Al pasar el puente de la Malena se ofrece el valle. Todo parece estar dispuesto: la pradera, la línea de árboles, el fresno solitario, al fondo la sierra con la niebla pegada a sus ondulaciones. La hierba aún guarda algo de la escarcha de esta noche de diciembre. El grupo se detiene un momento, como habrán hecho miles de viajeros antes. La Vía de la plata corta la península por este extremo de arriba abajo y por la ruta han pasado cargas, animales y seres humanos desde hace dos mil años. Se afanaban en llegar al destino, pensando en sus cosas y en su gente. ¿Cuántos de ellos, qué porcentaje, levantaban aquí la vista y guardaban silencio durante un tiempo?
lunes, 12 de diciembre de 2016
domingo, 11 de diciembre de 2016
Paolo Ventura nos invita a soñar con la fotografía
Me ha resultado muy interesante esta muestra del artista Paolo Ventura (Milán, 1968), que expone por vez primera en España (Paolo Ventura. Obras de la colección Cotroneo, Roma, Sala municipal de exposiciones de San Benito, Valladolid, comisariada por Enrica Viganò) y que se clausuraba hoy. Ventura declara usar la fotografía buscando la sensación de verosimilitud en la recepción. Sus fotografías son el resultado final de una técnica mixta en la que cada una de las fases es ya, de por sí, una pieza artística. Concibe sus imágenes en series fotográficas para las que idea un guion y construye un decorado y un personaje o varios. Sus imágenes son una mezcla entre lo onírico y lo real (He trabajado como si tuviera que escribir los sueños apenas soñados, aquellos que se desvanecen después del café, según el folleto de la exposición), la maqueta y los antiguos dioramas (de hecho, ha utilizado alguno en sus obras). En todas ellas predomina una sensación de melancolía y meditación. Consigue que el ambiente y la historia atrape y provoca posteriormente -a partir de las emociones- el pensamiento del receptor o su capacidad de ensoñación. Como última fase de la creación, las series expositivas o las publicaciones de las fotografías a la manera de las antiguas postales. Cuando se tiene uno de esos objetos en la mano se desencadena en la mente recuerdos infantiles o de los antiguos viajes de los que uno volvía con estas imágenes como recuerdos. No le hacen falta palabras a estas historias seriadas: las imágenes llegan y se conectan de forma rápida con la imaginación de quien contempla los mundos de sus singulares personajes. De hecho, he redactado este texto en varias ocasiones porque es difícil trasladarlas a palabras. Invito a quien me lea a buscar en Internet su trabajo y dejarse guiar en ese juego al que Paolo Ventura nos invita, a veces lírico, irónico, filosófico, crítico. Siempre oportuno. Un acierto más de esta sala de exposiciones vallisoletana.
sábado, 10 de diciembre de 2016
Hoy lo que tengo es niebla
Hoy lo que tengo es niebla y dolor de cabeza. Lo uno no trae lo otro. Esta niebla agarrada a las esquinas, que difumina las calles alrededor de las farolas. Niebla húmeda como aquellas de mi infancia, cuando mi madre me obligaba a salir a la calle con guantes, bufanda -atada como solo las madres de aquella época conseguían atarla- y gorro, quizá verdugo. Después de unos días en la sierra, la niebla contrasta. No es más arriba, sino más adentro, hasta la materia que todos llevamos pegada a los pulmones y a las tripas. La niebla siempre es soledad. El dolor de cabeza es por las vértebras, que se han fatigado de las malas posturas obligadas por la lectura, el trabajo y los viajes y han venido a quejarse cuando llega la aparente calma fría de la niebla. He vuelto a casa con el pelo húmedo y las manos heladas. No hay forma de esconderse de la niebla cuando esta se agazapa en las esquinas de la vieja ciudad y la hace reconocible, como esas cosas que solo se saben cuando se cierran los ojos para verlas. Escribí una novela de una ciudad de niebla con rumor de pasos en las calles solitarias. La niebla te obliga a ir hacia adentro, hacia aquellos espacios en los que no sueles estar pero llevas contigo. Como aquellos noches en los que la niebla se me había pegado al cuerpo y caminaba yo con las manos en los bolsillos del abrigo y las solapas subidas. Como si Cortázar, cuando oyes tus propios pasos en esas noches no sabes bien qué papel te corresponde en la persecución. Esos minutos en los que ignoras si eres la víctima o el asesino.
