La flor de la alfalfa, de la achicoria, de la barba cabruna, del abrojo, del gordolobo, la flor del taraje. Salgo de mí mismo para buscarlas, apenas a unos cientos de metros de mi casa, en los solares, en los parques descuidados, en las cunetas no tratadas, en las aceras no transitadas del polígono. Las busco antes de que el otoño y el frío las acalle, aprovechando este veranillo de San Miguel que ha venido amable y a tiempo. Me echo a tierra para verlas de cerca, para fotografiarlas. Cuánta belleza en sus formas diminutas, en sus colores, cuánta certeza en ser, en la certidumbre con la que se manifiestan. Qué fragilidad y fortaleza.
¿No son ellas más que nosotros? ¿No somos nosotros en ellas?















