miércoles, 19 de febrero de 2020

Promesa de flor de almendro


Ya está cerca la flor del viejo almendro, ya está cerca. Apenas promesa aún, frágil anuncio. Recuerdo hoy aquellos almendros de mi infancia. Cuatro vigorosos, que escalábamos los niños para aventurarnos al cielo, dos enfermos y uno muerto, que servía de poste al tendedero en el que mi madre ponía a secar las sábanas. Se agitaba la ropa con el viento, jugaba con la luz y blanqueaba el aire: blancas también las flores de los almendros cuando anunciaban la primavera. La urbanización de aquella zona, a las afueras de la ciudad, los arrancó de cuajo, descorazonando la tierra.

Cada año temo perderme la floración de los almendros. En este me ha burlado: o bien ya habían perdido la flor cuando llegaba o no se habían abierto aún cuando marchaba. Antes de subirme al tren he visitado los almendros que suelo fotografiar cada año para traerlos aquí, esperanzado, como si el deseo pudiera adelantar el tiempo. A estos almendros les faltan apenas unos días, quizá unas horas, pero he de tomar el tren y salir de viaje. Quizá este año no tenga primavera.

lunes, 17 de febrero de 2020

Entre Baños de Montemayor y Hervás.


De Baños de Montemayor a Hervás, el sendero que trascurre por la antigua plataforma del ferrocarril no presenta dificultad alguna. Se desciende lentamente por el trazado del antiguo ruta de la plata, aquella vía de comunicación que unía Sevilla con Gijón y que fue cerrada hace años para levantar hace poco las vías. Un error que hace más penoso el futuro de esta comarca. Si se subía en tren desde Sevilla, al llegar aquí todo cambiaba por las estribaciones de la sierra de Béjar y el paisaje se ceñía a las montañas. Los andarines hemos ganado un cómodo paseo para hacer hambre: el calor es poco y la mañana fresca anima el paso y la conversación, camino del mantel improvisado sobre la tierra. De pronto, la sierra se abre y a nuestra derecha se nos presenta todo el valle del Ambroz. El Ambroz va, como el Sangusín, como el Cuerpo de Hombre, hacia el Alagón y este hacia el Tajo. Estos ríos tienen algo que nos hace pensar que aquí el ser humano entra encogido en sus valles, guardando silencio y respeto a lo que viene de antes de que existiera. El paisaje nos manda callar y callamos, qué falta le hacen nuestras palabras. Aquí todo es ya primavera y hasta los almendros han perdido la flor, ganada por los ciruelos y los cardos. He llegado tarde a estos almendros. No serían para mí. Habré de esperar, esperar aún la primavera, que se me tarda.

sábado, 1 de febrero de 2020

¿Para qué sirve una silla?


La definición del arte incluye la descontextualización de los objetos. A veces, ni por esas. Por ejemplo, un poeta, fuera del poema, no es un poeta. Así también, la mayor parte de los poemas, como el gallo de Orbaneja, necesitan un letrero que ponga: este es un poema. No te engañes, en estos casos, la obra de arte es el letrero, no el gallo, digo el poema.

viernes, 31 de enero de 2020

Botar un poema


Botar un poema es un naufragio seguro.
*
Salió el día anterior en el periódico dando el brazo a Rosa Chacel con motivo de un homenaje que le hicieron en su ciudad. Se lo comenté: "Aquí, paseando ancianas", me dijo, entre otras cosas. He guardado el recorte hasta ahora, en breve me podré fotografíar con él.
*
¿La poesía a la moda? No comento anacolutos.
*
Hubo un momento clave en su trayectoria para hacerse famoso como crítico literario: solo reseñaba libros peores que los suyos. Elogiándolos, claro.

jueves, 30 de enero de 2020

España invertebrada: más que una visión castellanista de España y anuncio de la lectura de Poeta en Nueva York.


Castilla ha hecho a España y Castilla la ha deshecho, dice Ortega en su ensayo. Y como todas las frases sencillas, sacadas de contexto, se convierten en un mantra que se repite sin saber muy bien qué hay detrás. Dice Ortega eso que se entiende fácilmente y no lo dice. No olvidemos algo esencial si queremos comprender no solo este ensayo sino a todo Ortega: el pensamiento no está prefijado, se construye. En este ensayo el pensamiento evoluciona según se reflexiona y se expresa, es un método, no un fin en sí mismo. Por eso mismo la condición de bosquejo que figura desde el mismo título de la obra.

