Hemos perdido el miedo a la noche. A esta de hoy y a todas. Quizá es la batalla más constante y larga que hayamos dado como especie: conquistar la noche, burlarnos de ella, iluminar hasta el exceso, echar luz a las sombras. Y nos parece que la hemos ganado. Tenemos mucho de vanidad soberbia. Hasta que todo falla, claro, y volvemos al miedo.
lunes, 31 de octubre de 2016
domingo, 30 de octubre de 2016
Buscando una noche agradable de junio a finales de octubre
Qué raro todo últimamente. Este otoño que se desmiente a fuerza de simular primavera, por ejemplo. Han cambiado la hora, anoche, y la ciudad ha oscurecido pronto. Ando con cierta desorientación por las calles, extrañado de la temperatura, la falta de luz y personas vestidas de invierno. En mangas de camisa, buscando una noche agradable de junio a finales de octubre. Atravesando grupos de personas disfrazadas de vampiros o calabazas. Quizá más confiables que personas disfrazadas de personas, perdidas ya sus máscaras de ciudadanos. Ha oscurecido. Volvamos, por hoy, a casa.
sábado, 29 de octubre de 2016
Celebramos el fuego
Deberíamos llevar velas en las manos este mes de noviembre. Los días se acortan y conviene recogerse en grupos pequeños y hablar en voz queda. Entre amigos. Las estrellas, ahora, quedan demasiado lejos. No importa. Estamos juntos y vivos y celebramos este fuego, el nuestro. Cerca, más cerca. Contándonos lo que de verdad nos preocupa y las historias sobre la niebla. Comencemos. Y si no llega la primavera, habrá valido la pena juntarnos a pasar este invierno tan cerca.
viernes, 28 de octubre de 2016
la tarde lenta y frágil del otoño
Un jardín que contempla la piel fresca del agua,
un árbol junto al pozo,
una rosa de octubre,
una línea de chopos,
el aroma rojizo de las nubes,
la tarde lenta y frágil del otoño,
la tarde sola y lenta,
tu mano sabia
dando vida a esta tierra,
tu espalda silenciosa, en el trabajo.
La noche que se llega,
¡atardece tan pronto!
Desde entonces,
sueño tu mano en sombra sobre mi hombro.
© Pedro Ojeda Escudero, 2016
jueves, 27 de octubre de 2016
El individuo contra el poder en la novela negra y noticias de nuestras lecturas, con anuncio de la próxima.
Dicen algunos que la novela negra es la mejor forma literaria de enfrentarnos a un espejo y presentarnos la realidad contemporánea en tiempos de crisis y cambios que afectan gravemente a las personas comunes. También la mejor para destapar la hipocresía de la sociedad porque desciende a donde no suele hacerlo otro tipo de novela. Por eso, muchos novelistas a los que no cabe calificar -ni a ellos ni a sus novelas- como autores de este tipo de género, usan de los procedimientos de la novela negra en sus obras. Su forma narrativa, por otra parte, no suele ser tan complicada en cuanto al ejercicio literario para el lector medio. Si sumamos todos estos factores comprendemos el creciente cultivo y su éxito. También las razones por las que a otros lectores no les gusta.
El autor de novela negra nos pone, desde el principio, ante una situación más o menos desagradable -casi siempre un asesinato violento, una desaparición, otro tipo de crimen- que se irá complicando a lo largo de la narración hasta conseguir forzar todos los principios sociales e individuales. El mundo, en ellas, no está hecho para los inocentes, que se convierten rápidamente en víctimas bien del sistema bien de los poderosos que se aprovechan del control que ejercen en él. Ya lo hemos dicho, en buena medida, el género se basa en el conflicto entre el individuo en casi absoluta soledad y el poder. En la mejor novela negra hay una moralidad de partida: lo que se retrata es malo, aunque sea imposible combatirlo en su globalidad o cambiar las dinámicas históricas.