viernes, 9 de diciembre de 2016
Está la sierra de otoño
Está la sierra de otoño. He caminado estos días sobre alfombras de hojas marrones, sobre todo de roble y de castaño. Algunas ya casi tierra. Es fácil ponerse sublime y metafísico y comenzar a razonar sobre el ciclo de la vida y el abono que la vida da a la vida, mientras esperas el momento de pausa en el camino para compartir las viandas -empanada, queso, tortilla de patata casera, té caliente en los termos- con los compañeros y cuando nos ponemos en faena y llevamos sartén y bombona de gas, unos buenos huevos fritos con migas regados con vino embocado directamente de la bota. He visto el Cuerpo de hombre espejar las ramas del otoño cubiertas de hiedra junto a las rocas en las que el musgo verdea, joven y arrogante, los prados y las matas con setas y algunos desorientados dientes de león en flor de un vanidoso amarillo, los puentes que cruzan el cauce desde hace siglos, los muros de las posesiones y los que marcan las callejas, las huellas de la vieja calzada romana. Venía cargado de cosas y tareas. Venía. He vuelto con los ojos llenos de otoño, un valle antiguo con neblinas y rocío, junto a los miliarios que marcan el camino con esa insistencia que tenemos los seres humanos de poner medida a todas las cosas.
jueves, 8 de diciembre de 2016
Don Quijote en Manhattan y noticias de nuestras lecturas
Sin haberlo pretendido intencionadamente, podríamos enlazar esta lectura con la precedente. En el capítulo XXXIII de Niebla, el protagonista, Augusto, pregunta a Unamuno, ya autor-personaje: ¿Cree usted posible resucitar a don Quijote? Unamuno se ha dormido y Augusto se le aparece en sueños para hablar con él. Aquel amenaza con resucitarlo por haberse muerto sin su permiso. Imposible, afirma el autor al contestar a la pregunta de su personaje. Quizá Cervantes matara a su don Quijote, entre otras cosas, para evitar que alguien lo continuara como hiciera Avellaneda y sacara provecho a su costa desvirtuando el personaje como lo hizo el apócrifo. Partidario del realismo narrativo, dejaba imposible esta resurrección a no ser que se recurriera a la ficción no verosímil o a la fábula. No consiguió del todo, sin embargo, su propósito. El personaje ha sido recreado, llevado y traído desde el momento mismo de su primera lectura hasta el presente, con mejor o peor fortuna. Es condición de los clásicos, por otra parte.
Continuaciones del mundo quijotesco ha habido muchas desde que se publicara en 1605 la primera parte escrita por Cervantes. En algunas de ellas se retoma la situación justo tras la muerte de don Alonso. Así, por ejemplo y por no ir más allá, Andrés Trapiello en dos narraciones escritas con la ocasión del cuarto centenario de la publicación de la primera parte y de la segunda (Al morir don Quijote y El final de Sancho Panza y otras suertes). Trapiello llevaba a los personajes cervantinos hasta América -a donde parece que quiso ir el propio Cervantes sin conseguirlo-. Y en América aparecen de nuevo de la mano de Marina Perezagua en la novela que nos ocupará en este club las próximas semanas. Pero en una América distinta. No es la de su tiempo, sino la actual. Y no en la América hispana sino en Manhattan, como reza el título que debería siempre citarse completo: Don Quijote en Manhattan (Testamento yankee). Esto de llevar los personajes cervantinos a Nueva York no es nuevo. Ya lo hizo Albert Boadella con Els Joglars en Un lugar de Manhattan, escrita por encargo para conmemorar el cuarto aniversario de la primera parte y estrenada el 4 de noviembre de 2005 en el Teatro Salón Cervantes de Alcalá de Henares. La obra partía de un planteamiento inteligente, aunque algo fallido en su desarrollo: contrastar a los dos personajes cervantinos con la sociedad contemporánea y comprobar cómo esta estaba incapacitada para comprenderlos y aceptarlos. Jugaba Boadella al metateatro y la parodia de actitudes contemporáneas y nos presentaba unos Quijote y Sancho fontaneros en Manhattan. En ella, además, se construía una escena en la que se presentaba a dos actrices encarnando un don Quijote yankee y un Sancho hispano con la música de fondo de La guerra de las galaxias. Esta última referencia también está presente también en la novela de Marina Perezagua, aunque esto no tiene por qué significar ni que la autora conociera esta referencia ni que influyera en su novela.
