Siempre que vuelvo de un funeral siento frío. Incluso en verano. En los cementerios, en agosto, hace frío. Son solo unos segundos. Puedes llegar fatigado por el sol pero hay un momento en el que sientes frío, te recorre un escalofrío el cuerpo. Algunos de esos momentos lo recuerdo siempre, incluso en esos funerales en los que todos compartimos anécdotas y risas, hay música y buenos momentos. Recuerdo aún cuando dejé que las cenizas de mi padre encontraran el curso del agua. El río Duero, antes de abrazarse con el Pisuerga, rumoroso y festivo.
sábado, 12 de noviembre de 2016
viernes, 11 de noviembre de 2016
Con la muerte tempranera y la niebla
Por la mañana, la niebla se había agarrado al Parral y los árboles parecían mástiles de buques fantasmas. Como nosotros. Las primeras noticias del día me traían la muerte de Leonard Cohen y de Francisco Nieva. Sobre ambos he trabajado y escrito. Cuando uno sale a la calle así, con la muerte tempranera y la niebla, decide no bordear el parque sino atravesarlo. Delante de mí, otro paseante se hundía en el camino y su figura se difuminaba lentamente. La mía sería igualmente vaga para quien me siguiera. Uno a uno nos vamos adentrando en la niebla, solos. Las hojas caídas de los árboles, en este otoño, amortiguan nuestros pasos. No es tristeza ni melancolía sino conciencia de lo que somos. Solemos distraernos con la conversación, para no pensarlo, con las cosas cotidianas. Hasta que llega la niebla, claro.
jueves, 10 de noviembre de 2016
El azar y la calle en el inicio de Niebla de Unamuno y noticias de nuestras lecturas, con final cervantino.
Es extraordinario el primer capítulo de Niebla. Al igual que lo son el prólogo, el postprólogo y la nota con la Historia de Niebla (un cuerpo preliminar que es parte de la misma novela y que debe leerse para comprenderla plenamente). Nada se nos dice del protagonista (porque se ha creado ya suficiente interés por parte del lector en esos textos introductorios) y serán sus acciones y su monólogo interior quien nos lo presenten. El narrador en tercera persona no tiene necesidad de indagar en su interior. Su salida a la calle es toda una definición del personaje, comprobando si llueve o no en un gesto que desciende desde su nombre y gesto imperial (Augusto) hasta el acto cotidiano de abrir un paraguas. Su divagación metafísica sobre el objeto que le protege de la lluvia lo lleva hasta la misma razón de la existencia de Dios. Y después se echa a la calle como quien es, una persona sin norte en la vida, arrojado al azar. En el fondo es un vago (rico, huérfano y sin nada que hacer en la vida), distraído, disperso en todo pero que se sublima a sí mismo a través del pensamiento, un pensamiento que, según su opinión, lo separa de los demás y le aparta de su pereza, como si pensar fuera su trabajo. Pero a través de sus monólogos interiores conocemos que su pensamiento no es más que un conjunto de divagaciones sin mucho fundamento.
Lo cierto es que se echa a la calle decidido a seguir al primer perro que se le cruce pero finalmente sigue a una mujer, se obsesiona con ella por el azar del encuentro y es incapaz de reconocerla cuando se vuelve a cruzar con ella cara a cara pero ella sí se fija en él... Este encuentro y desencuentro, como propósito inicial de la novela nos deja perplejos a los lectores ante la psicología del personaje protagonista, porque en los dos capítulos iniciales hay todo un estudio completo de su personalidad a través de sus acciones. Para él la vida es la niebla, la suma de pequeños incidentes del que lo saca esa decisión de cortejar a Eugenia, a la que no conoce pero recrea en su imaginación. Enamorado de una imagen, como un romántico, parece despertarse en él la voluntad y con ella poner un motor en su vida.
