martes, 1 de noviembre de 2016

El frío se mete en los huesos


En mi infancia, noviembre eran las nieblas. Nieblas densas, que no levantaban en varios días o semanas. Frías y húmedas, se agarraban al cuerpo tanto como a las cosas. De entre la niebla surgían los objetos difuminados, como borradores de una ciudad que aún veo si cierro los ojos. ¿Cómo distinguir en esas calles los vivos de los muertos en el cerco débil de la luz de las farolas? Se hacía de noche y la humedad era intensa. El frío se mete en los huesos, decían los mayores de entonces. Cómo los comprendo hoy. No he vuelto a vivir nieblas como aquellas. Quizá porque ahora están más adentro que afuera.

9 comentarios:

Abejita de la Vega dijo...

En el alma.

Emilio Manuel dijo...

si, somos vivos que estamos casi muertos.

Saludos.

XuanRata dijo...

Tampoco el frió es el de entonces, según dicen. Hay una peligrosa igualación de lo que debería ser diverso. Y por otro lado seguimos haciendo diferencias precisamente donde somos más iguales. En este tira y afloja vamos viviendo.

JL Ríos dijo...

En la infancia no hay apenas pasado. Hoy somos los mayores de entonces y lo tenemos, cada día un poco más. Reelaborarlo, cristalizarlo en "algo" es lo que nos diferencia.Y recordarlo, claro está.

Un abrazo

SAU dijo...

HOLI PEDRO! cuando somos niños los dichos de los adueltos nos abren la imaginacion...pero si hablamos de adentro siempre hay epoca de niebla pero a veces se despeja un poco el alma y comenzamos a ver rostros amigables...

besines pedro...
SAU :)

Ele Bergón dijo...

No creas, las nieblas de tu infancia, ahora se han venido hasta Pardilla y entonces todos decimos: "El frío se mete en los huesos" porque hoy, la niebla, viene de Valladolid. Es fría, densa y no levanta.

Besos

Edurne dijo...

Yo todavía tengo el frío metido en los huesos, así que aprovecho cada pequeño rayito de sol para calentarlos...
Crecí hasta los doce años en una ciudad helada, Vitoria-Gasteiz, pero a la mínima nos escapábamos a este Bilbao más templado. Recuerdo los inviernos y se me ponen los pelos tiesos y la carne de gallina.

Tienes razón, las nieblas, ahora, están más adentro que afuera.

besos.
;)

LA ZARZAMORA dijo...

Las de adentro son igual de densas...

Besos, Pedro.

Campurriana Campu dijo...

Noviembre es un mes especial para mí. Nací en él...y esa oscuridad también me provoca añoranzas, sosiegos y desasosiegos. No sé cómo explicarlo pero este tiempo me resulta mágico, especial.