Marina Perezagua hace aparecer a don Quijote y Sancho en Manhattan sin preguntarse inicialmente sobre su conexión con el argumento de la novela cervantina ni las razones de su presencia allí ni de su conocimiento del inglés o del manejo de las tarjetas de crédito. No importa: la razón inicial de esta novela es su condición de fábula. Partir de un elemento inicialmente inverosímil es característica de este género. Algunos lectores pueden sentir cierto rechazo inicial a esta situación pero es una convención literaria perfectamente asumible. Una inteligente manera de hacer pasear a los personajes cervantinos por la ciudad-metrópoli más significativa en el último siglo y permitir el contraste de su visión con la realidad contemporánea. Diego de Torres Villarroel rescató a su admirado Quevedo y lo acompañó por la corte madrileña en sus Sueños morales. Visiones y visitas de Torres con don Francisco de Quevedo por Madrid con la misma finalidad.
Don Quijote es una novela de camino y, como tal, una revista de la sociedad de su tiempo (entre otras muchas cosas, claro). Marina Perezagua rescata esta condición para que don Quijote y Sancho pasen revista de la nuestra. Pero de la estructura, los personajes y los temas hablaremos en las próximas entradas.
Noticias de nuestras lecturas
Mª del Carmen Ugarte entra en materia como la misma autora de la novela y así nos pone todos los principios para comenzar a leerla, paseo por Manhattan y muchas otras cosas...
Paco Cuesta arranca su lectura de la obra de Marina Perezagua con un inteligente guió que la une con la intervención de Sancho Panza al comenzar la segunda parte del Quijote. Como debe hacerse, claro.
Mª Ángeles Merino se lanza a la aventura de comentar la novela de la mano de Austri y el propio Cervantes... comienza en La Isla de Burgos y no me extrañaría que nos llevara hasta Manhattan mismo...
Pancho continúa con Niebla, el título que hemos leído estas pasadas semanas. En esta ocasión presta atención a la estructura que se repite en algunos capítulos y el ritmo que impone en la lectura... y termina con Coldplay.
Paco Cuesta arranca su lectura de la obra de Marina Perezagua con un inteligente guió que la une con la intervención de Sancho Panza al comenzar la segunda parte del Quijote. Como debe hacerse, claro.
Mª Ángeles Merino se lanza a la aventura de comentar la novela de la mano de Austri y el propio Cervantes... comienza en La Isla de Burgos y no me extrañaría que nos llevara hasta Manhattan mismo...
Pancho continúa con Niebla, el título que hemos leído estas pasadas semanas. En esta ocasión presta atención a la estructura que se repite en algunos capítulos y el ritmo que impone en la lectura... y termina con Coldplay.
Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.
miércoles, 7 de diciembre de 2016
Un año de la presentación de mi poemario piel
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| Con Luis Felipe Comendador, hace un año. |
Hoy hace un año presenté mi poemario, piel, en el Museo Casa Chacinera de Candelario. Desde que volviera a escribir y publicar después de un largo silencio, este es mi tercer libro (después de Esguevas y Echo al fuego los restos del naufragio). Con él he visitado varias ciudades y me he encontrado con personas maravillosas entre el público y entre los lectores que se han puesto en contacto conmigo después de leerlo. Ya su escritura me deparó enormes satisfacciones. Contaba en él mi feliz hallazgo de una fórmula para cantar el paisaje, la amistad y el amor tras mis dos anteriores títulos, que abordaban el dolor, la pérdida y la tristeza. Sabía escribir desde la tristeza y he aprendido a hacerlo desde la alegría, cosa que yo pensaba imposible en mi manera de acercarme a la literatura hasta ese momento. Aunque este libro ya da paso a nuevos proyectos, aún se resiste a ser olvidado. Todavía tengo pendientes algunas presentaciones que me llevarán a nuevas tierras y más amigos. Estos compromisos me permitirán una despedida lenta de estas páginas. Anunciaré las citas con tiempo. Aunque la tirada fue mayor de lo habitual para un poemario de este tipo, quedan muy pocos ejemplares a la venta y se han reservado unos cuantos para las presentaciones que faltan.
Después de visitar tantas ciudades con este libro, aún recuerdo la emoción íntima de la presentación en Candelario ante un grupo de amigos que quisieron acompañarme. Entre ellos estaban algunos de los que compartieron conmigo los paisajes y las experiencias que llevé a los versos. Qué bien sonó esa intimidad en el Museo Casa Chacinera -¡qué maravilloso espacio para estos encuentros en los que la respiración del público cercano es tan necesario!- de ese pueblo tan bello y con tan buena gente, Candelario.