Se divierte Unamuno en estos capítulos iniciales -al humorismo dedica buena parte de las palabras de sus textos preliminares-, incluso en el nombre de la portera. Como ya nos ha dado en el prólogo y en postprólogo las razones para seguir leyendo en un ingenioso y cervantino juego con el lector, ahora nos regala el retrato de una personalidad que, de otra forma, parecería llevarnos a una sátira cómica sin mayor interés. Pero sí lo tiene. Basta con seguir leyendo.
Lo cierto es que se echa a la calle decidido a seguir al primer perro que se le cruce pero finalmente sigue a una mujer, se obsesiona con ella por el azar del encuentro y es incapaz de reconocerla cuando se vuelve a cruzar con ella cara a cara pero ella sí se fija en él... Este encuentro y desencuentro, como propósito inicial de la novela nos deja perplejos a los lectores ante la psicología del personaje protagonista, porque en los dos capítulos iniciales hay todo un estudio completo de su personalidad a través de sus acciones. Para él la vida es la niebla, la suma de pequeños incidentes del que lo saca esa decisión de cortejar a Eugenia, a la que no conoce pero recrea en su imaginación. Enamorado de una imagen, como un romántico, parece despertarse en él la voluntad y con ella poner un motor en su vida.
Se divierte Unamuno en estos capítulos iniciales -al humorismo dedica buena parte de las palabras de sus textos preliminares-, incluso en el nombre de la portera. Como ya nos ha dado en el prólogo y en postprólogo las razones para seguir leyendo en un ingenioso y cervantino juego con el lector, ahora nos regala el retrato de una personalidad que, de otra forma, parecería llevarnos a una sátira cómica sin mayor interés. Pero sí lo tiene. Basta con seguir leyendo.
Durante el mes de noviembre cumplimos con una deuda. Varios lectores me habían solicitado reiteradamente la inclusión de alguna de las obras de Unamuno en el listado anual. Y allá va Niebla, una de las más inquietantes. Me será interesante releerla con todos vosotros para comprobar su impacto actual. Hay suficientes buenas ediciones en el mercado. Os aconsejo alguna con notas aclaratorias y prólogo. También la tenéis disponible gratis en internet.
Noticias de nuestras lecturas
Luz del Olmo comienza la lectura de la obra de Unamuno desde la posición del sueño como vida. Sus preguntas nos adentran en la obra y, por supuesto, en la propia vida.
Mª Ángeles Merino recurre al sabor para recordar quién era cuando leyó por vez primera Niebla. Y de la mano de Austri comenta dialogando el prólogo y el postprólogo entre lo que sabía entonces y lo que sabe ahora.
Pancho escribe un excelente comentario del arranque de la historia tras el prólogo y el postprólo que os recomiendo no os perdáis. En él están todas las claves de este festín literario en el que consiste la escritura de Niebla.
Gelu nos resalta las partes esenciales del inicio de la novela y comenta cómo en ella se muestra lo festivo, zumbón y juvenil de Unamuno.
Mª del Carmen Ugarte destaca de forma aguda la importancia del diálogo en esta novela como técnica narrativa y argumentativa. No os perdáis esta entrada.
Mª Ángeles Merino recurre al sabor para recordar quién era cuando leyó por vez primera Niebla. Y de la mano de Austri comenta dialogando el prólogo y el postprólogo entre lo que sabía entonces y lo que sabe ahora.
Pancho escribe un excelente comentario del arranque de la historia tras el prólogo y el postprólo que os recomiendo no os perdáis. En él están todas las claves de este festín literario en el que consiste la escritura de Niebla.
Gelu nos resalta las partes esenciales del inicio de la novela y comenta cómo en ella se muestra lo festivo, zumbón y juvenil de Unamuno.
Mª del Carmen Ugarte destaca de forma aguda la importancia del diálogo en esta novela como técnica narrativa y argumentativa. No os perdáis esta entrada.
Una de las participantes en este club de lectura, María del Carmen Ugarte me manda la noticia de la publicación de su artículo sobre Lo que don Quijote nunca dijo. Falsas atribuciones fraseológicas a Cervantes, publicado en el último número de la revista Paremia. Este club nació con la primera lectura colectiva, completa y virtual que se haya hecho del Quijote usando las posibilidades de la red 2.0 y en alguna de las entradas comentamos este aspecto. Os invito a leer este interesante, ameno y esclarecedor artículo en este enlace.
Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.
miércoles, 9 de noviembre de 2016
Cuando las vísceras gobiernan el mundo
Cuando las vísceras gobiernan el mundo se hace más necesaria la razón. Aunque parezca débil. Propongo un inicio: decir las palabras que deberían nutrirnos, no repetirlas sino decirlas lentamente, fijándonos en su significado esencial y cómo crecen cuando se juntan: libertad, igualdad y fraternidad. Libertad de los individuos antes que de las naciones o de los colectivos (los nacionalismos -sean cuales sean- son sentimientos gregarios que nacen de la manipulación emocional y de las relecturas intencionadas de la historia, solo los individuos libres componen una sociedad libre); igualdad de todos los seres humanos, una igualdad esencial ante todo y ante todos, para todo y para todos; fraternidad para amparar las diferencias, reconocerlas con empatía y colaborar entre todos con solidaridad respetando el mundo que te rodea.
Hay que decirlas, decirlas lentamente, interiorizar lo que significan y actuar en consecuencia cada día. Para ello, actúa con razón, nunca con las vísceras. Aunque al inicio te veas impotente y solo. No creas, piensa. No apoyes jamás aquello que haga sufrir a otros seres humanos porque antes o después todos sufriremos, tú también por mucho que las estrategias de desagregación social quieran que te sientas en el grupo que no sufrirá las consecuencias. No creas aquellas ideas que te hagan sentir mejor que los otros, con más derechos, con más privilegios. No te dejes llevar por consignas políticas de ningún tipo ni por mercachifles de lo espiritual ni por absurdas teorías conspiranoicas. Lo que quieren es desarraigarte para que dependas de otros. Vive cada día con la alta conciencia del ser humano que se siente parte de esta especie antes que miembro de un club, de una clase o de una nación. Sé libre. Desecha toda aquella idea que aparezca como grande y que te aparte de esto: libertad, igualdad y fraternidad. Se ha desatado lo irracional y no hay otra forma de actuar en esta intemperie.
Hay que decirlas, decirlas lentamente, interiorizar lo que significan y actuar en consecuencia cada día. Para ello, actúa con razón, nunca con las vísceras. Aunque al inicio te veas impotente y solo. No creas, piensa. No apoyes jamás aquello que haga sufrir a otros seres humanos porque antes o después todos sufriremos, tú también por mucho que las estrategias de desagregación social quieran que te sientas en el grupo que no sufrirá las consecuencias. No creas aquellas ideas que te hagan sentir mejor que los otros, con más derechos, con más privilegios. No te dejes llevar por consignas políticas de ningún tipo ni por mercachifles de lo espiritual ni por absurdas teorías conspiranoicas. Lo que quieren es desarraigarte para que dependas de otros. Vive cada día con la alta conciencia del ser humano que se siente parte de esta especie antes que miembro de un club, de una clase o de una nación. Sé libre. Desecha toda aquella idea que aparezca como grande y que te aparte de esto: libertad, igualdad y fraternidad. Se ha desatado lo irracional y no hay otra forma de actuar en esta intemperie.
martes, 8 de noviembre de 2016
Todas las leyendas comienzan en otoño
En realidad, todas las leyendas comienzan en otoño. Tras el atardecer, mientras buscamos nuestros cuerpos debajo de la manta y recorro toda tu noche.
lunes, 7 de noviembre de 2016
La vida es otra cosa
Te empeñas en que el cielo te lo indique,
allí, mira, lo tienes, ¿no lo ves?,
y que todo te sea revelado,
pero la vida es otra cosa ajena
robada hace milenios
por alguien como tú
que te dejó en la niebla.