Esto es lo que ocurre en Queremos que vuelvan. En la novela de Santamarina están claramente establecidos tres grupos de personas: los verdaderamente poderosos, que ejercen a capricho y voluntad su poder porque controlan las estructuras del sistema; los que los sirven para sus fines con la esperanza de alcanzar parte del reparto de ese poder aunque puedan convertirse de vez en cuando también en víctimas; finalmente, las personas que viven fuera completamente de esos círculos de poder, que diariamente sufren las consecuencias de sus decisiones pero que no son conscientes de todo ello hasta que el azar o una mala decisión los enfrenta a los poderosos. A partir de ahí se establece el conflicto. Los jóvenes a los que se refiere el título -no del todo ejemplares en sus vidas-, por una serie de malas decisiones, se encuentran en el peor lugar y en el peor momento. Y lo mismo le ocurre al protagonista, el periodista Javier. Él tampoco es un ejemplo a seguir en su vida, pero no pertenece en absoluto a la amoralidad de los poderosos ni a sus círculos de interés. Pero su decisión de seguir con la investigación, su ingenuidad y la inercia de las decisiones tomadas también le hacen cruzarse con esos mismos poderosos que toman fríamente las decisiones sobre su vida o sobre la vida de todos nosotros, como discurre la mente de uno de ellos:
Bien pensado, esta crisis era todo una bendición para él. La coartada perfecta para poder meter todo en el mismo saco, blanquear las irregularidades en la misma cuenta de pérdidas incobrables. Al fin y al cabo, como bien comentaba uno de sus colegas en las tertulias del club: esta situación se solucionaba de la misma forma que las anteriores, tirando de entropía, encomendándose a la termodinámica. Para que la clase adinerada pudiera seguir siéndolos los próximos años, la clase media debía empobrecerse las siguientes décadas, y la clase baja pudrirse en la miseria hasta el final de los tiempos.
Por mucha esperanza y pequeñas victorias parciales que se puedan conseguir, en la novela negra no hay forma de arreglar el mundo de verdad. quizá tan solo meter en la cárcel durante un tiempo a uno de los culpables, el menos listo o el más prescindible. Por muchos aliados que le salgan al protagonista poco más se puede hacer. Eso no quiere decir que no haya que dar la batalla según dicte la conciencia de cada uno. Como en la vida.
El autor de novela negra nos pone, desde el principio, ante una situación más o menos desagradable -casi siempre un asesinato violento, una desaparición, otro tipo de crimen- que se irá complicando a lo largo de la narración hasta conseguir forzar todos los principios sociales e individuales. El mundo, en ellas, no está hecho para los inocentes, que se convierten rápidamente en víctimas bien del sistema bien de los poderosos que se aprovechan del control que ejercen en él. Ya lo hemos dicho, en buena medida, el género se basa en el conflicto entre el individuo en casi absoluta soledad y el poder. En la mejor novela negra hay una moralidad de partida: lo que se retrata es malo, aunque sea imposible combatirlo en su globalidad o cambiar las dinámicas históricas.
Esto es lo que ocurre en Queremos que vuelvan. En la novela de Santamarina están claramente establecidos tres grupos de personas: los verdaderamente poderosos, que ejercen a capricho y voluntad su poder porque controlan las estructuras del sistema; los que los sirven para sus fines con la esperanza de alcanzar parte del reparto de ese poder aunque puedan convertirse de vez en cuando también en víctimas; finalmente, las personas que viven fuera completamente de esos círculos de poder, que diariamente sufren las consecuencias de sus decisiones pero que no son conscientes de todo ello hasta que el azar o una mala decisión los enfrenta a los poderosos. A partir de ahí se establece el conflicto. Los jóvenes a los que se refiere el título -no del todo ejemplares en sus vidas-, por una serie de malas decisiones, se encuentran en el peor lugar y en el peor momento. Y lo mismo le ocurre al protagonista, el periodista Javier. Él tampoco es un ejemplo a seguir en su vida, pero no pertenece en absoluto a la amoralidad de los poderosos ni a sus círculos de interés. Pero su decisión de seguir con la investigación, su ingenuidad y la inercia de las decisiones tomadas también le hacen cruzarse con esos mismos poderosos que toman fríamente las decisiones sobre su vida o sobre la vida de todos nosotros, como discurre la mente de uno de ellos:
Bien pensado, esta crisis era todo una bendición para él. La coartada perfecta para poder meter todo en el mismo saco, blanquear las irregularidades en la misma cuenta de pérdidas incobrables. Al fin y al cabo, como bien comentaba uno de sus colegas en las tertulias del club: esta situación se solucionaba de la misma forma que las anteriores, tirando de entropía, encomendándose a la termodinámica. Para que la clase adinerada pudiera seguir siéndolos los próximos años, la clase media debía empobrecerse las siguientes décadas, y la clase baja pudrirse en la miseria hasta el final de los tiempos.
