viernes, 3 de enero de 2020

El envés de los años


A los años hay que verlos por el envés.

El año pasado ha sido especialmente complicado para mí, como si estuviera jugando en un tablero inestable, en el que nadie tuviera conocimiento del número y posición de los escaques porque estos cambiaran caprichosamente. La vida, en suma, se me ha convertido en incertidumbre diaria y no estoy seguro de haber podido afrontarla con éxito en todo momento. En algunas ocasiones he tirado hacia adelante como he podido. Llegué al fin de año boqueando. Reconozco que el año pasado se me ha hecho especialmente largo y que este me ha comenzado en estado de desorientación y agotamiento. Sé que nuestro calendario es una medida convencional ajustada a los movimientos del planeta: un tanto de razón para organizar este azar que es la vida y tener previsto cuándo abonar, cuándo sembrar, cuándo llega la cosecha. Cuándo toca el tiempo de barbecho. Cuándo la tierra se hace cobertor y nos acoge.

El final del año ha venido envuelto en nieblas. Entre ellas he andado como quien no sabe posar el pie en tierra firme.

Acabo de recibir la terrible noticia del fallecimiento de una amiga. Una persona de la que no conozco que haya hecho daño a nadie nunca, ni a los que tanto le hicieron a ella. En todo momento dispuesta a hacer un favor, incluso a los que no podía considerar amigos. Las circunstancias de la vida nos separaron en los últimos tiempos. Siempre la tenía presente, imposible no hacerlo porque a diario toco objetos que ella me regaló. Muy atenta, todos sus obsequios de cumpleaños tenían una finalidad práctica. Se ha ido en silencio, sin molestar, como ella era.

¿Por qué no nos ponemos en contacto más con la gente a la que apreciamos? ¿Qué locura de vida es esta, qué vértigo, qué egoísmo nos impide dedicar cada día unos minutos a los que tanto han sido en nuestras vidas?

No empieza bien tampoco este año: me enseña el envés antes que el haz, quizá porque su cara real sea esta, fea, triste y dolorosa.

lunes, 16 de diciembre de 2019

Déjame acompañarte


Déjame acompañarte cuando el sol
camine hacia el ocaso, ese momento
de la brisa más fría, cuando pide
la piel el dulce abrazo de otro cuerpo.

En gradación de rojos sobre el agua esmeralda
del Guadiana, muy cerca ya del beso
último con el mar, se afana el día
en irse, hermoso y lento.

Te abrazo, busco el rizo
de tu cuello.
Como el río, también
te beso.

© Pedro Ojeda Escudero, 2019

domingo, 15 de diciembre de 2019

No hay cementerio que pueda recogerlos


Un día inventarán la máquina que tome las fotografías de las ausencias. En el fondo, vivir se nos llena de vacíos que nunca pueden rellenar las nuevas presencias. El mayor de esos vacíos es el de nosotros mismos, porque con cada elección solo tomamos una vida de entre las muchas que se nos ofrecen. Así, nuestra biografía es un retrato empobrecedor de quienes pudimos ser, aunque la opción nos haga felices o triunfadores. Algunas veces damos un golpe de timón y nos decimos que hasta allí hemos llegado y buscamos una parte de quienes pudimos ser. Encontramos entonces un montón de cadáveres con nuestro nombre y apellido. Como al anochecer en un campo de batalla, los que aún viven nos reclaman y caminamos entre ellos. A veces los tocamos para reconocernos en ellos sin algunas heridas que nos marcaron después de que nos desprendiéramos de ellos. Algunos nos sorprenden por su ternura. Lo más devastador es que la mayoría de nosotros han caído para siempre. No hay cementerio que pueda recogerlos.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Sidi. Un relato de frontera, de Arturo Pérez Reverte. Un eslabón más en la cadena de la tradición