Ortega dice que Castilla, renunciando a la condición angosta que predomina en el resto de los pueblos ibéricos, proyecto la idea nacional de España a la que se fue incorporando a través de la historia el resto:

Núcleo inicial de la incorporación ibérica, Castilla acertó a superar su propio particularismo e invitó a los demás pueblos peninsulares para que colaborasen en un gigantesco proyecto de vida común.

Es decir, fue la única que puso en el tapete algo que iba más allá de sus propios límites, pero que en realidad solo pudo construir España cuando ganó para la causa a Aragón y, singularmente, a Fernando el Católico. La famosa frase no puede entenderse, por lo tanto, sin esta otra cara de la moneda: España no hubiera existido sin la incorporación de la corona de Aragón al proyecto, España solo nace con la suma de Castilla y Aragón. Castilla, sola, no hubiera podido. Por lo tanto, en ese mismo momento, España se convierte en otra cosa que ya no es Castilla y su futuro será producto de la generosidad de todos o no será. Aquellos que ven España exclusivamente desde lo castellano, se confunden, pero de eso hablaremos en la próxima entrada.

Noticias de nuestras lecturas
Autorretrato de Federico García Lorca para Poeta en Nueva York
Durante el mes de febrero leemos Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca (se cumplen 80 años desde su publicación). Son conocidas las circunstancias de su composición: en 1929, García Lorca marcha a Nueva York con la excusa de impartir unas conferencias en los EE.UU. y en Cuba y aprender inglés. En realidad, buscaba alejarse de unas circunstancias que le ahogaban. En la libertad de Nueva York encontró una nueva forma de expresar su voz poética y escribió la mayoría de los poemas que componen el libro. Aunque hay alguna duda sobre cómo entendía este poemario el autor, lo que sabemos es que dejó el manuscrito en manos de José Bergamín en 1936. Aquel manuscrito no era tal, sino un conjunto de páginas mecanografiadas y manuscritas cuyo orden real ignoramos, oscilando las opiniones en que Bergamín respetara las indicaciones de Lorca o trabajara con sus propias decisiones. El levantamiento militar, el asesinato del poeta y la guerra civil impidieron que el libro se imprimiera hasta 1940 en una doble edición: en México y en los Estados Unidos, esta última con traducción al inglés.

Sea como fuere, estamos ante uno de los grandes poemarios escritos en español. Sin duda, el más libre del autor. Esta libertad abarca todo, desde la forma métrica hasta los temas y la crítica social y moral que incluyen los poemas. Significa también otra cosa igualmente importante: el giro desde el surrealismo hacia el compromiso. García Lorca hizo en Nueva York lo mismo que el grupo de surrealistas de París en Europa.

Sé que para muchos de los que siguen estas lecturas abordar la de Poeta en Nueva York es un reto. No es una poesía fácil por las imágenes y la libertad de la que he hablado, pero aquellos que venzan el reto se encontrarán ante uno de los grandes libros de la poesía universal de todos los tiempos. Merece la pena.

La tarde del lunes 3 de marzo celebraremos la reunión del formato presencial del club de lectura en la sede burgalesa del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, en sesión conjunta con el Aula de Historia de Alumni UBU, con entrada libre hasta completar el aforo. Te espero.

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos. Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales) en este blog.

Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y la lista del presente curso, este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

miércoles, 29 de enero de 2020

Es solo cuestión de tiempo


Es posible cavar un hoyo junto a la orilla y meter en él todo el mar. Me basto con las palmas de la mano colocadas como un cuenco. Es solo cuestión de tiempo.

