jueves, 15 de junio de 2017

Entre la tradición y la ruptura: Pasos en la piedra, de José Manuel de la Huerga y noticias de nuestras lecturas


Como sabemos, Pasos en la piedra está ambientada en la semana santa española de 1977, cuando se legalizó el Partido Comunista. Una época de cambios bruscos en España que se reflejan sutilmente en la novela y no solo por las noticias de esa legalización. Parece que las celebraciones de semana santa son las de siempre: el narrador las describe minuciosamente, no falta nada, ni siquiera las pequeñas anécdotas que se convierten en tradiciones pasado el tiempo y cuya razón de ser termina perdiéndose en los tiempos de la trasmisión oral unas pocas generaciones después. Esto es, en sí mismo, uno de los valores de esta novela que no sé si los lectores más preocupados por las incidencias del argumento sabrán apreciar. Para hacerlo hay que leer con gusto lento y no querer saber antes de tiempo la suerte de tal o cual personaje o la resolución de alguna de las varias tramas cruzadas. No conozco muchas narraciones literarias más ajustadas de algunas de las tradiciones, pasos y procesiones de la semana santa castellana. En Pasos en la piedra se funden varias de diferentes localidades y el lector interesado sabrá identificarlas en esta suma. Es parte de ese carácter simbólico-mítico de Barrio de Piedra.

En los momentos narrados encontramos unas fuerzas que intentan que nada cambie, que todo siga igual. No necesariamente todas afines al régimen franquista como las fuerzas vivas más reacias al cambio o los grupos de extrema derecha: algunas lo hacen por amor y fidelidad a la tradición. En el lado opuesto, otras buscan los cambios: no todas son extremistas de izquierda. Germán mantiene una posición conflictiva. Lleva dentro de sí todas las tradiciones de su ciudad y las ama aunque no esté dispuesto a aceptarlo, pero vive ideológicamente en una posición totalmente contraria.

El padre Alas capitanea una interesante posición intermedia que refleja una posición vivida en la iglesia católica de aquellos tiempos, tras el Concilio Vaticano II (1962-1965). La Comunidad Cristiana de la Huerta de los Frailes pretende una espiritualidad más sincera, despojada de muchos de las manifestaciones externas del ritual católico, una iglesia pobre más cercana del cristianismo de los primeros tiempos. En ella se ha introducido el pensamiento reformista y sus más jóvenes participantes han formado un grupo de debate un tanto clandestino que se llama Grândola, por influencia de la canción que simbolizó el inicio de la revolución de los claveles en Portugal. En aquella comunidad está Juan que, en la Huerta, conoce a la joven musulmana Ashma, iniciándose entre ellos una relación sentimental contraria a todas las normas convencionales.

Ashma protagoniza también uno de los pasajes más interesantes de la narración al aparecerse en la madrugada del viernes santo al poeta y eremita Claudio Pino, quien la lleva a la casa del imaginero Tapias, en la que vive la joven. En el taller del escultor, abrazada dormida a una estatua articulada de Cristo yacente, hace posible lo que el padre Alas creía imposible: un Cristo resucitado en la semana santa castellana. El erotismo inicial de la escena -más en la mente de Tapias y en lo que se desencadena en el lector, claro, que en la intención de la joven- da paso en seguida al símbolo del amor y de la alegría de la resurrección que superan el sufrimiento, el dolor y la orgía de sangre de las imágenes procesionales y los penitentes que se flagelan.

Por el mismo camino va la complicidad entre Germán y su amigo alemán, Peter. Este, en la misma madrugada del viernes santo, medita como antropólogo, sobre lo que ha visto en esos dos días en los que lleva en la ciudad. Desde su altura científica se cree capacitado para explicar todo como una dolencia, como un trastorno psiquiátrico, una especie de catarsis colectiva de una sociedad detenida en el tiempo. No se ha dado cuenta, aún, de que se han introducido ya los elementos del cambio: el amor y el conflicto social.

Noticias de nuestras lecturas

Mª del Carmen Ugarte dedica una brillantísima entrada a una de las características más brillantes de esta novela, el trabajo con el lenguaje, sello estilístico del autor. Para no perderse esta entrada.

Myriam Goldenberg analiza una de las claves de la novela: la posibilidad de encuentro de mundos y perspectivas diferentes a través del amor. Excelente forma de ver la narración.

Mª Ángeles Merino levanta acta de la última sesión del curso en el formato presencial del Club de lectura. Allí está casi todo: las opiniones sobre Brillante, la forma de leer Pasos en la piedra y el sencillo homenaje a Azorín para conmemorar los cincuenta años de su fallecimiento. Por aquí seguiremos con Pasos en la piedra hasta final de mes.

Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos.
Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog.

Con esta lectura, que nos ocupará todo el mes de junio, cerramos el curso actual del Club de lectura. En julio anunciaré los primeros títulos del próximo. Admito sugerencias que me podéis hacer llegar a través de comentarios en el Facebook o en esta entrada del blog o por correo electrónico. Recordad que leemos, por turnos, un autor vivo y otro muerto, títulos escritos siempre en español como lengua original. Para el próximo curso ya tenemos en cartera: La sirena de Gibraltar de Leandro Pérez, El hombre pez de José Antonio Abella, La noche que no paró de llover de Laura Castañón, Don Juan Tenorio de José Zorrilla y una selección de novelitas de María de Zayas.

4 comentarios:

Neogéminis Mónica Frau dijo...

No soy muy aficionada a las novelas, menos aún a las históricas, pero entiendo que para un buen historiador es un recurso muy noble -y nada fácil- conseguir atrapar al lector en una trama particular ubicada en tiempo y espacio determinado por un suceso histórico reconocido.
Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

Todo es lo de siempre pero ya nada va a ser igual en Barrio de Piedra y en este país. Se está abriendo la grieta. Hay quien desea cerrarla y quien quiere que se abra del todo y sea mucho más grieta. Una novela coral con un abanico amplio de voces, que cada lector elija la que más le guste.

Ha sido un buen curso en el Club de Lectura, a pesar de algunas decepciones y algún título de difícil comprensión. ¡Hemos leído a Cervantes y a Unamuno! ¿Hemos leído Patria de Aramburu! ¡Hemos leído al premio de la Crítica de Castilla y León de 2016! ¡Y el Nadal! Algo tendrá el agua cuando la bendicen. ¿O no?

Me adelanté y leí El hombre pez de Abella, hasta las raspas, sabrosísimo.

Un abrazo, Pedro.




Paco Cuesta dijo...

Acertadísima, a mi juicio, simbiosis de personas, ideas, creencias y diferencias. Tal como si de una de una "super ocho" se tratara.

Myriam dijo...

Debo reconocer que si no hubiera sido por ti,
jamás hubiera leído esta novela, así que
me alegro porque he disfrutado su lectura.

Estoy lidiando con Judas. No se si llego
a este miércoles. Veremos.

La sirena de Gibraltar está volando hacia aquí,
o quizás viene en Carguero por mar ;-)
Me gusta que hayas incluido de Zayas y Zorrilla.

Abrazos