Valga una advertencia inicial, de esas que deberían ser tan de sentido común que no habría que expresar. Arturo Pérez Reverte escribe una novela que se suma a una tradición literaria que trata la figura histórica de Rodrigo Díaz, conocido como el Cid. Puede leerse sin conocer nada sobre el personaje histórico ni haber leído ningún tratamiento literario anterior; también con un conocimiento superficial sobre el Cid histórico y el literario, poco más que cuatro nociones que se creen saber o las lecturas escolares que se hacían antes -digo antes porque ahora la literatura de los clásicos es una especie en extinción en la escuela- y alguna información obtenida en un viaje a Burgos al toparse con la estatua dedicada al héroe castellano que se encuentra frente al Teatro Principal. Se puede leer Sidi y disfrutarlo sin saber nada más, pero solo conociendo el lugar que ocupa en esa tradición y las decisiones tomadas por el autor para caracterizar al personaje y trazar la línea argumental y temática de la novela, estaremos en condiciones de comprenderla mejor. Si, además, se conocen algunas de las cuestiones más significativas que los historiadores han fijado sobre la figura histórica que está detrás del Cid en los últimos años, mejor (aunque, bien es cierto, el lector medio no tiene por qué). Una novela histórica hay que tratarla como una obra literaria siempre, pero cuanto más conozcamos sobre las opciones que tenía el escritor mejor la comprenderemos. Como este no es un espacio para un trabajo académico sesudo, damos unas puntadas.

Es tan larga esta tradición y tan arraigada en la literatura española, que el Cantar de Mio Cid es el hito inicial, puesto que es el primer texto de entidad conservado casi completo (es conocido que le faltan algunas páginas cuyo contenido se ha podido reconstruir por su prosificación en otro texto). El Cantar nos sigue suscitando hoy casi las mismas preguntas que cuando comenzó a estudiarse -algunas se han solucionado ya con la investigación-: la fecha de su composición y la autoría, principalmente. Se han resuelto las cuestiones básicas: nos ha llegado en un manuscrito del siglo XIV que copia un texto del siglo XIII que fija una versión del texto que podemos datar en el siglo XII. Por mucho que se le haya dado vueltas a la cosa, la unidad de estilo y propósito es sólida, así que tanto si existía un primer texto parcial como si se partiera de varios, el autor final supo dar unidad fuerte al conjunto, si es que no lo escribió completo basándose en las crónicas y leyendas sobre el personaje, que existieron con toda seguridad tanto en el campo cristiano como en el musulmán.

Sobre las razones de su escritura hay varias hipótesis. Descartada ya la raíz popular que creía ver el romanticismo y sus secuelas, incluida la de la filología nacionalista (el pueblo no compone, lo hacen individuos concretos), el texto es obra de quien conocía bien el género y sus estrategias para llegar al público, un experto absoluto de la escritura de su época. El autor debió pertenecer al ámbito cortesano o estar muy próximo a él, con independencia de su origen o su condición. Y el objetivo no era otro que el que expresa al final del texto: engrandecer el proyecto de España a partir de la sangre del Cid. Recordemos que España no existía en la época de don Rodrigo y que su construcción como un proyecto político que se consolidó a finales del siglo XV fue fruto de una interesante alianza entre pensadores y monarcas, especialmente en Castilla, aunque no exclusivamente.

En el Cantar se nos muestra a Rodrigo Díaz desde su máxima desgracia hasta su crecimiento como héroe castellano. Al autor no le importa sumar elementos que son legendarios y no históricos, inventados a partir de elementos similares que podemos encontrar en otros textos medievales por toda Europa: el engaño a los judíos, toda la historia relacionada con los infantes de Carrión, las bodas y la afrenta de las hijas del héroe, etc. La suma de todos estos elementos procura la variedad para disfrute del público que escucha el Cantar, la confirmación de unos ideales y una forma de entender el mundo y una estructura moral en la que el bien triunfa frente al mal, la valentía frente a la cobardía, la rectitud y la justicia frente a la injusticia. El propósito es la demostración de la condición de castellano ejemplar  del Cid, quien, además, podrá casar a sus hijas tan bien en las segundas bodas que sus descendientes llegarán a ser reyes en el momento en el que se escribe el Cantar: esta sangre del Cid, según el autor, da honra a los monarcas de los reinos de España. Y esta es la clave de este texto y de la mayor parte de la leyenda cidiana. El Cid se convierte en el nudo de unión del proyecto de la construcción de un único reino cristiano en la España medieval que pueda aspirar, jerárquicamente, a ser el primero entre los reinos cristianos occidentales. 