martes, 28 de enero de 2020

La primavera no tarda


A pesar de los fríos de estos días, la naturaleza presiente ya la primavera. Sé que en el sur -me lo han dicho los amigos, José Luis Rúa a imagen llena- han florecido ya los almendros y que su flor me irá subiendo hacia la meseta como reclamo del pulso de la vida. Llegará hasta mí a principios de marzo si la cosa es propicia. Mi flor de almendro, humilde y bella. Quizá para entonces, el sol de febrero me haya templado el escalofrío de la vida.
*
Escribo un verbo en modo subjuntivo y hasta yo mismo me sorprendo. Qué poco futuro tiene el subjuntivo, qué poco presente más allá de unas pocas expresiones hechas. Sus formas son las de los matices de los hablantes, las de las cosas que no son extremas, la expresión más profunda y verdadera de nuestros deseos y de nuestras dudas, de un tiempo interior en el que todo es más complejo y rico. No vivimos ya en tiempos de subjuntivo, es todo indicativo ofensivo y simple, por desgracia.
*
Los pavos reales del Campo Grande andaban ya con el abanico de ojos abierto, luciéndose. Saben que la primavera no tarda.

viernes, 24 de enero de 2020

Para entender España invertebrada de José Ortega y Gasset


Desde su publicación primera como artículos en el periódico El Sol en 1920, el ensayo España invertebrada de José Ortega y Gasset fue un éxito y se convirtió en un texto de referencia para explicar la cuestión española. El éxito sorprendió al propio autor, que así lo manifestó en los prólogos a las sucesivas ediciones del libro que, para él, no era un libro como tal y tampoco lo había escrito para ser de fácil lectura. Esta es una de las claves de cualquier análisis. España invertebrada no es un estudio sistemático del complejo problema de la constitución de la España moderna como nación. Por otra parte, como gran parte de los trabajos publicados de Ortega, el fragmentarismo es una manera de pensar y una metodología que permite al autor razonar mientras escribe, y no contiene la solución al problema sino el análisis de las circunstancias. Solo volviéndolas al contrario se puede hallar la salida. Su carácter de bosquejo, de anotaciones, consiste precisamente en ese primer gran valor del texto: a partir de un puñado de ideas, se propone la reflexión y se avanza en el conocimiento de un tema sin cerrarlo. Para comprenderlo mejor, debemos leer otros textos que Ortega publicaría por aquellos años y, singularmente, La rebelión de las masas, que enfoca el problema desde un ángulo más amplio y un espacio europeo.

A la altura de 1920 Ortega comenzaba a consolidarse como uno de los pensadores principales del país. Formado en Alemania, catedrático de la Universidad Central de Madrid, entraba en su madurez personal. Desde su regreso a España tenía intención de intervenir en las grandes cuestiones de actualidad y gran parte de su pensamiento se dedicó a esto: encarnaba a la perfección la idea del intelectual desde una posición liberal; conocía perfectamente la importancia de los medios de comunicación y la visibilidad social y gran parte de su tiempo lo dedicó a fomentar las agrupaciones de intelectuales con fuerte perspectiva política y social y a tratar con todos aquellos que él considerara importantes para la tarea de occidentalizar España.

Los artículos publicados en El Sol y recogidos como libro en 1921, pretendían resumir las claves de su pensamiento sobre la formación histórica de España, su decadencia y los problemas que habían aparecido con el surgimiento de los nacionalismos periféricos: sobre todo el catalán y el vasco, pero también el gallego y el andaluz (No he comprendido nunca por qué preocupa el nacionalismo afirmativo de Cataluña y Vasconia y, en cambio, no causa pavor el nihilismo nacional de Galicia o Sevilla, dice Ortega). No es un análisis amable con Castilla, la entidad sobre la que Ortega deposita el motor necesario para la unión; tampoco con los diferentes sectores que deberían haberla cuidado: ejército, iglesia, burguesía, etc., a los que acusa de no estar a la altura de su misión histórica y en los que reside la culpabilidad del fracaso y otra fuente de amenazas serias para el futuro, con algunos apuntes tan lúcidos como el siguiente:

Desde aquel momento [se refiere a la guerra del Rif] viene a ser el grupo militar una escopeta cargada que no tiene blanco a que disparar. Desarticulado de las demás clases nacionales -como éstas, a su vez lo están entre sí-, sin respeto hacia ellas ni sentir su presión refrenadora, vive el Ejército en perpetua inquietud, queriendo gastar la espiritual pólvora acumulada y sin hallar empresa congrua en que hacerlo. ¿No era la inevitable consecuencia de todo este proceso que el Ejército cayese sobre la nación misma y aspirase a conquistarla? ¿Cómo evitar que su afán de campañas quedara reprimido y renunciase a tomar algún presidente del Consejo como si fuera una cota?