Por otra parte, como conocen los lectores habituales de este espacio, lo obtenido con la venta del libro contribuye a financiar los proyectos de la ONG SBQ SOLIDARIO, esa locura en la que anda Luis Felipe Comendador.
Os invito a recorrer las entradas que viajan a lo largo de este año de la mano de piel para comprenderlo mejor (pinchando en este enlace: las entradas se recuperan en orden inverso a su publicación, de más reciente a más antiguo).
martes, 6 de diciembre de 2016
Luis Felipe Comendador en los cerros del Alto Trujillo
Actualizo esta entrada al día siguiente de su publicación para advertir que desde Facebook no se puede acceder a ella. Alguien ha decidido denunciarla y se ha bloqueado su contenido, acceso y difusión en esa red social. No logro entenderlo. Juzguen ustedes por su cuenta.
A Luis Felipe Comendador
A veces, la fatiga de las cosas.
Nada sirve de nada, seguirán
muriendo a centenares en los cerros
sin nombres registrados, como pájaros
que no pueden saltar en los jardines.
Pero hay que estar,
hay que estar siempre
para levantar acta
de los que no figuran en los libros
ni como números
porque nadie anotó sus nombres
y dar fe de su vida
antes de que los mate
la burlona sonrisa de la historia.
Se te acercan los niños a las manos
con todo lo que tienen: nada y ojos,
unos ojos enormes que te miran
con su inocencia antigua. Estos niños
solo tienen presente
y un carro,
un carro enorme,
que empujan
ladera arriba.
A media cuesta
hacen un alto,
se secan el sudor
y siguen.
© Pedro Ojeda Escudero, 2016
lunes, 5 de diciembre de 2016
Refugio
El domingo subimos a la Peña de la Cruz. Los bancos de niebla se había agarrado a la sierra pero de vez en cuando se abrían claros que permitían disfrutar del paisaje. Apenas queda ya nieve, las últimas lluvias y que no aprieta el frío, han hecho que se retire. El refugio estaba lleno de gente y celebramos allí el encuentro y la alegría con unos buenos huevos fritos con panceta y patatas, una fuente de carne y vino tinto. ¡Brindar porque estamos vivos en ese mismo momento! Qué más da lo que ocurra mañana.
(Alguien me hizo ver, hace tiempo, que en mis textos está presente la necesidad de refugio como tema recurrente. La vida es una intemperie que solemos atravesar solos. Por eso es tan importante estar en paz con uno y mirar tanto hacia afuera como hacia adentro, en busca permanente de un equilibrio que pocas veces se consigue. En ocasiones, consiste en pactar con uno mismo una especie de armisticio. Si nos aventuramos dejamos siempre atrás lo que nos hacía creer seguros, de ahí el temor de muchos que no se atreven a variar la rutina en la que se sienten seguros aunque esa rutina sea también cadena que no le deja lugar a la emoción o lo ata con aquello que le hace infeliz. Hay quien se amputa las emociones para no sufrir, pero es condición humana. A veces entra también la intemperie en nuestra casa y convierte las paredes en jaula de lamento o las derriba de un soplo y descubrimos la fragilidad y el frío. Si tenemos fortuna, cada cierto trecho un refugio nos acoge. Disfrutemos allí, como si ese instante fuera a ser eterno y apiadémonos de quien no tiene la fortuna de hallar nunca un refugio en el camino.)
domingo, 4 de diciembre de 2016
¡Ah de Lerma! ¿Alguien responde?
¡Ah de Lerma! ¿Alguien responde?, grité desde el mirador que asoma a la vega del Arlanza. Grité como se hacía antes, cuando se llamaba para comprobar si había alguien en la casa en la que se entraba. ¡Ah de Lerma! Sin embargo, lo hacía hacia afuera, hacia el paisaje que se abría ante mis ojos: el río Arlanza jugando con la tierra, una blanca senda hacia la chopera, la sierra al fondo. Detrás de mí, la villa ducal trazada para ser corte y reflejo del poder de su señor. Podría haber gritado en cualquier otro lugar lo mismo. ¿Hay alguien libre que me oiga? ¿Quedan seres humanos sin señor? ¿Alguien responde?
sábado, 3 de diciembre de 2016
La nieve primera
He mirado la sierra esta mañana
-apuntada de blanco-,
quién sabe qué es la nieve
cuando oculta el paisaje.
cuando oculta el paisaje.