El objetivo propagandístico del texto es evidente tanto para su consumo interno dentro del reino castellano como externo en todo el ámbito hispánico. Esto explica también los recelos que ha provocado su figura en aquellos lugares que han hecho la lectura ideológica de la leyenda y no se han reducido a las otras capas del personaje literario: la lealtad, la ejemplaridad como esposo y padre, el buen compañero de armas, el buen militar y gobernante, el hombre hecho a sí mismo con la fuerza de sus hechos, la condición de buen cristiano, el sentido de la aventura, la identificación de un pueblo con su héroe, las difíciles relaciones con un rey que peca de soberbia en un latente enfrentamiento entre León y Castilla, etc.

La posterior construcción literaria del personaje dependerá de la actitud que tomemos ante cada uno de los rasgos que lo constituyen. Así podemos encontrarlo en su forma tradicional, como héroe romántico que lucha por la libertad de su pueblo o como un misógino o sanguinario, como un mercenario (término que hay que cuidar aplicándolo aquí para no cometer un error histórico) o como un leal súbdito a su señor. La actualización de la leyenda ha traído muchas veces la consecuencia de sacar al personaje de su contexto de tiempo de frontera medieval anterior a la invención de la reconquista y así lo han llevado a su terreno desde un lado y desde otro. Si llamaron segundo Cid a Carlos V o a Franco, también lo hicieron con el héroe liberal romántico el Empecinado.

No caigamos ahora en la ingenuidad de pensar que una obra de arte de temática histórica pretende reconstruir el pasado sin más cuando lo que hace es leerlo desde el presente, con todo el derecho. Esa costumbre de leer novelas históricas para informarse del pasado ha traído funestas consecuencias y generado eruditos de salón. En la próxima entrada veremos cómo lo hace Pérez Reverte, que confiesa desde las páginas de su libro que el punto emocional de partida pudo ser el tratamiento del Cid que hiciera José Zorrilla en el siglo XIX, para tratarlo finalmente desde algunas de las claves más significativas de su pensamiento y estilo.


Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta arranca la lectura de la novela de Pérez Reverte con las claves históricas que contextualizan el inicio de la vida de Rodrigo Díaz para concluir con la advertencia de que nos encontramos ante una obra literaria y como tal hay que leerla.

(Poco a poco recuperaré las aportaciones a las lecturas anteriores que los amigos seguidores del club de lectura han ido publicando en los meses pasados y a los que pido disculpas por mi ausencia desde febrero.)

Recojo en estas noticias las entradas que hayan publicado los blogs amigos. Entrada del Club de lectura cada jueves (salvo casos excepcionales) en este blog.


Para conocer la forma de seguir las lecturas de este club y la lista del presente curso, este enlace.

ADVERTENCIA: Las entradas de La Acequia tienen licencia Creative Commons 4.0 y están registradas como propiedad intelectual de Pedro Ojeda Escudero. Pueden ser usadas y reproducidas sin alterar, sin copias derivadas, citando la referencia y sin ánimo de lucro.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Contamos la Navidad. Y van once.


Ayer daba una parte de mis razones para felicitar este año la Navidad a quien pasa por aquí, hoy añado otra de las que se pueden decir. El escritor José Ignacio García me pidió que participara este año en el Proyecto cultural Contamos la Navidad que impulsó hace ya once. Desde entonces, cada Navidad se publica un volumen con relatos de escritores que colaboran generosamente en dicho proyecto. Entre los participantes hay nombres consagrados de la literatura nacional y autores locales, pero el resultado han sido once volúmenes de pequeño tamaño que suponen deliciosas joyas tanto por el contenido como por el formato elegido (la lista completa, aquí). Cada uno de los relatos ha sido ilustrado por magníficos artistas: merecería la pena una exposición de todas las ilustraciones tanto por el nombre de sus autores como por la calidad de cada una de ellas. A destacar, por supuesto, las once portadas, todas ellas antológicas. El resultado ha sido un universo literario relacionado con la Navidad, con diferentes temáticas, maneras de aproximación y estilo. Curiosamente, ninguno de los relatos ha coincidido en temas ni en enfoques en tantas ediciones, lo que viene a confirmar que hay tantas formas de sentir la Navidad como personas.