Por mucha esperanza y pequeñas victorias parciales que se puedan conseguir, en la novela negra no hay forma de arreglar el mundo de verdad. quizá tan solo meter en la cárcel durante un tiempo a uno de los culpables, el menos listo o el más prescindible. Por muchos aliados que le salgan al protagonista poco más se puede hacer. Eso no quiere decir que no haya que dar la batalla según dicte la conciencia de cada uno. Como en la vida.
Esta tarde hemos mantenido el anunciado encuentro con Miguel Ángel Santamarina para comentar la novela. Doy las gracias por su colaboración cariñosa y eficaz a la Biblioteca Pública de Burgos de la Plaza de San Juan, que nos ha cedido su salón de actos, y a todos los asistentes. Por esta razón, esta entrada ha sido programada. Del encuentro daré cuenta el próximo jueves. A partir de la próxima semana comenzamos con la lectura de Niebla, de Miguel de Unamuno, como anuncio más abajo.
En octubre leeremos la novela negra Queremos que vuelvan, primera obra del novelista burgalés Miguel Ángel Santamarina. Con una narración ágil y un argumento ambientado en la España de nuestros días, aborda algunos de los temas que han protagonizado nuestra España reciente. Podéis encontrarla en la librería Luz y Vida de Burgos (también en otras de esta ciudad) y a través de Amazón, que la sirve en pocos días, en este enlace. También allí está disponible en libro electrónico de inmediata descarga. Más información en la página del autor. Como recordarán los lectores habituales de La Acequia, tuve la fortuna de ser quien la presentara en Burgos. Al final de la lectura, el autor tendrá un encuentro con los lectores del club, abierto también al público general. Informaré del lugar y la hora en su momento.
Noticias de nuestras lecturas
Mª Ángeles Merino recupera a su amiga Austri para comentar, junto a alguno de los escenarios del libro, cuestiones esenciales de la novela de Santamarina. En especial, el papel del personaje de Lucía, la joven que abre y cierra el libro...
De la mente de don Asclepiadeo a Fran Sinatra nos lleva Pancho en su relectura de La saga /fuga de J.B. Tanto estoy disfrutando con ella, que soy capaz de volver a ponerla en la lista del próximo curso.
Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.
Anuncio de la próxima lectura
El próximo mes de noviembre cumplimos con una deuda. Varios lectores me habían solicitado reiteradamente la inclusión de alguna de las obras de Unamuno en el listado anual. Y allá va Niebla, una de las más inquietantes. Me será interesante releerla con todos vosotros para comprobar su impacto actual. Hay suficientes buenas ediciones en el mercado. Os aconsejo alguna con notas aclaratorias y prólogo. También la tenéis disponible gratis en internet.
miércoles, 26 de octubre de 2016
La danza española y la narrativa escénica, de Inés Hellín Rubio
En los últimos años es notable -aunque todavía quede mucho por andar- el desarrollo de los estudios superiores de arte escénico en España. En la última década se han defendido tesis doctorales en muchas universidades españolas, desarrollado estudios de máster en estos campos y consolidado investigaciones de las que saldrán beneficiados los que lleguen a partir de ahora. De las escuelas superiores de arte dramático -con sus más y sus menos, pero de eso podemos hablar otro día- salen titulados con formación sólida y experiencia práctica o, al menos, con una formación equiparable en su campo a la que reciben los estudiantes de cualquier grado universitario español. Otra cosa es, claro, lo que ocurre a nivel político y administrativo. Aún hay muchos responsables que no creen que estos estudios deban desarrollarse en el ámbito universitario. Falta regulación clara, apoyo económico y una actitud que acabe de una vez con esta situación de atraso con respecto a los países de nuestro entorno, en los que estos títulos no solo son reconocidos en el ámbito superior como cualquier otro sino que tienen una gran demanda y ofrecen una alta formación en cada uno de los campos. En España todavía hay quien cree que estas cosas son solo cosas de cómicos y faranduleros, personas sin más formación que la experiencia o unas pocas lecturas, viajes y cursos. Bastaría solo con no poner trabas para que desaparecieran gran parte de los problemas. Pero no solo entre los responsables políticos, sino también entre los mismos profesionales, algunos de los cuales temen perder su posiciones de privilegios si se fomentaran de verdad los estudios de alto nivel en el que se conjugara la teoría y la práctica. He oído tantas simplezas al respecto entre algunos profesionales como entre los responsables políticos. Parecen darse la mano en contra del necesario fomento de estos estudios.