Las primeras nieves ejercen un curioso efecto sobre el paisaje. De pronto descubrimos las montañas. Estaban ahí pero ahora parecen más cerca, más altas, con un cierto misterio de lo inalcanzable. Han caído sobre las cumbres como si nos advirtieran del invierno. Es hora de refugiarnos en la casa y hablar con los amigos, con los otros. Quizá con el otro que viene con nosotros. Que nos reclama.
viernes, 2 de diciembre de 2016
Autorretrato con espejo y escalera
Mirarse al espejo y hallar la noche llena de ángulos. Precisa, acogedora, definitiva. A veces un espejo te abre hacia todos los abismos. Por eso hay quien los cubre con lienzos.
jueves, 1 de diciembre de 2016
Cosas de libros (final de la lectura de Niebla de Unamuno) y noticias de nuestras lecturas, con anuncio de la próxima
Unamuno, en la Oración fúnebre por modo de epílogo, reproduce el monólogo interior de Orfeo, el perro de Augusto. Es a él al que le toca extraer las últimas reflexiones sobre el final de su amo. Este ingenioso rasgo desconcierta siempre al lector no avisado, al lector que no está dispuesto a admitir tonterías en las novelas. Un rasgo más de lo que pretende el autor con Niebla. Este humorismo, del que ya hemos hablado, para decir cosas serias. Orfeo piensa sobre el extraño animal que somos los seres humanos, animal enfermo:
¡Qué extraño animal es el hombre! ¡No está nunca en donde debe estar, que es a lo que está, y habla para mentir y se viste!
El lector que busca argumento, el lector que no quiere que lo sorprendan de verdad, como debe sorprender la literatura, se aburrirá soberanamente con Niebla. No es culpa del autor, es culpa de la lectura insuficiente (de la que pocas veces se habla por miedo a la reacción de la industria del libro como valor comercial). En Niebla se habla de todo, pero sobre todo de la vida. Se vive como se escribe esta nivola, según van sucediendo las cosas, no como nos la cuentan las novelas previsibles y ordenaditas que no deparan más que pequeños enredos argumentales y comodidad de lectura. Capítulos antes de esta Oración, sucede la escena más famosa de la narración, el encuentro entre el personaje (Augusto) y su creador (Unamuno) que así, muy cervantinamente, se convierte en personaje también y, por lo tanto, sueño. Unamuno da un paso más allá de Cervantes: no solo tiene idéntico genio literario -metaliterario- sino que lo usa para hablar de la misma vida, de la existencia del ser humano: ¿somos en realidad o somos solo sueño de alguien que nos sueña? ¿Tenemos libertad auténtica? Como resume Domingo, cosas de libros. A lo que responde Augusto:
Cosas de libros..., cosas de libros... ¿Y qué no es cosa de libros, Domingo? ¿Es que antes de haber libros en una u otra forma, antes de haber relatos, de haber palabras, de haber pensamiento, había algo? ¿Y es que después de acabarse el pensamiento quedará algo? ¡Cosas de libros! ¿Y quién no es cosa de libros?
En efecto, ¿no somos todos un relato autobiográfico y los demás uno biográfico nuestro? Por eso, si queremos demostrar nuestra propia existencia debemos desarrollar voluntad propia, como hace este Augusto que comienza siendo un niño mimado e insustancial y termina muriéndose a propósito. Lo malo es que hasta su muerte se convierte en mero relato de los demás: asistolia o producto de una sentada, suicidio o muerte tonta, sueño de Unamuno o recuerdo en Orfeo. Y cuando Orfeo muera, quién recordará de verdad a Augusto... o a nosotros, que lo leemos.
¡Qué extraño animal es el hombre! ¡No está nunca en donde debe estar, que es a lo que está, y habla para mentir y se viste!
