jueves, 11 de mayo de 2017

Brillante o cómo guiar el ritmo de lectura de los poemas y noticias de nuestras lecturas.





Los primeros siete poemas de Brillante se nos presentan como una sucesión de imágenes difíciles de interpretar en una primera lectura:

Alguien como tú
no ha venido 
a esta respiración
convexa
del despertar.

El primer poema del libro relata eso, precisamente, la búsqueda de las grietas entre la realidad a través del lenguaje mismo (las referencias al manuscrito, el agrafismo), la palabra misma pierde su consistencia material. El poemario está escrito en versos cortos y estos primeros poemas nos presentan la acumulación de elementos, imágenes personales desarrolladas en frases perfectas sintácticamente pero de fuerte contenido enigmático y hasta surrealista. En esa frontera entre la realidad y lo que se vislumbra más allá todo se dice de la misma manera:

Son tenues
esos dedos de mujer
y se inclinan hacia mí.

Ante la falta de referencias que aclaren todavía el significado de estas imágenes la voz poética lleva al lector de la mano por un camino que lo zarandea en su querencia racional de significado pero que lo atrapan por su expresividad y sugerencia de misterio que aclarar:

Alzar despacio
la trampilla de aureolas
para que ningún grito
inseguro
se haga pedazos.

El lector intuye que entre las imágenes le han hurtado las conexiones, las explicaciones que pide su lógica, pero el poeta se las reserva aún porque busca conseguir precisamente esa misma sensación de una cierta desorientación en el caminar -la misma que tienen poeta y poema-. A la que responde también el nervio de esos versos cortos que no dan tregua en la lectura.

Pero llega el poema octavo y el poeta abre la mano para permitir que el lector entre en su mundo y comprenda lo que ha querido trasmitir hasta ese momento y dónde se halla, hasta el anuncio de la soledad futura. El poemario entero se abre:

Dentro de poco 
no sé qué voy a hacer
sin tus praderas
cotidianas:
quédate conmigo.

En estos primeros poemas Luis Ángel Lobato ha dominado perfectamente el tono con el que quiere que se lea su poemario, la forma en la que desarbola la lógica cotidiana del lector, al que ya ha hecho suyo y ha modelado en el ritmo querido. Una lección magistral para conducir el tono de lectura, ajustada a lo anunciado en la nota introductoria del poemario.

Noticias de nuestras lecturas

Luz del Olmo recrea en verso el dolor por la ausencia de la amada en Brillante. Un poema sobre otro poema. No te lo pierdas. Sigue después con la glosa de la necesidad de comunicación y el sentimiento que provoca su pérdida...

Se adensan las palabras con acierto en el comentario que Mª Ángeles Merino publica de Brillante: de su hermano, claro, que el de ella todavía se hace esperar. Aquí continúa también su hermano entre memoria de cicatrices y acertadas reflexiones.

Mª del Carmen Ugarte confiesa leer el poemario de Lobato en un mal momento en el que se le llenan de trágicas connotaciones. La poesía se recrea en cada momento de recepción, desde luego. Y Sabina...


Recojo en estas noticias las entradas que hasta el miércoles han publicado los blogs amigos. 
Durante el resto del curso leeremos:
-Pasos en la piedra, de José Manuel de la Huerga (junio). Como es ya conocido, esta novela ha obtenido el XV Premio de la Crítica de Castilla y León, fallado el pasado día 8 en Ávila, lo que da mayor interés, si cabe, a su lectura.

Entrada del Club de lectura cada jueves, en este blog.

3 comentarios:

Abejita de la Vega dijo...

El poeta conduce al lector a través de un camino perfecto, morfosintácticamente hablando, pero agrietado y enigmático. No hay referencias y es zarandeado por buscar la lógica y el significado, en su querencia racional. ¡A quién se le ocurre buscar la lógica!

El poeta le hurta las conexiones y las explicaciones para que se sienta tan desorientado como él. El lector puede ser atrapado por la expresividad y el misterio…O, puede optar por un ahí te quedas con tu poemario y me veo en busca de la luz y la claridad.

Mi hermano entra. Es un lector habitual de poesía y escribe también.

Un abrazo, Pedro. Otro para Luis Ángel Lobato.

DORCA´S LIBRARY dijo...

No conocía a Luis Angel Lobato. He leído los poemas que de él expones en esta entrada, Pedro. Alguno me ha parecido enigmático. Dibuja con sus palabras cosas que no son palpables, sin embargo, notas su presencia: "... esta respiración convexa del despertar". Cuando lo he leído me ha parecido sentir un suspiro de alguien cerca de mi oído.
Alguno esboza estampas mágicamente contradictorias: "Alzar despacio la trampilla de aureolas para que ningún grito se haga pedazos". ¿No sería la trampilla, por sólida y no el grito, la que debería hacerse pedazos? Y es esa contradicción lo que le aporta la magia.
Otros, expresan un deseo carnal, o quizá sea el deseo de ahuyentar con la compañía de la persona deseada, la soledad.
Saludos.
Me gusta el misterio que encierran los poemas del señor Lobato, es como posar la mirada en un hueco oscuro que nos sabes qué guarda.

Andandos dijo...

Gracias por las aclaraciones, las necesito.

Un abrazo