José Ignacio García es un entusiasta incorregible que dedica la mitad del año a este proyecto. Los textos y las ilustraciones se encargan en verano y se maqueta todo en noviembre. Con la ayuda inestimable de otro entusiasta como David Acebes y la edición de Diego Chamorro, ha fabricado ya once objetos de coleccionista que han marcado una forma de enfocar literariamente la Navidad desde España. No conozco proyectos de tanta envergadura y constancia ni aquí ni fuera y aquel que tenga los once volúmenes puede sentirse propietario de algo que dejará una huella. El correspondiente a este año cuenta con una portada de Mikel Ferradas y lleva por título un Feliz Navidad/Novedad. Parece mentira que después de tanto como se ha escrito sobre estas fechas pueda hablarse de algo nuevo, pero el resultado lo es. El listado completo de autores e ilustradores figura en la imagen que encabeza esta entrada y en él se suman, como es habitual en el proyecto, nombres con una trayectoria consolidada y nombres nuevos, populares y desconocidos. El conjunto es más que apreciable.

José Ignacio me dio a elegir entre el prólogo y un cuento y me decidí por lo primero sin saber dónde me metía. Me informé, leí y analicé y redacté un sesudo y académico prólogo para el volumen, pero no me convencía. Pensaba e el lector, saltándose el prólogo. Finalmente opté por un prólogo que es un cuento sin dejar de ser un prólogo que explique todas las características de lo que es un cuento de Navidad y en lo que consiste el proyecto de Contamos la Navidad. A José Ignacio le hice pasar las de Caín, porque le retrasé hasta el límite la entrega, hasta estar satisfecho del resultado. No sé si me lo ha perdonado, pero su gran corazón me dice que sí. Un gran corazón que cada año nos regala una Navidad literaria en la que cabe todo, hasta los relatos que niegan la Navidad. Pero no diré más, dejaré que sea el lector el que juzgue.

En la imagen de abajo puede verse un listado de las presentaciones, un buen momento para hacerse con un ejemplar. En el programa Valladolid Letraherido lo presentaremos el viernes 20 de diciembre en la Casa de Zorrilla a las 20:00 hs. con entrada libre hasta completar el aforo. Un buen momento para despedirnos y desearnos una Feliz Navidad, incluso aunque se esté en contra.



martes, 10 de diciembre de 2019

Yo también os felicito la Navidad y el Año Nuevo



Yo, que para esto de la Navidad y del Año Nuevo soy gruñón y escéptico, me sé deseando que alguien me saque del mohín y me dé motivos para seguir el camino de los buenos deseos. Muchos andan enfadados con la Navidad por carácter, otros por creencia, ideología y estética. Los hay molestos con la Navidad y el Año Nuevo por considerar estas fechas un mercado consumista e hipócrita. Hay quien está dispuesto a demandar a la Navidad por frustrante y engañosa, otros por ruidosa. Incluso por empalagosa. Lo mío es una mezcla de todo y un poco de postureo, como se dice ahora. Este año, en el que tengo en mi casa algún hueco más que no se podrá llenar andaba temiendo la Navidad, casi huyéndola, pero llega. Y con ella, los gestos de amor de los amigos. Tengo varios esta vez. Algunos podré publicarlos aquí, otros no. Un gesto anual de cariño y buen hacer lo tiene Mónica, del blog Neogéminis. El extraño mundo de Neo, que todos los años nos reúne a un puñado de autores de blogs para regalarnos una postal y sus buenos deseos. Aquí están las mías, que agradezco como cada año a Mónica porque sé que llevan trabajo y nervios para llegar a tiempo. Solo por eso merece la pena felicitar la Navidad y el Año Nuevo, que los buenos deseos no deben hacernos nunca daño, no andemos tan remilgados.