Algunos fragmentos de la obra podrían haber sido escritos hoy mismo. Sin embargo, a pesar del pesimismo manifestado por el propio Ortega y de la confusión en la que hoy vivimos, hay dos cosas que nos separan radicalmente de 1920, como aviso a los navegantes que quieran ver los mismos horizontes: en primer lugar, la ahora tan contestada Constitución de 1978 que es, no lo olvidemos, la única Constitución española de consenso entre todos los sectores políticos y sociales y no una imposición de una parte del país sobre la otra, por muy necesitada de reformas que se nos antoje; y en segundo lugar, la también contestada hoy en día construcción de Europa como verdadera entidad política y no solo económica, que puede necesitar cambios, pero se nos presenta como el gran lugar de encuentro y protección de los derechos civiles. Ambas cosas le hubieran entusiasmado a Ortega y Gasset, todo sea dicho.

Aunque en el formato presencial del club ya hemos comentado esta obra, mantendremos aquí durante unos días este comentario y publicaré algunas entradas más.

Noticias de nuestras lecturas

Mi querido, ingenioso e inteligente Jaime González nos ha regalado uno de los mejores comentarios de lo que significa de verdad que nuestro país sea un país invertebrado. Sin palabras, es el siguiente:


Se echaban de menos las aportaciones de Carmen Ugarte a las lecturas del club. En su recomendable blog publica una entrada sobre esta España invertebrada. Como siempre, su texto es lúcido y su análisis del ensayopone el énfasis en sus carencias para el mundo de hoy.

Paco Cuesta escribe una excelente aportación resaltando los puntos de análisis más certeros de Ortega sobre la cuestión española.

Luz del Olmo aborda el ensayo de Ortega desde su misma condición de escritura y reflexiona luego sobre los aspectos esenciales y su actualidad.

María Ángeles Merino sabe enlazar la lectura de Sidi con la de España invertebrada y analiza en esta última obra la posición de Castilla en la construcción de España según Ortega... y nos hace un regalo con Lola Flores que te invito a disfrutar en su entrada.

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos. Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales) en este blog.

Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y la lista del presente curso, este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

jueves, 23 de enero de 2020

Nada se parece tanto a una derrota como una victoria. El relato de las hazañas del Cid según Arturo Pérez Reverte


Viene de (1) Un eslabón más en la cadena de la tradición y (2) La construcción de un héroe.

Como dije en la primera entrada dedicada a esta novela, la literatura histórica no se escribe para el pasado ni para reconstruir arqueológicamente algunos hechos o personajes, sino para el presente: para el lector del tiempo de la escritura y con la cosmovisión de su autor. Para no ser rechazada por el lector, debe jugar sabiamente con los hechos históricos que relata, la forma de pensar y vivir, los objetos cotidianos del tiempo de la acción, introducir algunos elementos de referencia (batallas, nombres, ciudades), unos cuantos que procedan de la memoria colectiva sobre el tiempo o el personaje del que se trate e incluso términos y palabras que puedan entenderse como antiguos. Esto último, la fabla literaria, ha dado lugar a veces a la extravagante mezcla de términos de diferentes épocas o al uso sin más de palabras que pueden apartar al lector medio obligado a tirar de diccionario más de lo deseable. El autor debe poner las dosis justas de historicidad y modernidad en su novela tanto en el tratamiento de la historia como en la mentalidad y en esas otras cosas en las que no deba cometerse un anacronismo que rompa el pacto con el lector en el que se basa la novela histórica, pero cuidar no alejar a este del interés por lo contado pecando de arqueologismo.

