martes, 11 de julio de 2017

Una puesta de sol


Un estudio científico ha demostrado que los monos que se reúnen a la puesta del sol en no recuerdo qué lugar de la India no tienen más pretensión que ver atardecer. No buscan allí comida ni refugio, quizá solo la opurtunidad de participar en esa experiencia de forma conjunta, de compartir la emoción que supone. Posiblemente no todos. Alguno habrá que vaya a regañadientes arrastrado por el temor a quedarse solo, otros empujados por el movimiento del grupo, como quien se mueve porque alguien se mueve a su lado. Quizá solo pase en esa comunidad porque en ella exista un individuo que haya mostrado al resto la emoción de ver ponerse el sol; quizá fuera alguno de los antecesores de la manada, hace cientos de años y la costumbre se haya convertido en tradición aprendida y respetada.

Sea como sea, los científicos han propuesto que esa colonia de primates se reúne en ese lugar cada atardecer solo para ver ponerse el sol. Un día tras otro interrumpen sus juegos, sus peleas, la necesidad de alimentarse o de buscar descendencia y se dirigen hacia el lugar desde el que la puesta de sol les ofrece la vista más espectacular, solo por el placer del ocaso, antes de sentir las respiración de los felinos que han aprendido que la puesta de sol es un momento adecuado para la caza.

Algunos expertos proponen que esa fue la primera experiencia que provocó la reflexión más allá de la mera supervivencia cuando ensayábamos el camino hacia la humanidad. Y ahora sabemos que pudo ser compartida, que algunas experiencias emocionales no son exclusivas de los seres humanos. El pensamiento es diferente, saltar del placer emocional y físico que provoca una puesta del sol a pensar qué supone para nosotros la noche, el temor a la oscuridad y anticipar que el sol saldrá al día siguiente.

Pero nos subimos a una peña y nos paramos a ver el atardecer, los matices de los colores, la brisa que se levanta en ese preciso momento en el que el sol se oculta en el horizonte. Y qué difícil es pensar en ese momento. Y todo regalado a diario por la naturaleza de las cosas. ¿Cuánto hace de tu última puesta de sol, de ese momento justo en el que se acalló el rumor de tu pensamiento? Si no la recuerdas, estás desorientado.

11 comentarios:

LA ZARZAMORA dijo...

Y no saben lo que se pierden...
los que ni siquiera lo han intentado.
;)

Besos, Pedro.

Marina dijo...

Y si la puesta de sol solo fuera una excusa, preciosa desde luego,pero excusa al fin, para el reencuentro??

;)

Rita Turza dijo...

Intento pararme a verla todos los días. Desde mi ventana son alucinantes.

São dijo...

Se os cientistas estão certos, então os macacos procedem melhor do que nós, que passamos a vida correndo e não nos oferecemos esses momentos magníficos....

Querido amigo mio, bom dia e abrazos

Emilio Manuel dijo...

Aquellos primates vieron la puesta de sol desde los árboles, quisieron ir mas allá y bajaron de ellos, empezaron a andar a dos patas, de ahí a ser humanos solo fue un paso.

Abejita de la Vega dijo...

El momento en que el sol se cuela por detrás del cerro.

Doctor Krapp dijo...

Cuantos atardeceres disfrutados en los viejos tiempos.
Madurar debe ser dejar de ser monos para empezar a ser muertos

DORCA´S LIBRARY dijo...

Quizá tendríamos que recordar de vez en cuando nuestros orígenes, para percatarnos de todas las maravillas que nos rodean.
Un abrazo.

mojadopapel dijo...

Siempre será una excusa muy bella y diferente.

Myriam dijo...

Me has recordado "EL planeta de los Simios",
también ellos miraban el sol.

Besos

andandos dijo...

Muchas de las mejores experiencias son gratis, aunque lo olvidamos con facilidad.

Un abrazo