Este reciente impulso ha dado buenos logros en casi todos los campos, pero se echaba de menos el trabajo actual adecuado sobre la Danza española. Durante demasiado tiempo, este campo artístico ha sido considerado menor. Salvo honrosas excepciones, no solo se ha ignorado sino que ha llegado a ser menospreciada. Aparte de la ignorancia, quizá tenga mucho que ver la imagen que durante el franquismo se dio de este tipo de espectáculos y que aún -tantos años después- pesa en la consideración de muchos intelectuales y críticos. No ha contribuido a mejorar esto que muchas veces el individualismo haya predominado entre los grandes profesionales que ha tenido la Danza española. Ni que el público no cultivado no tenga claros los límites entre la Danza española y el flamenco, el folklore u otras manifestaciones que pueden integrarla pero que no deberían confundirse con ella.
Sin embargo, esto no siempre ha sido así. En la época más brillante de la cultura española moderna, la que se desarrolló en las primeras tres décadas del siglo XX, la Danza española contó con el acercamiento, el interés y el impulso por parte de grandes artistas -María Lejárraga, Federico García Lorca, Falla, Albéniz, Granados, etc.-, que colaboraron con los bailarines más importantes de aquella época: Antonia Mercé, Encarnación López, Vicente Escudero... Un impulso del que fueron fecundos herederos Antonio Ruiz, Mariemma, etc. La vanguardia de los años veinte y treinta se acercó a esta manfestación artística sin prejuicios y consiguió formar sus bases técnicas fundacionales. Contibuyó la pintura, la fotografía, la escultura, etc. También la nueva consideración del cuerpo como integrante de cualquier espectáculo escénico y el desarrollo de las nuevas dramaturgias.
Por eso hay que celebrar la publicación de un libro como el de Inés Hellín Rubio, La Danza española y la narrativa escénica (Madrid, ADE, 2016). Bailarina solista del Ballet español de Murcia (Cia. Carmen y Matilde Rubio), con una sólida formación teórica y práctica, es persona adecuada para afrontar el reto de escribir un libro que permanecerá como material de referencia para la Danza española. Tras establecer las bases teóricas del método de análisis en los primeros capítulos a partir de la Semiótica teatral aplicada, en especial, a la traducción de códigos para llegar al ballet narrativo, redacta un calirificador panorama de la historia de la Danza española en el contexto de la Historia del teatro y de la Danza clásica. Estas partes aportan un buen guion de trabajo para quienes continúen estos estudios y sirven de punto de partida para un brillante cuarto capítulo, en el que analiza el ballet El sombrero de tres picos de Manuel de Falla, desde su origen literario (el cuento popular andaluz, la novela de Pedro Antonio de Alarcón y el libreto de María Lejárraga). La primera versión de este ballet fue la pantomima El corregidor y la molinera estrenada en Madrid en 1917. El interés de Diaghilev, el famoso empresario que a través de los Ballets Rusos trasformaría significativamente el mundo de la danza narrativa, promovió que se rehiciera como verdadero ballet con el título definitivo en Londres en 1919, con decorados y figurines de Pablo Picasso. La autora estudia también minuciosamente la versión de este ballet de Antonio Ruiz en 1981. Para sus análisis pone en juego de forma eficaz la metodología desarrollada previamente.