Arturo Pérez Reverte ha escrito su personal visión del personaje del Cid mezclando leyenda, historia y modernidad hasta completar una entretenida novela de aventuras en el mundo fronterizo medieval de la península ibérica. En su redacción no ha querido renunciar a introducir episodios de la leyenda cidiana, bien porque desde ahí haya construido su personaje bien porque haya decidido no romper con la imagen que tienen de Rodrigo la mayoría de los lectores. Quizá sea lo más discutible de este Cid de Pérez Reverte. Desde el siglo XXI, el héroe castellano no necesita los episodios legendarios para ser comprendido ni para resultar interesante, bastaría con los datos históricos conocidos, que son apasionantes. Por otra, parte, la fuerza de la leyenda a la que se acoge el autor no casa bien con los rasgos más modernos de la mentalidad de su personaje. De hecho, en la novela asistimos a la construcción de esa leyenda con las acciones del Cid a las que asistimos como lectores y este se encamina hacia su propio destino legendario al terminar la narración, no al iniciarla, y la construcción profunda del personaje se resiente un poco por esta decisión del autor.

Más allá de esto, la novela es eficaz en su género y de lectura amena para aquel lector que disfrute de los relatos bélicos, bien graduado el ritmo y mezclados los elementos que construyen esta modalidad de la novela histórica desde el siglo XIX incluso en los personajes secundarios que lo acompañan o en la mezcla entre momentos de combate violento y pausas más gozosas. Este relato de frontera es una historia de acción medieval bien contada, que no se para en demasiadas profundidades porque su interés es la trasformación del héroe entendido a la manera habitual de la obra de Pérez Reverte: un personaje envuelto en una situación complicada que resuelve con profesionalidad amparándose en la lealtad, la templanza y el respeto a una serie de valores no tanto morales como vitales. Curiosamente, el autor ha conseguido relatar al Cid a partir de las claves de su narrativa, tomando aquí un gran héroe de la tradición y no un personaje secundario y este es un logro estilístico: hacer que el Cid siga siendo el Cid pero sea también un personaje de Pérez Reverte, que se puede resumir en una frase que explica gran parte del mundo de este autor:

Nada se parecía tanto a una derrota, pensó Ruy Díaz, como una victoria.

Como tantos otros personajes de Pérez Reverte, el Cid se estaba jugando la vida a una carta y lo mismo podía salir bien que salir mal, pero esa era su vida.

Lo mismo ocurre con el estilo narrativo en el que se percibe el esfuerzo de documentación hasta en lo lingüístico -la fabla de la que hablaba antes, usada aquí sobre todo para introducir términos propios de la guerra en la frontera peninsular con abundancia de palabras de origen árabe-, pero no se abandonan en contraste el gusto por las onomatopeyas (quizá el rasgo de estilo menos convincente de las últimas novelas del autor).

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino acudió a la presentación de Sidi en el Museo de la Evolución Humana de Burgos. No pudo entrar, pero pudo tomar nota de lo que allí escuchaba y de mucho más. No te pierdas la entrada.

Ahora leemos...



En enero hemos leído España invertebrada, el ensayo en el que José Ortega y Gasset analizó la problemática de la construcción moderna de España como país. El próximo año se celebrarán los cien años desde su publicación y la vigencia de gran parte de las cuestiones históricas, sociales y territoriales que plantea en su texto hacen recomendable volver a leerlo. Leerlo no significa estar obligatoriamente de acuerdo con Ortega. Él analiza la cuestión desde sus pensamiento y puede llegar el caso de que estemos más de acuerdo con su análisis del problema que con las soluciones que plantea. Tenemos unas semanas para abordar un ensayo clave para la cuestión española desde que el surgimiento de los nacionalismos a finales del siglo XIX pusieran en duda la forma en la que se había construido el país. No se puede negar la actualidad del tema, desde luego.

Las intervenciones del resto de los blogs participantes sobre esta lectura de Ortega se recogerán en la entrada de la próxima semana. Pido perdón por el retraso acumulado, pero el tiempo no me da más de sí.

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos. Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales) en este blog.

Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y la lista del presente curso, este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

viernes, 10 de enero de 2020

La construcción de un héroe. Entre la historia y la leyenda: Sidi de Pérez Reverte



De entre las varias posibilidades de enfrentarse a la figura del Cid que puede tener un escritor de novela histórica hoy, Arturo Pérez Reverte opta por una mezcla entre lo legendario y lo histórico para generar una novela plagada de aventuras en la frontera. Estas son casi siempre -como corresponde al personaje y la época-, de escaramuzas guerreras y enfrentamientos militares, pero hay tiempo también para que aparezcan las sentimentales en la corte del rey musulmán de Zaragoza (episodio que responde al tópico literario de la literatura morisca y obedece a una necesidad de amenidad novelesca: curiosamente, es la única ruptura concreta que se permite Pérez Reverte con respecto a la leyenda cidiana).

