En este semestre, el mes de octubre es el mes en el que toca Machado: en el que hablo de Antonio Machado en clase. Estos días comento Campos de Castilla. En sus primeros poemas (A orillas del Duero y Por tierras de España), el autor aborda el problema de España, las causas de su decadencia y las posibilidades de regeneración del país a partir de la idea de que el corazón de Iberia se encuentra en el río Duero (El Duero cruza el corazón de roble / de Iberia y de Castilla). Ve Machado el paisaje agredido por sus pobladores, que están lejos de ser los que desde aquellas tierras hicieron España y se han convertido en quienes incendian los pinares y abandonan el campo, faltos de voluntad y esfuerzo modernizador. Aunque el poeta construye la idea a partir del simbolismo con la finalidad regeneradora propia de aquellos tiempos, estos poemas permiten hoy una lectura desde un cierto ecologismo:
El hombre de estos campos que incendia los pinares
y su despojo aguarda como botín de guerra,
antaño hubo raído los negros encinares,
talado los robustos robledos de la sierra.
Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares;
la tempestad llevarse los limos de la tierra
por los sagrados ríos hacia los anchos mares;
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.
El ser humano no está a la altura que requiere el paisaje, es inferior a él y lo agrede. Como consecuencia, su presente está maldito y su futuro incierto. No son los únicos poemas en los que Machado refleja esta preocupación por la naturaleza y la relación que establece el ser humano con ella.
Curiosamente, estos días en los que toca Machado se ha caído un pino en el jardín de mi Facultad. Si no me falla la memoria, es el tercero en pocos meses. No sé a qué se debe pero es preocupante que suceda. Este pino se plantó aproximadamente cuando Antonio Machado escribía los poemas anteriores que se publicarían en la edición de 1912 del poemario. Siempre he tenido una cierta ensoñación según la cual alguien que pasara un tiempo en este jardín por entonces -un enfermo, el personal sanitario, el familiar de un enfermo-, tuviera en sus manos un ejemplar de Campos de Castilla y se sentar a leer en alguno de los bancos:
El pino es el mar y el cielo
y la montaña: el planeta.
Este pino, como los otros dos que se cayeron antes que él hace unos meses ya no están. Queda la sombra de ese pino vagando por los rosales del jardín de mi Facultad, sin saber dónde agarrarse y se irá hacia el río para ir camino del padre Duero. ¡Cuánto deseo que sea la última sombra que perdamos!