© Pedro Ojeda Escudero, 2016
domingo, 6 de noviembre de 2016
Hoy he estado en la ciudad
Hoy he estado en la ciudad. Y traigo noticias de seres humanos envueltos en plástico como si se preservaran de la belleza del mundo, del frío necesario de la mañana y del silencio. También los he encontrado en soledad arracimada y temerosa.
sábado, 5 de noviembre de 2016
En un día de lluvia como este
En un día de lluvia
como este
te preguntas si todo
-no sé, todas las cosas: la ciudad
que ya no reconoces
camino del trabajo y la tristeza,
el color de las gotas en el viejo paraguas,
el túnel que la calle abre con los semáforos,
el dolor de tu espalda-
ha merecido
la pena.
© Pedro Ojeda Escudero, 2016
viernes, 4 de noviembre de 2016
La noche
La noche: vedla aquí
para ser recorrida en su extensión,
como las viejas calles
de una ciudad que dejó de existir
pero lo desconoce.
Intensamente tuya
hasta el dolor
que alumbra la mañana.
© Pedro Ojeda Escudero, 2016
jueves, 3 de noviembre de 2016
Niebla, Unamuno y la nivola como forma narrativa revolucionaria y noticias de nuestras lecturas.
Cuando publica Niebla en 1914, Miguel de Unamuno es una personalidad reconocida de la España de su tiempo. Profesor de Universidad, filósofo reconocido, articulista de éxito, poeta, novelista y dramaturgo. No solo eso, es famosa su condición pública de removedor de conciencias y hombre activo en cuestiones políticas y sociales. De hecho, aquel mismo año fue depuesto de su cargo de Rector de la Universidad de Salamanca por el gobierno. No fue un hombre cómodo para los gobernantes de su tiempo en ningún caso. Esta inquietud -que se correspondía con su misma psicología y actitud ante la vida- la traslada al orden de la literatura. Niebla significa un cambio de registro muy significativo en el orden de su pensamiento literario. Es tan consciente de ello que renuncia incluso a denominarla novela y construye un neologismo, nivola. Es definitorio que, en el juego literario, no sea ni siquiera él quien lo formule, sino un personaje de la narración, Víctor Goti, que llega al término casi por casualidad fonética tras relatar una anécdota atribuida a Eduardo Benot por Manuel Machado, quien calificara a un soneto en alejandrinos de este como sonite:
Pues así es como mi novela no va a ser novela sino..., ¿cómo dije?, navilo..., nebulo..., no, no, nivola, eso, ¡nivola! Así nadie tendrá derecho a decir que deroga las leyes de su género... Invento el género, e inventar un género no es más que darle un nombre nuevo, y le doy las leyes que me place. ¡Y mucho diálogo!
En pocos fragmentos está mejor condensando el afán de novedad que está construyendo el lenguaje de la modernidad literaria que nace con los autores de la mal llamada generación del 98 (Unamuno, Baroja, los Machado, Valle Inclán) y que en realidad pertenecen a la misma estirpe literaria del modernismo que cambiará la forma de afrontar el arte. En el citado fragmento hallamos radical deseo de modernidad, de novedad, de ruptura con lo anterior, de experimentación artística y libertad del artista, metaliteratura... Todo ello se presenta con ese magnífico juego que se establece entre el Prólogo (escrito por el personaje Víctor Goti, que presenta una obra de su creador, Miguel de Unamuno) y el Post-prólogo (escrito por el personaje Miguel de Unamuno que polemiza con su propio personaje, dándole, a la vez condición real). Entre estos juegos literarios, el tema esencial de la novela: el libre albedrío personal, la propia existencia más allá del creador -el autor o Dios.
Con ese pulso literario y el toque de humor, ironía y seriedad que encierran estas páginas iniciales Unamuno acaba de pasar de ser un buen novelista a ser un autor que revoluciona la manera de narrar: mayor riesgo, mayor experimentación y mayor profundidad sin que se note. No hay mejor razón para adentrarnos en la lectura de este texto.