No rebaja la calidad, oportunidad y acierto de este libro el que hubiera sido deseable que en el estilo no se percibieran tanto los tics lingüísticos académicos (repeticiones, la autora habla de sí misma en tercera persona, anuncio continuo de lo que vendrá después, etc.). Estoy seguro de que este libro tendrá fortuna y en futuras reediciones se podrá mejorar este formulismo académico en el que suelen caer muchos investigadores al dar a conocer sus trabajos de investigación. El libro de Inés Hellín merece ser considerado, a partir de ahora, un punto de inflexión para inspirar futuras investigaciones y trabajos dramatúrgicos para la Danza española.
martes, 25 de octubre de 2016
Dando patadas a las castañas locas
Para hacer esta fotografía pisé un montón de hojas. Al salir de clase me fijé en la tapia del Parral. Sobre ella caía esa rama como un flequillo despeinado. El otoño se ha quedado calmo. Camino del restaurante donde suelo comer, pisaba yo las hojas caídas. De vez en cuando daba patadas a las castañas locas. Hoy vamos a disfrutar, les he dicho a mis alumnos, vamos a asistir al nacimiento de la modernidad poética en la literatura española, así, como quien no quiere la cosa. Tocaba comenzar con Diario de un poeta recién casado (1916). Ya estaba todo: Rubén Darío había releído a Bécquer y entreveraba la tradición española, la clásica y lo francés con gotas americanas. Antonio Machado había entrado en juego y llegaba Juan Ramón Jiménez a buena hora con este diario poético que no me canso de releer cada año para preparar mis clases. Qué año 1917: Antonio Machado publica sus Poesías completas y Juan Ramón Jiménez el Diario de un poeta recién casado. Me hubiera gustado ser un joven poeta en ese año y abrir esos dos libros por vez primera, con su olor a papel y tinta. Estaba ya todo y estaba también este otoño, limpio después de las lluvias de los últimos días. Caminaba yo junto a la tapia del Parral, pisando las hojas caídas, dando patadas a las castañas locas. Había dejado unos minutos antes a Juan Ramón preparando el viaje a América -qué meter en esos baúles, qué libros- tras hablar por teléfono con Zenobia, entusiasmado ante el viaje en el que hallaría su voz lírica, a punto de regalarnos el broche de la modernidad. Y yo con las manos en los bolsillos, mirando el espectáculo de los árboles y los colores -verdes, marrones oscuros, marrones claros- de las hojas caídas en el suelo y el azul nítido del cielo. Dando, de vez en cuando, patadas a los frutos de los erizos abiertos de los castaños de indias. Como si el mundo acabara de limpiarse con las lluvias.
lunes, 24 de octubre de 2016
No es la Historia es el tanque
Releo a Manuel Vázquez Montalbán. Sin razón aparente tomé Praga de mi biblioteca -es curioso, qué pocos saben hoy que Vázquez Montalbán fue un excelente poeta y a qué pocos les importan estas cosas en esta España que no lee, que no lee de verdad, que ni siquiera quiere leer de verdad y se limita al trampantojo de la lectura, de escritores que tampoco leen y descubren la literatura al cuarto o al quinto libro que escriben o nunca- y abrí al azar el poemario:
Nacer en Praga en 1883
significaba ser súbdito
del imperio austro-húngaro
Francisco José despilfarrador de la Historia
Sissí madre de hijos asesinables
finalmente dinamitada
por un anarquista consecuente
Habla el poeta de Kafka, nacido en ese año de 1883:
Kafka por parte de padre
Amschel por parte de madre
comerciantes que jamás leyeron a Kafka
niño con ganglios y terrores precoces
Es un poema que indaga en la biografía y personalidad de Kafka en medio de una historia convulsa, un poema que duda de la interpretación que va construyendo el mismo poema hasta ese excelente final:
aunque todo es posible
en un hombre que pidió la destrucción de sus obras
al único judío que no iba a hacerlo.