El lector que busca argumento, el lector que no quiere que lo sorprendan de verdad, como debe sorprender la literatura, se aburrirá soberanamente con Niebla. No es culpa del autor, es culpa de la lectura insuficiente (de la que pocas veces se habla por miedo a la reacción de la industria del libro como valor comercial). En Niebla se habla de todo, pero sobre todo de la vida. Se vive como se escribe esta nivola, según van sucediendo las cosas, no como nos la cuentan las novelas previsibles y ordenaditas que no deparan más que pequeños enredos argumentales y comodidad de lectura. Capítulos antes de esta Oración, sucede la escena más famosa de la narración, el encuentro entre el personaje (Augusto) y su creador (Unamuno) que así, muy cervantinamente, se convierte en personaje también y, por lo tanto, sueño. Unamuno da un paso más allá de Cervantes: no solo tiene idéntico genio literario -metaliterario- sino que lo usa para hablar de la misma vida, de la existencia del ser humano: ¿somos en realidad o somos solo sueño de alguien que nos sueña? ¿Tenemos libertad auténtica? Como resume Domingo, cosas de libros. A lo que responde Augusto:
Cosas de libros..., cosas de libros... ¿Y qué no es cosa de libros, Domingo? ¿Es que antes de haber libros en una u otra forma, antes de haber relatos, de haber palabras, de haber pensamiento, había algo? ¿Y es que después de acabarse el pensamiento quedará algo? ¡Cosas de libros! ¿Y quién no es cosa de libros?
En efecto, ¿no somos todos un relato autobiográfico y los demás uno biográfico nuestro? Por eso, si queremos demostrar nuestra propia existencia debemos desarrollar voluntad propia, como hace este Augusto que comienza siendo un niño mimado e insustancial y termina muriéndose a propósito. Lo malo es que hasta su muerte se convierte en mero relato de los demás: asistolia o producto de una sentada, suicidio o muerte tonta, sueño de Unamuno o recuerdo en Orfeo. Y cuando Orfeo muera, quién recordará de verdad a Augusto... o a nosotros, que lo leemos.
Y noticias de nuestras lecturas
Excelente la forma en la que Pancho ha visto cómo la niebla puede instalarse en un casino provinciano y en la vida de una persona tan aparentemente ordenada como Víctor, el amigo del protagonista. Y nos reserva un descubrimiento -para mí, al menos- al final de la entrada.
Luz del Olmo concluye su relectura de la obra haciendo un interesante balance de la novela en el que no falta nada... ni Orfeo. Os lo recomiendo.
No os podéis perder de ninguna de las maneras la entrada en la que Mª del Carmen Ugarte analiza una de las claves de esta novela de Unamuno: el lenguaje. Os ayudará a comprenderla mejor.
Hasta el capítulo XXIII llega Gelu en su comentario de la obra. Y señala, con todo acierto, lo divertido de la narración de Unamuno.
Mª Ángeles Merino reseña con acierto la sesión presencial que tuvimos el pasado martes para comentar la obra de Unamuno. Y a su entrada remito para quien quiera saber cómo disfrutamos entre gordolobos y páginas de Niebla...
Luz del Olmo concluye su relectura de la obra haciendo un interesante balance de la novela en el que no falta nada... ni Orfeo. Os lo recomiendo.
No os podéis perder de ninguna de las maneras la entrada en la que Mª del Carmen Ugarte analiza una de las claves de esta novela de Unamuno: el lenguaje. Os ayudará a comprenderla mejor.
Hasta el capítulo XXIII llega Gelu en su comentario de la obra. Y señala, con todo acierto, lo divertido de la narración de Unamuno.
Mª Ángeles Merino reseña con acierto la sesión presencial que tuvimos el pasado martes para comentar la obra de Unamuno. Y a su entrada remito para quien quiera saber cómo disfrutamos entre gordolobos y páginas de Niebla...
Anuncio de la próxima lectura
En diciembre leemos Don Quijote en Manhattan (Testamento yankee), la nueva novela de Marina Perezagua, uno de los valores en alza de la narrativa española. Nacida en Sevilla, licenciada en Historia de Arte en la Universidad de Sevilla, vive en Nueva York desde hace años. Tras dos libros de cuentos, Criaturas abisales (2011) y Leche (2013) publicó Yoro (2015). Esta novela concitó el interés crítico y de los lectores, ha sido traducida a varios idiomas y alcanzó el XXIV Premio Sor Juana Inés de la Cruz, uno de los más prestigiosos en hispanoamerica, que premia la obra de escritoras con obra original en español. Curiosamente, la primera edición de este Premio fue para otra obra de fondo cervantino, Dulcinea encantada, de la mexicana Angelina Muñiz-Huberman. En esta recreación de los personajes de Cervantes encontraremos a don Quijote y Sancho en pleno Manhattan contemporáneo... De hecho, sin quererlo, enlazamos Niebla, en donde Unamuno afirma que es imposible resucitar a Don Quijote, con esta novela en donde se hace tal cosa...La novela ha sido publicada por Los libros del Lince.
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