miércoles, 1 de noviembre de 2017

La única igualdad cierta que hay en la vida


La única igualdad cierta que hay en la vida es la muerte (no cómo se llega a ella sino que todos hemos de morir). Los creyentes fían en la eternidad, en la justicia divina, que apartará a los malos de los buenos, castigará a aquellos y premiará a estos. En la Edad Media, el terror se vencía con un texto propagandístico que contenía la advertencia moral de preparar la eternidad, la Danza General de la Muerte. En ella entraban los pobres y los ricos, los obispos y los mendigos, los reyes y los labradores. Un punto de contrición final bastaba para hacerse perdonar una vida de pecado. La Muerte, entendida como personaje alegórico así, no es nada humilde, puesto que se sabe segura siempre:

Yo so la Muerte çierta a todas criaturas
que son y serán en el mundo durante.

A esa muerte se acogían los desfavorecidos, los perseguidos, los esclavos, los oprimidos, los perseguidos injustamente. También los que se creían buenos.

Pero qué nos queda a nosotros.

La muerte es cierta. La desigualdad hará que se llegue a ella de una manera o de otra. Cuando entra en casa es soberbia o humilde según el carácter de quien se muere y de quienes asisten a esa única certeza del ser humano. Hay quienes procuran dejar su epitafio escrito previamente y el testamento ordenado -es parte de los deberes del buen ciudadano según las normas sociales-, hay quien no se reprime y pronuncia una frase sublime. A veces la muerte entra en casa en zapatillas, acariciando con dulzura los rostros de quien se muere.

Hemos de morir y la mayoría lo hacen sin hacer balance de vida. A mí me  bastaría sentir el roce de la mano querida en la mía, pero quizá no pueda, quién sabe cómo será mi último instante. Es la dureza de la muerte: incierta y segura. Dejemos mientras tanto, al menos, un breve soplo de brisa templada sobre los campos.

7 comentarios:

Emilio Manuel dijo...

Mientras llega la hora, vivamos.

Abejita de la Vega dijo...

Todos covocados a la dança mortal.

São dijo...

Não é morte, realmente nossa única certeza, que me assusta, mas sim o sofrimento.

Besos, querido Pedro

Campurriana Campu dijo...

Pienso en la muerte. No en la mía. Pienso en la muerte de mis seres más queridos. El dolor más fuerte que la propia muerte.

Mavi dijo...

Dejemos sí, no hay más remedio, pero dejemos espacio a la esperanza de esas manos amadas.
besico
Mavi

Andandos dijo...

Día de los muertos y de los cementerios. Debemos, mi hermana y yo, actualizar la lápida de mi madre, algo que decimos cada año, pero de este no pasa. Por otra parte, me pasaré un día de estos por la fosa común, cerca de la carretera, en la que se supone está enterrado mi abuelo, fusilado en la guerra civil. Mi abuelo y cientos más de todos los bandos, de ahí el problema y la ventaja de tocar o no esa fosa.


Un abrazo

Paco Cuesta dijo...

No creo que cada día muramos un poco, sí que cada día podemos vivir un mucho, también lo es que todo pasa.
Reflexionemos.