Pues así es como mi novela no va a ser novela sino..., ¿cómo dije?, navilo..., nebulo..., no, no, nivola, eso, ¡nivola! Así nadie tendrá derecho a decir que deroga las leyes de su género... Invento el género, e inventar un género no es más que darle un nombre nuevo, y le doy las leyes que me place. ¡Y mucho diálogo!
En pocos fragmentos está mejor condensando el afán de novedad que está construyendo el lenguaje de la modernidad literaria que nace con los autores de la mal llamada generación del 98 (Unamuno, Baroja, los Machado, Valle Inclán) y que en realidad pertenecen a la misma estirpe literaria del modernismo que cambiará la forma de afrontar el arte. En el citado fragmento hallamos radical deseo de modernidad, de novedad, de ruptura con lo anterior, de experimentación artística y libertad del artista, metaliteratura... Todo ello se presenta con ese magnífico juego que se establece entre el Prólogo (escrito por el personaje Víctor Goti, que presenta una obra de su creador, Miguel de Unamuno) y el Post-prólogo (escrito por el personaje Miguel de Unamuno que polemiza con su propio personaje, dándole, a la vez condición real). Entre estos juegos literarios, el tema esencial de la novela: el libre albedrío personal, la propia existencia más allá del creador -el autor o Dios.
Con ese pulso literario y el toque de humor, ironía y seriedad que encierran estas páginas iniciales Unamuno acaba de pasar de ser un buen novelista a ser un autor que revoluciona la manera de narrar: mayor riesgo, mayor experimentación y mayor profundidad sin que se note. No hay mejor razón para adentrarnos en la lectura de este texto.
Durante el mes de noviembre cumplimos con una deuda. Varios lectores me
habían solicitado reiteradamente la inclusión de alguna de las obras de
Unamuno en el listado anual. Y allá va Niebla, una de las más
inquietantes. Me será interesante releerla con todos vosotros para
comprobar su impacto actual. Hay suficientes buenas ediciones en el
mercado. Os aconsejo alguna con notas aclaratorias y prólogo. También la
tenéis disponible gratis en internet.
Noticias de nuestras lecturas
Pancho escribe una excelente entrada para comenzar con Niebla. En ella está toda una propuesta de cómo enfocar esta novela. Por algo ha sido uno de los más insistentes defensores de que don Miguel debía entrar en la lista de nuestras lecturas.
Mª del Carmen Ugarte comienza su lectura de Niebla resaltando muy acertadamente el juego que establece el autor con el lector desde la primera línea de la obra en ese Prólogo que nadie debería saltarse.
Gelu resume y comenta los aspectos iniciales de la obra que hacen de esta un ejemplo de la genialidad de Unamuno.
Mª del Carmen Ugarte comienza su lectura de Niebla resaltando muy acertadamente el juego que establece el autor con el lector desde la primera línea de la obra en ese Prólogo que nadie debería saltarse.
Gelu resume y comenta los aspectos iniciales de la obra que hacen de esta un ejemplo de la genialidad de Unamuno.
El pasado jueves celebramos el encuentro de los lectores con Miguel Ángel Santamarina para comentar su novela Queremos que vuelvan. Se celebró en el Salón de actos de la Biblioteca pública de Burgos de la Plaza de San Juan, cuyas instalaciones fueron cedidas amablemente por sus responsables, a los que quiero agradecer aquí todas las facilidades dadas. El acto fue abierto por Manuel Sancho, el Presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, con su habitual elegancia y acierto. Durante hora y media estuvimos debatiendo sobre la novela negra y su forma de enfocar la realidad y sobre todas las claves de Queremos que vuelvan, la primera novela de este autor que debuta en la literatura. Una de las cosas más sobresalientes de Miguel Ángel Santamarina es la claridad y entusiasmo a la hora de enfrentarse a su condición de escritor, lo que le hará mejorar. Sin duda, nos dará sorpresas agradables en el futuro.
Mª Ángeles Merino da cuenta detallada de lo ocurrido en ese encuentro con Santamarina, antes de pasar a Niebla. Esta es su entrada.
