lunes, 30 de septiembre de 2019

Mientras me llega la alegría: la flor de la alfalfa, de la achicoria, de la barba cabruna, del abrojo, del gordolobo y del taraje


La flor de la alfalfa, de la achicoria, de la barba cabruna, del abrojo, del gordolobo, la flor del taraje. Salgo de mí mismo para buscarlas, apenas a unos cientos de metros de mi casa, en los solares, en los parques descuidados, en las cunetas no tratadas, en las aceras no transitadas del polígono. Las busco antes de que el otoño y el frío las acalle, aprovechando este veranillo de San Miguel que ha venido amable y a tiempo. Me echo a tierra para verlas de cerca, para fotografiarlas. Cuánta belleza en sus formas diminutas, en sus colores, cuánta certeza en ser, en la certidumbre con la que se manifiestan. Qué fragilidad y fortaleza.

¿No son ellas más que nosotros? ¿No somos nosotros en ellas?






  



domingo, 29 de septiembre de 2019

No consigo quitarme la tristeza


No consigo quitarme la tristeza, que se ajusta a mí y se me encarna. Se me ha instalado como dueña de la casa. Sé todo lo que hay que saber para luchar contra ella, pero me dejo hacer porque quizá la necesitaba.
*
Esta mañana de domingo he salido a pasear y he visto la ciudad abandonada y poseída por la vegetación asilvestrada. Ha ganado mucho en belleza.
*
No os engañéis, el mundo sería mucho mejor sin nosotros.
*
Veo tanta rabia en las conversaciones públicas que ya doy por hecho que seré devorado. Por los míos, probablemente.

jueves, 26 de septiembre de 2019

Todavía quedan acerolas


Todavía quedan acerolas, prietas como granos de sabor antiguo. Pocas, porque se ven afectadas por el fuego bacteriano. Pero aquí están, como cada año, para anunciarnos el otoño, como el frescor de la mañana y los mordiscos al día de los atardeceres lentos. Humildes, inconfundibles, supervivientes, mías. He vuelto a casa con las suficientes para llenar un cuenco, qué digo un cuenco, para saciar la memoria y la nostalgia y esperar que llegue el invierno.

(Si quieres acceder a todas las entradas que he dedicado a las acerolas, pincha aquí.)

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Lugares que ya no existen


Hay lugares que ya no existen. Mi memoria está llena de lugares que ya no existen, cuando camino por la ciudad tengo la sensación de que todo está lleno de huecos y que han levantado encima trampantojos de modernidad para que no perciba las ausencias.

lunes, 23 de septiembre de 2019

He visto que ya era otoño


Tengo la fortuna de trabajar en un lugar rodeado de árboles. Iba a decir de naturaleza, porque siempre pensamos que la naturaleza es algo ajeno al mundo urbano y específicamente relacionado con lo que no es propio del ser humano moderno. He dejado de escribir para comprobar cómo define el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia el término de naturaleza. Compruebo que no recoge una acepción que sea próxima al uso más extendido y coloquial. Este uso quizá tenga su origen en la desconexión que ha establecido nuestra sociedad con el mundo no urbano. No nos vemos parte de la flora o de la fauna. Tan alejados estamos que lo humano y lo natural van siendo opuestos en el habla común. Nos vemos como artificio tecnológico, quizá lo seamos cada vez más.

En cualquier rincón de nuestras ciudades encontramos esos elementos que entendemos como naturaleza: parques y jardines cuidados o no, pero también especies invasoras, aves... Me detengo especialmente para observar cómo se agarran las raíces de cualquier hierba a las grietas de una tapia. Cuando florecen, esas diminutas flores de los muros nos recuerdan que están ahí y que somos parte de su mundo o ellas del nuestro. Un mundo común, aunque lo ignoremos como demuestra esa contraposición con lo natural.

¿No somos ya naturaleza los seres humanos?