En breve daré cuenta de otro motivo público por el que este año los amigos me reconcilian con la Navidad.

lunes, 9 de diciembre de 2019

Me he dejado algo


En la estación de Chamartín me tomé el segundo café del día. Iba de paso entre cientos de personas que regresaban a casa después de los días de puente. Pensaba en que me había dejado algo. No allí, no en el tren que me llevó hasta Madrid. Más abajo. Recordé la vista del Guadiana, casi mar, desde el mirador. La luz, el color esmeralda, el sosiego. Pagué el café, cabizbajo.

domingo, 8 de diciembre de 2019

Mujeres: corto y cambio. Una mirada a las mujeres de la generación del 27 a través del collage, de Maribel Muñoz


Hasta el día 15 de diciembre puede contemplarse en la Casa de Zorrilla de Valladolid, dentro del programa Valladolid Letraherido, la exposición de Maribel Muñoz Mujeres: corto y cambio. Una mirada a las mujeres de la generación del 27 a través del collage. Es una muestra excepcional tanto en su idea como en su realización técnica. Aunque en la Casa no se ha podido instalar completa, lo que se expone es tan significativo que los interesados no pueden perder la oportunidad. Puede visitarse en las horas habituales del Museo Casa Zorrilla.

A partir de la técnica de collage, la artista bejarana residente en Madrid, homenajea a las mujeres de la vanguardia española cuya recuperación completa sigue siendo necesaria para que la historia de la cultura española de aquellos tiempos esté completa. Su técnica es mixta, introduciendo objetos y texturas diferentes que aportan interrogantes al espectador, que se ve aludido por lo que observa. El impulso inicial parte de una fotografía de juventud de la escritora Ernestina de Champourcin (1905-1999) y desde ella reflexiona y juega inteligentemente sobre su ausencia, la ocultación y el significado de todo ello. Pero no solo en la historia: haría mal el observador en pensar que lo que ve es solo una recuperación de esta y de otras mujeres artistas del pasado, puesto que la actualización a nuestros días nos lleva a preguntarnos sobre nuestra posición hoy al respecto.

Maribel Muñoz es precisa en el trabajo con el collage, desde la técnica primera hasta su deriva hacia la pintura, profunda en la reflexión, firme en la intención y delicada en el resultado final. Todo ello es una suma de la que no podemos eliminar ningún elemento.

Hace unos días anunció en su perfil de Facebook (de allí tomo las fotografías de abajo) el hallazgo de un fragmento de azulejo del siglo XIX en la finca conocida como La Francesa, junto al cedro centenario de Béjar. Prometió devolverlo a su lugar contando una historia sobre la ruina, el tiempo y la infancia. El sábado pasado dio cuenta del resultado con el que devolvía el objeto a su lugar de procedencia con un contenido ampliado por ese misterioso cruce de biografías y experiencias personales. Solo el arte puede resultar tan certero.






Móvil. Intervención sobre un cuadro de Maruja Mallo de 1928 (Dos mujeres en la playa).

sábado, 7 de diciembre de 2019

Tan poético yo, tan de diario el mundo que atardece


Atardecer en el Guadiana bajo -ese hermoso atardecer regalado de cada día-. La ligera brisa que subía desde el río ya casi mar, piel. Un estremecimiento, carne de gallina. Vengo yo desde Castilla (hace solo unas pocas horas), que mira hacia el invierno con su pretensión severa. Este otoño, por arriba, ha llovido como no lo ha hecho en los otoños pasados. Aquí la tierra parece necesitada de agua, tan cerca del agua. Baja lento y hermoso el río esmeralda. El atardecer desde el mirador del castillo, la caída del sol, más lento que allá arriba. Abajo, un pastor recogía sus ovejas en una parcela con gallinas, dos mulas y un par de burros. Festejan las gallinas su llegada. Más abajo, en el río dos pequeños barcos pesqueros van o vuelven del trabajo. Tan poético yo, tan de diario el mundo. En el horizonte, acaba de ponerse la tarde.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Luz

 

Si todo fuera luz, no existiríamos.
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En el arranque de La voz a ti debida, Pedro Salinas invierte los valores habituales del amado y el amante. En este caso, se deja hacer. En ese maravilloso primer fragmento, el yo poético ya no es quien ama sino el amado y carga con el significado de la duda y de la oscuridad frente a la acción luminosa del ser amante. El trabajo poético es eso: desvelar lo que estaba oculto, a veces de tan evidente que parecía.
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A los cielos con luces sucias, dan ganas de ponerse la cofia más velazqueña posible y pasarles una bayeta para abrillantarlos.
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El filósofo Diógenes buscaba un hombre honrado en Atenas con la luz de un candil a pleno día. Amplió tanto su búsqueda que ahora proyecta un viaje a otros planetas, sin esperanza alguna.
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Solo Machado pudo guardar la luz de la infancia en un verso. Necesitó toda una vida, una situación dramática y una tragedia histórica.
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La memoria de la luz en tus ojos, solo en ellos. Una luz que se hace aguamarina y tornasola hacia verde denso y mar. Que sea el último calor que me lleve.