Mª Ángeles Merino da cuenta detallada de lo ocurrido en ese encuentro con Santamarina, antes de pasar a Niebla. Esta es su entrada.
Gelu llega al comentario de las cartas LIII a LIX de esta obra que nos ocupó hace unas semanas. Y en ellas resalta la condición de político y hombre de bien... para tomar nota.
Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.
miércoles, 2 de noviembre de 2016
¿Conoce don Juan a don Juan?
Don Juan Tenorio vuelve a Sevilla después de años fuera de España. Tuvo que huir de la justicia tras los crímenes cometidos en su quinta (el secuestro de doña Inés, robada del convento; las muertes de don Luis y don Gonzalo). En el antiguo palacio familiar se encuentra un panteón dedicado a guardar las sepulturas de alguna de las víctimas de sus desmanes. Las esculturas han sido terminadas tan solo un mes antes, excepto la suya, que no ha podido ser levantada por el escultor porque nadie le ha facilitado un retrato suyo.
ESCULTOR.- ¿También habéis conocido
a don Juan?
DON JUAN.- Mucho.
Y es cierto. Don Juan es quien mejor conoce a don Juan, quien mejor conoce su retrato a estas alturas del drama. Los demás solo saben de él por sus acciones y por lo que dice en ellas -sus palabras son acción, también- y porque o bien lo fijan en el tiempo sin dejarlo evolucionar porque pertenecen a una teología antigua (como hace don Gonzalo o su propio padre, don Diego, que levanta el panteón para lavar de alguna manera el honor familiar mancillado por aquel a quien desconociera en las primeras escena del drama) o bien porque, aunque pertenecen al mundo nuevo, fían en una vaga esperanza -incluso en contra de la opinión de Dios mismo- poder entrar en sus pensamientos y modificarlos (así, doña Inés). Su padre lo había negado como hijo en el primer acto, don Gonzalo vuelve al mundo como estatua para condenarlo porque no puede comprender que alguien sea capaz de cambiar; Inés se limita a esperar confiada en el amor. Pero todos lo desconocen. El mismo don Juan, cuando es un torbellino joven, pura acción, no se para a pensar en sí mismo y obedece al impulso de su personaje. Lo antiguo y lo nuevo se contraponen, dos formas de entender el mundo.
¿Qué ha pasado desde las famosas escenas de la quinta a las orillas del Guadalquivir con las que termina la primera parte del drama? Dos cosas: don Juan se ha enamorado y la edad. Don Juan se hace mayor en esos años en los que está fuera de Sevilla (eso es lo que facilitó a Gustavo Pérez Puig en el 2000 la dramaturgia que le llevara a proponer dos actores para don Juan: uno joven -Juan Carlos Naya-, otro mayor -Ramiro Oliveros-) y ese tiempo le ha permitido profundizar en sus cambios.
La suma de ambas cosas le provocan pensamientos extraños, como desvela el personaje en el eficaz monólogo que sigue al diálogo con el escultor. Don Juan ha cambiado y esto hace de la obra un drama más moderno que muchos de sus antecesores románticos, por mucho que pese a los que critican la obra.
El cambio se prepara en el diálogo con doña Inés en el que don Juan se enamora y sucede en la elipsis entre las dos partes pero aún el protagonista no es del todo consciente hasta este momento, cuando entra en el panteón familiar. A todo esto se refería el propio Zorrilla en la nota que acompañaba la versión para zarzuela de la obra con la que quería recuperar sus derechos -de autor y económicos- sobre la historia del Tenorio (de los ataques de Zorrilla a su don Juan se ha escrito mucho y mal) cuando afirmaba que con su drama había despojado al Don Juan del absurdo y explicado el milagro sobrenatural con el que concluye de acuerdo a las exigencias realistas y filosóficas de su época. Es en virtud del amor como cambia don Juan. Del amor y del tiempo. Don Juan podrá fingir ser el mismo que era de joven pero en su pensamiento se ha instalado la culpa y la duda sobre sus acciones. El personaje se enriquece: la actitud social, la que debe ejercer ante los demás, es la misma pero por dentro piensa ya de otra manera. Esto es tan difícil de hacer en escena que casi todos los directores que se han enfrentado con el drama pasan de puntillas sobre esta parte, deseando que llegue pronto el final de la obra. El don Juan joven es mucho más ágil, popular y efectista. Más fácil de llevar con éxito a la escena, por lo tanto. Algo de eso es lo que dice Zorrilla en sus Cuatro palabras sobre mi Don Juan Tenorio, un texto lleno de zumbona gracia en el que critica con dureza la manera en la que se representa habitualmente su personaje. A él, además, le ocurre lo mismo que a don Juan: escribió la obra de joven, se fue de España, volvió y por todas partes fue perseguido por el éxito del drama:
En los años que han corrido
desde que yo le escribí,
mientras que yo envejecí
mi Don Juan no ha envejecido.