Todo esto porque al atravesar el parque del Parral he visto que ya era otoño.

domingo, 22 de septiembre de 2019

Mientras tanto, atardece


Leo el atardecer como si fuera un cuadro. Qué equivocado estoy. Este atardecer no permanecerá, por eso es tan valioso. ¿Cuántos habré perdido antes? Hay quien no se puede enfrentar a nada en la vida sin cargarse de miradas ajenas previas, como si tuvieran que realizar una investigación profunda para cruzar una calle, por ejemplo. Entre ellos hay quien exige a los demás que también lo hagan, como si estuviera prohibido disfrutar de un atardecer sin haber leído libros científicos sobre en qué consiste el ponerse el sol. Mientras tanto, atardece.

viernes, 20 de septiembre de 2019

El relato de lo cotidiano


Cada noche, a las nueve, llamaba a mi madre por teléfono. La conversación duraba apenas dos o tres minutos. Si por alguna razón yo no podía llamar durante dos o tres días, se enfadaba. Le duraba poco el enfado: una o dos frases. Luego venía el intercambio de noticias, el relato de lo cotidiano. Me contaba las novedades del barrio, la visita al médico, su momento de café y periódico en la cafetería de siempre y comentábamos la situación política del país. Mi madre también me daba el parte meteorológico del día siguiente, si iba a llover o no, si el calor iba a ser excesivo. Prestaba atención al tiempo de las ciudades por las que yo me suelo mover y me recomendaba ropa de abrigo o paraguas cuando era necesario. Al final de la conversación me recordaba si se acercaba el cumpleaños de alguien de la familia y me advertía para que no me olvidara de felicitarlo. Todos los días, a las nueve de la noche, echo de menos tomar el móvil y marcar su número. Quizá, cuando lo haga, me recriminará que lleve tantos días sin hacerlo.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Una buena tormenta


En las películas clásicas, el sonido y la imagen subrayaban el estado anímico de los personajes y anticipaban lo que iba a suceder. Si se veía un cielo lleno de nubarrones, no había que dudarlo: nos encontramos ante un drama. Esto viene del romanticismo decimonónico en el que se comunicaban la naturaleza y espíritu humano. De vez en cuando uno echa en menos algo parecido en la vida real. Que una buena tormenta nos prevenga de lo que nos va a ocurrir en la siguiente escena. Y si puede venir acompañado de música de violines, mejor. ¿Seríamos capaces de salir de plano a tiempo?

domingo, 15 de septiembre de 2019

La delicadeza


En estos tiempos broncos en los que la delicadeza ya no se tiene cuenta, ¿cómo tratar a la flor cuando comienza a marchitarse?

Para hacerse un hueco en el ruido gritan, insultan y chulean los políticos; lo hacen muchos de los que se llaman poetas y cualquier famoso de tres al cuarto, pero qué hacer con la flor justo en ese momento.

Empieza a refrescar. Llega ya el otoño.

viernes, 13 de septiembre de 2019

Escuchar el silencio


En todas las ciudades hay espacios que sirven para diferentes usos. Todo lo que se levanta en ellos es provisional, efímero. Como las biografías de algunas personalidades en boga. De hecho, hoy en día ocupan el espacio público quienes no quedarán, aquellos que serán nada en breve. Siempre ha sido así, pero dónde buscar ahora a los que debe quedar y permanecer. Entre tanto ruido y bulla, qué difícil es escuchar el silencio en el que se levanta lo mejor que tenemos los seres humanos.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

La ciudad está en fiestas


La ciudad está en fiestas.
Lo sé porque echa fuego
la boca más oscura
de la noche, a lo lejos.

© Pedro Ojeda Escudero, 2019

martes, 10 de septiembre de 2019

La sonrisa de mi padre


Esta mañana me he mirado al espejo y he visto a mi padre. Supongo que llega un momento así en todas las vidas. Desde el espejo con vaho aún de la ducha, mi padre me miraba. Tenía los ojos tristes y no sonreía como solía hacerlo.