martes, 3 de diciembre de 2019

La violencia frente a la palabra. Mientras dure la guerra de Alejandro Amenábar


Mientras dure la guerra no es una película sobre la guerra civil española de 1936 a 1939, ni un alegato fácil contra el fascismo, como se le reclama. El director Alejandro Amenábar se pega a la personalidad del escritor, filósofo y rector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno, y lo sigue en su evolución desde un compromiso inicial con los militares sublevados  hasta su rasgo decidido y valiente de oposición que lo conduce a ser confinado en su propio domicilio, en donde moriría a los pocos meses del intento frustrado de golpe de estado del 18 de julio de 1936. Todo ello se muestra en el argumento de la película, sin esconderlo.

A la altura de 1936, Unamuno se mostraba decepcionado con la deriva de la II República, su inestabilidad y los hechos violentos que se desencadenaron en las calles. Esto le lleva a ser uno de los intelectuales que buscan una salida a la situación que recondujera al orden con un gobierno enérgico. No fue el único, por supuesto, pero sí uno de los más significados por la trascendencia de su personalidad, no solo en España. En las semanas que siguieron al golpe de estado tuvo las pruebas de que aquellos sublevados no venían a instaurar el orden que él quería, sino la violencia más atroz. Pudo no escuchar cosas más lejanas, pero lo que vio en Salamanca -capital militar de los golpistas durante la guerra civil- y lo que ocurriera a personas que conocía y estimaba, represaliados y asesinados, le hizo entender que esa nueva España que propugnaban los sublevados no era la que él quería ni la que el país necesitaba. A diferencia de muchos otros, tuvo la valentía de manifestarlo públicamente siendo consciente del riesgo que corría. A pesar de los matices incorporados en la investigación de los hechos ocurridos el 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, su actitud está suficientemente demostrada y también los están las consecuencias que tuvo para su persona, que contribuyeron a su deterioro físico y anímico y fallecimiento.

Amenábar nos muestra un Unamuno similar a como debió ser en aquellos meses, según lo que se nos ha trasmitido por sus mejores biógrafos: bronco, voluntarioso, familiar y leal a sus amigos. También contradictorio, porque Unamuno practicaba la contradicción como forma de pensar, de escribir, de ser y de estar. Era su metodología, pero también su forma de entender la vida. La caracterización del actor Karra Errejalde es tan buena y rica en matices, que será difícil poner en el futuro otro rostro al rector de Salamanca. Junto a Unamuno nos muestra a sus amigos, con los que mantenía continuas discusiones: el pastor protestante Atilano Coco y el profesor universitario Salvador Vila (ambos asesinados por los sublevados) y a su familia, tejida de mujeres que lo protegían. Frente a él, los militares, sobre todo Francisco Franco (magnífico Santi Prego, que evita caer en la caricatura) , Millán-Astray (qué excelente caracterización de Eduard Fernández), Mola, Cabanelles, etc. Y Carmen Polo, la mujer de Franco, devota hasta el fanatismo y fría. Todos ellos aportan sutiles matices a lo que acontece, singularmente entre los militares, que ven crecer la figura de Franco sin que puedan hacer nada para evitarlo.

La película sigue a Unamuno de forma aparentemente objetiva, para mostrarnos todo lo que ocurre y la manera en la que cambia su actitud ante lo que ve. Pero es solo una apariencia. Se ha tratado mucho sobre alguna de las infidelidades históricas del guion de Mientras dure la guerra, pero hay que recordar siempre que estamos ante una obra de arte y no un tratado de historia. Son precisamente esos cambios los que nos ponen en la pista del mensaje de Amenábar: no hace aparecer a los hijos de Unamuno que estaban en Salamanca; introduce al filósofo en el automóvil de Carmen Polo cuando sabemos que fue caminando a su casa; cambia de tiempo y espacio el uso intencionado de la bandera borbónica frente a la republicana que hace Franco; convierte a Millán-Astray en el muñidor exclusivo de que Franco ocupara el mando gracias a un discurso lleno de testosterona e imperialismo de cartón piedra, etc. Son estos pequeños cambios históricos los que nos conducen al objetivo final de la película. 