La biografía se hace con la vida pero no se explica sino en la historia. ¿Qué significará nacer hoy en esta Europa tan temerosa de las consecuencias de sus propios miedos, tan hostil contra las consecuencias que su forma de vida causa en los otros, que llaman a todas las puertas? ¿Cuál será la historia de una biografía de un niño nacido hoy, 24 de octubre de 2016, en una ciudad pequeña de España -Soria, por ejemplo, Plasencia, por ejemplo, Medina de Rioseco-, cuál será su final y si tendrá alguien que destruya sus obras o no le haga caso? ¿De quién será súbdito o recuperará la condición de ciudadano? Sigo leyendo todas las certezas en las dudas de Praga:
no hay lenguaje sin metáfora
muerte es la metáfora de la nada
no es la vida es la rosa
no es la Historia es el tanque
ni siquiera Praga es Praga
ni siquiera
propiamente
una sinfonía que sobraba
No devuelvo el libro al estante. Lo pongo en la mesilla de noche para que me acompañe estas noches que se agrandan -no hay lenguaje sin metáfora- y que achican esta luz hora a hora, como el caminar persistente de un pelotón de soldados a los que ya no les hacen falta ni las armas.
domingo, 23 de octubre de 2016
Antes de que se cumpla el viaje
Antes de que se cumpla el viaje anoto, a vuelapluma, que estos días ha llovido y el campo huele a tierra y certeza de nube y la otoñada comienza a ser amarilla y marrón en paleta viva hasta los verdes más intensos; que al pasar por Villaverde de Guareña vi una llanada inmensa con un caseto con árbol bajo un cielo con promesa cercenada de arco iris y horizonte y una mata de chopos; que mi espalda está mejor pero que no del todo pero que no importa porque pude subir a paso lento hasta el Castañar y tocar las nubes que rodeaban Béjar; que he celebrado la amistad y el amor estos días; que el mundo está mal pero que siempre lo ha estado y hay que seguir sin dejarse vencer por las derrotas porque nuestra historia son precisamente esas derrotas y en ellas se encuentra la mejor de nuestras victorias; que a veces hay que dejarse amanecer muy lento un domingo mientras escuchas cómo llueve en la calle, aunque no lo suficiente para desprender la piel de serpiente de las aceras.
sábado, 22 de octubre de 2016
Hace bien la hierba en ignorarnos
Qué sabia la hierba humilde que se agarra a las grietas de las tapias. Hace bien en ignorarnos. Tiene todo el tiempo para obtener nuestra derrota.
viernes, 21 de octubre de 2016
Y antes de apagar la luz sientes la intemperie
No es que te expulsen de la historia, es que te han desterrado de tu propia vida. Vas al trabajo -a ganar el jornal en el que consiste la cadena-, haces lo que tienes que hacer a lo largo del día, comes en el bar de la esquina, regresas a casa, das un beso a los tuyos -o te pones el pijama y enciendes la televisión-, te lavas desordenadamente los dientes, te acuestas. Con tus cosas, te sabes un buen ciudadano: cumples las leyes salvo alguna tozuda costumbre de pícaro, pagas tus impuestos, has comprado tu casa que aún es del banco. Y antes de apagar la luz sientes la intemperie. Como un boquete enorme en el estómago. En realidad, tu vida es un descampado.
jueves, 20 de octubre de 2016
La estructura narrativa de Queremos que vuelvan y noticias de nuestras lecturas.
Como en toda la novela en la que la intriga tiene buena parte en la historia, en Queremos que vuelvan debemos fijarnos en la estructrura narrativa y en el proceso en el que se hace avanzar la investigación dosificando los datos. Ya hemos comentado que el tradicional policía o detective que investiga los hechos es sutituido aquí por un periodista. Este conserva alguno de los rasgos de una línea de la novela policíaca o negra (su vida es un desastre en lo profesional y en lo sentimental, es torpe, muestra una cierta desorientación tanto en las cosas más cotidianas como en la propia investigación, no entiende bien ni comparte éticamente los mecanismos más perversos de la sociedad, etc.). Sus acciones son parte fundamental de esa estructura entre otras cosas porque facilitan la identificación del lector con este personaje. A través de lo que sabe -o ignora o cree saber-, de lo que le ocurre y de su testimonio, se organizará buena parte de la historia. Por eso mismo, sus relaciones profesionales y personales forman parte de la trama. No como telón de fondo, sino como esencia misma de la novela. La investigación, en la novela negra, deriva en buena parte de la condición personal de quien investiga. También, por lo tanto, su relación conflictiva como individuo -héroe o, casi siempre, antihéroe- con la sociedad.