El Cid de Pérez Reverte tiene en su constitución de partida algunos episodios legendarios como la jura de Santa Gadea y el engaño a los judíos. El autor no ha querido renunciar a ellos a pesar de que no solo no son históricos sino que están contra la historia. Nutren una interpretación del personaje y lo insertan en una visión del héroe castellano muy concreta, la misma que se encuentra en el Cantar de mio Cid, que se corresponde mejor con los tiempos en los que se escribe el cantar que con aquellos en los que vivió Rodrigo Díaz. Consciente o inconscientemente, este Cid de Pérez Reverte parte de una lectura ideológica del personaje que se realizó en el siglo XII con la finalidad de fomentar una cierta idea de España desde Castilla que culminaría a finales del siglo XV. No rompe Pérez Reverte en ningún momento con la tradición literaria del personaje que lo inserta en este sendero en el que se mezcla leyenda e historia, lo que resulta más fácil para la identificación del personaje por el lector mayoritario puesto que es la variante más frecuentada en esa tradición y la que nutre, por ejemplo, La leyenda del Cid de José Zorrilla, una de las fuentes literarias y sentimentales de la novela.

El lector de Sidi se encuentra con el personaje a la altura del año 1080: ya en el destierro y viviendo en la frontera, con su pequeño ejército al servicio de quien lo contratara porque aquella tropa tenía que ganarse el pan con su oficio. La información de lo acontecido con anterioridad y de la situación peninsular se irá dosificando a lo largo de la novela, bien como recuerdo de los personajes, bien facilitado por el narrador, siempre pegado al héroe castellano. La descripción de las escaramuzas, la vida en continuo movimiento de de los hombres del Cid, el compañerismo entre ellos y su lealtad a quien los capitanea ocupan la primera parte de la novela. La segunda contiene la narración del crecimiento del personaje desde que entra al servicio del rey de Zaragoza hasta su victoria en la batalla en la que apresa al conde de Barcelona. Al final de la novela, el Cid mira hacia Valencia.

Pérez Reverte construye un relato muy eficaz de la vida de un soldado en la frontera medieval de la Península en tiempos convulsos y peligrosos. Bien documentada en lo militar y en lo histórico, la narración trascurre sin obstáculos y gana el interés del lector de forma creciente. El ritmo narrativo se intensifica adecuadamente en el relato. No abruma la documentación, sino que contribuye a dar el tono histórico necesario. En mitad de todo ello, utiliza las claves comunes a gran parte de su obra literaria: la fraternidad de los compañeros de armas por encima de cualquier componente ideológico, el respeto y lealtad a los valores personales y a la palabra dada, un propio sentido del heroísmo, la oposición entre los hombres de acción y los gobernantes siempre favorable a los primeros, etc.

(Continúa en la próxima entrada.)

Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta nos regala una entrada brillante. Lleva la novela desde lo personal hasta la forma de concebirla por el autor, pasando por su historicidad y su condición de obra literaria.

Mª Ángeles Merino da cuenta de la reunión tenida el pasado 17 de diciembre en el formato presencial del club para comentar la novela de Pérez Reverte. A ella remito para ver la complejidad de lecturas que suscitó la obra, aunque aún nos debe su propia entrada.

Ahora leemos...



En enero leemos España invertebrada, el ensayo en el que José Ortega y Gasset analizó la problemática de la construcción moderna de España como país. El próximo año se celebrarán los cien años desde su publicación y la vigencia de gran parte de las cuestiones históricas, sociales y territoriales que plantea en su texto hacen recomendable volver a leerlo. Leerlo no significa estar obligatoriamente de acuerdo con Ortega. Él analiza la cuestión desde sus pensamiento y puede llegar el caso de que estemos más de acuerdo con su análisis del problema que con las soluciones que plantea. Tenemos unas semanas para abordar un ensayo clave para la cuestión española desde que el surgimiento de los nacionalismos a finales del siglo XIX pusieran en duda la forma en la que se había construido el país. No se puede negar la actualidad del tema, desde luego.