Amenábar no prioriza el enfrentamiento entre los dos bandos en conflicto, es algo que en esta película no le interesa, sino que enfrenta la construcción de un héroe militar a la antigua, basado en la utilización de la leyenda y en la falsificación nacionalista (Franco), a otro héroe de la contradicción y de lo cívico a través del pensamiento (Unamuno). El primero usa la mentira y utiliza todos los recursos, incluida la violencia, para fabricarse una biografía legendaria tan burda como eficaz; el segundo solo utiliza la palabra y el debate de ideas. En un primer momento siempre triunfará la violencia, pero a la larga se impondrá la palabra: vencer no es convencer.

Violencia frente a debate de ideas; la fuerza frente a la palabra y el pensamiento. Esto es Mientras dure la guerra. Por eso mismo la guerra no se terminó con la victoria franquista en la guerra civil, sino con el consenso de la Constitución de 1978 y aún colea en un país en el que casi siempre se prefiere vencer a dialogar. Amenábar, por supuesto, también quiere intervenir en nuestro presente. Esto es lo que hace que a muchos no les haya gustado esta buena e interesante película tanto en el plano técnico como en lo ideológico, porque no han visto la derrota del oponente sin más en ella.

lunes, 2 de diciembre de 2019

La luz de una cocina encalada. Dolor y gloria, de Pedro Almodóvar


El corazón de una vida puede ser una humilde y hermosa cocina blanqueada de una cueva que sirve de vivienda a aquel que no ha encontrado otra cosa. El pasillo de la casa desemboca en un espacio circular, abierto al cielo. Por la abertura entra a chorros la luz de mediodía, que restalla contra las paredes blancas y los azulejos que acaba de poner el albañil aficionado al dibujo. Un hombre joven y atractivo, analfabeto, pero con un talento innato. En Dolor y gloria esta cocina es el lugar al que volver como refugio, pero también ese espacio en el que el protagonista comienza a descubrir que el mundo que le espera está lleno de misterios que le traerán tantas dosis de dolor como de gloria porque ambas son las dos caras inseparables de la vida.

Pedro Almodóvar ha realizado una gran película, una de las más importantes del cine español y la más personal de su larga ya trayectoria. En ella está todo lo que ha sido antes como director, condensado, explicado y moderado en el tono. Como si pretendiera cerrar aquí su trayectoria como artística dejándonos la luz por la que comprenderlo completamente incluso en sus películas menores o las más trasgresoras; como si pretendiera dar por finalizado lo que ha sido para aventurarse hacia nuevas fronteras.

El protagonista es un exitoso director de cine español paralizado por el dolor y la enfermedad. Ha llegado a la edad de los recuerdos: su infancia y la relación estrecha que mantuvo con su madre hasta el fallecimiento de esta; el gran amor de su vida, perdido en la época tumultuosa. Ha conocido el éxito internacional pero también el dolor físico y el anímico que le han producido el fallecimiento de la madre y el deterioro de su cuerpo. Almodóvar ha trazado una hermosa relación entre esos dos estados que recoge el título de la película y ha sabido introducir en ella todo su cine. Su trayectoria le ha traído hasta aquí inevitablemente: es una película de autor que explica todo lo que ha querido ser y, en gran medida, todo lo que ha vivido. No es solo que cada secuencia y cada plano tenga valor en sí mismo, que vaya desde el costumbrismo hasta la vanguardia, desde la crítica social hasta la farsa, desde el drama contenido hasta la comedia, es que la película es puro cine emocional, pero de esas emociones que se contienen para adensarse más y que termina siendo la misma película que ese director maduro y dolorido quiere rodar.

El guion es soberbio y todas las actuaciones se corresponden a lo requerido por el autor, pero quiero destacar aquí a Antonio Banderas, también contenido, construyendo un personaje rico en matices -llega a imitar sin parodiar la forma de hablar de Almodóvar en una breve secuencia- en una de las mejores interpretaciones de su carrera.