Y fama tal por él gozo
que se cree, a lo que parece,
porque Don Juan no envejece,
que yo he de ser siempre mozo.
Pero no, Zorrilla se había hecho mayor y se le nota muy harto de que todos se enriquezcan con una obra que a él no le reporta ni un centavo (mi drama D. Juan Tenorio es al mismo tiempo mi título de nobleza y mi patente de pobre de solemnidad). Que señale los defectos de su drama no significa que no lo considere y augure que viva diez mil soles. No es para menos: habla de la cuestión de la inmortalidad, del libre albedrío, del amor, de la rebelión ante todos y ante todo, de la oposición entre lo viejo y lo joven, de la aventura y de la tentación del abismo.
Y aquí estamos aún, como cada año, pese a quien pese, volviendo a Don Juan Tenorio. Ya me lo perdonaréis. Llevo unos cuantos años dedicándole entradas en este blog cada 2 de noviembre. Porque la obra aborda la tradicional fiesta del día 2 de noviembre y no la del 1, que siempre conviene recordar que no es lo mismo el día de Todos los Santos que el de los Fieles Difuntos. Para no mezclar churras con merinas, aunque a nadie le importen ya estas cosas.
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Otras entradas sobre el Don Juan de Zorrilla con motivo del Día de los fieles difuntos:
Los difuntos (2007)
Un punto de contrición (2012)
¿Cómo se enamora Don Juan? (2013)
Por qué perdonamos a nuestros políticos o Don Juan Tenorio en el Día de los fieles difuntos (2014)
El conflicto del burlador (2015)
Y de propina, mi crítica sobre el Don Juan Tenorio de Blanca Portillo y Juan Mayorga.
Remito también a la Bibliografía que escribí con Irene Vallejo para el Ayuntamiento de Valladolid con motivo del centenario del autor (aquí).
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Otras entradas sobre el Don Juan de Zorrilla con motivo del Día de los fieles difuntos:
Los difuntos (2007)
Un punto de contrición (2012)
¿Cómo se enamora Don Juan? (2013)
Por qué perdonamos a nuestros políticos o Don Juan Tenorio en el Día de los fieles difuntos (2014)
El conflicto del burlador (2015)
Y de propina, mi crítica sobre el Don Juan Tenorio de Blanca Portillo y Juan Mayorga.
Remito también a la Bibliografía que escribí con Irene Vallejo para el Ayuntamiento de Valladolid con motivo del centenario del autor (aquí).
martes, 1 de noviembre de 2016
El frío se mete en los huesos
En mi infancia, noviembre eran las nieblas. Nieblas densas, que no levantaban en varios días o semanas. Frías y húmedas, se agarraban al cuerpo tanto como a las cosas. De entre la niebla surgían los objetos difuminados, como borradores de una ciudad que aún veo si cierro los ojos. ¿Cómo distinguir en esas calles los vivos de los muertos en el cerco débil de la luz de las farolas? Se hacía de noche y la humedad era intensa. El frío se mete en los huesos, decían los mayores de entonces. Cómo los comprendo hoy. No he vuelto a vivir nieblas como aquellas. Quizá porque ahora están más adentro que afuera.
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