La reunión presencial para debatir sobre esta obra de Ortega se ha convocado para el próximo martes día 21.

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos. Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales) en este blog.

Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y la lista del presente curso, este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

miércoles, 8 de enero de 2020

Niebla


Qué poca cosa son todos los caminos de regreso cuando los borra la niebla. Ya no están: es más cierto lo difuminado que lo más sólido, la nube que nos envuelve que todas las señales que pusimos al irnos. Se va echando la vida, digo la niebla, y nos quedamos en medio del páramo. Desvalidos.
*
¡Cómo nos engañamos al regresar! Nada ha quedado sin la mancha de óxido. El tiempo hace su labor, por suerte. Si hubiéramos muerto jóvenes el tiempo nos habría ahorrado ese óxido que mancha. No es regresar lo importante. Argos lo sabe tras esperar a su amo veinte años. Ni Ulises ni él son los mismos. En ellos anida el mentiroso engaño del sentimiento, el recuerdo fijado y obsesivo de aquellos que fuimos y ya no somos. Argos muere a los pies de su amo, este derrama una lágrima. si Ulises hubiera muerto joven y hermoso a las puertas de Troya hubiera sido Aquiles.
*
El otro día se echó la niebla sobre Valladolid como si devorara lentamente la ciudad, que fue desapareciendo. Yo ya no la recuerdo, tanta niebla llevo ya en los ojos. Soñé alguna vez atravesar la niebla y aparecer en mi barrio sin asfaltar, a las afueras, con los charcos congelados por la helada del invierno. Soñar la niebla es eso, estar en un lugar en el que te puedes encontrar con quien fuiste. Reconoceríamos con ternura al niño envuelto en guantes y bufanda, ¿pero reconoceríamos al que seremos o nos negaremos? No, no, yo no puedo ser ese. No puedo haber devenido en ese. Ni siquiera Argos ha sobrevivido a nuestra ausencia para reconocernos.

viernes, 3 de enero de 2020

El envés de los años


A los años hay que verlos por el envés.

El año pasado ha sido especialmente complicado para mí, como si estuviera jugando en un tablero inestable, en el que nadie tuviera conocimiento del número y posición de los escaques porque estos cambiaran caprichosamente. La vida, en suma, se me ha convertido en incertidumbre diaria y no estoy seguro de haber podido afrontarla con éxito en todo momento. En algunas ocasiones he tirado hacia adelante como he podido. Llegué al fin de año boqueando. Reconozco que el año pasado se me ha hecho especialmente largo y que este me ha comenzado en estado de desorientación y agotamiento. Sé que nuestro calendario es una medida convencional ajustada a los movimientos del planeta: un tanto de razón para organizar este azar que es la vida y tener previsto cuándo abonar, cuándo sembrar, cuándo llega la cosecha. Cuándo toca el tiempo de barbecho. Cuándo la tierra se hace cobertor y nos acoge.

El final del año ha venido envuelto en nieblas. Entre ellas he andado como quien no sabe posar el pie en tierra firme.

Acabo de recibir la terrible noticia del fallecimiento de una amiga. Una persona de la que no conozco que haya hecho daño a nadie nunca, ni a los que tanto le hicieron a ella. En todo momento dispuesta a hacer un favor, incluso a los que no podía considerar amigos. Las circunstancias de la vida nos separaron en los últimos tiempos. Siempre la tenía presente, imposible no hacerlo porque a diario toco objetos que ella me regaló. Muy atenta, todos sus obsequios de cumpleaños tenían una finalidad práctica. Se ha ido en silencio, sin molestar, como ella era.

¿Por qué no nos ponemos en contacto más con la gente a la que apreciamos? ¿Qué locura de vida es esta, qué vértigo, qué egoísmo nos impide dedicar cada día unos minutos a los que tanto han sido en nuestras vidas?

No empieza bien tampoco este año: me enseña el envés antes que el haz, quizá porque su cara real sea esta, fea, triste y dolorosa.