Opta Santamarina por un recurso que se demuestra muy eficaz en esta novela. La narración se fragmenta. Sin llegar a producir nunca una desorientación en el lector, los fragmentos y los saltos espacio-temporales provocan la participación del receptor, que necesita completar los datos que faltan. A veces estos se confirman unas páginas más adelante, provocando en quien lee la sorpresa ante los giros argumentales o la confirmación de sus sospechas. Este proceso es necesario para implicar al lector y el autor sabe muy bien como usarlo en la narración. Junto a estos saltos que nos llevan por los espacios y personajes más interesantes, facilitando los datos necesarios pero nunca completos del todo, hallamos párrafos diferentes, escritos en cursiva, que nos introducen en la experiencia brutal de los jóvenes desaparecidos. Son, sin duda, de una eficacia narrativa de primer orden. Primero, por su calidad (una expresión directa, sin ocultar nada); segundo por su colocación a lo largo de la novela, que aumenta la intriga y nos conducen hacia el final. Ayudándonos, al terminar la lectura, para completar el relato.
La próxima semana completaremos el análisis de esta novela para dar paso el jueves 3 de noviembre a la lectura del siguiente mes.
Opta Santamarina por un recurso que se demuestra muy eficaz en esta novela. La narración se fragmenta. Sin llegar a producir nunca una desorientación en el lector, los fragmentos y los saltos espacio-temporales provocan la participación del receptor, que necesita completar los datos que faltan. A veces estos se confirman unas páginas más adelante, provocando en quien lee la sorpresa ante los giros argumentales o la confirmación de sus sospechas. Este proceso es necesario para implicar al lector y el autor sabe muy bien como usarlo en la narración. Junto a estos saltos que nos llevan por los espacios y personajes más interesantes, facilitando los datos necesarios pero nunca completos del todo, hallamos párrafos diferentes, escritos en cursiva, que nos introducen en la experiencia brutal de los jóvenes desaparecidos. Son, sin duda, de una eficacia narrativa de primer orden. Primero, por su calidad (una expresión directa, sin ocultar nada); segundo por su colocación a lo largo de la novela, que aumenta la intriga y nos conducen hacia el final. Ayudándonos, al terminar la lectura, para completar el relato.
La próxima semana completaremos el análisis de esta novela para dar paso el jueves 3 de noviembre a la lectura del siguiente mes.
En octubre leeremos la novela negra Queremos que vuelvan, primera obra del novelista burgalés Miguel Ángel Santamarina. Con una narración ágil y un argumento ambientado en la España de nuestros días, aborda algunos de los temas que han protagonizado nuestra España reciente. Podéis encontrarla en la librería Luz y Vida de Burgos (también en otras de esta ciudad) y a través de Amazón, que la sirve en pocos días, en este enlace. También allí está disponible en libro electrónico de inmediata descarga. Más información en la página del autor. Como recordarán los lectores habituales de La Acequia, tuve la fortuna de ser quien la presentara en Burgos. Al final de la lectura, el autor tendrá un encuentro con los lectores del club, abierto también al público general. Informaré del lugar y la hora en su momento.
Noticias de nuestras lecturas
Mª Ángeles Merino comenta -sin desvelar nada- las truculencias y la estructura criminal que aplasta a los individuos en la novela de Santamarina. Y no os perdáis la sutileza de la primera fotografía, todo un inteligente guiño...
Gelu continúa con la lectura de Cartas marruecas, que nos ocupó hace unas semanas. En las cartas correspondientes a esta entrada valora dos elementos esenciales de la obra de Cadalso: la amistad y la crítica de los superficial. Más que interesante su conclusión.
Pancho continúa gozando de la lectura atenta y morosa -como debe ser, por otra parte- de La saga / fuga de J.B., título que nos ocupó hace unos meses en el club y que a él le está proporcionando materia de publicación más que interesante. Aquí llega a la hija de un griego y una bailaora... Nos os perdáis tampoco la serie de fotos ni a Dylan, claro. En su siguiente entrada debemos fijarnos en dos cosas que el autor, con fina ironía y seguro que relamiéndose, nos regala: por un lado, el cotilleo elevado a categoria; por otra, la obsesión de clasificar el mundo y ordenarlo. Más que recomendable este regreso de Pancho al mundo de esta narración...
Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas del presente curso, en este enlace.
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