Colita!.
Yo soy de verano, y primavera si me apuras, pero los colores del otoño en el mar son indescriptibles.
ResponderEliminarMe gusta sentir el crujir de las hojas, al andar... y comer castañas jajajaja
abrazos, amigo Pedro
¡Enhorabuena a Ana María Matute!
ResponderEliminarA mi el otoño ¡me encanta! Reminiscencias de mis años canadienses donde esta estación del año es una explosión de colores, "Indian Summer days" maravillosos, una luz limpia y nítida... Besotes otoñales casi invernales (nunca mejor dicho...), M.
Esta vez poco comentario voy hacer.
ResponderEliminarDigamos que mi musa y yo estamos contigo. Que buenas citas nos da el otoño.
El otoño invita a pasear, al estilo Antonio Machado, Miguel Delibes, tal como lo describes las manos a la esplada, la cabeza llena de pensamientos, el viento otoñal golpeándonos el rostro, a pasear entre viñas sin frutos pero con hojas color siena bermellonas, pasear entre caminos de castaños pisando sus hojas secas marrones, pasear entre encinas, robles y pinos, apoderándonos de su aroma, pasear por la orilla del mar mientras su agua marina todavía cálida golpea nuestros pies, a pasear y compartir con tu cómplice, los colores y olores otoñales.
ResponderEliminarMuy ciertas sus palabras Pedro; ciertas y descriptivas.
ResponderEliminarLa pena es que en esta ciudad pareciera que el otoño apenas dura una semanas y sufrimos de invierno prematuro y extralargo.
Me gustan esos paseos de los que habla... aunque la cabeza vuele entre incertidumbres.
Besos
En otoño la mirada va cayendo al suelo y fermenta.
ResponderEliminarMe gusta esta imagen que se va llenando.
Cómo me duele tu otoño
ResponderEliminarColores ocres, amontonados como el cobre y amarillos ajados por el tiempo que desnudó los árboles; en silencio despojados como el ruido que violenta de otros amarillos
ResponderEliminarde raza, más humanos, pero tan lejanos que parecen ecos de voces extrañas.
Si nos quitaran la incertidumbre el otoño no pasaría de largo.
ResponderEliminarSaludos
No me gusta el otoño, no me gusta su falta de luz, me entristece.
ResponderEliminarsaludos
Yo siento lo mismo.
ResponderEliminarExcelsa la imagen.
La verdad del otoño está en el sendero que huele a tierra y hojas mojadas. Tampoco yo sabria vivir en un lugar en el que no hubiera Otoño.
ResponderEliminarImposible vivir sin otoño,donde todo se tiñe de ocres,dorados,amarillos, naranjas y rojos;preludio del mágico invierno.El otoño no es sólo una estación es parte del ciclo de vida.
ResponderEliminarhermosa foto.Besitos.Silvi.
hola pedro:
ResponderEliminara mi el otoño me encanta...y como dices ya se acerca el invierno alli
habra que prepararse para ese momento....
besines y que estes bien
:)sauvignona
Bella entrada; solo posible en otoño.
ResponderEliminarel otoño es una época ocre, dorada caqui y marròn. Tambien trae canela, y sus sabores son excelentes.
ResponderEliminarLas setas, imprescindibles. Los palosantos, una delicia para los mas exigentes gourmets. Las castañas asadas comidas en mitad de la calle y de van tan bien para calentarse las manos. Y en al horizonte: La Navidad!!
quien da mas?
Abrazos profe.
Aparentemente todo muere pero solo aparentemente. Solo dormita, como debe ser después del frenesí estival.
ResponderEliminarMe quedo con el crish- crash de las hojas secas...
Bsos
B
Y yo que suelo sueño en un lugar donde el otoño no exista... ;)
ResponderEliminarBesos, Pedro.
No me disgusta el otoño, me gusta. Ese andar sobre húmedo y cadaveres amarillos, ocres, rojos, un cierto olor a musco, y andar con esa nube en la cabeza, esa niebla llorosa, me gusta. No me disgusta, a mis años, estación ninguna, las acepto y ellas a mi, nos toleramos, la vivo.
ResponderEliminar!Salve Pedro!
Todo viene siendo necesario, incluso el otoño.
ResponderEliminar"Yo no sabría vivir en un lugar en el que no hubiera mar: el mar no desencanta ni abruma. El paseante se echa al mar, las manos en brazada, la cabeza llena de sus cosas y del ruido de una nueva guerra lejana ya conocida y el constante bullicio de un mundo en el que ya ni siquiera se guarda el espejismo de la confianza. Mientras tanto, el mar huele con su olor característico: algas, rocas y arena. Nada distrae el pensamiento de su tristeza. En el horizonte, un barco navega de regreso a casa".
ResponderEliminarMe he permitido hacer tu texto, un poco mío, cambiándole algunas palabras.
biquiños.
un texto exquisito.
Olor y color, cada rincón, cada hoja, cada árbol. Espectáculo vivo e irrepetible.
ResponderEliminarEn este mundo agresivo y frio, espero que siempre haya cosas bellas, como las que nos brinda la naturaleza que nos haga encontrarnos bien con nosotros mismos. Un abrazo Isabel.
ResponderEliminarA mí me encanta el otoño, a pesar de que por aquí es muy leve. Pero la luz es diferente y el alba y el atardecer también, hay otros aromas y las nubes tampoco son las mismas.
ResponderEliminarBesos
Qué tendra el otoño? que siempre ha sido tan literario y evocador
ResponderEliminarLa verdad del otoño es que envidiaba tanto a las gélidas nieves de tu horizonte invernal, que decidió cubrirse con un manto polar.
ResponderEliminarPues sabe, escuché el viernes a un periodista que trabaja en Corea del Norte y exponía con toda claridad, siempre bajo su óptica y punto de vista, que EEUU era el causante de este desafío, puesto que la base de Corea del Sur que bombardeó primero sobre Corea del Norte es norteamericana... bueno esto es, como intentar descubrir qué fue el primero si la gallina o el huevo.
ResponderEliminarEs cierto que el otoño prepara para lo que viene a continuación, pero deberíamos aprender a no olvidar y traer a la mente, todos los conocimientos pasados para intentar conseguir que la historia no se repita...
Un saludo.
Jo Pedro! qué bonito...
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